Brasil
Lula y los brasileños
Por Mario Rechi

Lula da Silva

Cuando Lula se preparó para hablar, en el segundo día del Foro Social Mundial, fue directo. No hubo presentación. Su voz llenó el Anfiteatro y llegó más lejos. Mucho más lejos, en principio gracias al estupendo sonido de los organizadores del acto; pero también gracias a las grabadoras, a las cámaras y a los videos.

Llegó a millones, pudimos sentirlo. Fue como un rugir en la selva. Su voz es profunda, da la sensación de nacer muy hondo y de venir de lejos. Es pausado, claro; más aun, nítido. El portugués de Lula suena a lengua franca, como el hablar del pueblo. Su tono es el del obrero que se expresa sin rodeos pero conoce su pensamiento y habla con aplomo y un énfasis natural que, inmediatamente percibimos, encanta al auditorio.

Lula sabía ya cuáles eran las preguntas que estaban en el aire. Nadie se las hizo, todos las teníamos en mente: ¿a qué vas a Davos?, ¿cómo vas a conciliar tus discursos de campaña con tu nuevo interés en el Foro Económico Mundial?, ¿cuál es tu mensaje para nosotros, los que hemos venido al foro social?, ¿cómo se concreta el programa de hambre cero?

“Asisto hoy como el primer presidente que acude al máximo evento del movimiento social del mundo —abrió—. La vez anterior estábamos bajo la orientación de que otro Brasil era posible; hoy sostenemos que otro mundo es posible...

“Vamos a construir una sociedad justa y solidaria, en la que la riqueza se distribuya en forma más justa ... Tengo cuatro años para hacer una reforma tranquila, cautelosa... —Y entonces le gritan ¡Ocho!, con lo que recordamos que el periodo presidencial en Brasil es de cuatro años—. Eso nos recuerda que Lula lleva 30 años luchando y que empezó en las condiciones más desventajosas que enfrenta un opositor que quiere renovarlo todo.

“Aspiro, responde Lula, al gobierno más honesto que se haya tenido en la historia de este país... Con la misma serenidad que hoy les digo lo que haremos, les diré también lo que no podamos hacer... Tengo conciencia de la responsabilidad que debo a las personas que me eligieron... y sé que no solamente somos la esperanza de la izquierda de aquí, sino también de la izquierda del mundo.”

Continúa Lula: “No fui electo por el apoyo de un canal de televisión, ni de un sistema financiero, ni por los intereses de los grandes grupos económicos, ni por mi capacidad o inteligencia, sino por la conciencia madura del pueblo brasileño...

“Nunca vi en la historia del pueblo brasileño tanta esperanza, tanta como esa que hoy observo y que podemos leer en ustedes como la disposición para sumar sus esfuerzos a los de su gobierno... Tenemos un capital político... la esperanza de la sociedad para alcanzar un mundo justo. Vuelvo a afirmar... esperamos tanto para ganar... tanta gente murió antes de nosotros...”

Y aclararía: “Fue a causa del Foro Social Mundial que fui convidado a ir a Davos. Cuando comencé mi vida sindical se decía: Lula no entrará, no debe entrar al movimiento sindical, porque su estructura está tomada del código de Mussolini... Sin embargo en tres años cambiamos eso.

Después emprendimos la construcción de nuestro partido. Y nuevamente la gente dijo: en Brasil no cabe un partido como el PT... y se dijo que estábamos locos, y otras cosas, y creamos un partido que hoy es el más importante partido de izquierda de toda América Latina.

“Soy presidente de un país donde 45 millones de personas no comen las proteínas necesarias.... y que por esa razón hizo presidente a un tornero mecánico. Mucha gente que está hoy en Davos me quiere conocer.

“No iré a Davos a dar otro discurso. Será el mismo. Diré que no es posible continuar con un orden económico donde no puedan comer tres veces al día, donde no se distribuyan los alimentos en forma más justa, donde los niños de África y los niños pobres de América no coman como los otros niños de cualquier parte del mundo...

“Ahora todos están obligados a saber que no es posible dejar de discutir los problemas sociales del mundo. Davos ya no podrá ser lo mismo...”

La batalla por librar
Nos parece que los deseos de Lula no serán bien vistos por un grupo que se reúne con pocas preocupaciones morales, humanitarias o sociales, con carácter de negociación multilateral para conciliar las diferencias financieras que afectan a los grandes intereses y/o a las grandes potencias.

Sentimos que tal vez Lula tenga primero que luchar por la creación de su propio bloque para tener, como él mismo asegura, fuerza para negociar. Medios locales especializados en economía analizan las formas en que los grandes grupos de la economía brasileña hacen explícitos sus intereses y expectativas y evaden las consignas del Foro Social: ¡No al ALCA ni la alianza con América Latina! o ¡Prioridad al Mercosur!

 

Por ejemplo, Marco Polo, la más grande e importante industria automovilística, trasladó su planta de ómnibus y carrocerías a Monterrey, en México, para lanzarse desde ahí al mercado estadounidense. Esa es la tendencia y se resume así: “Hoy exporta Brasil 180 millones de dólares a los Estados Unidos. Si firmamos el ALCA pueden elevarse a un billón”.

Las cifras subirían. Las del acero de 726 millones a 2.5 billones; las de autopartes --sólo en referencia a su comercio con México-- se extenderán a 2,.6 mil productos a partir de junio, resultado de un acuerdo comercial ya suscrito, que suma hoy un total de 383 millones. En igual caso están la industria aeronáutica, del calzado y textil, que en cinco años podría alcanzar 3 billones de dólares.

En Brasil las empresas exportadoras crecieron 6.3%, y mantendrían esta tendencia bajo la premisa de que las grandes oportunidades no están abajo del Ecuador, sino en la frontera norte. Un estudio de la Fundación Getulio Vargas reportó que 45 sectores de la economía ganarían si se firmara el ALCA y llama a seguir el ejemplo de México, que exporta 135 billones a los Estados Unidos, casi diez veces más de lo que Brasil le vende.

Tres días antes de escuchar a Lula, un fundador del PT nos comentó en San Pablo: “No todo lo veas idílico; toma en cuenta que él llegó al poder resultado de una alianza, difícil de conseguir, pero alianza al fin, en la que participan intereses de la biodiversidad, de la bioenergía y la biotecnología; también los del agronegocio y la industria nacional, o de la burguesía nacionalista, además de las fuerzas de los trabajadores y de los sin tierra. Explícate el triunfo como deberás explicarte sus logros, es decir, como concreción de la alianza que tienen debajo”.

Al recordar esto, pienso que Brasil tiene ante sí un complicado escenario, en el que no es posible inclinarse ni por el aspecto puramente social ni por el interés económico. Acaso sea por ello que Lula declaró que cumplirá los compromisos económicos de Brasil y a la vez espera cumplir con los que nada tienen. Pero esta forma de hacer política tiene un límite.

No se pueden desaprovechar las oportunidades internacionales, y Lula está tan consciente que aceptó ir a Davos. Tampoco se pueden soslayar las urgentes necesidades de los pobres, y por ello vino a reiterar sus compromisos de campaña y sus principios. Pero aun así habrá un difícil ejercicio de gobierno.

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