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Del
general de origen huichol que, después de asesinar
a Francisco I. Madero, ocupó durante 17 meses
la presidencia de la república en 1913, la
familia Huerta sólo heredó una modesta
casa ubicada en la calle de Alfonso Herrera de la
colonia San Rafael, en la que vivieron los 13 hijos
de Victoriano Huerta.
Hoy,
sin embargo, consta en documentos y en testimonios
de inversionistas y hasta familiares defraudados que
tienen una lujosa residencia en California, otra más
en Beverly Hills, una poderosa comercializadora en
Laredo, Texas, que operan en dos hectáreas
con un total de 6 mil 500 metros en bodega; una flotilla
de más de 30 trailers, una agencia aduanal
y acciones mayoritarias del grupo financiero Interamericas,
así como de las empresas Pueblo Corporation.
Aquí
en México también son socios, junto
con Gonzalo Romero Matías, de la comercializadora
Contactos Universales. Además, se preparan
a incursionar en el negocio de las mueblerías
con la cadena Maple.
Sin
bienes considerables en su legado económico,
los hijos y nietos de Huerta recibieron, en cambio,
una infancia atribulada y el rechazo de círculos
cercanos que no dudan en reprocharles la traición
del general nacido en Colotlán, Jalisco que
en su juventud se destacó por su habilidad
para las matemáticas, su disciplina militar
y un profundo conocimiento en materias como la astrología.
Aficionado
en extremo al cognac Henessy y a decir malas palabras,
Huerta estuvo casado con Emilia Águila, una
joven que provenía de una acomodada familia
de Jalapa. Sus nietos la recuerdan como una mujer
fea pero educada y con poco gusto para vestir, de
lo cual dejó constancia en las escasas fotos
que se conservan de ella en su papel de primera dama.
Victoriano
Huerta era un hombre de estatura baja, de origen humilde,
indio huichol de raza pura, que encontró en
el ejército un camino para escalar peldaños
en la política. Sus compañeros de milicia
lo apodaban el chichimeca; sobrenombre
que olvidó por completo al convertirse en un
destacado político.
Después
del asesinato de Madero, Huerta y su numerosa familia
parten a Europa para después instalarse en
Estados Unidos, siempre con la esperanza de regresar
a México. Sin embargo, en Fort Bliss, el Paso,
Texas, encontraría la prisión. Pero
fue su afición al cognac, y no sus enemigos,
la que lo llevaría a la muerte por un severo
padecimiento hepático.
Entonces
su familia, tras una difícil temporada en Cuba,
regresa calladamente a la Ciudad de México
para instalarse una vez más en la vieja casona
de la colonia San Rafael. Varias décadas después
fallece Emilia Águila de Huerta, dejando entre
sus nietos el recuerdo del hombre borracho,
mal hablado y mujeriego que los dejó
con muchas deudas, no del Victoriano Huerta traidor
asesino de Francisco I. Madero.
Celia,
la más pequeña de las hijas de Victoriano
y Emilia, contrajo matrimonio con el coronel Enrique
Pimienta Ruiz. Tuvieron tres hijos: Lilia, Alfredo
y Enrique Pimienta Huerta, los tres inseparables hasta
en los peores momentos.
Enrique
Pimienta Ruiz era hermano de Rafael Pimienta Ruiz,
uno de los hombres de confianza de Victoriano Huerta.
Pero él se alejó de la milicia y sostuvo
a su familia gracias a las clases de matemáticas
que impartía en el Instituto Politécnico
Nacional (IPN).
Rafael
Pimienta llegó a la posición de teniente
de rurales y sirvió como el brazo ejecutor
de los planes de Huerta para lograr la presidencia,
pues fue el encargado, junto con el cabo Francisco
Cárdenas, de trasladar a Francisco I. Madero
y José María Pino Suárez del
Palacio Nacional a la Penitenciaría de Lecumberri,
en cuyo trayecto fueron asesinados. De hecho Pimienta
fue el encargado en ultimar por la espalda a Pino
Suárez.
