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Sostienen
que todavía hay condiciones biológicas,
resabios culturales, desigualdad de derechos de educación
y profesionalización, incapacidad para negociar
y falta de recursos para hacer proselitismo que se
interponen como limitaciones para las mujeres dedicadas
a la política.
Hemos
avanzado muchísimo en la igualdad de la mujer
y el hombre, yo no lo regateo, pero todavía
falta para que dé lo mismo ser hombre o mujer
cuando se aspira a un cargo, dice la senadora
priista Dulce María Sauri.
Sigue
siendo difícil para las mujeres llegar a las
candidaturas, porque aparte del elemento cultural
está el elemento económico. La mayoría
de las mujeres difícilmente cuentan con los
recursos para sostener una precampaña y esta
es una gran desventaja.
El
dinero en las familias generalmente es del esposo
o del papá. Las mujeres no disponen de patrimonio
propio. A ello se suma el que las mujeres no sabemos
negociar apoyos económicos para una candidatura.
Nos falta mucho por aprender en esto.
Exgobernadora
de Mérida, exdirigenta del PRI, la senadora
Sauri asegura que el poder sencillamente no tiene
género y que lo que varían son los estilos,
las estrategias o técnicas para competir por
un cargo político.
El
sexo es uno, lo que varía son las formas de
luchar y hacer campaña. Por ejemplo, a los
hombres se les descalifica por su honestidad y se
dice éste es un corrupto. En cambio, a las
mujeres generalmente se les descalifica por su vida
privada. O sea, hay tácticas distintas de descalificación
pero el propósito es el mismo: una posición
de poder.
-Usted
fue la responsable de la derrota del PRI en el 2000.
¿Tuvo que ver su calidad de mujer en esto?
-Efectivamente
yo era la presidenta del PRI en esa elección
y asumo responsabilidad, pero no hay que olvidar que
el candidato perdedor fue un hombre. Entonces definitivamente
no tuvo nada que ver aquí el sexo.
Ahora
permítame decir algo que tal vez no sea muy
ortodoxo. Yo muchas veces me he preguntado qué
tal si hubiese sido un hombre el presidente del PRI
después del 2 de julio del 2000 ¿El
PRI hubiera podido superar ese momento tan difícil?
Ahí es donde tienen que ver mucho las formas
y los estilos de ejercer una responsabilidad.
Por
su parte, la senadora panista Susana Stephenson Pérez
plantea que ha faltado solidaridad de las mujeres
con las propias mujeres: Los hombres son más
dados a apoyarse entre ellos y eso abre las posibilidades
a la inversión en campañas políticas.
En
el caso de las mujeres se puede prestar a manejos
no muy claros. Las mujeres no sabemos pedir. Es algo
que nos cuesta trabajo, y que yo me he cuestionado
mucho. Buscar el apoyo de la gente, de la sociedad,
que se involucre contigo, que crea que eres un buen
prospecto, tendremos que aprender eso.
Cercana
colaboradora de Vicente Fox en el gobierno de Guanajuato,
Stephenson señala que hoy en día las
mujeres están mejor preparadas, mucho más
capacitadas, tienen más conciencia de sus obstáculos,
de su derechos, pero mentalmente no han podido superar
su sentimiento de inferioridad ante el
hombre.
A
mí me molesta sobremanera, y lo digo respetuosamente,
que las mismas mujeres sintamos como que, por un lado,
tenemos que pedir disculpas por incursionar en un
medio que aparentemente no era el nuestro y, por otro,
que cargamos con la presión social de que estamos
más obligadas que los hombres a demostrar nuestras
capacidades.
A
partir de aquí estamos aceptando tácitamente
que somos de segunda y entonces ahora tengo que demostrar
que soy de primera. O sea, las mujeres no tenemos
que demostrar nada, tenemos que borrar de nuestra
visión y de nuestro pensamiento esta absurda
competencia. Yo creo que si a alguien le tienes que
demostrar es a ti misma.
-En
política se ve mal el sentimentalismo de las
mujeres. ¿Es éste un obstáculo?
-Yo
creo que está mal entendido. Por el contrario,
un plus importantísimo de la mujer es la sensibilidad,
no sensiblería, que no se malinterprete. La
sensibilidad entendida como el saber ser solidario
con los problemas de los demás, el tener esa
visión social y decir qué necesitamos
hacer, pero siempre contemplando el punto de vista
humano.
Hortensia
Aragón Castillo, diputada perredista, opina
que en una sociedad con estructuras machistas arraigadas
siempre habrá frenos para el supuesto sexo
débil, si bien reconoce que esta situación
se ha revertido con la presión de las mujeres
organizadas.
Nosotras
no estamos esperando que abran las puertas para poder
entrar. No es asunto de aquí está la
llave o mire usted pase por aquí, no. Aquí
se abren las puertas con presión y el movimiento
de mujeres ha venido presionando desde hace muchísimas
décadas para conquistar estos espacios.
A tono
con la priista y la panista, Aragón coincide
en que la mayor diferencia entre el hombre y la mujer
se da en la cuestión económica, que
es lo que le da a un candidato seguridad y posibilidad
de ganar en una contienda. Sin embargo, apunta que
en el propio Congreso hay decisiones machistas para
disminuir los recursos destinados a los programas
de equidad de género.
Todos
los presupuestos han sido modificados desde arriba
y los planeados por Comisión de Equidad y Género
no han sido la excepción. De qué sirve
que las compañeras de los diferentes partidos,
con intereses distintos, discutamos, cabildeemos y
lleguemos a acuerdos si después el señor
Luis Pazos, secretario de la Comisión de Presupuesto,
decide cambiar el presupuesto en materia de género
por encima de los acuerdos previos.
No
sé cómo se le pueda llamar, pero siempre
recortan el presupuesto por lo más delgado
y el señor pensó que lo más delgado
eran los recursos que se habían discutido en
la Comisión de Equidad y Género.
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