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La
letra es de quien la trabaja. En México la
tarea del fomento a la lectura para elevar el nivel
educativo y cultural de la población parece
imposible. Ante un panorama sombrío para la
comunidad editorial mexicana, sin embargo, las revistas
culturales alternativas se resisten a enfrentar la
decisión final: la muerte.
Como
es bien sabido, México no es una nación
de lectores; por el contrario, en comparación
con otros países, el nuestro ocupa el lugar
107 en el planeta,según un reciente estudio
de la UNESCO. Este hecho está directamente
relacionado con la situación económica
en la que se encuentra la mayor parte de la población
en México, así como con la insuficiente
inversión dedicada al sector educativo mexicano.
Las
revistas, en crisis
El mercado de las revistas es uno de los escenarios
de la industria editorial en los que la producción
ha mermado. Por una parte, Gonzalo Araico, presidente
de la Cámara Nacional de la Industria Editorial
Mexicana (Caniem), afirma que en nuestro país
se producen al año más de 300 millones
de ejemplares de publicaciones periódicas,
de los que la mayor parte se clasifica como infantiles,
juveniles y de interés general.
No
obstante, el Instituto Nacional de Estadística,
Geografía e Informática (INEGI), en
el resumen anual de la encuesta industrial mensual
para 2000, indica que la producción total de
revistas en ese año fue de 170 millones 287
mil ejemplares. De éstos (cuyo valor alcanzó
los 2 mil 351 millones de pesos) se vendieron 125
millones.
Estas
cifras muestran una clara incongruencia entre la Caniem
y el INEGI. Entre los 300 millones de ejemplares que
señala la primera y los 170 millones que destaca
el segundo, hay 130 millones de revistas que no existen
o no se comercializan. Aun más: si se vendieron
125 millones, la diferencia es mayor: 175 millones
de revistas que prácticamente no se venden
ni se leen, es decir, casi la mitad de la producción
total anual se desperdicia irremediablemente.
En nuestro país se han registrado cerca de
800 revistas, de las que 104 se crearon en 2000, informa
María Elena Gutiérrez Rentería,
investigadora de la Universidad Panamericana.
"El
contenido editorial demandado por este mercado --dice
la investigadora en comunicación en Latinoamérica--
corresponde a historias sensacionalistas, cómicas
y de relaciones amorosas, además de que el
público demuestra preferencia para conocer
el contenido de las telenovelas que transmite principalmente
Grupo Televisa.
"Para
demostrar lo anterior sólo basta con observar
que las cinco revistas semanales con la más
alta circulación son: Libro Semanal y Libro
Vaquero (con 41.6 millones de ejemplares vendidos
por año, cada una), Libro Policiaco (28.6 millones),
TV y Novelas (28 millones) y TV Notas (con 21.8 millones)."
De
estos datos duros se desprende una dura realidad:
el entretenimiento es una de las prioridades de los
públicos que se acercan a los medios impresos
de comunicación, hecho derivado de la predominancia
y bombardeo de datos e imágenes sobre el análisis
y crítica de la información que vierten
los medios de comunicación.
Vuelta
de hoja
Primera escena: el desierto, con su aridez universal
y la persistencia abrazadora del vacío; segunda
escena: un hombre surge de la nada y toma el camino
que sus pies o sus alucinaciones le dictan; quizá
sus demonios pasados lo obligan a persistir en un
camino del que no sabe el destino...
El
inicio de la cinta París,Texas, del director
alemán Win Wenders, se antoja como la ruta
que ha tomado el trabajo de algunos editores de libros
y revistas de nuestro país que han optado por
crear sus propios espacios, dada la escasez de lectores,
la falta de sensibilidad que han mostrado las instancias
oficiales del gobierno del presidente Vicente Fox
(es el caso de la eliminación de la tasa cero
a algunas revistas) y la de aquellos libreros que
impulsan la creación literaria sólo
de las plumas reconocidas.
En
este contexto surgen editoriales alternativas (no
pertenecen a las grandes cadenas editoras y distribuidoras
de libros y revistas) que se abren camino, en ocasiones
con malabares y con una gran dosis de voluntarismo,
con el objeto de mantener el gusto y la pasión
por la literatura.
