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Sobre
la calle Matamoros, a unos diez metros del Puente
Uno, en Nuevo Laredo, una vieja y deslucida peluquería
llamada Los Dos Laredos sirve de fachada a un grupo
de activos contrabandistas.
Cada
día, en jornadas que comienzan a las nueve
de la mañana y terminan después de las
seis, una mujer de apariencia sencilla coordina la
recepción y envío de la mercancía.
Todos le dicen la Abuela.
En
la esquina de esa callejuela invadida por prostitutas
que rondan las cantinas y hoteles baratos cinco individuos
cruzan la frontera y regresan cargados con cajas de
tenis chinos.
La
Abuela maniobra imperceptible. El cabello canoso es
un camuflaje perfecto: nadie sospecha que cada hora
recibe la mercancía y se encarga de los envíos
a las bodegas situadas al sur de la ciudad, desde
donde se distribuye hacia los mercados del centro
del país.
Así
los verá todos los días, dice
Luis Antonio Martínez, un oficial de vialidad
que ha trabajado en la zona durante 25 años.
Y no son los únicos: así pasan
muchos otros con carritos del mandado cargados de
fayuca.
Esa
forma aparentemente sencilla de operar es en realidad
una táctica esmerada durante décadas
no sólo en Nuevo Laredo, sino en el resto de
las ciudades fronterizas. Detrás, sin embargo,
hay una red perfectamente tejida que soporta una de
las más lucrativas actividades del crimen organizado.
La
pequeña banda comandada por esa mujer de 67
años es capaz de sobornar a funcionarios aduanales
y a un sinnúmero de funcionarios de cualquier
nivel de gobierno por una sencilla razón: el
80% de la estructura operativa del Estado se encuentra
corrompida, dice un dictamen de inteligencia de la
Secretaría de la Contraloría y Desarrollo
Administrativo (Secodam).
Pero
el contrabando y la piratería en México
van más allá de un simple dato sobre
la corrupción. México, junto con Argentina,
encabeza la lista de países de Occidente con
mayor consumo de productos falsificados. Estadísticas
del comercio exterior de EU y China dan una idea del
mercado que alcanza la piratería: en el 2000,
el país dejó de percibir cerca de 8
mil millones de dólares por evasión
al IVA y al Impuesto de Importación.
En
menos de diez años, las mafias china y coreana
anclaron en México, y desde aquí han
extendido sus redes hasta Centroamérica, el
sur de California y la Florida. Juntas obtuvieron
ganancias estimadas en 33 mil millones de dólares
durante el 2000, una cifra tres veces mayor a las
captaciones anuales por venta de petróleo.

La invasión oriental |
Un
reporte de la Cámara de Comercio del Distrito
Federal, apoyado en cifras del INEGI, concluyó
que 40% de las ventas en la Ciudad de México
son de contrabando y mercancía pirata.
Todo
ingresa al país caja por caja, a través
de pequeñas bandas como la que dirige la Abuela,
pero también en barcos y furgones del ferrocarril,
desde las fronteras de Baja California, Sonora, Chihuahua
y Tamaulipas, así como desde los puertos marítimos
de Veracruz y Colima.
Contacto
en Tepito
Desde hace más de dos años el gobierno
ha ordenado operaciones que presumiblemente lesionan
intereses y movimientos de las mafias del contrabando.
Las incursiones más espectaculares han ocurrido
en Tepito, considerado el santuario del mundo criminal
mexicano. Pero aquellas que buscaban dejar sin cabeza
a esas organizaciones en realidad han sido una suerte
de persecuciones con más tintes políticos
que de seguridad pública.
De
hecho, hace bastante que los contrabandistas originales
abandonaron la zona. Reportes de las mismas autoridades
asientan que el control del barrio pasó a manos
de chinos y coreanos desde hace siete años,
un dato que confirmó un estudio de la Facultad
de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Tepito
ha perdido su condición de lugar único.
Unos kilómetros al Norte, San Felipe de Jesús,
se ha erigido como el nuevo gran centro ilegal en
la capital del país. Otro tianguis, dentro
del perímetro de Plaza Meave, es el paraíso
de los aparatos electrónicos importados mediante
la alteración de papelería oficial.
