Internet era el
medio de comunicación más importante tanto a finales
del siglo pasado como en éste. Recordemos, por ejemplo,
que en su libro La golosina visual, Ignacio Ramonet explicó
como una empresa más pequeña en dinero, número
de trabajadores y extensión económica, AOL, logró
en la fusión con CNN y Warner llevar la voz cantante y
las decisiones fundamentales.
¿Por qué
ello?
Debido a que se esperaba un desarrollo impresionante del internet.
A través de ese medio se harían los grandes negocios,
se impulsaría el comercio y habría mayores lectores
en todo el mundo.
Hace poco se dieron
a conocer las multimillonarias pérdidas de dicha compañía
-- cientos de miles de millones de dólares--, lo cual hace
necesaria una reestructuración total. Incluso el famoso
exmarido de Jean Fonda, Ted Turner, dejó la vicepresidencia
corporativa.
Muchas son las
razones de tal crisis, pero una singular es que muchos consultaban
internet pero no hacían caso a la propaganda, ni siquiera
a la que en un momento se extendió: la pornográfica.
Ésta, a
últimas fechas, se ha impulsado ampliamente y a mi correo
electrónico llegan diariamente cuatro o cinco mensajes
con toda suerte de ofrecimientos. En la nueva versión de
AOL México, tengo necesariamente que abrirlos pero los
elimino sin más atención. Anteriormente se podían
borrar envíos simplemente por el título o la intención.
Pero todo esto
viene a colación porque desde el año pasado, debido
a los costos de internet, algunas publicaciones empezaron a cobrar
por el servicio. Uno de ellos fue el imprescindible El País.
Ahora para acceder a sus notas y editoriales hay que pagar 80
dólares anuales.
Razón por
la que muchos ya no podrán ver sus importantes reportajes
acerca de la oposición española a la guerra de Iraq
y las notas de tres que yo seguía cada semana: Rosa Montero,
Manuel Vázquez Montalbán y Maruja Torres.
Aunque es necesario
señalar que con frecuencia teníamos en ese cotidiano
los textos de Gore Vidal --que incluso fueron censurados en Estados
Unidos por ser ultra críticos a Bush--, Noam Chomsky, Kewes
S. Karol y muchos más que por desgracia no llegan a nuestro
país o son reproducidos con bastante retraso. Por tanto,
yo como lector tengo ahora que pagar un servicio que era gratuito.
No es el único
caso. Me escribió hace tiempo, de Inglaterra, el señor
David Esparza. Dice en su misiva que me leía semanalmente
en el periódico El Financiero (columna Botica de los lunes),
pero ya no puede hacerlo porque el diario ha decidido cobrar por
la consulta.
En una época
de crisis en todas partes y dada su condición de estudiante,
no podrá ya estar atento a lo que ocurre en nuestro país.
Grave ahora que la política de Fox a propósito de
Iraq es diferente a la planteada por Tony Blair.
Por mi parte, para
hacer un servicio, envío al correo electrónico de
Esparza mis colaboraciones. Pero es una gota en un mar. Sería
conveniente encontrar de qué manera aliviamos otros problemas.
Quizá deberíamos
escribirnos entre nosotros para solicitar más información
e intercambiar notas.
En la contraportada
de La galaxia Internet, del reconocido Manuel Castells, se dice:
Internet es un instrumento potencial de libre comunicación
y que su espíritu de libertad fue diseñado por la
cultura hacker que está en el origen de su creación.
Pero, en último término, la evolución de
internet depende de su utilización por la sociedad, por
nosotros. Ojalá podamos preservarlo y ampliarlo.