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No
fue de su propio chocolate pero, para más datos,
la escena ocurrió en el palacio de Moctezuma
y aunque en sentido figurado se la sirvió el
mandamás azteca, echando a volar la imaginación
podemos suponer que tal honor corrió a cargo
de una nativa de cadencioso andar que dio pie a un
diálogo para la posteridad:
--Si como las mueve lo bate...
--¡Qué rico "xocoatl"!
Del
"agua amarga" (significado del término
náhuatl "xocoatl") de aquel entonces
a nuestros días ha corrido mucho chocolate.
El "theobroma cacao" o árbol del
cacao es cultivado en estas tierras desde hace más
de tres milenios.
Aztecas,
mayas y toltecas encontraron que, además de
su uso como moneda, servía para preparar una
bebida rica en carbohidratos con efectos estimulantes
gracias a la presencia de sustancias alcaloides y
cafeína.
Mucho
es el chocolate que ha corrido en estos siglos y ese
producto ha estado relacionado en forma íntima
con la vida nacional, desde el "chocolatote"
de "Cachirulo" y los inicios de la televisión
mexicana hasta el "agua para chocolate"
que llevó a los electores a expulsar al PRI
de Los Pinos, pasando por el "toma chocolate,
paga lo que debes" de la banca internacional
o "las cuentas claras y el chocolate espeso"
cada vez que el subdesenrollo amenaza con la moratoria.
El
"darle" a los enemigos una "sopa de
su propio chocolate", en tanto, es cosa no del
mundo de las finanzas mundiales o de la "realpolitik",
sino de las caricaturas y de los dominios de "Foxilandia",
emparentado por vía directa con el universo
de los malosos de "Zedillilandia".
Vayamos
paso a paso, lector. Érase una vez un primer
mandatario que, con el peso a cuestas de la frustración
de un sector mayoritario de la población a
propósito del cambio, anunció la fundación
del reino de "Foxilandia".
¿Sus
jefes de Estado, de Gobierno y de Alcoba? La pareja
presidencial, Foximiliano de Mexicalpan y Martha Carlota
de Santa Teresita del Niño Jesús.
Ahorrémonos,
lector, el descenso a los infernales caminos de la
coprofagia a que nos ha invitado Foximiliano o al
análisis de los contenidos machistas de eso
de engullirse la sopa del propio "chocoatl".
Se
supone que las ingratas tareas de echarse chapuzones
en el estercolero de la vida nacional corresponden
a la Procuraduría General de la República
que, adelantándose al PRI en estos tiempos
de madruguetes mediáticos, bien podría
inspirarse en la escena de Moctezuma y Cortés
paladeando el caldo de cocoa para lanzar un promocional:
--Está
espeso el chocolate del Pemexgate --diría Madrazo,
tras darle un sorbo al brebaje servido por Foximiliano
bajo la sombra del árbol de la noche triste.
--Y amargo, tan amargo como las cuentas de mis amigochos
--respondería el soberano. ¿Puras habas?
¡Cacao de exportación!
Lo
que muchos se preguntan es si algún día
saldremos de "Foxilandia" y entraremos al
mundo real, ese en el que a quienes se les acusa de
un delito se les juzga y, de ser culpables, se les
castiga.
Lo
usual en "Zedillilandia", "Salinilandia",
"Jolopolandia" y demás paraísos
priistas era, sencillamente, armar casos más
o menos verosímiles a ojos de los medios de
comunicación y, en seguida, mandar a "los
malosos" al paredón de la opinión
pública.
¿Para
beneficio de quién? El de quien estaba sentado
en la silla, pues la sociedad no ganaba nada y por
ese y otros caminos es que el Estado de Derecho se
convirtió en utopía guajira.
No
basta, pues, con que la PGR interrogue a Eduardo Fernández
y, luego de declarar ¡"caca habemus!",
ponga al exfuncionario de la Comisión Nacional
Bancaria y de Valores a saborear una tacita de su
chocolate.
Eso
está bien en "Foxilandia", pero lo
que urge en este terrenal valle de lágrimas
es que se le comprueben las tropelías de que
está acusado y que, afirman quienes fueron
testigos de los métodos de Fernández,
causaron más daño a las instituciones
financieras del país que aquellas operaciones
que motivaron su intervención.
Luego,
rascándole un poco, quién quita y aparezcan
las cuentas a donde fueron a parar los millones de
pesos que desaparecieron de los bancos. La sopa de
ese chocolate, el Fobaproa, es la que nos seguiremos
tragando durante muchas décadas más
los mexicanos. ¡Y vaya que está espeso
y amargo!
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