Tepito ya no es lo que fue, dice Luis
Manuel Bravo, ex cronista de la SSP del DF. Aquellas
visitas de aventura en busca de artículos prohibidos
o de moda han terminado.
Hace
treinta años, Tepito era un hervidero de aparatos
robados, hasta que las primeras ganancias de aquel
mercado llevaron a muchos de los vendedores a arriesgarse
en un campo hasta entonces poco explorado. Era
tan grande el negocio, que las autoridades preferían
un porcentaje de la mercancía en vez de dinero,
recuerda Bravo.
Un
cuarto de siglo después, los almacenes y fábricas
de artículos pirata se han expandido hasta
zonas alejadas de Tepito, como una forma de evadir
a la policía. Ahora los centros de recepción
y distribución están en San Juan de
Aragón, Pantaco y Tlalnepantla.
La
forma en que se comercializaba el contrabando y la
piratería ha sufrido una gran evolución.
Por la calle Ferrocarril, en el corazón de
Tepito, la mayor parte de la planta baja de los viejos
edificios operan como oficinas de ventas.
En
cualquiera de las habitaciones, estrechas y oscuras,
quien tenga la posibilidad de gastar cierra un trato
de compra-venta. No hacen falta trámites engorrosos
para hacerse sujeto de crédito y mucho menos
para liquidar la deuda.
Mafias
emergentes
Lo que ha ocurrido en Tepito y en varias otras
partes del país es preocupante, porque los
coreanos y chinos están aplicando sus propios
códigos criminales, dice uno de los funcionarios
de la Secodam, miembro del grupo encubierto que combate
a las mafias del contrabando.
Los
coreanos han afianzado su presencia en Monterrey,
Guadalajara y la Ciudad de México, sus operaciones
acentuaron la violencia a la hora de aplicar sus reglas,
y han llegado incluso a confundirse con los ajustes
ordenados por los narcotraficantes. Se encuentran
simplemente a la cabeza de todo, señala
el funcionario de la Secodam.

Las redes del contrabando |
Sus
movimientos entrañan un reto mayúsculo
para las autoridades, porque la forma en que cierran
sus contratos es demasiado simple: basta con que los
contrabandistas mexicanos se pongan en contacto con
el único compromiso de vender. Las ganancias
se dividen y si no hay venta, los artículos
se devuelven. Una traición es un contrato de
muerte.
Tácticas
al descubierto
En agosto de 2001 una operación efectuada en
Manzanillo por la Policía Federal Preventiva
y la Secodam condujo al decomiso de 150 contenedores,
con 40 toneladas de contrabando cada uno. Eran cargamentos
de chinos y coreanos. Lo relevante fue, sin embargo,
que ese golpe sirvió para esclarecer una de
las formas en que se introduce al país mercancía
de manera ilegal.
Si
bien el mercado nacional está invadido por
mercancía de origen chino, coreano y taiwanés,
las autoridades no entendían con claridad las
rutas que seguían los cargamentos antes de
llegar a las calles. Lo que descubrieron en Colima
les abrió los ojos: durante junio y julio de
ese año llegaron al puerto cerca de 200 embarcaciones,
pero sólo cuatro de ellas portaban bandera
china. Los investigadores no tardaron en descifrar
la treta.
Lo
que hacían los contrabandistas era triangular
sus cargamentos en Balboa, Panamá, de modo
que los contenedores llegaban cobijados por la bandera
de esa república.
En
dos meses, en Manzanillo descargaron 38 barcos con
bandera panameña, y otros 38 con bandera de
Liberia. Son esos dos países, apuntan las autoridades,
los que han servido durante años a las mafias
que operan en México para disfrazar la procedencia
real del contrabando.
Eduardo
Reyes Díaz-Leal, un experimentado asesor en
comercio exterior, dice que la batalla en contra de
los criminales bien puede reflejarse en un dato: entre
noviembre de 2000 y mayo de 2001, las autoridades
decomisaron 50 millones de dólares de juguete
chino. Esa cifra palidece frente a la que manejan
los comerciantes mexicanos. Ellos estiman que ingresan
por año al menos 800 millones de dólares
de juguetes fabricados en China.