Enrique
Pimienta Huerta, el más activo de los nietos
de Victoriano Huerta, contrajo matrimonio con María
de la Luz Blanco Arciniega. Tuvieron cinco hijos:
Ligia, Hugo, Enrique, Arturo, Alberto y Fernando.
Nunca tuvieron lujos, pero se esmeraron en que sus
hijos estudiaron carreras universitarias en universidades
de prestigio, como la Anáhuac. Fue allí
donde Hugo, el primogénito, concluyó
la carrera de administración de empresas. Uno
de los primeros empleos que obtuvo fue como vendedor
en una de las tiendas de la cadena Liverpool.
De
profesión contador, Pimienta Huerta asistió
a la Facultad de Comercio y Administración
de la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM). Allí conoció a varios personajes
que serían determinantes en su vida: Alfredo
Solloa Junco, quien llegaría a ocupar la presidencia
de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas
así como la dirección general de la
Auditoría Fiscal Federal durante el sexenio
de Carlos Salinas de Gortari.
También
inició una cercana amistad con Luis Méndez,
quien se convertiría en el principal accionista
de las tiendas Lumen, y con Gonzalo Romero Matías,
que ahora se ubica como uno de los principales comercializadores
de artículos de papelería y oficina
en la Central de Abasto de la Ciudad de México.
Enrique
Pimienta Huerta obtendría su primer empleo
en un pequeño despacho propiedad de Juan Surutuza.
En ese lugar, Pimienta Huerta, dicen quienes conocen
la historia familiar, encontraría un camino
para alcanzar su objetivo de acumular capital en el
menor tiempo posible.
El
nieto de Victoriano Huerta convenció a los
clientes de Surutuza para que trasladaran sus cuentas
a un despacho de su propiedad que comenzó sus
operaciones en la calle de Sullivan.
Enrique
Pimienta Huerta siempre compartió todos los
secretos y éxitos con sus hermanos Lilia y
Alfredo. El pequeño despacho de contadores
cambió su sede a la calle de Río Nazas.
La oficina seguía siendo sencilla y austera.
Los
clientes, sin embargo, ya no eran los mismos: a principios
de la década de los noventa. Enrique Pimienta
Huerta ya no administraba delgados libros contables
sino abultados activos, operaciones bancarias, comerciales
y, sobre todo, los manejos contables y fiscales de
sus amigos: Luis Méndez y Gonzalo Romero Matías.
Era
la época en la que su otro amigo Alfredo Solloa
Junco ascendía con gran rapidez en el organigrama
de la Secretaría de Hacienda y Crédito
Público. Una gran coincidencia. Inhabilitado
por la Secretaría de Contraloría y Desarrollo
Administrativo en 1996 por haber mentido en su declaración
patrimonial, Solloa compartió con Pimienta
Huerta en sus épocas de universitario sus planes
para hacer fortuna, pues la familia Solloa si bien
era de clase media alta nunca logró ubicarse
entre el grupo de millonarios que en esa época
transitaban por los pasillos de la UNAM.
Entre
los amigos de Alfredo Solloa Junco se cuentan empresarios
como Dionisio Sánchez González, presidente
del Grupo SARE; el financiero Sergio Paliza; el contador
Salvador Meljem, Francisco Tello de Meneses, Ignacio
Cacho y Agustín Hegewish.
Práctico
y ambicioso, Solloa Junco llegó a las filas
de la Secretaría de Hacienda. Su carrera se
forjó en la Dirección de Auditoria Fiscal
Federal, en donde ocupó la dirección
general entre 1988 y 1994. Desde allí se ganó
la confianza del entonces subsecretario de Hacienda,
Francisco Gil Díaz.
Incluso,
al referirse a Solloa Junco, funcionarios vinculados
con el área de detección de lavado de
dinero de esa dependencia aseguran que es un hombre
honesto y de una conducta intachable.
