Estados Unidos
Desde adentro
Por Nydia Egremy

Las universidades estadounidenses irradian conocimiento y de ahí el flujo de estudiantes extranjeros. Su aporte a la investigación, artes, humanidades y tecnología peligra por el escrutinio de la FBI sobre alumnos y docentes

La lucha contra el terrorismo global del gobierno estadounidense apunta ahora contra sus propias universidades. Al buscar ligas entre estudiantes extranjeros y grupos terroristas, la Oficina Federal de Investigación (FBI), exige a los colegios datos confidenciales que rechazan organizaciones civiles y el frente demócrata en aquel país.

Nombres, domicilios, cuentas bancarias, número telefónicos, correos electrónicos, situación migratoria, lugar y fecha de nacimiento así como el tipo de contactos entre alumnos extranjeros y sus profesores, todo se escudriña ... pero sin orden judicial.

Los datos se cotejarán con los de la Fuerza de Tarea de Rastreo de Terroristas Extranjeros del Departamento de Justicia, que arma su base de datos sobre terroristas extranjeros para indagar el origen de los recursos de los estudiantes ¿qué estudian? ¿cómo forman su plan de estudios? o ¿cómo se comportan?

A 16 meses de los atentados contra Estados Unidos, la pesquisa que dirige John Aschcroft, secretario de Justicia invocando la Ley Patriótica (o antiterrorista), examina con lupa al sector educativo como foco potencial de actos de violencia contra intereses locales, pues algunos de los terroristas del 11-S ingresaron a Estados Unidos con visas de estudiantes.

El universo es amplio: más de 2 mil universidades y 200 mil estudiantes extranjeros. Todos pueden ser violados en su privacía, expulsados del país por sospecha o truncar su formación profesional.

La FBI dotará al Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN) datos para rastrear a los estudiantes extranjeros inscritos en escuelas estadounidenses y que a su vez implementó el Sistema de Información sobre Intercambio Estudiantil y Visitantes (SEVIS).

El SEVIS –en vigor el 30 de enero- también enviará datos al sistema de rastreo si los alumnos foráneos cambian de asignatura, reciben ayuda financiera, se reduce o aumenta su cantidad de cursos.

Así respondió el SIN a las críticas por no detectar el ingreso al país de la mayoría de los responsables de los atentados contra el Pentágono y el World Trade Center, que costaron unas 3 mil muertes.

La primera Universidad en proporcionar información personal sobre sus alumnos extranjeros fue la de Purdue en Indiana. Según el Departamento de Estado esa institución "probó con éxito un método para transmitir gran cantidad de datos de estudiantes internacionales usando el SEVIS".

Purdue aloja el mayor número de estudiantes extranjeros en el país (unos 5 mil) y según el Departamento de Estado "fue la primera en probar con éxito" el nuevo sistema de "rastreo".

Entre esos datos, la Universidad de Indiana reveló que tiene 29,026 estudiantes de 48 estados de la Unión y de 125 países. Que el 50.3 por ciento son mujeres y 49.7 por ciento son varones.

Expertos legales y en educación se oponen al acopio del SIN, de la FBI y otras agencias. Antes de entrar en vigor la Ley Patriótica, la privacía de los estudiantes se protegía por la Ley de Derechos Familiares Educacionales y de Privacía y los colegios sólo brindaban “información de directorio” a los oficiales gubernamentales.

Ahora, Leroy S. Rooker, director de la Oficina de Política Familiar del Departamento de Educación, apoyó la medida de la Asociación de Registro y Admisión de Colegios Americanos de sugerir a sus 10 mil miembros que toda solicitud de información “debía” ir con una orden judicial.

Además, los senadores demócratas Patrick Leahy (Vermont) y Ted Kennedy (Massachusetts), del Comité Judicial del Senado, opinan que la legalidad de tal solicitud es dudosa pues la ley federal exige la orden de un tribunal y demostrar que se investiga el terrorismo.

Hasta ahora se ignora qué universidades han suministrado datos a las agencias de inteligencia estadounidenses pero esta situación es vista como el ejemplo más reciente de la tensión entre los ejecutores de la ley y la academia en aquel país desde el 11-S.