Una
cantidad así de contrabando sería imposible
sin la ayuda de un sistema formal. Tan sólo
en el rubro de los juguetes, en México se tiene
inscritos a mil importadores, y gran parte de ellos
son sospechosos de alterar documentación oficial
para devaluar el costo de la mercancía y manipular
su país de origen.
Se
trata de un procedimiento relativamente sencillo,
según los analistas de la Secodam. Pero la
recurrencia con que se repite y la especialización
requerida para leer documentos fiscales hacen difícil
la persecución del delito. Aun así,
se han detectado cargamentos introducidos mediante
la alteración de documentos de importación.
En
Ciudad Juárez, por ejemplo, fueron detectadas
etiquetas con el Registro Federal de Causantes falso.
Todas ellas fueron impresas en China y almacenadas
en unas oficinas de ese país, desde donde se
despachaban para efectuar el llamado contrabando técnico.
El
sello del dragón
Desde 1994, la firma del TLC impuso tasas elevadas
a productos de origen chino. Así, las cuotas
compensatorias para prendas de vestir son de 533%,
de 105% para el calzado, 129 para aparatos electrónicos
y de 501% para textiles.
Con
una moneda que guarda la misma paridad que el peso,
China opera con 100 mil empresas en bancarrota, pero
ninguna ha dejado de producir gracias a la ayuda del
Estado. Lo que suponen las autoridades mexicanas es
que son esas industrias las que mantienen inundado
de contrabando no sólo al país, sino
al resto de América Latina, África y
Europa del Este.
La
primera gran operación contra las mafias del
contrabando, a mediados de 2001 en el mercado San
Juan de Dios, en Guadalajara, dejó ver que
la mercancía decomisada provenía de
Asia. No fue ninguna sorpresa: en la ciudad se ha
rebautizado desde hace tiempo al mercado como Taiwán
de Dios.
El
gran mercado que representan México, Argentina
y el resto de los países latinoamericanos ha
desatado una carrera en la industria clandestina de
China y Corea del Norte, en donde se produce la mayor
parte de los artículos pirata del mundo.
Foto: David Jaramillo

El contrabando en la calle |
Esa
competencia, imposible de verse en las plantas de
producción, se percibe con claridad en las
calles de las principales ciudades mexicanas, en donde
es posible comprar un reproductor DVD por mil 500
pesos, y películas en el mismo formato por
25 pesos.
La
Concamin calcula que 40% de los juguetes y software
que se venden en México son de contr1abando,
y la industria discográfica informa que sólo
33% de los discos que compra el público son
originales.
Un
estudio de la UNAM revela que tan sólo en el
DF radican cerca de 10 mil coreanos, la tercera parte
de ellos en los alrededores de la Zona Rosa. De los
aproximadamente 3 mil coreanos del área, 2
mil trabajan en Tepito.
Las
otras dos terceras partes, son de dudosa residencia
y ocupación. En la Dirección de Inteligencia
de la Secodam la idea es más clara: son ellos
los que tienen el control de las mafias del contrabando
en la capital del país.
Redes
mexicanas
El 17 de mayo de 1999, la Ley de Propiedad Industrial
fue modificada para conceder a la piratería
un estatus de delito grave. Esa reforma, lo mismo
que investigaciones privadas ordenadas por los comerciantes,
dieron inicio en parte a las operaciones que buscan
combatir la piratería. Sin embargo, la batalla
comenzó en condiciones desiguales debido a
la enorme corrupción del sistema aduanero y
de las corporaciones policiacas.
Ciertamente
la corrupción es algo contra lo que nos enfrentamos
continuamente, y que hasta hoy impide que se investigue
a fondo lo que se denuncia. Pero nosotros evitamos
ese tema por razones obvias, ya que hay gente muy
poderosa que está involucrada, plantea
uno de los funcionarios de Arochi, Marroquín
& Lindner S. C.
