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Vendedores de cuerpos
Por Ana Lilia Pérez

En el país está prohibido el comercio de órganos humanos, pero como la información que circula en Internet no puede ser regulada, la oferta de riñones y córneas, entre otros, crece. La mayoría de los vendedores son jóvenes que piden hasta 50 mil dólares por sus órganos.

Ante el insistente repiqueteo del timbre telefónico, Ricardo del Prado decidió descolgar el aparato dispuesto sobre el enorme escritorio de su oficina. Del otro lado de la línea escuchó la tímida voz de una mujer que preguntaba:

--¿Oiga, allí es la Asociación Mexicana Pro-Trasplante Renal?
--Sí.
--Quisiera donar mis riñones.
--Primero tiene que hablar al Centro Nacional de Trasplantes, allí le pueden proporcionar el formato y la credencial para que cuando muera pueda donarlos.
--No, lo que yo quiero es donarlos ahora, en vida.

Del Prado no pudo dejar de sorprenderse por la buena voluntad de la mujer, que no esperaría a morir para donar un riñón.

--¿Tiene algún familiar enfermo al que quiera donarlo?
--No, la verdad es por si alguien lo necesita, a mí me nace donarlo.
--Por ley, usted no le puede donar a cualquier persona.
--Sí, pero usted sabrá de alguien que lo necesite, porque yo necesito...
--¿Qué necesita?
--Dinero...

La mujer, que nunca dio su nombre, trató de convencer a Ricardo del Prado de comprarle un riñón. ¿La razón?: necesitaba el dinero con urgencia.

Al día siguiente, Del Prado, también presidente de la Asociación Mexicana Pro-Trasplante Renal (Amprac), recibió la visita de quien se identificó como el marido de la mujer que había telefoneado la víspera.

La única identificación que puede hacer de él es la de un hombre delgado de aproximadamente 30 años de edad, quien le dijo que no sólo su esposa, sino él mismo, estaba dispuesto a vender uno de sus riñones, porque recientemente lo habían secuestrado y atravesaba por una difícil situación económica.

“Aquí no compramos órganos”, aclaró contundente Ricardo del Prado, y el hombre partió decepcionado.

Este es sólo uno de los casos que llegan a la Amprac de personas que quieren vender un riñón a cambio de dinero (entre 50 mil pesos y 50 mil dólares). Los más audaces acuden personalmente a las oficinas de esta organización, pero la mayoría prefiere el anonimato de una llamada telefónica para ofrecer uno de sus mayores bienes: el cuerpo.

Del Prado cuenta el caso de un guatemalteco que desde su país ha insistido cinco veces: “Necesito vender mi riñón porque soy muy pobre. Un amigo me dijo que en México los pagan muy bien, que él vendió el suyo. Si me paga el transporte, se lo vendo”.

La venta de órganos, señala el doctor Antonio Cabral --miembro del Sistema Nacional de Investigadores y coautor del libro La bioética (Conaculta, 2002), que aborda este fenómeno-- es una práctica asociada a la pobreza: muchas personas venden su cuerpo “porque tienen que comer y pagar la renta”.

Aunque el investigador reconoce en esto una decisión más bien inducida, agrega que “se trata de un acto altruista”, pues algunos lo hacen “para pagar la comida de sus hijos”. Desde el punto de vista moral y ético, afirma Cabral, es preocupante y dramático que la gente venda sus órganos para subsistir.

Órganos en internet

En países como India y China el comercio de órganos es una práctica común, pero en México está prohibida por la Ley General de Salud. Así que quien ofrece sus órganos lo hace generalmente por teléfono y más recientemente vía internet.

Buscamed se anuncia como el primer buscador médico de la red. Ofrece compra-venta de materiales quirúrgicos, instrumental médico, prótesis, sillas de ruedas, aparatos de rayos X, hasta riñones, córneas y uno que otro pulmón (“de una persona sana que nunca ha fumado”).

Las ofertas proliferan, aunque en raras ocasiones señalan nombre o algún otro dato que identifique al vendedor. “Si te interesa, responde este correo para enviarte mis datos”, suelen escribir las personas que ofrecen alguno de sus órganos.

 

Javier Ángel Martínez Hernández dice ser un mexicano de 28 años de edad: “por motivos económicos pongo a la venta mi riñón derecho o izquierdo”. Se hace llamar Halconvijía y asegura estar “completamente sano”. El precio: 36 mil dólares.