Se
trata de declaraciones que se presentaron enmedio
de una investigación en su contra por presunta
participación en los negocios del Integra Bank,
una sociedad financiera constituida en el paraíso
fiscal de Curazao en la que participaban como accionistas
Enrique Pimienta Huerta, Ramón Beteta Cou,
Eduardo García Lecuona, exdirectivo del área
de Banca Internacional de Serfin y actual presidente
de la casa de cambio Intercam.
En
mayo de 1996 Ismael Gómez Gordillo, quien se
desempeñaba como procurador fiscal de la federación
declaraba que las acusaciones e investigaciones contra
Solloa Junco eran resultado de una venganza
personal, porque se trataba de un hombre que
no tenía necesidad de involucrarse en problemas
de lavado de dinero para enriquecerse.
Y documentaba
la solvencia de Solloa Junco: Es un hombre rico,
pariente de los dueños de Telas Junco y primo
de los propietarios del periódico El Norte
de Monterrey.
La
Secodam opinó lo contrario y procedió
a la inhabilitación del funcionario por diez
años.
El
mismo Solloa aseguró en su momento que el desprestigio
infligido contra él era resultado de una venganza
fraguada por Pietro La Greca, familiar de los accionistas
de las empresas Hacienda Ecuestre San Fernando y de
la Coordinadora de Servicios Aduanales Gutiérrez,
las cuales se vieron involucradas en un fraude en
contra del Banco del Ejército, delito que fue
investigado por Solloa Junco.
Neobanqueros
en EU: la segunda traición
Aunque los negocios de aquel grupo de amigos avanzaron
durante varias décadas y hasta formaron parte
de la herencia que Enrique Pimienta Huerta buscó
dejar a sus hijos, la verdadera acumulación
de capital se presentaría en los noventa con
la tercera generación de los Huerta.
En
1996, enmedio de la investigación en contra
del exauditor fiscal de la federación, Enrique
Pimienta Huerta y Alfredo Solloa Junco ya eran socios
en la empresa Inmobiliaria Tijuana de las Américas.
Sin
embargo, Solloa Junco ha negado en varias ocasiones
la relación de negocios con Pimienta Huerta
en el Integra Bank, en otro grupo financiero estadounidense
conocido como Interamericas y, por supuesto, en las
empresas off-shore que habrían constituido
para manejar inversiones entre México y Estados
Unidos con denominaciones como La Falen Corporation
en Liberia, Maro Corporation en la Isla Neevis, Antillas
Menores, así como Solal Realty, Canadá
Realty y Coronado Land Holding, en Curazao.
La
Secodam investigó a Solloa Junco al relacionarlo
con estas propiedades después de que durante
33 años se dedicó al servicio público
de carrera con un salario mensual que alcanzó
el máximo nivel de 36 mil 033 pesos. Así
llegó la inhabilitación y Solloa siguió
con sus negocios privados.
Gracias
a la relación con Solloa Junco, Hugo Pimienta
Blanco, recién egresado de la carrera de contaduría
de la Universidad Anáhuac, dejó su trabajo
como vendedor en Liverpool para ingresar al sector
bancario.
Pero
su primer empleo en el sector crediticio no fue en
una sucursal ni en una oficina de servicios. Debido
a la amistad de su padre con Alfredo Solloa Junco,
quien conocía al financiero estadounidense
Peter Ulrich, presidente de Interamericas Investment
y otro de los socios en Inmobiliaria Tijuana, el bisnieto
de Victoriano Huerta emigró a Estados Unidos
para convertirse a los 24 años en el flamante
director del Conroe Bank, en Texas, cuyo capital en
ese momento se encontraba bajo el control de inversionistas
mexicanos.
A pesar
de su escasa experiencia en el sofisticado mundo de
las finanzas, Hugo Pimienta Blanco también
se ubicó como presidente de la empresa Holdcon,
con domicilio en Delawar, Texas.
La
Reserva Federal observó con especial suspicacia
al repentino y boyante grupo de inversionistas mexicanos
interesados en el negocio estadounidense del crédito.
La sospecha tendía a evitar posibles prácticas
de lavado de dinero o de operaciones ilícitas
que pusieran en riesgo la estabilidad de la banca
texana.
Por
ello, en 1996, la Reserva Federal decide revocar la
autorización para que el grupo de mexicanos
encabezado por Peter Ulrich controlaran el National
Conroe Bank. El argumento fue que se había
violado el Acta sobre Compañías Holdings
Bancarias al omitir información sobre el origen
de los recursos para controlar y capitalizar el banco.
La
estrategia era simple: importar dinero de México
realizando actividades ilegales de captación
entre familias mexicanas, pues las leyes bancarias
las prohíben. Hoy, cientos de familias mexicanas
reclaman el capital que confiaron a Enrique Pimienta
Huerta y a su hijo Hugo Pimienta Blanco.
Tras
el fracaso en el Conroe National Bank, Hugo Pimienta
Blanco fue nombrado por Peter Ulrich al frente de
IFS Financial Corporation. Además se ubicó
como una pieza clave para acelerar la estrategia de
captación de recursos para Interamericas en
el mercado mexicano por medio de la empresa Interasesores.
La
familia, también al fondo común
Isaura Blanco de Vázquez, hermana de María
de la Luz Blanco, esposa de Enrique Pimienta Huerta,
acepta hablar de la relación de negocios que,
según las propias palabras del nieto de Victoriano
Huerta, mantenía con Solloa Junco:
Enrique tenía un despacho contable en
el que frecuentemente recibía clientes que
enfrentaban problemas de auditorías con la
Secretaría de Hacienda; las mismas revisiones
fiscales que practicaba el área a cargo de
Solloa Junco, dice Isaura Blanco al documentar
el conflicto de interés y la supuesta extorsión
que habría beneficiado a estos personajes.
Y continúa:
Supe que, durante varios años en la casa
de mi mamá se guardaron cientos de cajas con
documentos que después fueron cuidadosamente
destruidos por órdenes de Enrique.
Isaura
Blanco de Vázquez es una mujer de más
de 60 años que, confiesa, se siente traicionada
por su hermana, quien encubrió el robo
de los ahorros de su familia por casi medio millón
de dólares.
Su
esposo Raúl Vázquez., un ingeniero que
acumuló sus recursos trabajando para la compañía
ICA, relata que hasta hace un par de años confiaba
por completo la administración de sus ahorros
a Enrique Pimienta Huerta: yo sabía que
lo invertía en Estados Unidos y siempre me
había dado muy buenos intereses.
Pero
hace más de año y medio, agrega, comenzaron
a tener problemas de liquidez y a incumplir en el
pago de los intereses que prometían. Una
vez me hizo un pago de unos intereses que me debía
de 4 mil 760 dólares en billetes de 20 dólares
todo, asegura Raúl Vázquez. Ahora
no sabe nada de los Pimienta ni de sus 500 mil dólares.
Hoy,
la familia Vázquez Blanco mantiene ante la
Fiscalía de Delitos Financieros de la Procuraduría
General de la República una demanda penal en
contra de Enrique Pimienta Huerta, de su hija Ligia
Pimienta Blanco y de su hermana Lilia Pimienta Huerta.
Bajo
el expediente 375- 02-06, el 17 de junio del 2002,
Raúl Vázquez y su esposa se decidieron
a romper con sus familiares y a dar a conocer los
entretelones de los negocios que han desarrollado
durante los últimos diez años.
La
demanda penal en contra de los Pimienta no es la única
que registran las autoridades judiciales. Ahora su
exsocios mantienen procesos judiciales en su contra.
En la lista se ubican Peter Ulrich, Luis Méndez
del Grupo Lumen; Alfredo Solloa Junco; la familia
de Ramón Beteta Cou; Paulino Villar Conejos
y José Luis Villar Conejos.
