Dinastía Huerta
La otra traición a la patria
Por Claudia Villegas

Victoriano Huerta

Descendiente directo de Victoriano Huerta, Enrique Pimienta Huerta y su familia viven -- como si fuera un destino manifiesto para su estirpe-- un autoexilio en Estados Unidos con el que buscan dejar atrás un quebranto superior a 300 millones de dólares que dañó a cientos familias mexicanas y en el que participaron políticos y empresarios de alto nivel.

Del general de origen huichol que, después de asesinar a Francisco I. Madero, ocupó durante 17 meses la presidencia de la república en 1913, la familia Huerta sólo heredó una modesta casa ubicada en la calle de Alfonso Herrera de la colonia San Rafael, en la que vivieron los 13 hijos de Victoriano Huerta.

Hoy, sin embargo, consta en documentos y en testimonios de inversionistas y hasta familiares defraudados que tienen una lujosa residencia en California, otra más en Beverly Hills, una poderosa comercializadora en Laredo, Texas, que operan en dos hectáreas con un total de 6 mil 500 metros en bodega; una flotilla de más de 30 trailers, una agencia aduanal y acciones mayoritarias del grupo financiero Interamericas, así como de las empresas Pueblo Corporation.

Aquí en México también son socios, junto con Gonzalo Romero Matías, de la comercializadora Contactos Universales. Además, se preparan a incursionar en el negocio de las mueblerías con la cadena Maple.

Sin bienes considerables en su legado económico, los hijos y nietos de Huerta recibieron, en cambio, una infancia atribulada y el rechazo de círculos cercanos que no dudan en reprocharles la traición del general nacido en Colotlán, Jalisco que en su juventud se destacó por su habilidad para las matemáticas, su disciplina militar y un profundo conocimiento en materias como la astrología.

Aficionado en extremo al cognac Henessy y a decir malas palabras, Huerta estuvo casado con Emilia Águila, una joven que provenía de una acomodada familia de Jalapa. Sus nietos la recuerdan como una mujer fea pero educada y con poco gusto para vestir, de lo cual dejó constancia en las escasas fotos que se conservan de ella en su papel de primera dama.

Victoriano Huerta era un hombre de estatura baja, de origen humilde, indio huichol de raza pura, que encontró en el ejército un camino para escalar peldaños en la política. Sus compañeros de milicia lo apodaban “el chichimeca”; sobrenombre que olvidó por completo al convertirse en un destacado político.

Después del asesinato de Madero, Huerta y su numerosa familia parten a Europa para después instalarse en Estados Unidos, siempre con la esperanza de regresar a México. Sin embargo, en Fort Bliss, el Paso, Texas, encontraría la prisión. Pero fue su afición al cognac, y no sus enemigos, la que lo llevaría a la muerte por un severo padecimiento hepático.


Enrique Pimienta Huerta
DINASTÍA HUERTA

Alfredo Pimienta Huerta

Ma. de la Luz Blanco de Pimienta

Victoriano Huerta

Ma. Isabel Huber de Pimienta

Laura Blanco de Flores

Alejandra Adonis de Pimienta

Sonia Formoso de Pimienta
 
LA OTRA TRAICIÓN A LA PATRIA
 

 

Entonces su familia, tras una difícil temporada en Cuba, regresa calladamente a la Ciudad de México para instalarse una vez más en la vieja casona de la colonia San Rafael. Varias décadas después fallece Emilia Águila de Huerta, dejando entre sus nietos el recuerdo del hombre “borracho, mal hablado y mujeriego” que los dejó con muchas deudas, no del Victoriano Huerta traidor asesino de Francisco I. Madero.

Celia, la más pequeña de las hijas de Victoriano y Emilia, contrajo matrimonio con el coronel Enrique Pimienta Ruiz. Tuvieron tres hijos: Lilia, Alfredo y Enrique Pimienta Huerta, los tres inseparables hasta en los peores momentos.

Enrique Pimienta Ruiz era hermano de Rafael Pimienta Ruiz, uno de los hombres de confianza de Victoriano Huerta. Pero él se alejó de la milicia y sostuvo a su familia gracias a las clases de matemáticas que impartía en el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Rafael Pimienta llegó a la posición de teniente de rurales y sirvió como el brazo ejecutor de los planes de Huerta para lograr la presidencia, pues fue el encargado, junto con el cabo Francisco Cárdenas, de trasladar a Francisco I. Madero y José María Pino Suárez del Palacio Nacional a la Penitenciaría de Lecumberri, en cuyo trayecto fueron asesinados. De hecho Pimienta fue el encargado en ultimar por la espalda a Pino Suárez.

