Nuevos retos a lectores
Jorge Meléndez

Internet era el medio de comunicación más importante tanto a finales del siglo pasado como en éste. Recordemos, por ejemplo, que en su libro La golosina visual, Ignacio Ramonet explicó como una empresa más pequeña en dinero, número de trabajadores y extensión económica, AOL, logró en la fusión con CNN y Warner llevar la voz cantante y las decisiones fundamentales.

¿Por qué ello?
Debido a que se esperaba un desarrollo impresionante del internet. A través de ese medio se harían los grandes negocios, se impulsaría el comercio y habría mayores lectores en todo el mundo.

Hace poco se dieron a conocer las multimillonarias pérdidas de dicha compañía -- cientos de miles de millones de dólares--, lo cual hace necesaria una reestructuración total. Incluso el famoso exmarido de Jean Fonda, Ted Turner, dejó la vicepresidencia corporativa.

Muchas son las razones de tal crisis, pero una singular es que muchos consultaban internet pero no hacían caso a la propaganda, ni siquiera a la que en un momento se extendió: la pornográfica.

Ésta, a últimas fechas, se ha impulsado ampliamente y a mi correo electrónico llegan diariamente cuatro o cinco mensajes con toda suerte de ofrecimientos. En la nueva versión de AOL México, tengo necesariamente que abrirlos pero los elimino sin más atención. Anteriormente se podían borrar envíos simplemente por el título o la intención.

Pero todo esto viene a colación porque desde el año pasado, debido a los costos de internet, algunas publicaciones empezaron a cobrar por el servicio. Uno de ellos fue el imprescindible El País. Ahora para acceder a sus notas y editoriales hay que pagar 80 dólares anuales.

Razón por la que muchos ya no podrán ver sus importantes reportajes acerca de la oposición española a la guerra de Iraq y las notas de tres que yo seguía cada semana: Rosa Montero, Manuel Vázquez Montalbán y Maruja Torres.

Aunque es necesario señalar que con frecuencia teníamos en ese cotidiano los textos de Gore Vidal --que incluso fueron censurados en Estados Unidos por ser ultra críticos a Bush--, Noam Chomsky, Kewes S. Karol y muchos más que por desgracia no llegan a nuestro país o son reproducidos con bastante retraso. Por tanto, yo como lector tengo ahora que pagar un servicio que era gratuito.

No es el único caso. Me escribió hace tiempo, de Inglaterra, el señor David Esparza. Dice en su misiva que me leía semanalmente en el periódico El Financiero (columna Botica de los lunes), pero ya no puede hacerlo porque el diario ha decidido cobrar por la consulta.

En una época de crisis en todas partes y dada su condición de estudiante, no podrá ya estar atento a lo que ocurre en nuestro país. Grave ahora que la política de Fox a propósito de Iraq es diferente a la planteada por Tony Blair.

Por mi parte, para hacer un servicio, envío al correo electrónico de Esparza mis colaboraciones. Pero es una gota en un mar. Sería conveniente encontrar de qué manera aliviamos otros problemas.

Quizá deberíamos escribirnos entre nosotros para solicitar más información e intercambiar notas.

En la contraportada de La galaxia Internet, del reconocido Manuel Castells, se dice: “Internet es un instrumento potencial de libre comunicación y que su espíritu de libertad fue diseñado por la cultura hacker que está en el origen de su creación. Pero, en último término, la evolución de internet depende de su utilización por la sociedad, por nosotros”. Ojalá podamos preservarlo y ampliarlo.

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