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Para
la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol)
el debate real no se centra en la medición
de la pobreza, sino en los problemas que genera su
propia organización interna; en la operación
de grupos de poder que controlan la toma de decisiones,
y en la normatividad anacrónica que rige la
aplicación de los programas sociales.
Desde
las épocas del extinto Programa Integral para
el Desarrollo Rural Regional (Pider), creado en la
década de los setenta, o del famoso Comité
de Planeación para Zonas Marginadas (Coplamar),
ambos antecedentes inacabados de la actual política
social y sus inefables programas, las políticas
sociales transitan por una constante indefinición.
Durante
una ponencia sobre combate a la pobreza presentada
en el Instituto de Estudios para la Transición
a la Democracia, el senador Carlos Rojas, exsecretario
de Desarrollo Social, fue interrogado por un asistente,
quien le preguntó: Señor secretario,
¿cuánto vale, cuánto se necesita
invertir para sacar a los pobres de esa condición
en nuestro país? Rojas, lapidario, contestó:
Usted dígame una cantidad, la que usted
quiera, la que se le ocurra, y esa va a ser insuficiente.
Otro
pronóstico un poco menos desolador lo planteó
el actual subsecretario de Sedesol, Miguel Shekely,
quien consideraba que se necesitaba un crecimiento
anual sin interrupciones de la economía de
3% durante 40 años para superar la pobreza.
Bajo
el gobierno del cambio, el programa estelar de la
Sedesol: Oportunidades, antes Progresa, todavía
con algunas reminiscencias del Pronasol de Carlos
Salinas, invirtió en el 2002 para su operación
6 mil millones de pesos.
Rosa
Albina Garavito critica abiertamente la política
social del gobierno foxista y sus programas asistencialitas.
Dice, sin mencionar su nombre, que el Progresa-Oportunidades
sólo reparte migajas a la población
en pobreza extrema y acusa a la actual política
económica de ser la causante de tanto agravio.
Sostiene
que mientras las únicas inversiones rentables
sean las finanzas especulativas, el narcotráfico
o el sector maquilador el dato oficial de que 56.9%
de los hogares mexicanos sobreviven con 35 pesos diarios
en el campo y 52 pesos en la ciudad tiene sin mayor
preocupación a los grandes capitales.
El
año pasado los dos principales programas del
ramo administrativo 20, denominado Desarrollo Social:
Programa de Empleo Temporal (PET) y Programa de Crédito
a la Palabra invirtió más de 2 mil 900
millones de pesos, con los cuales según la
propia Sedesol se crearon sólo con el PET 368
mil 949 empleos. Esta cifra, sin embargo, aplica restricciones.
Este
programa promueve la generación de empleos
para productores agrícolas en tierras de baja
productividad y nació a raíz de la crisis
de 1995 como una opción de trabajo a quienes
lo habían perdido.
Su
objetivo era apoyar un trabajo temporal que se enfoca
a la realización de obras de beneficio social
y, sobre todo, a incrementar la infraestructura básica
para la cual no se requiera de mano de obra calificada.
La
forma de pago para los beneficiarios se denomina jornal
y un individuo puede trabajar máximo 88 jornales
al año, que representan un empleo y equivalen
a 2 mil 992 pesos anuales por persona.
En
el caso del otro programa estrella del ramo 20: Apoyo
a la Palabra, ese mismo año se destinaron mil
368 millones de pesos, orientados a fortalecer la
producción de oleaginosas, granos básicos
y hortofrutícolas principalmente, así
a apoyar distintos proyectos productivos.
Se
trata de un crédito sin garantías que
se otorga a los campesinos que habitan en zonas de
cultivo de baja productividad y alta siniestralidad.
Las cifras de la Sedesol señalan que en el
2002 se apoyaron a casi 500 mil productores, con 550
pesos por hectárea, máximo tres hectáreas
por productor al año.
Con
esos recursos se tiene que comprar semillas, fertilizantes,
herbicidas, mano de obra, herramientas, arados, etc.,
y los campesinos están obligados a devolver
el crédito a los municipios para refinanciar
a los productores agrícolas. La realidad es
que al menos 15% de los campesinos que reciben ese
dinero lo utilizan para emigrar a los Estados Unidos
en busca de una mejor vida.
Por
otro lado, la gran estrella Sedesol, El Progresa-Oportunidades,
que atiende la alimentación, la salud y la
educación de los más pobres, ha incorporado
en este año a 4 millones de familias y ejerció
un presupuesto en el 2002 de 18 mil millones de pesos.
Las puras migajas de que habla Rosa Albina
Garavito.
Oportunidades
sigue dando becas para los alumnos que cursan desde
el primero de primaria hasta el tercero de bachillerato
y van desde los 95 hasta los 620 pesos mensuales.
Adicionalmente se otorgan apoyos para útiles
de entre 195 y 240 pesos mensuales, dependiendo el
grado al iniciar el ciclo escolar. Una diferencia
con el anterior Progresa es que los alumnos y sus
padres tiene que comprobar la asistencia a la escuela
y el rendimiento académico para seguir recibiendo
las becas.