Enrique Pimienta Huerta, el más activo de los nietos de Victoriano Huerta, contrajo matrimonio con María de la Luz Blanco Arciniega. Tuvieron cinco hijos: Ligia, Hugo, Enrique, Arturo, Alberto y Fernando. Nunca tuvieron lujos, pero se esmeraron en que sus hijos estudiaron carreras universitarias en universidades de prestigio, como la Anáhuac. Fue allí donde Hugo, el primogénito, concluyó la carrera de administración de empresas. Uno de los primeros empleos que obtuvo fue como vendedor en una de las tiendas de la cadena Liverpool.

De profesión contador, Pimienta Huerta asistió a la Facultad de Comercio y Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Allí conoció a varios personajes que serían determinantes en su vida: Alfredo Solloa Junco, quien llegaría a ocupar la presidencia de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas así como la dirección general de la Auditoría Fiscal Federal durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

También inició una cercana amistad con Luis Méndez, quien se convertiría en el principal accionista de las tiendas Lumen, y con Gonzalo Romero Matías, que ahora se ubica como uno de los principales comercializadores de artículos de papelería y oficina en la Central de Abasto de la Ciudad de México.

Enrique Pimienta Huerta obtendría su primer empleo en un pequeño despacho propiedad de Juan Surutuza. En ese lugar, Pimienta Huerta, dicen quienes conocen la historia familiar, encontraría un camino para alcanzar su objetivo de acumular capital en el menor tiempo posible.

El nieto de Victoriano Huerta convenció a los clientes de Surutuza para que trasladaran sus cuentas a un despacho de su propiedad que comenzó sus operaciones en la calle de Sullivan.

Enrique Pimienta Huerta siempre compartió todos los secretos y éxitos con sus hermanos Lilia y Alfredo. El pequeño despacho de contadores cambió su sede a la calle de Río Nazas. La oficina seguía siendo sencilla y austera.

Los clientes, sin embargo, ya no eran los mismos: a principios de la década de los noventa. Enrique Pimienta Huerta ya no administraba delgados libros contables sino abultados activos, operaciones bancarias, comerciales y, sobre todo, los manejos contables y fiscales de sus amigos: Luis Méndez y Gonzalo Romero Matías.

Era la época en la que su otro amigo Alfredo Solloa Junco ascendía con gran rapidez en el organigrama de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Una gran coincidencia. Inhabilitado por la Secretaría de Contraloría y Desarrollo Administrativo en 1996 por haber mentido en su declaración patrimonial, Solloa compartió con Pimienta Huerta en sus épocas de universitario sus planes para hacer fortuna, pues la familia Solloa si bien era de clase media alta nunca logró ubicarse entre el grupo de millonarios que en esa época transitaban por los pasillos de la UNAM.

Entre los amigos de Alfredo Solloa Junco se cuentan empresarios como Dionisio Sánchez González, presidente del Grupo SARE; el financiero Sergio Paliza; el contador Salvador Meljem, Francisco Tello de Meneses, Ignacio Cacho y Agustín Hegewish.

Práctico y ambicioso, Solloa Junco llegó a las filas de la Secretaría de Hacienda. Su carrera se forjó en la Dirección de Auditoria Fiscal Federal, en donde ocupó la dirección general entre 1988 y 1994. Desde allí se ganó la confianza del entonces subsecretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz.

Incluso, al referirse a Solloa Junco, funcionarios vinculados con el área de detección de lavado de dinero de esa dependencia aseguran que es un hombre honesto y de una conducta intachable.

Se trata de declaraciones que se presentaron enmedio de una investigación en su contra por presunta participación en los negocios del Integra Bank, una sociedad financiera constituida en el paraíso fiscal de Curazao en la que participaban como accionistas Enrique Pimienta Huerta, Ramón Beteta Cou, Eduardo García Lecuona, exdirectivo del área de Banca Internacional de Serfin y actual presidente de la casa de cambio Intercam.

En mayo de 1996 Ismael Gómez Gordillo, quien se desempeñaba como procurador fiscal de la federación declaraba que las acusaciones e investigaciones contra Solloa Junco eran resultado de una “venganza personal”, porque se trataba de un hombre que no tenía necesidad de involucrarse en problemas de lavado de dinero para enriquecerse.

Y documentaba la solvencia de Solloa Junco: “Es un hombre rico, pariente de los dueños de Telas Junco y primo de los propietarios del periódico El Norte de Monterrey”.

