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Abría
los ojos casi por inercia, dormía mal y cuando
despertaba, su primer pensamiento era lo pesado que
sería vivir un día más. No tenía
ánimo para realizar ninguna actividad. Dos
años atrás se había graduado
como diseñadora gráfica, y estaba cansada
de recorrer una oficina tras otra para recibir la
misma respuesta: Te falta experiencia.
Foto: Miriam Sánchez

El abandono oficial |
La
mezcla de ansiedad e inseguridad comenzó a
durar más tiempo. Una vez intentó cortarse
las venas de la mano derecha, sin conseguir su objetivo:
el suicidio. Durante la atención médica
en el área de urgencias del Hospital Balbuena
escuchó que la enfermera de guardia sugería
a sus padres enviarla con un psicólogo.
Así
comenzaron las terapias, pero ella no sintió
ningún avance. Luego el terapeuta le prescribió
antidepresivos: Fluoxetina y Citalopram, y algunas
pastillas para dormir. Ahora toma un par cada día,
cuando no puede conciliar el sueño y para no
sentir tristeza.
Laura
Suárez es una de los 15 millones de mexicanos
que actualmente presentan algún trastorno mental.
La cifra corresponde a una sexta parte de la población.
En
los últimos años, según informes
de la Secretaría de Salud (SS), la salud mental
de los mexicanos se ha visto deteriorada. Los trastornos
más frecuentes son: depresión, epilepsia,
Parkinson, hiperactividad, trastornos en el desarrollo
infantil y Alzheimer. Éste último, el
mal del olvido, se presenta en 10% de los adultos
mayores de 65 años de edad, es decir, medio
millón de afectados.
Las
causas que contribuyen a las patologías neurológicas
y psiquiátricas están asociadas al cambio
epidemiológico que se ha observado en los últimos
años en países con economías
emergentes, como el caso de México. La población
con bajos ingresos económicos, poco o nulo
acceso a los servicios de educación y salud
es la más vulnerable a dichos padecimientos.
A ello
se suman distintas enfermedades médicas, como
las endocrinológicas, neurológicas y
cardiológicas, que también producen
trastornos mentales.
Todo comienza como en el caso de Laura, con una simple
depresión originada por diversos factores:
pérdida de empleo, frustración, desadaptación
social o problemas de carácter sentimental.
La
depresión es la primera manifestación
de un desorden que podría tornarse crónico,
con destino a la hospitalización en un psiquiátrico,
o con el suicidio.
Las estadísticas indican que los trastornos
mentales están vinculados a los homicidios,
la violencia y los accidentes de tránsito.
Datos
de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
señalan que dentro de diez años la depresión
será una de las tres causas de pérdida
de años de vida, junto con las enfermedades
cardiacas y los accidentes de tránsito.
Algunos especialistas no dudan de que los desórdenes
mentales constituirán, en los próximos
años, la pandemia mundial del siglo. Y es que,
advierten, ninguna persona es inmune a padecer algún
trastorno mental, en ocasiones difícil de diagnosticar
y, sobre todo, de combatir.
Infantes
trastornados por la pobreza
La salud mental de los niños mexicanos también
está en riesgo. En el país, cinco millones
presentan problemas que requieren de atención
médica especializada, es decir, 15% de la población
infantil. En Quintana Roo, Zacatecas y Chiapas la
carencia de psiquiatras en todos los niveles es casi
absoluta.
La
SS reconoce que los servicios se encuentran más
restringidos para los niños, ya que de los
200 paidopsiquiatras registrados en el país
muchos de ellos no ejercen la especialidad y
algunos más se han ido al extranjero.
De los psiquiatras especialistas en niños,
la mayoría se ubica en el área metropolitana,
y en Guadalajara y Monterrey, lo que limita la atención
de infantes en la mayor parte del país.
Los
trastornos mentales en los niños se relacionan
con la pobreza, la indiferencia y desintegración
familiar; el maltrato escolar, el uso de drogas, abuso
sexual, el abandono o la muerte de los padres. Además,
si la madre presentó alguna alteración
mental durante el embarazo, el niño corre el
riesgo de proyectarlo.
