Remate de
Banamex
Por: Fernando Ortega

Los estrategas financieros del foxismo, siguiendo la tendencia de los sexenios priistas, remataron los activos del grupo Banamex-Accival a inversionistas extranjeros, quienes se quedaron con el 90 por ciento de los recursos.

De los 12 mil 447 millones de dólares que pagó Citigroup por Banamex-Accival (Banacci) --la más grande institución financiera del país, a la que el gobierno federal rescató luego de la crisis económica de 1995--, la mayor parte se quedó en el extranjero y una proporción mínima en México: 10 por ciento, en el mejor de los casos.

El monto total, empero, quedó registrado en la Balanza de Pagos de México como inversión extranjera directa (IED) en el 2001, cuando para fines prácticos sólo se trató de un cambio de propietarios, pues gran parte de la riqueza generada con la compra-venta se quedó en el exterior.

Así, en ese año, el Banco de México (Banxico) informó que el país recibió un flujo sin precedentes de IED por 24 mil 730 millones de dólares, que incluía los 12 mil 447 millones de dólares correspondientes a la adquisición de Banamex por parte de Citigroup, la institución financiera más grande del mundo.

Banxico consideró que ese flujo confirmaba que “los inversionistas extranjeros mantienen una visión positiva acerca de las perspectivas de mediano y largo plazo que ofrece la economía mexicana, aun en un contexto caracterizado por una pérdida de fortaleza de la actividad económica del país”.

El anuncio de la propuesta de compra del Grupo Financiero Banamex-Accival por parte de Citigroup --considerada la mayor inversión en servicios financieros en la historia de México-- se hizo el 17 de mayo de 2001 y se concretó el 3 de agosto siguiente.

De los 12 mil 447 millones de dólares que se pactaron en la operación, los accionistas de Banacci recibieron prácticamente la mitad, 6 mil 242 millones de dólares, mediante el intercambio de acciones de Citigroup. El resto de la transacción, 6 mil 205 millones de dólares, se liquidó bajo tres modalidades a elección del tenedor de las acciones: depósitos en el exterior; depósitos en sociedades de inversión de cobertura del propio grupo financiero y depósitos en un fideicomiso con la función explícita de convertir los dólares a pesos en un plazo no mayor de 20 días hábiles.

Es decir, 6 mil 242 millones de dólares se pagaron con acciones de Citigroup, cuya sede se encuentra en Nueva York, por lo que no se expidió dinero alguno. El resto, 6 mil 205 millones de dólares, se liquidó en efectivo.

Alrededor de la mitad de esta última cantidad salió posteriormente del país. En el informe de la balanza de pagos del último trimestre de ese año, el Banco de México señaló: “El valor de los activos en el exterior de residentes en México aumentó en 2001, lo que implicó una salida de recursos por 3 mil 439 millones de dólares. Ello provino principalmente de egresos relacionados con la operación de Banamex-Citigroup. De dicha transacción se derivaron tanto una inversión directa en el exterior por parte de mexicanos, como aumentos de los depósitos de la banca comercial en el exterior”.

Podría decirse que la diferencia, alrededor de 2 mil 700 millones de dólares, se depositó en sociedades de inversión de cobertura o en depósitos en un fideicomiso de Banamex-Accival, es decir, en inversión de cartera, que comprende los mercados accionario y de dinero. Sin embargo, no hay evidencia de que esos recursos, que representarían 22 por ciento de la transacción, se quedaron en México.

En el 2001, año en que se efectuó la transacción, la inversión en cartera sólo sumó mil 92 millones de dólares. Pero tampoco se puede asegurar que todo provenga de la adquisición de Banamex-Accival.

De hecho, la inversión en cartera en 1999 fue más fuerte, de 3 mil 901 millones de dólares; en 2000 bajó a 478 millones de dólares; en el 2001 subió a mil 92 millones y en el 2002 fue tan sólo de 46 millones de dólares.

En su informe anual del 2001, Citigroup refirió que había adquirido el banco más rentable de México, por lo que se convirtió en el principal proveedor de servicios financieros en el país. En ese año reportó que la utilidad principal de Banamex y de Citibank en México fue de 346 millones de dólares, “aumentando 290 millones de dólares comparada con 2000, reflejando principalmente la adquisición de Banamex”.

Los privilegios

El grupo financiero Banamex-Accival, que encabezaron Roberto Hernández y Alfredo Harp Helú, fue uno de los grupos financieros que mayores beneficios recibió del rescate bancario, el cual sirvió, incluso, para tapar algunas operaciones irregulares.

Casi toda la cartera hipotecaria de Banamex y cientos de créditos cuantiosos otorgados bajo prácticas bancarias nada sanas se hallan en la panza del IPAB y habrán de ser pagados por los contribuyentes mexicanos.


