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Considerada
en algún momento como la operación que
solucionaría el añejo problema de comercialización
del sector agrícola, la multinacional Del Monte
Fresh Produce sólo fue propiedad de inversionistas
mexicanos unos cuantos meses. Sin embargo, les heredó
una serie de transacciones confusas que podrían
concluir en cuantiosos fraudes en los que estarían
involucrados prominentes empresarios, políticos
y exfuncionarios públicos.
Carlos
Cabal Peniche, el banquero modelo, según
lo definió el expresidente Carlos Salinas de
Gortari, asumía en 1992 el liderazgo de un
grupo de inversionistas entre los que se contaban
José Serrano Segovia, presidente del corporativo
Transportación Marítima Mexicana (TMM);
Enrique Molina, presidente del Grupo Escorpión,
y la familia Lomelí, para pujar por Del Monte
Fresh Produce, una de las tres productoras y comercializadoras
de productos hortofrutícolas más importantes
del mundo.
Ante
la sorpresa de la comunidad internacional, la operación
se cerró en 1992 con la propuesta de un grupo
de inversionistas mexicanos que ofreció el
exorbitante monto de más de 600 millones de
dólares.

Carlos Cabal Peniche |
Así,
Cabal Peniche se convertía en el presidente
de Del Monte Fresh Produce con el apoyo de Nacional
Financiera, de la Secretaría de Hacienda y
de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores
(CNBV). Los créditos que autorizó el
Banco Unión por más de 30 millones de
dólares también fueron determinantes
para concretar el esquema financiero que le garantizó
el control de la multinacional.
De
acuerdo con documentos oficiales, fue a través
de un fideicomiso como los accionistas del Grupo Empresarial
Agrícola Mexicano (GEAM) adquirieron las acciones
de Del Monte Fresh Produce.
En
una primera etapa se constituyó la sociedad
Inversionistas del Campo Mexicano, que a su vez conformó
la sociedad Grupo Frutícola Mexicano, que participó
en el establecimiento de GEAM.
Todo
un entramado empresarial con el que se buscaba garantizar
y salvaguardar los intereses de los empresarios que
invirtieron su capital en la adquisición del
corporativo.
De
acuerdo con los estatutos de dicho fideicomiso, para
que se celebraran las asambleas de accionistas de
las sociedades referidas, el comité técnico
del mismo indicaría al fiduciario a quién
o a quiénes otorgaría los poderes para
tales efectos; además, determinaría
de antemano el sentido del voto a ejercerse.
En
1993, Del Monte se convirtió en una compañía
pública a través de la colocación
en los mercados internacionales de una emisión
de bonos por 300 millones de dólares, lo que
le exigió cumplir con las regulaciones de la
Securities and Exchange Comisión (SEC), así
como reportar de manera trimestral y anual sus estados
financieros con la aceptación de un auditor
externo que era Coopers & Lybrand.
Carlos
Cabal Peniche era el presidente de esos fideicomisos.
Condición que en 1994, frente a los problemas
legales generados por los desfalcos descubiertos en
Banco Unión, complicó el rumbo de las
decisiones en el consejo de administración
de GEAM.
Ahora,
un grupo de esos accionistas mexicanos busca la nulidad
absoluta de la venta de las acciones de la sociedad
Del Monte Fresh Produce, que concretó el gobierno
federal por medio de GEAM cuando fueron vendidas a
muy bajo precio al IAT Group, de la familia Abu Ghazaleh,
cuyas principales operaciones financieras se concentran
en Islas Caimán.
Las
primeras demandas en contra de los empresarios y funcionarios
que participaron en la venta de Del Monte Fresh Produce
se presentaron en Nueva York en noviembre del 2002
y otra en Miami en diciembre pasado. Se espera que
nuevas denuncias se presenten en las próximas
semanas en tribunales mexicanos.
Presidido
por Bours, dicho consejo acordó y celebró
la venta de las acciones de Del Monte Fresh Produce.
