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De
los 12 mil 447 millones de dólares que pagó
Citigroup por Banamex-Accival (Banacci) --la más
grande institución financiera del país,
a la que el gobierno federal rescató luego
de la crisis económica de 1995--, la mayor
parte se quedó en el extranjero y una proporción
mínima en México: 10 por ciento, en
el mejor de los casos.
El
monto total, empero, quedó registrado en la
Balanza de Pagos de México como inversión
extranjera directa (IED) en el 2001, cuando para fines
prácticos sólo se trató de un
cambio de propietarios, pues gran parte de la riqueza
generada con la compra-venta se quedó en el
exterior.
Así,
en ese año, el Banco de México (Banxico)
informó que el país recibió un
flujo sin precedentes de IED por 24 mil 730 millones
de dólares, que incluía los 12 mil 447
millones de dólares correspondientes a la adquisición
de Banamex por parte de Citigroup, la institución
financiera más grande del mundo.
Banxico
consideró que ese flujo confirmaba que los
inversionistas extranjeros mantienen una visión
positiva acerca de las perspectivas de mediano y largo
plazo que ofrece la economía mexicana, aun
en un contexto caracterizado por una pérdida
de fortaleza de la actividad económica del
país.
El
anuncio de la propuesta de compra del Grupo Financiero
Banamex-Accival por parte de Citigroup --considerada
la mayor inversión en servicios financieros
en la historia de México-- se hizo el 17 de
mayo de 2001 y se concretó el 3 de agosto siguiente.
De
los 12 mil 447 millones de dólares que se pactaron
en la operación, los accionistas de Banacci
recibieron prácticamente la mitad, 6 mil 242
millones de dólares, mediante el intercambio
de acciones de Citigroup. El resto de la transacción,
6 mil 205 millones de dólares, se liquidó
bajo tres modalidades a elección del tenedor
de las acciones: depósitos en el exterior;
depósitos en sociedades de inversión
de cobertura del propio grupo financiero y depósitos
en un fideicomiso con la función explícita
de convertir los dólares a pesos en un plazo
no mayor de 20 días hábiles.
Es
decir, 6 mil 242 millones de dólares se pagaron
con acciones de Citigroup, cuya sede se encuentra
en Nueva York, por lo que no se expidió dinero
alguno. El resto, 6 mil 205 millones de dólares,
se liquidó en efectivo.
Alrededor
de la mitad de esta última cantidad salió
posteriormente del país. En el informe de la
balanza de pagos del último trimestre de ese
año, el Banco de México señaló:
El valor de los activos en el exterior de residentes
en México aumentó en 2001, lo que implicó
una salida de recursos por 3 mil 439 millones de dólares.
Ello provino principalmente de egresos relacionados
con la operación de Banamex-Citigroup. De dicha
transacción se derivaron tanto una inversión
directa en el exterior por parte de mexicanos, como
aumentos de los depósitos de la banca comercial
en el exterior.
Podría
decirse que la diferencia, alrededor de 2 mil 700
millones de dólares, se depositó en
sociedades de inversión de cobertura o en depósitos
en un fideicomiso de Banamex-Accival, es decir, en
inversión de cartera, que comprende los mercados
accionario y de dinero. Sin embargo, no hay evidencia
de que esos recursos, que representarían 22
por ciento de la transacción, se quedaron en
México.
En
el 2001, año en que se efectuó la transacción,
la inversión en cartera sólo sumó
mil 92 millones de dólares. Pero tampoco se
puede asegurar que todo provenga de la adquisición
de Banamex-Accival.
De
hecho, la inversión en cartera en 1999 fue
más fuerte, de 3 mil 901 millones de dólares;
en 2000 bajó a 478 millones de dólares;
en el 2001 subió a mil 92 millones y en el
2002 fue tan sólo de 46 millones de dólares.
En
su informe anual del 2001, Citigroup refirió
que había adquirido el banco más rentable
de México, por lo que se convirtió en
el principal proveedor de servicios financieros en
el país. En ese año reportó que
la utilidad principal de Banamex y de Citibank en
México fue de 346 millones de dólares,
aumentando 290 millones de dólares comparada
con 2000, reflejando principalmente la adquisición
de Banamex.
Los privilegios
El
grupo financiero Banamex-Accival, que encabezaron
Roberto Hernández y Alfredo Harp Helú,
fue uno de los grupos financieros que mayores beneficios
recibió del rescate bancario, el cual sirvió,
incluso, para tapar algunas operaciones irregulares.
Casi
toda la cartera hipotecaria de Banamex y cientos de
créditos cuantiosos otorgados bajo prácticas
bancarias nada sanas se hallan en la panza del IPAB
y habrán de ser pagados por los contribuyentes
mexicanos.

Hernández, gran beneficiario |
De
los 12 bancos que entraron a los programas de compra
de cartera (Atlántico, Confia, Cremi, Serfin,
Banpais, Bancrecer, Mexicano Somex, Banamex, Bancomer,
Banorte, Bital y Probursa), Banamex fue la institución
más beneficiada por el Fobaproa, ya que el
programa le adquirió su deuda en un precio
promedio de 92 centavos por peso --al 92% de su valor--
mientras que al resto de los bancos se la compró
en un precio más bajo, que osciló entre
0.37 y 0.50 centavos por cada peso.