Las
bondades de este programa no son tantas como las que
enumera el Centro de Investigación y Docencia
Económica (CIDE). En su informe de evaluación,
sostiene sin más que: el número
de niños y niñas inscritos en la escuela
se incrementó de manera sustancial, que la
incidencia de las enfermedades de los beneficiarios
se redujo y que en general los ingresos de las mismas
aumentaron.
Este
programa, aunado al de Oportunidades Productivas,
es sin duda la clave para salir del asistencialismo,
las migajas y las utopías actuales del combate
a la pobreza. Oportunidades aplica la inversión
en capital humano, educación, capacitación,
salud, etc., y el otro Oportunidades invierte en proyectos
productivos para que la población en pobreza
extrema fomente su patrimonio y capital de trabajo.
Por
desgracia, el programa de proyectos productivos está
muy poco acotado. A la fecha entra cualquier tipo
de proyecto, muy pocos de extrema pobreza, no se hace
ningún estudio socioeconómico para seleccionarlos
y mucho menos para evaluarlos.
La
Sedesol reconoce que si bien el combate es un problema
de recursos también involucra el diseño
de estrategias para la permanencia de los operadores
de la política social. No existe, por ejemplo,
un servicio civil de carrera para mantener a los cuadros
que cuentan con la capacidad, la experiencia y los
conocimientos para mantener la continuidad de los
programas.
En
la actualidad en el Congreso de la Unión hay
al menos cinco iniciativas presentadas por los distintos
grupos parlamentarios que pretenden crear la Ley de
Desarrollo Social: dos del PRD, una del PRI y otra
del PAN se analizan ya en las comisiones legislativas
y de aprobarse darían un impulso definitivo
a la política social no sólo de este
sexenio, pues marcarían la ruta a seguir para
los futuros gobiernos federales.
Con
este escenario tan poco halagüeño el combate
a la pobreza se enfrenta además con otro enemigo
que quizás sea el mas difícil de vencer,
el más peligroso y poderoso. Y es que hagamos
de cuenta que los recursos se tuvieran, que la Ley
de Desarrollo Social se promulgara, que se pusieran
de acuerdo entre el gabinete económico y el
social. Aun así las resistencias internas de
la Sedesol son las primeras en poner obstáculos
para el buen desempeño de los programas sociales.
El
primer gran obstáculo, a decir de un director
general de la dependencia, son las reglas de operación
impuestas por el artículo 63 capítulo
VIII del Decreto de Presupuesto de Egresos de la Federación.
La
Sedesol, comenta, propuso reglas de operación
sencillas y cortas para la ejecución de los
programas, pero fue entre la Secretaría de
Hacienda y la Contraloría las que nos regresaron
un bulto de un metro de alto de papel de reglas y
lineamientos. Y sí, para poder acceder
a algún programa social se deben de cumplir
con al menos 60 pasos desde que la SHCP libera los
recursos hasta que los beneficiarios puedan disponer
de ellos de acuerdo con siguiente flujograma.
Flujograma
Pero
eso no es todo, dentro de esta maraña absurda,
en varios de los pasos del flujograma, los operadores
de los programas tienen que elaborar unos formatos
anacrónicos, obsoletos y confusos denominados
anexos técnicos de autorización, de
aprobación e información complementaria.
Papel
y más papel, diría nuestro entrevistado.
Son formularios con 20 y hasta 30 años de antigüedad
que no responden más a las necesidades actuales.
Éstos deben ser llenados conforme a un concepto
denominado apertura programática.
De no apegarse a ésta al 100%, los anexos no
son validados ni autorizados, el proyecto se para
y los recursos no llegan.
Por
ejemplo: si un municipio cualquiera del país
desea realizar alguna obra de infraestructura social,
tiene que escoger con toda precisión y hasta
arrojo entre 119 claves alfa-numéricas para
describir su proyecto u obra en los anexos, para que
sea autorizada.
Si
se tratara de una obra de electrificación las
claves serían SG o SE, 01 construcción,
05 alumbrado público, 01 a) construcción,
01 b) ampliación, 04 no convencional y determinar
cuál es la unidad de medida entre luminaria,
colonia, persona, poblado, vivienda, etcétera,
etcétera.
Y la
pregunta: ¿Por qué no se cambia todo
este proceso, por qué no se simplifica, por
qué a 30 años de lo mismo no se ha modificado?
El director general entrevistado responde tajante:
Se tienen que romper inercias y cotos de poder
al interior de la Sedesol.
Habemos
en la secretaría un grupo de personas que pensamos
que la gente de confianza de la secretaria Josefina
Vázquez Mota la está engañando
y le oculta información. Hay otro grupo sin
embargo que piensa diferente y que afirma que es difícil
que se pueda ocultar algo a un secretario de Estado.
