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El monopolio financiero del café
Por Mayra Martínez
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Corte de café en Chiapas
Corte de café en Chiapas
Inmersos en una crisis bancaria con pasivos que superaron los 450 millones de dólares, los productores de café en el país entregan su producción a empresas privadas a cambio de onerosos financiamientos.

La resistencia del desaparecido Banco de Desarrollo Rural (Banrural) para otorgar créditos a los productores de café provocó que éstos acudieran a Agroindustrias Unidas de México (AMSA) a solicitar préstamos por medio de la compra de insumos.

A diferencia de Banrural, AMSA encontró en el financiamiento a los cafeticultores un negocio redondo, al fondearse en bancos suizos con una tasa de interés de 5% mientras en México cobraba tasas de 15 por ciento.

A cambio del respaldo que AMSA otorga a los productores de Oaxaca, Veracruz, Nayarit y Guerrero, los acreditados comprometen el total de su producción, además de que tienen que pagar los intereses correspondientes.
AMSA niega que cobre intereses por los préstamos: “Desde hace 25 años que llegamos a México nunca ha sido nuestra intención cobrar intereses. Aunque si los productores no pagan a tiempo tienen que entregarnos su producción total”, dijo un vocero de la empresa.

Si bien no existe un registro de los créditos otorgados por esta empresa presidida por Jorge Esteve, exaccionista de Grupo Financiero Bital, se estima que controla 40% de la producción total del café en México. Actualmente se producen cinco millones de sacos de este grano en el país al año.

Considerando esta cifra, AMSA maneja la producción total de café en Chiapas, afirma el dueño de una comercializadora de café en México que prefirió omitir su nombre. Durante el periodo 1999- 2000 en la entidad se produjeron dos millones 152 mil 30 sacos del aromático. Y en realidad la empresa también domina la producción de Veracruz y Oaxaca, a través de sus esquemas de financiamiento.

Con la desaparición de Instituto Mexicano del Café (Inmecafe) en 1989, el precio del grano quedó sujeto al libre mercado. Sin embargo, el gobierno federal no creó las instancias que en ausencia del instituto protegieran al sector.

Inmecafe se encargó de fijar un precio mínimo al aromático, cuidó de que los productores tuvieran mercado de exportación y mantuvo contacto estrecho con ellos en etapas de crisis.

Cierto que no hay estudios comparativos que establezcan que la proliferación de grupos armados es significativa en las regiones en donde el café es el principal cultivo, pero al igual que en Guatemala, El Salvador, Colombia, Uganda, Brasil, Kenia e Indonesia --países productores de café-- en Chiapas y Guerrero la aparición de estos grupos coincide con las regiones productoras, en general agobiadas por la pobreza.

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en Chiapas, y el Ejército Popular Revolucionario (EPR), en Guerrero, aglutinan a 99% de los productores de café, que también han tenido que recurrir al cultivo de amapola y marihuana para obtener mayores ganancias.

La cosecha 1998-1999 ejemplifica una situación extrema. Las grandes pérdidas que ésta trajo consigo orilló a los productores a abandonar la actividad durante los años siguientes.

En gran parte la crisis que viven los cafetaleros es ocasionada por la caída internacional de los precios y, en el país, por la desaparición de Inmecafe. El año de 1989 fue clave para las trasnacionales. En ese entonces se distribuyeron los mercados de exportación.

Empresas como Rothfos AG., DE & F Man, Volkart, Cargill, J. Aron, Rayner, Bozzo, Sueden, Philip Morris, Nestlé, Procter & Gamble y Sara Lee reestructuran el mercado de exportación en esa fecha. El reacomodo fue tal que ya no es la Organización Internacional del Café (OIC) la que regula el precio en el mercado, sino estos conglomerados.

En México los años de crisis del sector son atenuados por AMSA, que en sustitución de la banca de desarrollo empezó a otorgar créditos a los productores de café en crisis.

Con estos mecanismos AMSA se convierte no sólo en la financiera del sector cafetalero sino también en alentador de la estabilidad social, reflexiona un exfuncionario del Consejo Mexicano del Café y tesorero de la Asociación Mexicana de Café, quien también pidió omitir su nombre.

Lo ocurrido en Chiapas ilustra la correlación del descuido gubernamental del sector cafetalero y la aparición de grupos armados, especifica la fuente consultada.

Al llegar Pablo Salazar Mendiguchía al gobierno del estado designa a Luis Herrera director del Consejo Mexicano del Café en la entidad. Éste logra aglutinar a 6 mil productores que emprendieron el establecimiento de las franquicias de café La Selva, a punto de extenderse a Canadá.

Para el sector empresarial los créditos de AMSA son de suma importancia. En contraste, el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext) --entonces a cargo de Enrique Vilatella-- nunca financió al sector. La única alternativa que ofreció a los deudores cafetaleros fue el Buró de Crédito.

De este modo, el primer Fobaproa del país no fue el de la banca sino el del café. La deuda ascendía a 450 millones de dólares.

Para apoyar al sector en 1981 se crea el Fideicomiso para el Café, Fidecafe (ya desaparecido). Sus recursos eran de 150 millones de pesos, mismos que nunca se vieron reflejados en beneficios. A decir de un exdirector del Inmecafe, que pidió omitir su nombre, el dinero se destinó a la campaña presidencial de Carlos Salinas de Gortari.

El Fidecafe fue administrado principalmente por la Confederación Nacional Campesina (CNC), una de las bases priistas más importantes.

Tiempo después, dice el exfuncionario del Inmecafe, Luis Donaldo Colosio, durante su campaña presidencial y por conducto de un programa de promociones de 100 millones de pesos, intentó ayudar al sector pero, como en ocasiones anteriores, el dinero nunca llegó.

De igual modo, esta falta de financiamiento provocó durante los dos últimos años una fuerte baja en las divisas que generaba el sector. De montos de hasta 500 millones de dólares que se captaban por exportaciones antes del 2000, se estiman divisas al cierre de este año por 300 millones de dólares.

Lo mismo sucedió con la participación del café en el PIB agrícola nacional. Ésta cayó. Durante el periodo 1990-1994 la aportación del café cereza al PIB fue de 5.5%, y para 1998 descendió a 4.1 por ciento.

La cafeticultura aglutina a poco más de 280 mil productores distribuidos en 281 municipios. Tres millones de personas dependen de esta actividad. A diferencia de otros sectores, el cafetalero no puede tecnificarse, pues en el proceso de producción se requiere de mano de obra directa. El café no puede cosecharse de otra forma que no sea manual.

En condiciones óptimas, se requiere de más de tres y medio millones de personas para esta labor; sin embargo, únicamente un millón 800 mil trabajan en ella.

Al lado de la sensibilidad política y social indispensable para enfrentar el problema del sector, el dueño de la comercializadora que solicitó omitir su nombre plantea que hay una solución sencilla que permitiría superar la crisis del café: promover el consumo interno.

De redoblarse el consumo de café en el país y fijarse un precio justo, las exportaciones irían perdiendo importancia. “Hay que duplicar el consumo interno de café”, asegura. Sin embargo, las fronteras siguen abiertas y las importaciones amenazan al sector.

capitales@contralinea.com.mx

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