El
pago de esa cartera crediticia se respaldó
con un pagaré, que anualmente le genera a Banamex
--en forma de subsidio-- más de 8 mil 72 millones
de pesos.
En
la auditoría realizada al Fobaproa por el canadiense
Michael Mackey se identifican y describen 146 operaciones
reportables de créditos irregulares de
Banamex, por 4 mil 70.1 millones de pesos. Seis de
esos créditos concentran 90 por ciento del
valor total involucrado, pero sólo dos de ellos
concentran, a su vez, 70 por ciento de sus operaciones
irregulares.
Uno
de ellos, por mil 386 millones de pesos, se otorgó
con la participación del Fira, que es un fideicomiso
del gobierno federal para promover la agricultura
y en el cual el Banco de México es el fiduciario.
Y el otro, por mil 465 millones, a personas físicas
y morales, no identificadas, cuyos créditos
están en litigio.
Más
aún, Banamex fue de los bancos que más
recursos otorgaron sin exigir garantía (2 mil
792 millones 82 mil pesos). El Fobaproa adquirió
de Banamex cartera en suspensión de pagos,
como el caso de Industrias Plásticas del Noroeste,
Industrias Riveros Isaguirre, LNR de México,
El Nuevo Japón de México.
También
le compró créditos relacionados --préstamos
a socios o personas que tenían alguna cercana
relación con el banco--, como el caso de Gutsa
Construcciones --de la familia Gutiérrez Cortina--,
Conservas San Carlos, La Suiza, Compañía
Peninsular de Autos, Operadora Magia Real, Embotelladora
del Sureste y Embotelladora Peninsular.
Destaca
en el informe Mackey que la compañía
Gutsa Construcciones es una de las 747 empresas que
figuran en el acta de entrega de Fobaproa al IPAB,
y que está denominada como originadora
de flujos de compra de cartera por la Dirección
de Activos Corporativos del Fobaproa.
Banamex
también operó con la banca de desarrollo.
A través del Banco Nacional de Comercio Exterior,
Nafin, Fifomi y el Fira, le fueron descontados aproximadamente
3 mil 914 créditos, por un monto superior a
los 2 mil 100 millones de pesos.
Cuando
Roberto Hernández, entonces presidente del
Consejo de Administración de Banamex, pretendió
controlar el grueso del sistema financiero del país
mediante la compra de Bancomer, su tradicional y acérrimo
competidor en el mercado nacional, el presidente de
Grupo Carso, Carlos Slim, consideró que era
una vergüenza y un cinismo que Banamex,
en lugar de vender sus activos para pagar sus quebrantos,
los use para comprar Bancomer.
Y es
que con la crisis bancaria Banamex fue el único
banco en el que no se diluyeron los accionistas, ni
aportaron capital fresco, según Slim. Los
quebrantos ya los pagó el Fobaproa y los va
a cubrir la sociedad. Banamex debe 40 mil millones
de pesos. Sí es insignificante, como dice el
banco, que lo paguen, pero no que se quemen por insignificancias.
¿Son una insignificancia 4 mil millones de
dólares?, se preguntó a sí
mismo en una reunión con periodistas en mayo
de 2000.
El
negocio no le resultó con Bancomer, pero eso
no amilanó al poderoso banquero, quien en mayo
de 2001 anunció su disposición a vender
Banamex-Accival a Citigroup, en una transacción
prácticamente libre de impuestos.
Contraproducente
Es
una inversión extranjera directa, de acuerdo
con los manuales del FMI y la OCDE, asegura
al hablar de la operación Juan Antonio García
Villa, subsecretario de Normatividad y Servicios a
la Industria de la Secretaría de Economía.
Es decir, explica, con la IED no sólo se puede
formar una nueva empresa, sino comprar una ya establecida.
De esta manera se diferencia de la inversión
golondrina. Otra cosa es lo que
haga el accionista con el dinero, precisa.
García
Villa considera que el ingreso de los recursos al
país por la venta de Banamex-Accival podría
detectarse a partir del cuarto trimestre de 2001 en
la cuenta de capital de la balanza de pagos e incluso
en el renglón de errores y omisiones.
El
flujo de IED fue extraordinario en el 2001 porque
se registró el monto total de la operación
de venta del grupo financiero, pero en el 2002 volvió
a sus niveles promedio de entre 12 y 13 mil millones
de dólares anuales.
Sin
embargo, en el rubro Errores y omisiones,
en el que se registran movimientos de imposible identificación,
no existe indicio alguno que permita suponer un flujo
extraordinario de divisas hacia México. En
el 2000 entraron al país 2 mil 594 millones
de dólares; en el 2001, año de la venta,
la cifra disminuyó a 2 mil 075 millones, y
en el 2002, a sólo 770 millones de dólares.
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