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Con la “derecha alternativa” en el gobierno de Donald Trump, resurge con gran fuerza ideológica el supremacismo blanco, preñado de teorías conspirativas, nacionalismo, racismo, xenofobia, militarización y acción policial que pone en riesgo la estabilidad mundial

El auge de la derecha alternativa o alt-right en Estados Unidos, con planteamientos comunes al supremacismo blanco pero con nuevas formas de presentación y comunicación y presencia política, cobra vigencia desde la victoria de Donald Trump y amenaza la estabilidad global, advierten Jéssica Cohen Villaverde y José María Blanco Navarro, analistas de seguridad internacional.

Indican que la alt-right, a la que pertenece Donald Trump, se sustenta en un neoconservadurismo que rehúye de la corrección política, rechaza la diversidad y el multiculturalismo, y utiliza la propaganda como técnica de manipulación política para acusar a comunidades de negros e inmigrantes como causantes de los males de la nación y de la criminalidad.

“Al centrar su discurso político en la inmigración, dos ideas son nucleares para la derecha alternativa: los blancos no han sabido defender sus intereses y existe un complot judío. Y al discurso racista y supremacista añaden un carácter antisistema, con una amalgama de ideologías: antifeminismo, islamofobia, antisemitismo, populismo de derecha, nacionalismo blanco, nativismo”, subrayan.

Entre las características de la nueva extrema derecha, destaca su diversidad a través de una multitud de grupos; sustenta teorías de conspiración judías y comunistas en busca de un nuevo orden mundial; así como su antisocialismo, comunismo e islamofobia, como una de las más claras manifestaciones actuales.

Los investigadores del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) resaltan que la alt-right estadunidense representa una seria amenaza a la seguridad nacional, especialmente cuando el número de víctimas ocasionadas por la extrema derecha, y especialmente el supremacismo blanco en Estados Unidos, ha sido entre octubre de 2001 y 2015 superior al causado por el yihadismo.

Jéssica Cohen y José María Blanco indican que al llegar a la Casa Blanca Donald Trump hacía pública una lista de 78 atentados que, bajo su punto de vista, no habían recibido el eco mediático necesario, documento que fue catalogado de propagandístico por el New York Times en su edición del 7 de febrero, al mostrar cómo se cubrieron dichos atentados.

La lista tenía importantes errores y omisiones y no incluía ningún atentado relacionado con la extrema derecha, “algo que no puede considerarse casual ante las presuntas intenciones de Trump de centrar únicamente en el yihadismo las políticas de Countering Violent Extremism (CVE) y cambiar incluso la denominación a Combating Islamic Terrorism”, anotan los analistas.

Ideólogos, agitadores y profetas

La comunicación, a pesar del gran desarrollo de internet y las nuevas tecnologías, precisa de personas, representantes ideológicos, agitadores o profetas, subrayan los analistas del IEEE en su análisis Grupos militantes de ideología radical y carácter violento, región América.

Señalan que los principales ideólogos de la derecha alternativa de Estados Unidos constituyen una red de think tanks, cuyas publicaciones impresas y en red se dedican a elogiar y propagar la ideología racista y xenófoba del presidente Donald Trump.

Entre esos ideólogos destaca Richard B. Spencer, creador del término think tanks en 2006, una de las caras más relevantes de este movimiento y quien dirige el Instituto de Política Nacional, además de publicaciones como Alternative Right, que propaga la ideología nazi y es crítico hacia la raza judía. Spencer saltó a la fama en medios internacionales tras saludar la victoria de Trump con la frase Hail Trump, hail our people, hail victory (¡viva Trump!, ¡viva nuestra gente!, ¡viva la victoria!), respondida con el saludo fascista por sus seguidores.