El
default de Interamericas y Pueblo Corporation
A través de Interconsultores, Interamericas
logró colocar en el mercado mexicano más
de 70 millones de dólares bajo la promesa de
que los bonos adquiridos para financiar al grupo financiero
en Estados Unidos le darían a los inversionistas
mexicanos un rendimiento superior al que le ofrecían
en México las tasas de interés locales.
La
operación de los bonos de Interamericas y de
IFS Financial Corporation se realizó a través
de la entidad conocida como GCM Note Company. En abril
de 2001 se iniciaron los incumplimientos y para evitar
el pago de las obligaciones logró que los activos
en riesgo de ser incautados por los tenedores afectados
fueran transferidos a un fideicomiso establecido en
Nueva Zelanda. Ahora, The Guardian Noteholder Trust
Fund que controlan los propios Pimienta.
En
términos formales, sin embargo, se ha dicho
a los tenedores de los pagarés de GCM, por
medio del despacho Cantey & Hanger Roan &
Autrey, que el objetivo y el propósito
principal de este fideicomiso es salvaguardar los
activos de las compañías de GCM y supervisar
el repago con base de prorrata a todos los tenedores
de manera equitativa.

El consorcio de transportes
pimienta |
Con
este texto, el despacho de los Pimienta envió
una carta a todos los tenedores desde el pasado 23
de abril del 2001. Pero el pago no ha llegado y en
Houston, Texas, la juez Rosenthal se ocupa de las
demandas de los acreedores de bonos de Interamericas
en contra de los fundadores de este conglomerado financiero
en Estados Unidos, entre los que se encuentran Luis
Méndez y Enrique Pimienta Huerta.
La
ciudad de Guadalajara fue una de las entidades en
las que se concentró la mayor colocación
de bonos de Interamericas mediante el grupo Interasesores,
que realizaba actividades ilícitas de captación
de recursos. De los 70 millones de dólares
que se colocaron a nivel global, en Guadalajara se
vendieron estos títulos en un monto superior
a 30 millones de dólares.
La
sociedad empresarial de Jalisco se encuentra consternada
con este hecho que, por cierto, involucró a
intermediarios como Ficen, una sociedad financiera
de objeto limitado que había probado un buen
nivel de operación pero que dirigió
algunas inversiones a títulos de Interamericas.
Entrevistado
sobre su relación con los Pimienta, Peter Ulrich,
Alfredo Solloa Junco y el grupo Interamericas, el
presidente de la casa de cambio Interamericas, Eduardo
García Lecuona, sostiene que hace un par de
años le pidió a Hugo Pimienta Blanco
que le vendieran la participación que mantenían
en el intermediario cambiario mexicano, pues no estaba
de acuerdo con su estilo de hacer negocios.
García
Lecuona cuenta que, en al menos una ocasión,
Intercam tuvo problemas para cobrar los documentos
presentados por Contactos Universales, la empresa
que atendía como cliente por recomendación
de los Pimienta.
El
presidente de Intercam, uno de los principales jugadores
en el mercado cambiario nacional, revela que fue Ramón
Beteta Cou de Guadalajara quien le presentó
a Ulrich y a los Pimienta, pero que la relación
concluyó ante la falta de confianza.
El
año pasado falleció Beteta Cou, quien
también presidía la sociedad financiera
de objeto limitado en donde García Lecuona
era otro de los socios. La sorpresa se presentó,
agrega el empresario, cuando se revisaron los números
de esta sociedad y descubrió que se había
autorizado un inversión por 1.5 millones de
dólares para bonos de GCM. Ahora, García
Lecuona mantiene una demanda en contra de los Pimienta
en un intento por recuperar este capital.
Pueblo
Corporation, otro negocio
Después de que Hugo Pimienta llegó a
ubicarse en la lista de los empresarios de origen
hispano más destacados en Estados Unidos, el
desarrollo del concepto de Pueblo Corporation fue
relativamente sencillo.