Desde adentro, la superpotencia mundial libra una batalla contra sus huéspedes. La xenofobia mina la confianza en la academia más rutilante del planeta por temor al terrorismo.

Redefinir al enemigo
La discriminación contra grupos e individuos extranjeros o locales en aras del combate al terrorismo es, para el doctor Ilán Semo, la transformación del terrorismo en el blanco principal de la política militar de Estados Unidos y supone cambios esenciales en la percepción de la guerra en esa sociedad.

“Todas las campañas de guerra destinadas a ganar el consenso de la población en Estados Unidos se basaron tradicionalmente en la idea de que el ‘enemigo’ podía llegar a casa. Pero nunca había ocurrido.

El 11 de septiembre marcó una inflexión en este sentido. Por primera vez, la ‘guerra’ llegó al propio territorio, al menos es el slogan con que Washington encendió, con bastante eficacia, la paranoia en su sociedad.

Foto: David Cilia

Ilán Semo

Las encuestas hablan de que gran parte de la población está convencida de que el ataque a las Torres se tramó en Estados Unidos, pero esa población teme que los blancos terroristas se acerquen a su territorio.

Es un fenómeno de desterritorialización del sujeto de la guerra, algo nuevo en la práctica moderrna de la guerra. El “enemigo” es una identidad difusa y confusa y su definición está en manos del stablishment de Washington.

Cualquiera puede ser “redefinido” como terrorista, incluso en Estados Unidos y las dificultades de esta formulación de la guerra son obvias. En el caso de los palestinos toda la propaganda definió a Arafat como “terrorista”, gradualmente admitió que debía presionar a Sharon para negociar. La razón es sencilla: obviamente es una guerra de autodefensa.

La idea promedio del “terrorista” es de aquel con quien no se puede negociar. La noción del “eje del mal” naufragó, pero no significa que EU no prepare una intervención contra Irak. Para que un “enemigo” sea realidad, asi sea imaginaria, debe actuar por sí mismo, dar muestras de “fuerza” y perseverancia.

No veo a ningún Estado que se arriesgue a ser definido como tal. La tendencia será ver a los movimientos armados sociales -justos o no-, como prácticas de criminalización de la sociedad, vista como ideología de guerra.

El máximo estado de paranoia lo vive quien se siente perseguido sin saber quién lo persigue y por qué y la cruzada contra el terrorismo tiene ese efecto: mantener en relativa paranoia a los estadounidenses para legitimar la expansión del aparato militar y de las prácticas de control del Estado sobre la sociedad. Ésto sucede desde el 11 de septiembre.

El aparato industrial militar aprobó leyes pospuestas 20 años y ni hablar de los presupuestos le sacó al Congreso. En general, para hacer datable al ‘fantasma’ del terrorismo es preciso ‘localizarlo’ frente a la opinión pública.

De ahí la creciente criminalización a la que se exponen las minorías etnicas en Estados Unidos, como ‘sitios’ que encubren o pueden encubrir a ‘terroristas’. Ésto sólo aumenta la polarización racial y es una forma para que los republicanos capitalicen votos.

El otro blanco es el mundo liberal norteamericano, es decir, quienes se oponen a la militarización de la vida cotidiana y la política internacional y están por una sociedad en la que se distienda la polarización racial.

Hoy, como en la Guerra Fría, los liberales son sectores acusados de antinorteamericanismo, que por el provincialismo en aquel país es una acusación grave. La diferencia con la Guerra Fria es que el ataque no sólo se dirige contra la izquierda organizada sino contra todos quienes duden de la legitimidad de la “guerra contra el terrorismo”, o sea, sectores amplios de la población.

El sector antimilitarista en Estados Unidos no es menor, comprende franjas más allá de la izquierda, y que quisieran que el gasto publico se destine a los problemas sociales y no a pertrechar al ejército y a la paranoia.

Las guerras del imperio
No hay periodo presidencial en el siglo XX donde no hayan incursionado en un conflicto militar. Cada vez que se avecina una nueva guerra, los estadounidenses parecen olvidar lo que les han significado las guerras pasadas.