Le sigue en importancia Milo Yiannopoulos, homosexual declarado pero contrario al movimiento gay, desempeña el papel de agitador en redes sociales, como troll profesional. Editor de Breitbart, fue expulsado de twitter por sus críticas a la actriz negra Leslie Jones. También carga contra los movimientos feministas mientras se confiesa seguidor de Donald Trump y del liberalismo libertario.

Steve Bannon, también miembro del equipo asesor de Donald Trump, destaca por su oposición al Islam. Su nombramiento como asesor tuvo una gran acogida por todo el movimiento supremacista. Desde 2012 dirigió Breitbart, siendo por tanto el responsable de titulares como el que en noviembre de 2015 abría su medio: Las calles de París se convierten en zona de guerra por inmigrantes violentos.

Y es que en una controvertida medida, Donald Trump le incorporó al Consejo de Seguridad Nacional, pero la oposición de los profesionales de la seguridad y su enfrentamiento con el yerno del presidente provocaron que fuera cesado del consejo.

No es el único con ideología racista y xenófoba cercana a Donald Trump. En esa categoría entraba Mike Flynn, que se vio obligado a dimitir como asesor de Seguridad Nacional tras mentir sobre sus contactos con Rusia. Defensor de la tortura, comparte una ideología similar a la de Jeff Sessions, el racista secretario de Justicia y Fiscal General.

Entre la derecha alternativa destaca también la figura de Alex Jones, a través de Infowars, como gran manipulador mediático y difusor de teorías conspiratorias. Entre ellas resalta la que situaba a Hillary Clinton y su jefe de campaña John Podesta en una red de pedofilia, en un caso que se bautizó como Pizzagate.

Recientemente ha pedido disculpas, pero sus comentarios fueron virales y llegaron incluso a ser retuiteados por Mike Flynn, en un caso que se ha convertido en un ejemplo de libro de la manipulación y de la posverdad (término acuñado en el 2016, según Oxford Dictionaries, que se refiere a la invocación a los sentimientos por encima de los datos y los hechos).

Proselitismo en universidades

La derecha alternativa también desarrolla una labor de proselitismo en las universidades para reclutar jóvenes e incorporarlos a su causa, anotan los autores del estudio Jéssica Cohen y José Luis Blanco.

El grupo más activo –dicen-, ha sido el National Youth Front, que ha visto en los campus universitarios un foco para la radicalización y el reclutamiento. “No se han limitado a la distribución de folletos o infiltración en fraternidades universitarias, sino que han llegado a la amenaza a profesores, como Lee Bebout, de la Universidad de Arizona, director de un curso sobre racismo en Estados Unidos”.

Recientemente se registró un repunte de las actividades con la difusión de panfletos en papel y venta de merchandising, de carácter supremacista, en universidades como Vanderbilt (Nashville), Central Michigan y California del Sur.

La Liga Antidifamación ha listado al menos 65 incidentes en los primeros dos meses del 2017. La distribución de folletos es una actividad económica, de bajo riesgo, pero que permite difundir el mensaje de una forma focalizada. Desde septiembre, a comienzos del curso académico, han aparecido en 66 campus de 32 estados.

Algunos de ellos incluyen discursos de Richard Spencer, y grupos como Identity Evropa, American Vanguard y American Renaissance están tras su distribución. Milo Yiannopolos, representante de la alt-right, se ha convertido en el mayor adoctrinador en campus universitarios.

En la misma línea, la actual campaña de la alt-right está llenando los campus universitarios estadounidenses con posters de contenido racista. “Esta acción está dirigida por Jared Taylor, representante de la derecha alternativa, quien facilitó para descarga un conjunto de 15 posters junto a un tutorial en video sobre la forma de difundir la propaganda sin ser detenido”.

Consecuente con la ideología que comulgan los grupos de la extrema derecha de Estados Unidos, el contenido nacionalista y proteccionista que distingue el discurso del odio de Donald Trump, “parece permear la actividad de todas las naciones del mundo”, considera el doctor en Ciencias Políticas por la UNAM, