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Llegó
a millones, pudimos sentirlo. Fue como un rugir en
la selva. Su voz es profunda, da la sensación
de nacer muy hondo y de venir de lejos. Es pausado,
claro; más aun, nítido. El portugués
de Lula suena a lengua franca, como el hablar del
pueblo. Su tono es el del obrero que se expresa sin
rodeos pero conoce su pensamiento y habla con aplomo
y un énfasis natural que, inmediatamente percibimos,
encanta al auditorio.
Lula
sabía ya cuáles eran las preguntas que
estaban en el aire. Nadie se las hizo, todos las teníamos
en mente: ¿a qué vas a Davos?, ¿cómo
vas a conciliar tus discursos de campaña con
tu nuevo interés en el Foro Económico
Mundial?, ¿cuál es tu mensaje para nosotros,
los que hemos venido al foro social?, ¿cómo
se concreta el programa de hambre cero?
Asisto
hoy como el primer presidente que acude al máximo
evento del movimiento social del mundo abrió.
La vez anterior estábamos bajo la orientación
de que otro Brasil era posible; hoy sostenemos que
otro mundo es posible...
Vamos
a construir una sociedad justa y solidaria, en la
que la riqueza se distribuya en forma más justa
... Tengo cuatro años para hacer una reforma
tranquila, cautelosa... Y entonces le gritan
¡Ocho!, con lo que recordamos que el periodo
presidencial en Brasil es de cuatro años.
Eso nos recuerda que Lula lleva 30 años luchando
y que empezó en las condiciones más
desventajosas que enfrenta un opositor que quiere
renovarlo todo.
Aspiro,
responde Lula, al gobierno más honesto que
se haya tenido en la historia de este país...
Con la misma serenidad que hoy les digo lo que haremos,
les diré también lo que no podamos hacer...
Tengo conciencia de la responsabilidad que debo a
las personas que me eligieron... y sé que no
solamente somos la esperanza de la izquierda de aquí,
sino también de la izquierda del mundo.
Continúa
Lula: No fui electo por el apoyo de un canal
de televisión, ni de un sistema financiero,
ni por los intereses de los grandes grupos económicos,
ni por mi capacidad o inteligencia, sino por la conciencia
madura del pueblo brasileño...
Nunca
vi en la historia del pueblo brasileño tanta
esperanza, tanta como esa que hoy observo y que podemos
leer en ustedes como la disposición para sumar
sus esfuerzos a los de su gobierno... Tenemos un capital
político... la esperanza de la sociedad para
alcanzar un mundo justo. Vuelvo a afirmar... esperamos
tanto para ganar... tanta gente murió antes
de nosotros...
Y aclararía:
Fue a causa del Foro Social Mundial que fui
convidado a ir a Davos. Cuando comencé mi vida
sindical se decía: Lula no entrará,
no debe entrar al movimiento sindical, porque su estructura
está tomada del código de Mussolini...
Sin embargo en tres años cambiamos eso.
Después
emprendimos la construcción de nuestro partido.
Y nuevamente la gente dijo: en Brasil no cabe un partido
como el PT... y se dijo que estábamos locos,
y otras cosas, y creamos un partido que hoy es el
más importante partido de izquierda de toda
América Latina.
Soy
presidente de un país donde 45 millones de
personas no comen las proteínas necesarias....
y que por esa razón hizo presidente a un tornero
mecánico. Mucha gente que está hoy en
Davos me quiere conocer.
No
iré a Davos a dar otro discurso. Será
el mismo. Diré que no es posible continuar
con un orden económico donde no puedan comer
tres veces al día, donde no se distribuyan
los alimentos en forma más justa, donde los
niños de África y los niños pobres
de América no coman como los otros niños
de cualquier parte del mundo...
Ahora
todos están obligados a saber que no es posible
dejar de discutir los problemas sociales del mundo.
Davos ya no podrá ser lo mismo...
La
batalla por librar
Nos parece que los deseos de Lula no serán
bien vistos por un grupo que se reúne con pocas
preocupaciones morales, humanitarias o sociales, con
carácter de negociación multilateral
para conciliar las diferencias financieras que afectan
a los grandes intereses y/o a las grandes potencias.
Sentimos
que tal vez Lula tenga primero que luchar por la creación
de su propio bloque para tener, como él mismo
asegura, fuerza para negociar. Medios locales especializados
en economía analizan las formas en que los
grandes grupos de la economía brasileña
hacen explícitos sus intereses y expectativas
y evaden las consignas del Foro Social: ¡No
al ALCA ni la alianza con América Latina! o
¡Prioridad al Mercosur!
Por
ejemplo, Marco Polo, la más grande e importante
industria automovilística, trasladó
su planta de ómnibus y carrocerías a
Monterrey, en México, para lanzarse desde ahí
al mercado estadounidense. Esa es la tendencia y se
resume así: Hoy exporta Brasil 180 millones
de dólares a los Estados Unidos. Si firmamos
el ALCA pueden elevarse a un billón.
Las
cifras subirían. Las del acero de 726 millones
a 2.5 billones; las de autopartes --sólo en
referencia a su comercio con México-- se extenderán
a 2,.6 mil productos a partir de junio, resultado
de un acuerdo comercial ya suscrito, que suma hoy
un total de 383 millones. En igual caso están
la industria aeronáutica, del calzado y textil,
que en cinco años podría alcanzar 3
billones de dólares.
En
Brasil las empresas exportadoras crecieron 6.3%, y
mantendrían esta tendencia bajo la premisa
de que las grandes oportunidades no están abajo
del Ecuador, sino en la frontera norte. Un estudio
de la Fundación Getulio Vargas reportó
que 45 sectores de la economía ganarían
si se firmara el ALCA y llama a seguir el ejemplo
de México, que exporta 135 billones a los Estados
Unidos, casi diez veces más de lo que Brasil
le vende.
Tres
días antes de escuchar a Lula, un fundador
del PT nos comentó en San Pablo: No todo
lo veas idílico; toma en cuenta que él
llegó al poder resultado de una alianza, difícil
de conseguir, pero alianza al fin, en la que participan
intereses de la biodiversidad, de la bioenergía
y la biotecnología; también los del
agronegocio y la industria nacional, o de la burguesía
nacionalista, además de las fuerzas de los
trabajadores y de los sin tierra. Explícate
el triunfo como deberás explicarte sus logros,
es decir, como concreción de la alianza que
tienen debajo.
Al
recordar esto, pienso que Brasil tiene ante sí
un complicado escenario, en el que no es posible inclinarse
ni por el aspecto puramente social ni por el interés
económico. Acaso sea por ello que Lula declaró
que cumplirá los compromisos económicos
de Brasil y a la vez espera cumplir con los que nada
tienen. Pero esta forma de hacer política tiene
un límite.
No
se pueden desaprovechar las oportunidades internacionales,
y Lula está tan consciente que aceptó
ir a Davos. Tampoco se pueden soslayar las urgentes
necesidades de los pobres, y por ello vino a reiterar
sus compromisos de campaña y sus principios.
Pero aun así habrá un difícil
ejercicio de gobierno.
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