La guerra de Vietnam, en la que fueron estrepitosamente derrotados, no se la sacan de la memoria. Esa derrota cambió radicalmente la percepción de la sociedad y mostró que el sector que generalmente se opone a la guerra es mayor de lo que se pensaría. Cada día resulta más difícil convencer a la sociedad de incursionar en guerras.

Prueba de ello es la enorme dificultad que tienen para convencer al propio ejército de incursionar con la infantería en las intervenciones militares directas. La infantería es el cuerpo más vulnerable a las pérdidas humanas, y la opinión pública no está dispuesta a aceptar muchas de ellas.

Sin embargo, en la medida en que el terrorismo es un “enemigo” difuso, la opinión pública puede ser fácilmente manipulable para aumentar odios raciales, sentimientos xenofóbicos e iras religiosas. Es lo que estamos viendo, la legitimación de la guerra como un conflicto de identidades basado en “esencialismos” sobre la percepción del otro.

Cuando las guerras se escenifican acusando a los dioses del otro –como en el caso del Islam-, desaparece lo único que puede parar la guerra; la idea de que ésta es una continuación de la política. Se acercan tiempos sombríos. Una parte de occidente ha vuelto al fundamentalismo.

Ser diferente
Ser liberal en Estados Unidos ha significado diversas cosas en diversos momentos. En los años treinta era apoyar la política social de Roosevelt, en los cincuenta ir contra el macartismo aunque no se fuera de izquierda. En los sesenta significó ir contra la guerra de Vietnam y apoyar los derechos civiles encabezada por Martin Luther King.

En los años ochenta, el liberalismo estadounidense fue el crítico esencial del reaganismo, sin romper con los esquemas que sostienen a esa sociedad. La noción de lo liberal en Estados Unidos es casi opuesta a los atributos que se le dan en México.

Los liberales en EU apoyan una mayor intervención del Estado en la economía, la regulación del mercado, la política social hacia los desprotegidos. No son antimilitaristas per se, pero se puede concluir que una guerra puede ser realmente injusta.

El 11 de septiembre parecía -al principio-, haber borrado la distinción entre liberales y conservadores en la cruzada contra el terrorismo. Por primera vez, no se escuchó en el frente liberal un reclamo sostenido contra la militarización de la política.

Es preciso entender también que los sectores liberales comparten muchísimas de las filias y fobias que distinguen a la mayoría estadounidense. Sobre todo con respecto al Islam al que se le denosta, desde el mundo liberal, como un retorno a una religión feudal.

El fundamentalista, sobre todo el occidental es como el cornudo: es el último en enterarse de que es un fundamentalista.

Sin embargo, la existencia de una minoría islámica creciente en Estados Unidos, la absurda campaña de Afganistán, la aparición de un feminismo islámico y, sobre todo, la radicalización de la derecha encabezada por Bush, empiezan a modificar las percepciones del Islam en ese mundo liberal.

Incluso el propio Giuliani, un republicano conservador que comenzó sonando tambores de guerra contra el Islam, moderó rápidamente su posición para armar los consensos posteriores al 11 de septiembre.
Son cambios de matiz y no soy muy optimista al respecto. Occidente se dirige hacia una percepción del mundo basada en identidades y sus corrientes liberales no alcanzan a ver la peligrosidad de este viraje.

* El Dr. Ilán Semo es catedrático del Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana.

La misión
La Oficina Federal de Investigación (FBI), que dirige Robert S. Mueller, tiene la misión de defender la ley a través de la investigación. Debe atender las necesidades de los estadounidenses con base en la Constituciòn del país y sus prioridades son:

1. Proteger a los Estados Unidos de ataques terroristas;
2. Proteger a Estados Unidos contra operaciones de la inteligencia extranjera y espionaje;
3. Proteger a Estados Unidos contra ataques cibernéticos y crímenes de alta tecnología;
4. Combatir la corrupción pública a todos niveles;
5. Proteger los derechos civiles;
6. Combatir a las organizaciones y empresas criminales trasnacionales y nacionales; 7. Combatir los grandes crímenes de cuello blanco;
8. Combatir crímenes violentos significativos;
9. Brindar apoyo federal, estatal, local y a los socios internacionales y;
10. Incrementar tecnología para desarrollar exitosamente la misiòn de la FBI

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