Otro caso. Mauricio Salazar Cárdenas, de 21 años, apunta que por motivos económicos y familiares de dinero: “vendo cualquier parte trasplantable de mi cuerpo”. Y anota su tipo de sangre: RH Negativo, Grupo A. “No he fumado nunca, no drogas ni afines, no soy bebedor y no he padecido enfermedades atípicas. Puedo viajar y admito pruebas físicas”.

Como no existe regulación en la información que circula en la web, las ofertas abundan. Sin embargo, algunos portales han tomado sus precauciones. Uno de ellos es DeRemate.com, que recientemente anexó una lista de artículos prohibidos, entre ellos: “órganos, restos humanos o seres en concreto y no limitados: huesos, sangre, semen y óvulos”.

En México, para el Grupo de Coordinación Interinstitucional para el Combate al Delito Cibernético, de la Secretaría de Seguridad Pública federal, el comercio de órganos representa un ilícito difícil de perseguir, porque una dirección de correo electrónico --que ayudaría a descubrir la identidad del responsable-- puede ser cancelada en cuestión de minutos. A esto hay que agregar además la falta de denuncia por el hecho.

El negocio de pobres
Alberto Ramírez Pinedo --un vendedor contactado por la reportera vía internet-- está dispuesto a vender una de sus córneas: la derecha o la izquierda, da igual. La cotiza en 50 mil dólares americanos. Considera que es un precio razonable, “pues entenderás que una persona a la que le falta una córnea está limitada. Por eso necesito asegurar mi futuro. Esa cantidad compensaría el trato”.

Los gastos de servicios médicos --incluidos los del trasplante-- corren a cuenta del comprador, ni qué decir de la recuperación y el traslado del vendedor hasta la ciudad donde se ubique el receptor.

“Te aclaro que no acepto cambios. Se trata de una venta.” Y puntualiza: “cualquier variación en el precio de la venta dependerá por supuesto de qué tan pronto se concrete”.

Mauricio Reynoso plantea que no encuentra otra opción. Tiene 19 años de edad, es huérfano y mantiene a su hermano de 14 años. Trabajaba en una tienda Oxxo, pero hace dos meses lo despidieron.

Por eso quiere vender uno de sus riñones. El precio: 57 mil pesos más gastos médicos.

Vive en Guadalajara y hace un mes subió un anuncio a internet para encontrar comprador. Mauricio no tiene dinero para viajar, así que el interesado deberá trasladarse a Jalisco. Confía en localizar pronto a un comprador.

La escasez de donantes altruistas hace que los precios alcancen niveles inimaginables. En este medio personas mortalmente enfermas, pero con dinero, sobreviven a costa de los pobres, pero sanos, afirman los investigadores Arnoldo Krauss y Antonio Cabral en el libro La bioética.

De acuerdo con datos del Centro Nacional de Trasplantes, en México 85 por ciento de los trasplantes se realizan a partir de un donador vivo relacionado, lo que limita la donación. Algo que podría estimular el comercio de órganos, porque los vendedores encontrarían un mercado más amplio.

Su director, Arturo Dib Kuri, asegura que en México todos los trasplantes se realizan en instituciones autorizadas “que cumplen con una gran cantidad de requisitos”.

Sin embargo, también admite que se le han acercado personas que quieren vender alguno de sus órganos: “yo les explico claramente que eso no es legal”.

Antonio Cabral remarca el hecho de que sean mexicanos pobres quienes deciden vender sus órganos. Los millonarios, agrega, “tienen el dinero para comprarse un riñón, pero ninguno de ellos vendería uno suyo”.

El investigador comenta que si se generaliza la comercialización, se repetiría el caso de los bancos de sangre, que compraban plasma a personas que no eran altruistas sino que tenían problemas económicos y que pronto se convirtieron en donadores profesionales.

La única solución para acabar con el comercio de órganos, concluye Cabral, es satisfacer las necesidades básicas de los pobres.


Órganos trasplantables:
Riñón
Hígado
Corazón
Páncreas
Pulmón

Tejidos trasplantables:
Médula ósea
Piel
Córneas
Válvulas cardiacas
Vasos sanguíneos

Tipos de trasplante

Autotrasplantes o autoinjertos: se utiliza el tejido del propio individuo, es decir, donador y receptor son la misma persona.

Isotrasplantes: entre gemelos idénticos o univitelinos, es decir, cuando donador y receptor son genéticamente idénticos.

Homotrasplantes o alotrasplantes: donador y receptor pertenecen a la misma especie, pero son diferentes genéticamente.

Heterotrasplantes o xenotrasplantes: entre sujetos de diferentes especies, o con órganos artificiales.
(Fuente: Centro Nacional de Trasplantes).

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