Mexicanos
esquizofrénicos
¿Te sientes solo, triste, piensas que nadie
te comprende? Son las preguntas frecuentes que invitan
a integrarse a un grupo de autoayuda de los que proliferan.
Los
hay de todo tipo, para alcohólicos, drogadictos,
farmacodependientes, depresivos, neuróticos
y hasta para esquizofrénicos. Allí no
hay reglas de acceso, distinción de raza, sexo,
edad, religión o condición social, aunque
sí un factor común: el padecimiento
de algún trastorno por el que buscan ayuda,
que muchas veces no encuentran dentro de las instituciones
gubernamentales.
Miguel
se pone de pie y da su testimonio:
Me gusta la música electrónica.
A veces siento un vacío existencial y pienso
que no tengo ninguna oportunidad de futuro. Empecé
a consumir marihuana, cocaína, luego vino el
crack y las tachas. Cuando las consumía me
sentía en un estado de felicidad, de amor,
de unión y comunión con otras personas.
Al experimentar con LSD empecé a crearme sensaciones
falsas y a sentirme parte de este mundo.
Asistía
a fiestas, en las que me sorprendía la madrugada,
cansado, agotado y sin alimento después de
pasar largas horas consumiendo drogas. Empecé
a confundirme, sentía que todos me perseguían.
Terminé en un hospital psiquiátrico,
en California, Estados Unidos, a donde mis padres
me enviaron con esquizofrenia declarada. Después
de pasar dos meses allí, me escapé y
me regresé a mi casa. Sigo pensando que no
tengo futuro, sigo consumiendo drogas, porque soy
más feliz al hacerlo, que al dejarlo de hacer.
No
hay un médico que prescriba recetas ni calendarice
tratamientos. La única terapia es que cada
uno se ponga de pie y exponga su testimonio. Los asistentes,
algunos con padecimientos similares, simplemente escucharán.
Ellos dicen que esa es la mejor terapia.
De
entre los trastornos que padecen los mexicanos la
esquizofrenia es de los más frecuentes. La
enfermedad se manifiesta con alucinaciones auditivas,
ideas incoherentes y conducta desorganizada.
En
el país hay 500 mil mexicanos esquizofrénicos,
y sólo 10% recibe atención médica
especializada. El trastorno se presenta entre los
15 y los 25 años de edad, y los síntomas
aparecen más tarde en las mujeres que en los
hombres.
La
tendencia a la esquizofrenia se agudiza por el consumo
frecuente de drogas, y es el principal desorden mental
que padecen los siete mil internos distribuidos en
los 31 hospitales psiquiátricos gubernamentales,
en donde no siempre se proporciona el tratamiento
adecuado a los pacientes.
Deplorables
condiciones
A sus 45 años de edad Carmela deambulaba semidesnuda
por las calles de Tequisquiapan, Querétaro.
A veces en silencio, pero casi siempre vociferando
insultos y arrojando piedras contra las personas que
encontraba a su paso.
Constantemente rompía los vidrios de las casas
cercanas a la suya, y en más de una ocasión
sus vecinos la remitieron a la prisión municipal.
Carmela
padecía de sus facultades mentales. Como en
Querétaro no hay un centro especializado para
enfermos mentales, fue trasladada al Hospital Psiquiátrico
Fray Bernardino Álvarez, en la
ciudad de México.
Y si
los habitantes de aquel poblado pudieron librarse
de la loca del pueblo, para Carmela nada
fue mejor. De manera mecánica deslizaba sus
desnudos pies por los pasillos del hospital. Allí
no había piedras que arrojar, y a sus compañeros
de encierro les daba igual si los insultaba o no.
Casi siempre estaba malhumorada, pero había
algo bueno, y era la hora después del desayuno,
cuando una enfermera la sacaba al patio para que pudiera
asolearse.
Cuatro
décadas atrás a estos lugares se les
llamaba manicomios. Luego, la reforma hospitalaria
conocida como Operación Castañeda
(con el cierre del Manicomio General La Castañeda,
que operaba desde 1910) definió su carácter
de hospitales psiquiátricos.
Pese
a que México fue país pionero en la
instalación de un hospital dedicado al cuidado
de los enfermos con deficiencia mental, el de San
Hipólito (fundado en 1566) tiene hoy día
problemas de hacinamiento, carencia de medicamentos,
maltrato de los internos y abandono de los mismos
por parte de su familia.