Hernández, gran beneficiario

De los 12 bancos que entraron a los programas de compra de cartera (Atlántico, Confia, Cremi, Serfin, Banpais, Bancrecer, Mexicano Somex, Banamex, Bancomer, Banorte, Bital y Probursa), Banamex fue la institución más beneficiada por el Fobaproa, ya que el programa le adquirió su deuda en un precio promedio de 92 centavos por peso --al 92% de su valor-- mientras que al resto de los bancos se la compró en un precio más bajo, que osciló entre 0.37 y 0.50 centavos por cada peso.

El pago de esa cartera crediticia se respaldó con un pagaré, que anualmente le genera a Banamex --en forma de subsidio-- más de 8 mil 72 millones de pesos.

En la auditoría realizada al Fobaproa por el canadiense Michael Mackey se identifican y describen 146 “operaciones reportables” de créditos irregulares de Banamex, por 4 mil 70.1 millones de pesos. Seis de esos créditos concentran 90 por ciento del valor total involucrado, pero sólo dos de ellos concentran, a su vez, 70 por ciento de sus operaciones irregulares.

Uno de ellos, por mil 386 millones de pesos, se otorgó con la participación del Fira, que es un fideicomiso del gobierno federal para promover la agricultura y en el cual el Banco de México es el fiduciario. Y el otro, por mil 465 millones, a personas físicas y morales, no identificadas, cuyos créditos están en litigio.

Más aún, Banamex fue de los bancos que más recursos otorgaron sin exigir garantía (2 mil 792 millones 82 mil pesos). El Fobaproa adquirió de Banamex cartera en suspensión de pagos, como el caso de Industrias Plásticas del Noroeste, Industrias Riveros Isaguirre, LNR de México, El Nuevo Japón de México.

También le compró créditos relacionados --préstamos a socios o personas que tenían alguna cercana relación con el banco--, como el caso de Gutsa Construcciones --de la familia Gutiérrez Cortina--, Conservas San Carlos, La Suiza, Compañía Peninsular de Autos, Operadora Magia Real, Embotelladora del Sureste y Embotelladora Peninsular.

Destaca en el informe Mackey que la compañía Gutsa Construcciones es una de las 747 empresas que figuran en el acta de entrega de Fobaproa al IPAB, y que está denominada como “originadora de flujos de compra de cartera” por la Dirección de Activos Corporativos del Fobaproa.

Banamex también operó con la banca de desarrollo. A través del Banco Nacional de Comercio Exterior, Nafin, Fifomi y el Fira, le fueron descontados aproximadamente 3 mil 914 créditos, por un monto superior a los 2 mil 100 millones de pesos.

Cuando Roberto Hernández, entonces presidente del Consejo de Administración de Banamex, pretendió controlar el grueso del sistema financiero del país mediante la compra de Bancomer, su tradicional y acérrimo competidor en el mercado nacional, el presidente de Grupo Carso, Carlos Slim, consideró que era “una vergüenza y un cinismo que Banamex, en lugar de vender sus activos para pagar sus quebrantos, los use para comprar Bancomer”.

Y es que con la crisis bancaria Banamex fue el único banco en el que no se diluyeron los accionistas, ni aportaron capital fresco, según Slim. “Los quebrantos ya los pagó el Fobaproa y los va a cubrir la sociedad. Banamex debe 40 mil millones de pesos. Sí es insignificante, como dice el banco, que lo paguen, pero no que se quemen por insignificancias. ¿Son una insignificancia 4 mil millones de dólares?”, se preguntó a sí mismo en una reunión con periodistas en mayo de 2000.

El negocio no le resultó con Bancomer, pero eso no amilanó al poderoso banquero, quien en mayo de 2001 anunció su disposición a vender Banamex-Accival a Citigroup, en una transacción prácticamente libre de impuestos.

Contraproducente

“Es una inversión extranjera directa, de acuerdo con los manuales del FMI y la OCDE”, asegura al hablar de la operación Juan Antonio García Villa, subsecretario de Normatividad y Servicios a la Industria de la Secretaría de Economía. Es decir, explica, con la IED no sólo se puede formar una nueva empresa, sino comprar una ya establecida. De esta manera se diferencia de la inversión “golondrina”. “Otra cosa es lo que haga el accionista con el dinero”, precisa.

García Villa considera que el ingreso de los recursos al país por la venta de Banamex-Accival podría detectarse a partir del cuarto trimestre de 2001 en la cuenta de capital de la balanza de pagos e incluso en el renglón de errores y omisiones.

El flujo de IED fue extraordinario en el 2001 porque se registró el monto total de la operación de venta del grupo financiero, pero en el 2002 volvió a sus niveles promedio de entre 12 y 13 mil millones de dólares anuales.

Sin embargo, en el rubro “Errores y omisiones”, en el que se registran movimientos de imposible identificación, no existe indicio alguno que permita suponer un flujo extraordinario de divisas hacia México. En el 2000 entraron al país 2 mil 594 millones de dólares; en el 2001, año de la venta, la cifra disminuyó a 2 mil 075 millones, y en el 2002, a sólo 770 millones de dólares.

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