Hugo
Pimienta Blanco impulsó la venta de tarjetas
de descuento afiliadas a cientos de negocios visitados
por la comunidad hispana en varias regiones de Estados
Unidos. Los beneficios incluían descuentos
en llamadas de larga distancia y en compras de bienes
de consumo, además de suscripciones a las publicaciones
que también editaba Pueblo Corporation.
La
inversión reportada ante las autoridades de
Los Ángeles ascendía a 40 millones de
dólares. Sin embargo, el 5 de febrero de 2002,
Pimienta Blanco solicitó ante la corte central
de Distrito de California declarar a Pueblo Corporation
en suspensión de pagos bajo las disposiciones
de la Ley de Bancarrotas y, en específico,
al amparo del capítulo 11.
Para
justificar el incumplimiento de pagos a sus acreedores
y su incursión en el capítulo 11, Pimienta
Blanco aseguró a las autoridades judiciales
de Los Ángeles que Enrique Pimienta Huerta
le prestaría más de 350 mil dólares
para apoyar la reestructuración de la firma.
En esa fecha, Pimienta Blanco ya enfrentaba las demandas
de tenedores de GCM para cubrir en México deudas
por más de 70 millones de dólares.
Ahora
casi todos los descendientes directos de Victoriano
Huerta se han trasladado a Estados Unidos. Algunos
de ellos, como Hugo Pimienta Blanco, ya cuentan con
la nacionalidad, pues cumplen más de una década
de radicar en ese país. Sin embargo, ante el
cúmulo de procesos legales que enfrentan ya
se preparan para emigrar a España.
Lilia
Pimienta Huerta, la mayor de los nietos de Victoriano
Huerta, radicada en The Woodlands, Texas, también
emprenderá ese viaje y en su equipaje incluirá
el uniforme de militar de su abuelo y la banda presidencial
que ha conservado entre sus más valiosas pertenencias.
Jorge
Vergara, de chiva a gato pardo
Mauricio Mejía
Los vasos se comunican. Cuando Ivar Sisniega trabajó
como responsable del deporte del Instituto Mexicano
del Seguro Social hizo que la empresa de su amigo
Jorge Vergara, Omnitrition, proveyera de alimentos
a los equipos de alto rendimiento del instituto, desde
luego a cambio de un fabuloso contrato.
Luego,
cuando fue presiente de la Comisión Nacional
del Deporte, lo invitó a crear el Compromiso
Intregral de México con sus Atletas, que sirvió
como fondo de inversión para mantener las costosas
temporadas de preparación de los deportistas
mexicanos que concursaron en los Juegos Olímpicos
de Sydney.
Ahora
que es el dueño del equipo de primera división
del Club Guadalajara, Vergara decidió invitar
como su director deportivo a Ivar Sisniega Campbell,
en cuya admistración fueron encontradas una
buena cantidad de irregularidades sobre el destino
del dinero público, al grado que varios de
sus colaboradores fueron sancionados por la Secretaría
de la Contraloría.
Vergara, que asegura que su empresa tiene utilidades
superiores a 600
millones
de dólares al año, aunque no haya manera
de comprobar que sea cierto, llegó al mundo
del futbol en medio de un mar de sospechas sobre el
origen de su fortuna, que la Secretaría de
Hacienda ha decidido no tomar en cuenta.
Según
él, su riqueza es producto de su trabajo, vinculado
desde hace 13 años a la venta de productos
alimenticios pobres en calorías y ricos en
valores nutricionales. En ese tiempo dejó de
ser vendedor de tacos de carnitas para convertirse
en uno de los hombres más adinerados del país.
Cuando
decidió comprarse un miniboing para poder estar
al tanto de lo que producían sus lugares de
venta en todo México y Centroamérica,
llamó la atención hasta de los propios
fabricantes de aviones.
En
este país se cuentan con los dedos de una mano
los dueños de semejantes aeronaves. Sin embargo,
Vergara, que por vocación de higiene ha dejado
de usar calcetines entre el pantalón y los
zapatos, sigue tan campante a bordo de su boing como
si nadie hubiera dicho nada.