Ahora los accionistas reclaman la nulidad de todos
los actos jurídicos celebrados durante esas
asambleas y la venta de la multinacional y de la naviera
Global Refeer Carrier (GRC) al Grupo IAT de Chile,
en sólo 139 millones de dólares, a pesar
de que, como agente financiero de la operación,
Lehman Brothers los había valuado entre 250
y 275 millones de dólares, y de que Cabal Peniche
y sus socios adquirieron esa misma compañía
en 600 millones de dólares.
Es
decir, de la compra exorbitante que hizo Cabal a la
venta que concretó el gobierno se perdieron
casi 500 millones de dólares.
Además
de Eastbrook con Cabal Peniche, entre los inversionistas
mexicanos que denunciaron las prácticas fraudulentas
que, según ellos, permitieron la venta irregular
de Del Monte, se encuentran los empresarios Gerardo
Martín Demerutis Chaul; los accionistas de
la empresa Feramad; Ángel Demerutis Elizarraraz,
quien llegó a controlar 3.05 por ciento de
la multinacional; Javier Romero Osorio; Homero Díaz
Córdoba; Armando Prida Huerta; Guadalupe Quiñones
de Fernández y Jaime Fernández Armendáriz.
De
los socios invitados por Cabal al GEAM sólo
José Serrano permaneció como consejero
del consejo de administración de Del Monte.
El
operador Guillermo Ortiz
Con la intervención de Banco Unión por
parte de la CNBV, presidida entonces por Eduardo Fernández
García, el destino de GEAM y de Del Monte Fresh
Produce ingresó en una etapa de incertidumbre.
En
marzo de 1995 se formaliza la participación
accionaria mayoritaria del gobierno mexicano en GEAM,
Del Monte y la naviera GRC. El control se concreta
por medio de dos mecanismos: la adquisición
de las acciones a través de la compra de los
créditos de Banco Unión y la capitalización
de pasivos en GEAM, en donde el mismo banco era el
acreedor, operación que fue puesta en tela
de juicio por parte de algunos accionistas debido
a sus problemas jurídicos.
En
1994, tras la capitalización de los créditos
vencidos de GEAM, la Secretaría de Hacienda,
por sugerencia directa de su entonces titular Guillermo
Ortiz, nombró al actual senador y candidato
por el PRI al gobierno de Sonora, Eduardo Bours, como
presidente y director general de Del Monte, cuya principal
encomienda fue, precisamente, concretar la venta de
la comercializadora para reducir el monto de la pérdida
a cargo del erario.
Entrevistado
telefónicamente, el gobernador del Banco de
México, Guillermo Ortiz Martínez, explicó
que de acuerdo con su evaluación de la venta
de Del Monte, Bours realizó una operación
transparente y eficaz. A tantos años de la
operación, asegura que no hubo irregularidades
y que el gobierno recuperó algo de la inversión.
En
las demandas ante tribunales estadounidenses, Bours
es señalado como el enlace que permitió
al Grupo IAT, con capital palestino y operaciones
en Chile, ganar la licitación para adquirir
Del Monte con la oferta más baja, contrario
a los principios de mercado. Incluso, en la denuncia
se presentan evidencias que demuestran que Bours recibió
por parte de IAT una raquítica compensación
por alrededor de 375 mil dólares.

Eduardo Bours |
En
la lista de compradores interesados aparecieron desde
corporaciones multinacionales como Noboa, Fyffess,
Dole, Geest, Chiquita Brand y las mexicanas Pulsar,
Desc, Carso, Maseca y TMM, además de compañías
brasileñas y japonesas. Sin embargo, las denuncias
asientan que Bours habría apoyado en todo momento
la oferta de IAT. Fue Bours, según el expediente
del caso, quien viajó a Chile para reunirse
con los accionistas de IAT para firmar una carta de
intención.