Como
menciona Guillermo Fadanelli, editor de Editorial
Moho, el dinero obtenido por él mismo a través
de sus colaboraciones periodísticas, alguna
que otra beca otorgada por el Fondo Nacional para
la Cultura y las Artes (Fonca), la voluntad de los
miembros de la editorial y el apoyo de ciertos mecenas
son los recursos con los que Moho ha sobrevivido a
lo largo de su historia.
Algo
similar sucede con Nitro/Press, cuyo editor, Mauricio
Bares, comenta que, desde el inicio, él mismo
y sus colaboradores han sobrevivido con la venta del
material más diverso, como postales y anuncios
publicitarios para otros medios de comunicación.
Eso sí, siempre con un ánimo colectivo
y con miras a concretar el sentido original de su
empresa: sostener el trabajo editorial que los conminó
a reunirse.
Las
letras
Si bien se cuenta con estudios cuantitativos sobre
la circulación de los medios impresos, en el
mundo de las editoriales independientes no existen
análisis precisos con los que pueda confrontarse
su trabajo con el de las editoriales establecidas.
Es decir, la importancia de sus propuestas, hasta
el momento, sólo está avalada por su
público.
Ante
el precario panorama editorial en México surge
una pregunta obligada: ¿cuál es la razón
de ser de una editorial alternativa? En voz de Guillermo
Fadanelli, el criterio económico es la última
de las razones para fundar un proyecto editorial alternativo,
es decir: Tiene que ser por ambición
estética, por amor a la literatura o por ociosidad.
No encuentro ningún otro pretexto.
Mauricio
Bares coincide con Fadanelli en cuanto al motivo fundacional
de las editoriales alternativas, pues insiste en la
gravedad de la falta de espacios de expresión
para dar a conocer el trabajo que se hace dentro
del país y que posee una propuesta localizada
más allá de los límites
que las grandes editoriales fijan.
Estas
dos pequeñas empresas mantienen claro el objetivo
final de su labor, su aportación a la vida
cultural de México. Bares sostiene que una
editorial alternativa puede aportar frescura y nuevas
plumas al ambiente literario nacional, pues
el nivel técnico y estilístico es lo
suficientemente elevado como para competir y ponerse
al tú por tú con los medios convencionales.
Aunque
con un público mayoritariamente joven, Nitro
y Moho difieren en su acercamiento a los diferentes
actores que intervienen en el mercado editorial: para
Bares es importante incrementar el número de
lectores pero para Fadanelli éste es un factor
irrelevante. Si bien en ambas editoriales, afirman
sus directores, la labor de distribución es
artesanal, apuestan a mantener un mercado
cautivo.
Foto: Miriam Sánchez

Fadanelli, director de Moho |
Y aunque
ambas casas editoriales mantienen su producción
gracias a las ganancias obtenidas de la venta directa
de sus productos, en ningún caso desprecian
la búsqueda de la publicidad. Como destaca
Fadanelli, por primera vez la revista (la número
18) se ha pagado con el dinero obtenido de la publicidad
y existe un remanente que utilizamos para los libros.
IVA,
lo que a Juárez
Prefiero evadir impuestos que dejar que nos
afecte la eliminación de la tasa cero a revistas,
señala Fadanelli en relación con la
medida aprobada por la Cámara de Diputados
el 15 de diciembre de 2002, que ya no subsidiará
a las publicaciones que no cuenten con un perfil científico,
cultural, social o de análisis político,
criterios que determinarán los consejos Nacional
para la Cultura y las Artes (Conaculta) y Nacional
de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
Nitro/Press
Especializada en narrativa (cuento y novela), esta
empresa publica la revista impresa Nitro y la videorrevista
Glycerina (ambas sin periodicidad establecida). Ha
publicado, hasta el momento, seis libros (novelas
y cuentos), entre los que destacan Cuartos para gente
sola, de Juan Manuel Servín; Sin título,
sin nada, de Juan Bonet, y Streamline 98, de Mauricio
Bares. Tiraje (aproximado) de Nitro: mil ejemplares.
Moho
También dedicada en gran parte a cuento y novela,
esta casa editora publica la revista impresa Moho
(sin periodicidad establecida). Entre sus títulos
destacan: Terlenka, de Guillermo Fadanelli; 40 y 20,
de Rogelio Villarreal, y La sonrisa del gato Félix,
de Jesús Pacheco. Tiraje (aproximado) de Moho:
dos mil o tres mil ejemplares.
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