La Secodam opinó lo contrario y procedió a la inhabilitación del funcionario por diez años.

El mismo Solloa aseguró en su momento que el desprestigio infligido contra él era resultado de una venganza fraguada por Pietro La Greca, familiar de los accionistas de las empresas Hacienda Ecuestre San Fernando y de la Coordinadora de Servicios Aduanales Gutiérrez, las cuales se vieron involucradas en un fraude en contra del Banco del Ejército, delito que fue investigado por Solloa Junco.

Neobanqueros en EU: la segunda traición
Aunque los negocios de aquel grupo de amigos avanzaron durante varias décadas y hasta formaron parte de la herencia que Enrique Pimienta Huerta buscó dejar a sus hijos, la verdadera acumulación de capital se presentaría en los noventa con la tercera generación de los Huerta.

En 1996, enmedio de la investigación en contra del exauditor fiscal de la federación, Enrique Pimienta Huerta y Alfredo Solloa Junco ya eran socios en la empresa Inmobiliaria Tijuana de las Américas.

Sin embargo, Solloa Junco ha negado en varias ocasiones la relación de negocios con Pimienta Huerta en el Integra Bank, en otro grupo financiero estadounidense conocido como Interamericas y, por supuesto, en las empresas off-shore que habrían constituido para manejar inversiones entre México y Estados Unidos con denominaciones como La Falen Corporation en Liberia, Maro Corporation en la Isla Neevis, Antillas Menores, así como Solal Realty, Canadá Realty y Coronado Land Holding, en Curazao.

La Secodam investigó a Solloa Junco al relacionarlo con estas propiedades después de que durante 33 años se dedicó al servicio público de carrera con un salario mensual que alcanzó el máximo nivel de 36 mil 033 pesos. Así llegó la inhabilitación y Solloa siguió con sus negocios privados.

Gracias a la relación con Solloa Junco, Hugo Pimienta Blanco, recién egresado de la carrera de contaduría de la Universidad Anáhuac, dejó su trabajo como vendedor en Liverpool para ingresar al sector bancario.

Pero su primer empleo en el sector crediticio no fue en una sucursal ni en una oficina de servicios. Debido a la amistad de su padre con Alfredo Solloa Junco, quien conocía al financiero estadounidense Peter Ulrich, presidente de Interamericas Investment y otro de los socios en Inmobiliaria Tijuana, el bisnieto de Victoriano Huerta emigró a Estados Unidos para convertirse a los 24 años en el flamante director del Conroe Bank, en Texas, cuyo capital en ese momento se encontraba bajo el control de inversionistas mexicanos.

A pesar de su escasa experiencia en el sofisticado mundo de las finanzas, Hugo Pimienta Blanco también se ubicó como presidente de la empresa Holdcon, con domicilio en Delawar, Texas.

La Reserva Federal observó con especial suspicacia al repentino y boyante grupo de inversionistas mexicanos interesados en el negocio estadounidense del crédito. La sospecha tendía a evitar posibles prácticas de lavado de dinero o de operaciones ilícitas que pusieran en riesgo la estabilidad de la banca texana.

Por ello, en 1996, la Reserva Federal decide revocar la autorización para que el grupo de mexicanos encabezado por Peter Ulrich controlaran el National Conroe Bank. El argumento fue que se había violado el Acta sobre Compañías Holdings Bancarias al omitir información sobre el origen de los recursos para controlar y capitalizar el banco.

La estrategia era simple: importar dinero de México realizando actividades ilegales de captación entre familias mexicanas, pues las leyes bancarias las prohíben. Hoy, cientos de familias mexicanas reclaman el capital que confiaron a Enrique Pimienta Huerta y a su hijo Hugo Pimienta Blanco.

Tras el fracaso en el Conroe National Bank, Hugo Pimienta Blanco fue nombrado por Peter Ulrich al frente de IFS Financial Corporation. Además se ubicó como una pieza clave para acelerar la estrategia de captación de recursos para Interamericas en el mercado mexicano por medio de la empresa Interasesores.

La familia, también al fondo común
Isaura Blanco de Vázquez, hermana de María de la Luz Blanco, esposa de Enrique Pimienta Huerta, acepta hablar de la relación de negocios que, según las propias palabras del nieto de Victoriano Huerta, mantenía con Solloa Junco:
“Enrique tenía un despacho contable en el que frecuentemente recibía clientes que enfrentaban problemas de auditorías con la Secretaría de Hacienda; las mismas revisiones fiscales que practicaba el área a cargo de Solloa Junco”, dice Isaura Blanco al documentar el conflicto de interés y la supuesta extorsión que habría beneficiado a estos personajes.