Ese
despacho funge como apoderado legal de mil 500 de
las firmas más reconocidas de productos estadounidenses
como Ford, Harley Davison, Nike, NFL, NBA, NHL, Fila,
New Balance, Wrangler, Converse, Nautica, Hugo Boss,
St. Lauder, Tommy Hillfiger, Disney y Nintendo.
Las
pérdidas anuales para las firmas representadas
por el despacho por causa de la piratería se
calculan en más de 2 mil millones de dólares.
Investigadores contratados por Arochi, Marroquín
& Lindner han ubicado centros de recepción
y producción de piratería en Colima,
Puebla y Guanajuato, lo que condujo a las autoridades
a realizar operaciones para arrestar a los criminales.
Pero
el problema está lejos del fin, alega el funcionario
del despacho: Un ejemplo que puede dar idea
de todo este mercado pirata es el del calzado. Todos
los días llegan toneladas de calzado pirata
desde Hermosillo, Nuevo Laredo y del Bajío
Cada
sábado y domingo, el mercado de la Guayulera,
en la capital de Saltillo, ocupa medio centenar de
calles para ofrecer cientos de toneladas de artículos
de contrabando traídos desde China, Corea y
Taiwán y ropa usada proveniente de bodegas
de Laredo, en Texas.
En
las bodegas de ropa usada que abundan a unas cuadras
de la calle Convento, la vía principal en el
centro de Laredo, una libra de ropa usada puede comprarse
desde 30 centavos de dólar. Para llevarla hasta
Saltillo o cualquier otra ciudad cercana, como Monterrey
o Monclova, los contrabandistas cobran otros 30 centavos
por libra. Aun así, detalla Ramírez,
las ganancias son jugosas. Por muy barata que
vendas una playera, a 10 pesos, sacas algo así
como 3 mil en dos días.
Para
pasar la mercancía por la frontera no hace
falta otra cosa que sobornar a las autoridades o pactar
con agentes aduanales y dueños de comercializadoras.
Las
entrañas del monstruo
En México existen registradas mil 552 agencias
aduanales. El número de comercializadoras se
desconoce, pero alrededor de la tercera parte de ellas
opera en Nuevo Laredo, una ciudad con menos de 600
mil habitantes. El poder que ejercen en la comunidad
es absoluto.
Los
agentes aduanales y los transportistas han conquistado
por años diputaciones locales y federales,
así como la alcaldía. La relación
entre la estructura aduanera y la política
no es nueva. De hecho, el exadministrador de la aduana
en esa frontera, Andrés Fernández Martínez,
trabajó en la campaña de Arturo Montiel,
el gobernador del Estado de México, en cuyos
municipios se encuentra la mayor parte de las bodegas
a las que llega el contrabando.
El
contrabando y la piratería, si bien se centra
en productos de baja denominación, deja ganancias
millonarias. 40 toneladas de discos compactos, por
ejemplo, cuestan unos 25 mil dólares si son
colocadas desde el puerto de Manzanillo. Pero una
carga similar de cognac Cordon Blue, tiene un costo
de 2 millones de dólares.
Los
grandes cargamentos de contrabando y productos pirata
también tienen otra ruta importante. Varios
suburbios de Los Ángeles, California, como
Huntington Park, sirven de enlace con los centros
de operación que tienen los asiáticos
en Long Beach, el principal puerto marítimo
de la ciudad.
Desde
ahí, los vendedores mexicanos que operan en
Tepito, en San Felipe de Jesús o en cualquiera
de los centros de acopio de la zona urbana simplemente
llaman por teléfono y se identifican con un
número clave para pedir un nuevo envío.
La mercancía, en grandes volúmenes,
es enviada por ferrocarril.
Hay
una razón estratégica para utilizar
el sistema ferroviario mexicano en el manejo de la
mercancía: México tiene una tecnología
deficiente, que impide la inspección regular
de los contenedores dobles, pero además los
furgones son inspeccionados, por norma, una sola vez.
Eso significa que la corrupción encuentra menos
elementos de presión bajo ese sistema.