En
las decenas de cartas y oficios enviados al entonces
secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, y a quien
fuera presidente de la CNBV, Eduardo Fernández
(hoy sujeto a proceso por los presuntos delitos de
lavado de dinero y revelación de secretos financieros),
se manifiesta desde febrero de 1995 la preocupación
por el nivel de pérdidas acumuladas por más
de 160 millones de dólares entre 1992 y 1994,
causadas principalmente por una sobreoferta de plátano,
por gastos excesivos en la administración y
por una guerra de precios causada por los conflictos
con Cabal Peniche, con lo cual se trató de
sacar a Del Monte del mercado.
Tal
como lo revelan los oficios firmados por él,
durante el proceso de reestructuración de Del
Monte, Eduardo Bours contó con el apoyo del
entonces presidente de la CNBV y de Manuel Espinosa
de los Monteros, entonces interventor del organismo
regulador. Bours informaba puntualmente a Guillermo
Ortiz sobre los problemas y avances en la reestructuración
de la empresa.
A su
juicio, de acuerdo con los documentos enviados al
entonces secretario de Hacienda, el mayor problema
que enfrentaba Del Monte era que, después de
su compra con una mínima capitalización,
y de tener pérdidas por 63.6 millones de dólares
en 1992 y 58.4 millones de dólares en 1993,
las pérdidas en 1994 ascendían a 62
millones de dólares, causadas principalmente
por una sobreoferta de plátano, por gastos
excesivos y por una guerra de precios que se generó
a raíz del problema de Cabal Peniche. También
hacía referencia a la falta de definición
del control de la compañía; la gestión
financiera sumamente pobre y la ausencia de un plan
estratégico.
La
buena relación que José Serrano Segovia
mantenía con Bours terminó en octubre
de 1995, cuando el presidente de TMM envió
una carta al expresidente de la CNBV para reclamar
que, sin consultar al consejo, Bours decidió
concluir los contratos que mantenía la naviera
GRC con TMM, con lo cual se habrían contrariado
las obligaciones asumidas por Del Monte con su empresa.
Eduardo
Fernández remitió en ese momento una
copia a Bours, quien con otra carta desmintió
a Serrano Segovia, al asegurar que la notificación
sobre la no renovación de los contratos a TMM
no contrariaba convenio alguno, y agregó: Era
obvio que si la administración de Del Monte
procedió a no renovar, es porque considera
que es en beneficio de la compañía y
no en su detrimento.
¿Las evidencias?
Eastbrook,
Gerardo Martín, Demerutis Chaul, los representantes
de empresa Feralmad, Ángel Demerutis Elizarraraz,
Javier Moreno Osorio; Homero Díaz Córdoba,
Armando Prida Huerta; Guadalupe Quiñones de
Fernández y Jaime Fernández Armendáriz
reclaman ante los tribunales estadounidenses que Eduardo
Bours habría participado en un esquema de sobornos
para beneficiar al Grupo IAT de Chile y a sus principales
accionistas, la familia Abu Ghazaleh.
Los
alegatos presentados en las demandas refieren que
Lehman Brothers, en su calidad de agente financiero,
se encargó del proceso de licitación
que permitió que el 28 de marzo de 1996 se
recibieran dos propuestas para adquirir Del Monte,
por 275 y 280 millones de dólares en efectivo.
Más
adelante, el despacho de auditores externos Coopers
& Lybrand informó a Bours sobre la necesidad
de reducir el crédito mercantil (goowill) que
representaba para Del Monte cerca de 56 millones de
dólares.
El
entonces presidente de la multinacional negó
esa posibilidad, pues significaba una drástica
reducción en el precio de venta. Hasta ese
momento no había participado IAT. Sin embargo,
en mayo de 1996, Eduardo Bours viajó a Chile
para reunirse con la familia Abu Ghazaleh.