La
cuestión es, de acuerdo con nuestro entrevistado,
que en la cúpula de la Sedesol existen dos
grupos de poder antagónicos que pretenden cada
uno imponer a Vázquez Mota sus decisiones y
criterios. Uno de ellos es encabezado por el oficial
mayor Octavio Aguilar Valenzuela y su director general
de Programación y Presupuesto Raúl Ayala
Cabrera.
Ellos
son la gente del dinero, de los recursos, de las negociaciones
con la Secretaría de Hacienda y los que tienen
el control del Sindicato de la Sedesol. Con ello,
su poder es mucho, ya que controlan la disponibilidad
de las líneas de crédito para decidir
qué hacer con el dinero.
En
la otra esquina se encuentra el subsecretario de Desarrollo
Social y Humano, Antonio Sánchez Díaz
de Rivera, y su director general de Eficiencia de
los Programas de Desarrollo Social, Isaac Rojkind
Orleansky.
Ellos
controlan todos los programas del ramo administrativo
20 y son los que autorizan las obras y proyectos en
general. O sea, concentran información privilegiada
sobre las necesidades reales de cada localidad, de
cada municipio del país.
Manejan
a su conveniencia esta información con la intención
de favorecer a ciertos grupos y así cumplir
con compromisos políticos que aparentemente
no enteran a la titular del ramo.
Les
gusta el poder, quieren firmar todo sin importarles
de fondo el combate a la pobreza. Todos, menos el
subsecretario, son de la vieja guardia desde la época
de Esteban Moctezuma Barragán.
Uno
le pone trabas a otro y viceversa. Como resultado
tenemos que para el cierre del ejercicio 2002 hubo
un recorte al gasto social del que nadie se enteró
y que ascendió a casi el 5% de techo financiero
asignado a las delegaciones estatales de la dependencia.
El
recorte se aplicó principalmente en los programas
de: Estatales por Demanda, Jóvenes por México
(antes Servicio Social), Oportunidades Productivas
y Jornaleros Agrícolas.
Lo
paradójico es que casi de manera simultánea
se autorizaron recursos adicionales para los programas
del ramo 20 solicitados desde el primer semestre del
año y autorizados hasta el mes de diciembre.
Al cuarto para las doce, cuando ya casi nada se podía
hacer para aplicarlos.
Esas
asignaciones de último minuto son producto,
por un lado, de un subejercicio en el Programa de
Vivienda y Ahorro Progresivo, conocido como VIVAH,
ya que no se pudieron ejercer más de 100 millones
de pesos presupuestados en el escritorio y que al
momento de querer aplicarlos en las comunidades, los
operadores del VIVAH se enfrentaron con diversos problemas
que no se tomaron en cuenta desde el principio en
las oficinas de planeación de la Sedesol.
El
más importante fue el hecho de que una gran
porción del territorio nacional está
compuesto por tierras ejidales y comunales, con todo
lo que ello implica para la designación de
propiedad. Por otro lado, la Secretaría de
Hacienda y Crédito Público retuvo dinero
ya asignado a la Sedesol por razones aún no
explicadas oficialmente
Aquí
el entrevistado tiene varias hipótesis: Esto
se debió a que la SHCP retuvo el dinero para
poder hacer su juego ante el Congreso al momento de
discutir la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos
para el 2003.
Además
en la cúpula de Sedesol hicieron cuentas equivocas
desde el principio en el área de Aguilar Valenzuela
debido a que el área de Sánchez Díaz
de Rivera no brindó la información necesaria
para hacer los cálculos necesarios.
Por
último, aventura a decir que los recursos recortados
sirvieron para cubrir algunos compromisos políticos
de los que la Secretaria ni siquiera estaba enterada.
La
versión oficial es que los recortes obedecieron
a las contingencias ocasionadas por los huracanes
que azotaron diferentes estados del país. Estas
especulaciones, dice, no se darían si existiera
una verdadera política de rendición
de cuentas y transparencia ante la opinión
pública.
Y es
que para este 2003 el panorama no es mejor. En este
año desaparecerán por lo menos la mitad
de los programas de combate a la pobreza, y lo grave
es que no serán sustituidos ni integrados a
otros. Simplemente desaparecen y ya, y con ellos sus
operadores.
Esto
representa un recorte injustificado de por lo menos
15% de la plantilla laboral de la Sedesol que trabajaba,
hasta el 2002, por honorarios y sin garantías.
Y no hay que dejar de lado que en estos trabajadores
es en quienes recae la responsabilidad de sacar adelante
los programas de esta devaluada secretaría.
Finalmente
y después de conocer las entrañas de
la Sedesol, queda la reflexión en el siguiente
contraste de cifras: 53.7 millones de pobres vs. los
15 mil caracteres de este reportaje que trataron de
explicar el porqué la secretaría creada
para combatir la pobreza evidentemente no cumple su
función y apenas alcanza a recoger a los heridos
que deja la actual política económica,
según las propias palabras de la secretaria
Josefina Vázquez Mota.
info@contralinea.com.mx
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