Una
maniobra extra impide la revisión de los contenedores
en caso de que exista sospecha de que vienen cargados
con mercancía ilegal. Desde que salen de su
lugar de origen, los contenedores son colocados de
frente, puerta con puerta, lo que obliga al empleo
de gigantescas grúas para levantarlos del ferrocarril
y abrirlos, algo que no se tiene en las aduanas fronterizas.
Rutas
paralelas
Por las aduanas de Reynosa y Matamoros, en Tamaulipas,
los dueños de lotes de carros de Saltillo y
Monterrey aprovechan la fama de corruptas que tienen
las autoridades. Desde Reynosa, los contrabandistas
de carros logran salir de la franja fronteriza mediante
el pago de mil 500 pesos a los inspectores de la Policía
Fiscal.
Lo
que hacen después es seguir una ruta bien conocida:
conducen hasta el municipio Río Bravo y de
ahí se internan por brecha para llegar a San
Fernando y luego adentrarse a La China, ya en Nuevo
León. El trayecto a Saltillo y Monterrey se
realiza por la carretera federal. Un carro llevado
desde la frontera hasta Saltillo cuesta seis mil pesos
más: tres mil se irán en mordidas y
tres mil se los queda el vendedor, cuenta Delia Covarrubias,
líder de la Onappafa en Coahuila.
La
corrupción ha tratado de frenarse con altos
salarios para los administradores aduanales. Desde
hace años, un administrador central percibe
un sueldo de 85 mil pesos mensuales más un
porcentaje por decomisos efectuados dentro de su jurisdicción.
Administradores como los de Ciudad Juárez y
Nuevo Laredo, que operan aduanas tipo I, tienen las
mismas prestaciones, más un suelo mensual de
65 mil pesos, según datos de la Secodam.
Pero
los agentes de la Policía Fiscal ganan apenas
7 mil pesos mensuales. Ninguno de ellos, sin embargo,
conduce vehículos modestos que correspondan
a sus ingresos.
La
debilidad del Estado
El poder de los contrabandistas es equiparable al
de los narcotraficantes, que de acuerdo con informes
de la PGR obtenían ganancias de 30 mil millones
de dólares en 1994 y hoy pueden rondar los
90 mil millones, según estimaciones de la DEA.
Pero a diferencia del tráfico de drogas, el
contrabando es posible también debido a la
ineficacia del sistema fiscal mexicano.
En
1999, el número de contribuyentes registrados
en el Sistema de Administración Tributaria
no llegaba a los 20 millones, cuando la población
económicamente activa reportada por el INEGI
era de 40 millones. De esos 20 millones, 13 millones
eran contribuyentes cautivos, es decir, individuos
a los que se les retienen los impuestos desde sus
centros de trabajo.
Las
mismas estadísticas del INEGI indican que alrededor
de 9 millones de personas generan 12.5% del Producto
Interno Bruto, algo así como 700 mil millones
de pesos anuales, pero ninguno paga impuestos. La
evasión al IVA es de unos 105 mil millones
de pesos.
Mientras
el gobierno pretende lograr una reforma fiscal que
genere ingresos anuales por 150 mil millones de pesos,
los contrabandistas, aliados con funcionarios federales,
operan hora tras hora por casi todos los puertos aduaneros,
erosionando la economía mexicana.
En
un impresionante complejo construido en la aduana
de Nuevo Laredo, conocido como Puente III, las autoridades
han instalado el que posiblemente sea el más
sofisticado sistema de ingreso y salida de vehículos
comerciales.
Se
trata de un gigantesco puerto a las afueras de la
ciudad, dotado de varios patios fiscales, sucursales
bancarias, cámaras de circuito cerrado y oficinas
equipadas con lo más avanzado de la tecnología
digital. Una cortina negra, colocada en la parte trasera
de las cajas de los tráilers que regresan al
país por el carril destinado a los vehículos
sin carga es, sin embargo, suficiente para burlar
toda la parafernalia oficial.
Lo
que registran las cámaras es el engaño
visual de esas cortinas: una caja vacía. Las
autoridades del puerto, igual que hacen sus colegas
en el Puente I, por donde trafica la Abuela, validan
ese truco, fingiendo que no ven.
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