Vergara
se reconoce como un Mesías de las ventas. Sus
trabajadores lo admiran como un hombre que a base
de su despabilada personalidad ha dejado atrás
la vida clasemediara para ingresar al top ten de los
millonarios de México. Habla de él,
se presume, se vende bien ante ellos. Ya ven, pues
soy así, parece decir en los videos que riega
entre sus vendedores.
Sin
embargo, su riqueza no le permite regatearle un sueldo
minúsculo al entrenador de su nuevo equipo.
Argumentó que el técnico no tenía
carné profesional para justificar su incumplimiento
de pago. Luego, asesorado por su viejo amigo Ivar
Sisniega, se repuso. Dijo que le pagaría solamente
dos de los seis meses que le debía.
Fue entonces cuando muchos socios comenzaron a preguntarse
si habían hecho bien al venderle sus certificados
al señor Vergara, quien por lo demás
prometió una revisión de contratos de
todos los jugadores de la plantilla.
Todavía
nadie tiene claro qué es lo que persiguió
Vergara al comprar el equipo de mayor tradición
en México. Unos creen que quiso darse de alta
en las planas de dos diarios deportivos; otros dicen
que quiere legitimarse en la alta sociedad tapatía
que lo había rechazado hace años, cuando
regresó a Guadalajara lleno de dinero de dudosa
procedencia, y muchos más tienen la idea de
que publicitarse como dueño de una de las marcas
de alimentos nutricionales más vigorosas de
México.
La
encargada de hacer un diagnóstico sobre el
origen de la fortuna debe ser la Secretaría
de Hacienda, porque en el mundo del futbol Vergara
es solamente un gato pardo más.
En
defensa propia
Enrique Pimienta Huerta se defiende de las acusaciones
por fraude que hacen en su contra Gonzalo Romero Matías
y Sergio Julio Romero Silva.
A decir de estos dos últimos, Pimienta Blanco
les vendió la empresa San Ángel Holdings,
L.L.C. , acción representativa de Paseo de
San Ángel, S.A. de C.V., no sin antes saquearla,
es decir, la dejó en ceros.
La
empresa fue vendida en marzo del 2001, y según
los acusadores, en febrero, Pimienta maquinó
un oscuro financiamiento por 12 millones
de dólares para comprometer la venta en condiciones
desventajosas.
Ante el juez Trigésimo Segundo de lo Civil
del Distrito Federal, Enrique Pimienta presenta los
siguientes argumentos con los cuales busca probar
su honestidad en el negocio de compra-venta:
Se
niega que los actos jurídicos en mi contra
correspondan a hechos dolosos ejecutados por mala
fe. Asimismo, asegura Pimienta Blanco, no se realizó
ninguna operación previa ni posterior a la
celebración del contrato de compra-venta de
acciones realizado el 6 de marzo de 2001.
En
su declaración, el nieto de Victoriano Huerta
afirma que no inició ningún proceso
jurídico para dejar a Paseo de San Ángel
S.A. de C. V. sin la totalidad del patrimonio de activo
para construir una garantía con el patrimonio
que integran los bienes muebles, inmuebles y construcciones
de Paseo de San Ángel S.A. de C. V. , despojando
así a Romero Matías y Romero Silva del
inmueble comprado.
Incluso,
a manera de asombro, Pimienta Blanco menciona que
Paseo de San Ángel, antes del 6 de marzo, fue
propiedad de dos empresas. El 57% del capital de una
de ellas pertenecía a Gonzalo Romero Matías.
En
dicha defensa, Enrique Pimienta Blanco cuestiona la
credibilidad y transparencia de acciones de sus acusadores,
aclarando que ellos crearon una empresa off shore
llamada Grupo Interamericas. Lo dice con conocimiento
de causa, pues fue él y su hijo Hugo Pimienta
Blanco quienes participaron y organizaron la ingeniería
financiera para mantener los capitales de Romero Matías
y Méndez en este círculo financiero.
capitales@contralinea.com.mx
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