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Mediaciones
Por Ernesto Villanueva
En estos casi dos años, el cambio en la relación entre el Estado y los medios y el proceso de fortalecimiento de las libertades de expresión e información se ha dado no gracias al gobierno del presidente Vicente Fox, sino a pesar de ese gobierno alternativo que generó muchas expectativas que, una a una, han ido cayendo bajo el rubro del pragmatismo y el cortoplacismo del presidente de la República.

Desde hace tiempo y hoy en día la agenda de la reforma legal en la materia sigue prácticamente vigente. El tema ha sido agenda académica en México y en los Estados Unidos. Por ejemplo, el estudio elaborado por Sallie Hughes de la Universidad de California en San Diego titulado "Government, Political Parties And The Mexican News Media: Tentative Findings About A Crucial Relationship".

Este reporte tuvo como técnica metodológica el uso de grupos de enfoque con un conjunto de comunicadores institucionales vinculados al gobierno y a los partidos políticos, quienes compartieron con la autora sus experiencias e impresiones sobre el estado de la cuestión en México. Para Hughes, la agenda del cambio democrático debía incluir:

a) Transparentar el proceso de asignación de concesiones para radio y televisión;
b) Establecer criterios para el otorgamiento de pautas publicitarias;
c) Eliminar la práctica del intercambio de dinero público a cambio de una positiva cobertura informativa;
d) Establecer una ley de acceso a la información en el ámbito federal y en el estatal; y
e) Transformar los delitos contra el honor previstos en el Código Penal y en la Ley de Imprenta que son sancionados con penas privativas de la libertad en ilícitos de naturaleza civil.


Y proponía también no legislar un código de ética para los periodistas (idea efectivamente absurda, pues la ética periodística es una potestad que sólo debe ser decidida por la propia comunidad informativa) pero sí invertir en programas educativos para los comunicadores.

El sentido de las conclusiones de la investigadora no es ajeno a nuestra realidad, ni desconocidas para los investigadores mexicanos del derecho de la información. Lo interesante del caso es la construcción de los consensos con una trascedencia internacional.

Hasta hace poco tiempo estas propuestas eran compartidas sólo por determinados sectores académicos de México y de algunos partidos de oposición, que sufrían las iniquidades e injusticias plasmadas en el régimen jurídico de la información vigente. Se pensó que con el triunfo de Vicente Fox las cosas iban a cambiar y que las propuestas tradicionales de reforma democrática (muchas de ellas, no todas) que había venido enarbolando el PAN se convertirían en norma jurídica y en norma eficaz.

No ha sido propiamente así. Hoy tenemos una Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubermental, gracias al esfuerzo de académicos, periodistas, editores y activistas sociales que pusieron entre la espada y la pared al gobierno foxista. Y fue derrotado en las negociaciones en sus aspectos centrales. En otros estados, como Sinaloa, las cosas fueron más lejos y pudo articularse una ley de acceso a la información pública más moderna y democrática. En los demás casos, el gobierno federal ha cosechado más problemas que éxitos concretos.

Formada en marzo del 2001, la mesa de diálogo sobre la legislación de los medios electrónicos en la Secretaría de Gobernación, murió hace tan sólo unas semanas por la decisión de Fox de expedir un nuevo acuerdo que modifica el autoritario impuesto en especie del 12.5 por ciento en tiempo aire para los medios electrónicos y en un nuevo reglamento sobre la Ley de Radio y Televisión que generó una sensación de agravio y desconfianza mayúscula en los distintos grupos que por más de año y medio creyeron que las cosas habrían de ser distintas.

No lo son. Por esa razón hay que insistir en la reforma democrática, ampliando la socialización de conocimiento y la formación de masa crítica sobre el tema a través de universidades, organizaciones y fundaciones. La Universidad Iberoamericana, la fundación Konrad Adenauer y la Comisión Estatal para el Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa, han puesto el acento en este quehacer fundamental para construir ciudadanía.

Por otro lado, hay que organizar a los sujetos universales de la información (personas, periodistas y medios) para articular esfuerzos legislativos exitosos. Libertad de Información-México AC (LIMAC) tiene ese propósito y es la única organización no gubernamental enfocada en los temas de monitoreo, promoción y creación de proyectos legislativos relacionados con la libertad de información que existe en México. Tiene la encomienda de ser una organización paraguas de alcance nacional. Ya se han constituido los primeros capítulos estatales.

Si bien es verdad que hay otras organizaciones que tocan alguno o algunos de esos temas, no tienen todas esas áreas como el eje de su actuación. Hay que insistir en una cuestión básica: lo que no hagan los ciudadanos organizados, jamás nadie lo va a llevar a cabo por ellos. La agenda sigue, pues, prácticamente intacta en esa ruta que habíamos creído que estaría más cerca, pero que ahora podemos documentar que el poder es el mismo independientemente del color del partido con el que se cobije.

www.limac.org.mx
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