La
difícil situación que enfrentan las
instituciones psiquiátricas mexicanas quedaron
al descubierto el 17 de febrero de 2000, cuando se
hizo público el informe: Human Rights &
Mental Health: Mexico (Derechos humanos y salud mental:
México).
Mediante
una serie de visitas a hospitales psiquiátricos
de todo el mundo, el Mental Disability Rights International,
organismo con sede en Washington, Estados Unidos,
documenta las degradantes condiciones en las que viven
los pacientes, algunos de los cuales, podrían
vivir en sus comunidades, pero se les deja pudrir
en asilos alejados en peores condiciones que la mayor
parte de las prisiones.
El
reporte atrajo la atención de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos de la Organización
de Estados Americanos (OEA), y, por primera vez, la
Comisión realizó una serie de observaciones
sobre el abuso de internos con discapacidades mentales
en un país.
En
México, la Comisión Nacional de Derechos
Humanos no tipifica los reportes que pudieran efectuarse
como violación a los derechos humanos de los
internos psiquiátricos, que se registran únicamente
como casos de negligencia médica, razón
por la cual no ha hecho ninguna recomendación.
La
Comisión Nacional de Arbitraje Médico
(Conamed) reportó durante el año pasado
131 casos relacionados con psiquiátricos, 99
de los cuales corresponden al Distrito Federal, 10
al Estado de México, y el resto a otros estados.
La
psicóloga Leticia Escamilla Cadena, subdirectora
de Orientación de la Comisión, señala
que, de los casos relativos a pacientes psiquiátricos,
hay denuncias de quienes reportan lo que consideran
una prescripción inadecuada de fármacos
por parte de sus médicos.
En
ocasiones no es que estén mal administrados,
evalúa, pero el psiquiatra no comunica a su
paciente los efectos primarios o secundarios que puede
provocar la ingestión de los medicamentos.
De
las llamadas diarias que recibe el área de
Orientación de la Conamed, por lo menos una
corresponde a un paciente psiquiátrico.
Algunos
internos, agrega, llaman del interior de los hospitales,
públicos o privados, y solicitan orientación
para denunciar el maltrato físico o emocional
de que son objeto.
Dentro
del físico, enumera, reportan la aplicación
de tratamientos como gasoterapia o electroshocks,
considerados ya como obsoletos y que provocan el atontamiento
mental.
Si
la denuncia es por maltrato, la Conamed transfiere
el caso a la Secretaría de la Contraloría
y Desarrollo Administrativo (Secodam), que nombra
una comisión para su investigación y
análisis, aunque el maltrato emocional
en un enfermo psiquiátrico, lamenta Escamilla,
es difícil de comprobar.
Reforma
a los psiquiátricos
El enfermo que traspasa el umbral del psiquiátrico
desaparece para su familia y para la sociedad. Las
probabilidades de recuperación son escasas.
En los desnudos pasillos deambulan los internos, los
no reconocidos, los no recordados, los olvidados.
Frente
al difícil panorama que enfrenta la salud mental
de los mexicanos, las autoridades admiten que la infraestructura
actual limita las posibilidades de acción.
Los hospitales psiquiátricos tienen una distribución
inadecuada y de difícil acceso, hace falta
la presencia de personal adecuado, por otra parte
insuficiente y mal distribuido. A
lo
anterior se suma el hecho de que la mayoría
de médicos no psiquiatras desconocen los manuales,
elaboran diagnósticos erróneos y prescriben
tratamientos inadecuados.
En
México, apunta el doctor Guido Belsasso, comisionado
del Consejo Nacional contra las Adicciones, la ignominia
sobre los problemas mentales reduce las posibilidades
de atención de los pacientes, lo que
hace que un número importante de mexicanos
vea limitado su desarrollo por un trastorno neurológico
o psiquiátrico.
El
Programa de Acción en Salud 2001-2006 propone
un nuevo modelo psiquiátrico, el denominado
Modelo Hidalgo de Atención en Salud Mental,
que por su estructura podría no beneficiar
a todos los pacientes.
info@contralinea.com.mx
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