Guerra y lectores
Jorge Meléndez

Un misil Tomahawk cuesta 1.5 millones de dólares. Estados Unidos destina 447.5 mil millones de monedas de dólar para su presupuesto militar.

En la situación actual, el gobierno de Bush ha pedido al Congreso que le destine otros 80 mil millones de inestables billetes para su aventura en el Medio Oriente. Pero debido a que las finanzas estatales tienen un déficit de 350 mil millones de dólares, próximamente se emitirán bonos del tesoro para intentar evitar una explosión en la bolsa neoyorquina.

Las cifras podrían continuar, pero las dadas son una muestra de que el dinero en muchas partes del mundo, especialmente en Estados Unidos, se destina no a la paz, a la solución política de los conflictos y a la edificación de los mejores valores del ser humano sino a la violencia.

Por cierto, proclamándose diariamente un Estado pacifista, México eroga más de 40 mil millones de pesos anuales en armarse no sabemos para qué. Antes, las administraciones represivas del PRI necesitaban tener contentos a los militares. Éstos y la policía hicieron el trabajo sucio en muchas ocasiones.

Actualmente, es cierto, las fuerzas armadas tienen que luchar contra el flagelo del narcotráfico. Pero ¿será necesario tanto dinero para esas funciones cuando existen programas culturales y sociales a los cuales se les niegan los recursos indispensables? Cuestión de hacer una nueva proyección de lo que desea nuestro país, el cual no se puede dedicar a cuidarle las espaldas al vecino del Norte sin recibir compensaciones.

Si descubrimos cuánto invierten los diferentes países belicistas en cultura, encontraremos que el segundo aspecto (la espiritualidad) no llega ni al 2 por ciento del primero (armas). Es decir, en cada nación lo importante es estar preparados para el enfrentamiento, y no la difusión de la esencia del hombre, la cultura, especialmente los libros.

En la guerra de la ex Yugoslavia una de las “víctimas” fue la Biblioteca Nacional, donde quedaron incinerados cientos de manuscritos irrecuperables (ver la película Bienvenido a Sarajevo). En Irak, varias edificaciones de los primeros siglos de nuestra era han sido dañadas o destruidas por los “bombardeos inteligentes” de Tomahawks, que se notan no son tan precisos como menciona la propaganda yanqui.

También arrasaron con miles de impresos. Claro, la principal desgracia es que muchos ciudadanos han caído bajo la metralla de ambos lados, lo que resulta más espeluznante porque los libros sin lectores no sirven para nada.

No hay que olvidar que en la guerra la manipulación es fundamental. Y esta forma de manejar a los ciudadanos se da, básicamente, a través de la televisión, la cual da noticias sesgadas, parciales, acordes con el gobierno en turno (lo mismo en Estados Unidos, Irak o México).

Por tanto, otra importancia de la lectura es ir descubriendo cómo en realidad ocurren los acontecimientos, cuáles son los intereses en conflicto y de qué manera evitar las trampas que nos tienden las fuerzas que luchan por la hegemonía.
La guerra, entonces, demuestra el desprecio al lector de mil maneras. No lo permitamos. Informémonos a fondo de lo que ocurre en esta hora.

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