Y continúa: “Supe que, durante varios años en la casa de mi mamá se guardaron cientos de cajas con documentos que después fueron cuidadosamente destruidos por órdenes de Enrique”.

Isaura Blanco de Vázquez es una mujer de más de 60 años que, confiesa, se siente traicionada por su hermana, quien encubrió el “robo” de los ahorros de su familia por casi medio millón de dólares.

Su esposo Raúl Vázquez., un ingeniero que acumuló sus recursos trabajando para la compañía ICA, relata que hasta hace un par de años confiaba por completo la administración de sus ahorros a Enrique Pimienta Huerta: “yo sabía que lo invertía en Estados Unidos y siempre me había dado muy buenos intereses”.

Pero hace más de año y medio, agrega, comenzaron a tener problemas de liquidez y a incumplir en el pago de los intereses que prometían. “Una vez me hizo un pago de unos intereses que me debía de 4 mil 760 dólares en billetes de 20 dólares todo”, asegura Raúl Vázquez. Ahora no sabe nada de los Pimienta ni de sus 500 mil dólares.

Hoy, la familia Vázquez Blanco mantiene ante la Fiscalía de Delitos Financieros de la Procuraduría General de la República una demanda penal en contra de Enrique Pimienta Huerta, de su hija Ligia Pimienta Blanco y de su hermana Lilia Pimienta Huerta.

Bajo el expediente 375- 02-06, el 17 de junio del 2002, Raúl Vázquez y su esposa se decidieron a romper con sus familiares y a dar a conocer los entretelones de los negocios que han desarrollado durante los últimos diez años.

La demanda penal en contra de los Pimienta no es la única que registran las autoridades judiciales. Ahora su exsocios mantienen procesos judiciales en su contra. En la lista se ubican Peter Ulrich, Luis Méndez del Grupo Lumen; Alfredo Solloa Junco; la familia de Ramón Beteta Cou; Paulino Villar Conejos y José Luis Villar Conejos.

El default de Interamericas y Pueblo Corporation
A través de Interconsultores, Interamericas logró colocar en el mercado mexicano más de 70 millones de dólares bajo la promesa de que los bonos adquiridos para financiar al grupo financiero en Estados Unidos le darían a los inversionistas mexicanos un rendimiento superior al que le ofrecían en México las tasas de interés locales.

La operación de los bonos de Interamericas y de IFS Financial Corporation se realizó a través de la entidad conocida como GCM Note Company. En abril de 2001 se iniciaron los incumplimientos y para evitar el pago de las obligaciones logró que los activos en riesgo de ser incautados por los tenedores afectados fueran transferidos a un fideicomiso establecido en Nueva Zelanda. Ahora, The Guardian Noteholder Trust Fund que controlan los propios Pimienta.

En términos formales, sin embargo, se ha dicho a los tenedores de los pagarés de GCM, por medio del despacho Cantey & Hanger Roan & Autrey, “que el objetivo y el propósito principal de este fideicomiso es salvaguardar los activos de las compañías de GCM y supervisar el repago con base de prorrata a todos los tenedores de manera equitativa”.


El consorcio de transportes pimienta

Con este texto, el despacho de los Pimienta envió una carta a todos los tenedores desde el pasado 23 de abril del 2001. Pero el pago no ha llegado y en Houston, Texas, la juez Rosenthal se ocupa de las demandas de los acreedores de bonos de Interamericas en contra de los fundadores de este conglomerado financiero en Estados Unidos, entre los que se encuentran Luis Méndez y Enrique Pimienta Huerta.

La ciudad de Guadalajara fue una de las entidades en las que se concentró la mayor colocación de bonos de Interamericas mediante el grupo Interasesores, que realizaba actividades ilícitas de captación de recursos. De los 70 millones de dólares que se colocaron a nivel global, en Guadalajara se vendieron estos títulos en un monto superior a 30 millones de dólares.

La sociedad empresarial de Jalisco se encuentra consternada con este hecho que, por cierto, involucró a intermediarios como Ficen, una sociedad financiera de objeto limitado que había probado un buen nivel de operación pero que dirigió algunas inversiones a títulos de Interamericas.