Edgardo
Valencia, excoordinador de GEAM, sostiene que después
de su viaje a Chile la opinión de Bours sobre
la disminución del crédito mercantil
cambió. De esta forma, agrega Valencia, durante
el tercer trimestre de 1996, cuando IAT llevó
a cabo la auditoría de compra, Bours autorizaba
una reducción del crédito mercantil
de Del Monte por 141.7 millones de dólares.
A raíz
de esta operación, el valor del capital de
Del Monte se redujo de 221.3 millones de dólares
a 97.3 millones, entre el 29 de marzo y el 28 de junio
de 1996. La venta de Del Monte al Grupo IAT de Chile
se concretó en 120 millones de dólares.
El gobierno mexicano recibió sólo 65
millones de dólares y la emisión de
un bono convertible a favor de GEAM, pues el grupo
era responsable de la revisión de una larga
lista de pasivos contingentes.
IAT
sólo desembolsó 25 millones de dólares,
pues obtuvo un financiamiento por 40 millones de dólares
por parte del banco holandés Rabobank, mediante
una carta de crédito puente del banco francés
Banque Meditarranee, con fuertes ligas en el Medio
Oriente. Estos créditos luego fueron garantizados
con los propios bienes de Del Monte.
Aún
más, sólo diez meses después
del cierre de la operación de compra-venta,
la familia Abu Ghazaleh, socia mayoritaria de la nueva
compañía, informó al mercado
de valores de Nueva York que el valor estimado del
capital de Del Monte era superior a 270 millones de
dólares, el valor real de la compañía.
El
precio pagado por IAT por cada una de las acciones
al gobierno mexicano en diciembre de 1996 fue de 1.76
dólares, y en octubre de 1997 el precio al
que se colocaban en el mercado de valores era de 17
dólares.
Hasta
ahora, sin embargo, la única evidencia que
aparentemente se tiene en contra de la presunta complicidad
de Bours con IAT es una transferencia ilegal por 321
mil dólares a la cuenta personal de éste,
14 semanas después de la venta de Del Monte.
Por
órdenes de Bours, GEAM presentó a la
nueva compañía que controlaba Del Monte
un requerimiento de pago por 321 mil dólares
por supuestos gastos realizados por cuenta de GEAM.
Valencia asegura que no había razón
alguna para tal requerimiento de pago. Sin embargo,
Bours ordenó que dicha compensación
se depositara en una cuenta de una subsidiaria de
Del Monte Fresh Products Internacional Inc., con domicilio
en Mónaco, a través del Banque Paribas
en Bruselas.
Dichos
fondos fueron transferidos a través del Bank
of America, en Nueva York, con el número de
referencia 62901-26864, a la cuenta 1548-1927 de Bours
en el Bank One de Tucson, Arizona.
En
marzo de 1998, los auditores independientes de Coopers
& Lybrand enviaron una carta en la que afirmaban
que la auditoría para el ejercicio fiscal 1997
revelaba que no existía sustento documental
ni explicaciones relacionadas con la transferencia
de GEAM realizada en 1997.
Por
iniciativa de Bours, el 6 de noviembre de 1998 la
asamblea de accionistas de GEAM le otorgó un
bono de 2 millones 778 mil 270 pesos para justificar
ante el auditor externo la salida de la cantidad que
se transfirió a su cuenta personal un año
antes.
Esta
cantidad después de impuestos y considerando
los tipos de cambio vigente, bajo ninguna circunstancia
es equivalente a la transferencia ilegal señalada,
ni se dice en la resolución que ese bono es
para compensar la salida de los 321 mil dólares;
no obstante lo anterior, el auditor externo, mediante
un convenio con Antonio Frank y asociados, produjo
un dictamen limpio del ejercicio de 1997, explica
Edgardo Valencia.
Y agrega:
Además, Bours ganó durante su
gestión en Del Monte, como director general,
40 mil dólares mensuales, por más de
dos años, más un bono al cierre de la
operación por 792 mil dólares, salario
muy superior al percibido por cualquier presidente
de alguna empresa mexicana.
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