Entrevistado sobre su relación con los Pimienta, Peter Ulrich, Alfredo Solloa Junco y el grupo Interamericas, el presidente de la casa de cambio Interamericas, Eduardo García Lecuona, sostiene que hace un par de años le pidió a Hugo Pimienta Blanco que le vendieran la participación que mantenían en el intermediario cambiario mexicano, pues no estaba de acuerdo con su estilo de hacer negocios.

García Lecuona cuenta que, en al menos una ocasión, Intercam tuvo problemas para cobrar los documentos presentados por Contactos Universales, la empresa que atendía como cliente por recomendación de los Pimienta.

El presidente de Intercam, uno de los principales jugadores en el mercado cambiario nacional, revela que fue Ramón Beteta Cou de Guadalajara quien le presentó a Ulrich y a los Pimienta, pero que la relación concluyó ante la falta de confianza.

El año pasado falleció Beteta Cou, quien también presidía la sociedad financiera de objeto limitado en donde García Lecuona era otro de los socios. La sorpresa se presentó, agrega el empresario, cuando se revisaron los números de esta sociedad y descubrió que se había autorizado un inversión por 1.5 millones de dólares para bonos de GCM. Ahora, García Lecuona mantiene una demanda en contra de los Pimienta en un intento por recuperar este capital.

Pueblo Corporation, otro negocio
Después de que Hugo Pimienta llegó a ubicarse en la lista de los empresarios de origen hispano más destacados en Estados Unidos, el desarrollo del concepto de Pueblo Corporation fue relativamente sencillo.

Hugo Pimienta Blanco impulsó la venta de tarjetas de descuento afiliadas a cientos de negocios visitados por la comunidad hispana en varias regiones de Estados Unidos. Los beneficios incluían descuentos en llamadas de larga distancia y en compras de bienes de consumo, además de suscripciones a las publicaciones que también editaba Pueblo Corporation.

La inversión reportada ante las autoridades de Los Ángeles ascendía a 40 millones de dólares. Sin embargo, el 5 de febrero de 2002, Pimienta Blanco solicitó ante la corte central de Distrito de California declarar a Pueblo Corporation en suspensión de pagos bajo las disposiciones de la Ley de Bancarrotas y, en específico, al amparo del capítulo 11.

Para justificar el incumplimiento de pagos a sus acreedores y su incursión en el capítulo 11, Pimienta Blanco aseguró a las autoridades judiciales de Los Ángeles que Enrique Pimienta Huerta le prestaría más de 350 mil dólares para apoyar la reestructuración de la firma. En esa fecha, Pimienta Blanco ya enfrentaba las demandas de tenedores de GCM para cubrir en México deudas por más de 70 millones de dólares.

Ahora casi todos los descendientes directos de Victoriano Huerta se han trasladado a Estados Unidos. Algunos de ellos, como Hugo Pimienta Blanco, ya cuentan con la nacionalidad, pues cumplen más de una década de radicar en ese país. Sin embargo, ante el cúmulo de procesos legales que enfrentan ya se preparan para emigrar a España.

Lilia Pimienta Huerta, la mayor de los nietos de Victoriano Huerta, radicada en The Woodlands, Texas, también emprenderá ese viaje y en su equipaje incluirá el uniforme de militar de su abuelo y la banda presidencial que ha conservado entre sus más valiosas pertenencias.

 

 

Jorge Vergara, de chiva a gato pardo
Mauricio Mejía
Los vasos se comunican. Cuando Ivar Sisniega trabajó como responsable del deporte del Instituto Mexicano del Seguro Social hizo que la empresa de su amigo Jorge Vergara, Omnitrition, proveyera de alimentos a los equipos de alto rendimiento del instituto, desde luego a cambio de un fabuloso contrato.

Luego, cuando fue presiente de la Comisión Nacional del Deporte, lo invitó a crear el Compromiso Intregral de México con sus Atletas, que sirvió como fondo de inversión para mantener las costosas temporadas de preparación de los deportistas mexicanos que concursaron en los Juegos Olímpicos de Sydney.

Ahora que es el dueño del equipo de primera división del Club Guadalajara, Vergara decidió invitar como su director deportivo a Ivar Sisniega Campbell, en cuya admistración fueron encontradas una buena cantidad de irregularidades sobre el destino del dinero público, al grado que varios de sus colaboradores fueron sancionados por la Secretaría de la Contraloría.
Vergara, que asegura que su empresa tiene utilidades superiores a 600

millones de dólares al año, aunque no haya manera de comprobar que sea cierto, llegó al mundo del futbol en medio de un mar de sospechas sobre el origen de su fortuna, que la Secretaría de Hacienda ha decidido no tomar en cuenta.

Según él, su riqueza es producto de su trabajo, vinculado desde hace 13 años a la venta de productos alimenticios pobres en calorías y ricos en valores nutricionales. En ese tiempo dejó de ser vendedor de tacos de carnitas para convertirse en uno de los hombres más adinerados del país.

Cuando decidió comprarse un miniboing para poder estar al tanto de lo que producían sus lugares de venta en todo México y Centroamérica, llamó la atención hasta de los propios fabricantes de aviones.

En este país se cuentan con los dedos de una mano los dueños de semejantes aeronaves. Sin embargo, Vergara, que por vocación de higiene ha dejado de usar calcetines entre el pantalón y los zapatos, sigue tan campante a bordo de su boing como si nadie hubiera dicho nada.

Vergara se reconoce como un Mesías de las ventas. Sus trabajadores lo admiran como un hombre que a base de su despabilada personalidad ha dejado atrás la vida clasemediara para ingresar al top ten de los millonarios de México. Habla de él, se presume, se vende bien ante ellos. Ya ven, pues soy así, parece decir en los videos que riega entre sus vendedores.

Sin embargo, su riqueza no le permite regatearle un sueldo minúsculo al entrenador de su nuevo equipo. Argumentó que el técnico no tenía carné profesional para justificar su incumplimiento de pago. Luego, asesorado por su viejo amigo Ivar Sisniega, se repuso. Dijo que le pagaría solamente dos de los seis meses que le debía.
Fue entonces cuando muchos socios comenzaron a preguntarse si habían hecho bien al venderle sus certificados al señor Vergara, quien por lo demás prometió una revisión de contratos de todos los jugadores de la plantilla.

Todavía nadie tiene claro qué es lo que persiguió Vergara al comprar el equipo de mayor tradición en México. Unos creen que quiso darse de alta en las planas de dos diarios deportivos; otros dicen que quiere legitimarse en la alta sociedad tapatía que lo había rechazado hace años, cuando regresó a Guadalajara lleno de dinero de dudosa procedencia, y muchos más tienen la idea de que publicitarse como dueño de una de las marcas de alimentos nutricionales más vigorosas de México.

La encargada de hacer un diagnóstico sobre el origen de la fortuna debe ser la Secretaría de Hacienda, porque en el mundo del futbol Vergara es solamente un gato pardo más.

 


En defensa propia
Enrique Pimienta Huerta se defiende de las acusaciones por fraude que hacen en su contra Gonzalo Romero Matías y Sergio Julio Romero Silva.
A decir de estos dos últimos, Pimienta Blanco les vendió la empresa San Ángel Holdings, L.L.C. , acción representativa de Paseo de San Ángel, S.A. de C.V., no sin antes saquearla, es decir, la dejó en ceros.

La empresa fue vendida en marzo del 2001, y según los acusadores, en febrero, Pimienta maquinó un “oscuro financiamiento” por 12 millones de dólares para comprometer la venta en condiciones desventajosas.
Ante el juez Trigésimo Segundo de lo Civil del Distrito Federal, Enrique Pimienta presenta los siguientes argumentos con los cuales busca probar su honestidad en el negocio de compra-venta:

“Se niega que los actos jurídicos en mi contra correspondan a hechos dolosos ejecutados por mala fe. Asimismo, asegura Pimienta Blanco, no se realizó ninguna operación previa ni posterior a la celebración del contrato de compra-venta de acciones realizado el 6 de marzo de 2001.”

En su declaración, el nieto de Victoriano Huerta afirma que no inició ningún proceso jurídico para dejar a Paseo de San Ángel S.A. de C. V. sin la totalidad del patrimonio de activo para construir una garantía con el patrimonio que integran los bienes muebles, inmuebles y construcciones de Paseo de San Ángel S.A. de C. V. , despojando así a Romero Matías y Romero Silva del inmueble comprado.

Incluso, a manera de asombro, Pimienta Blanco menciona que Paseo de San Ángel, antes del 6 de marzo, fue propiedad de dos empresas. El 57% del capital de una de ellas pertenecía a Gonzalo Romero Matías.

En dicha defensa, Enrique Pimienta Blanco cuestiona la credibilidad y transparencia de acciones de sus acusadores, aclarando que ellos crearon una empresa off shore llamada Grupo Interamericas. Lo dice con conocimiento de causa, pues fue él y su hijo Hugo Pimienta Blanco quienes participaron y organizaron la ingeniería financiera para mantener los capitales de Romero Matías y Méndez en este círculo financiero.

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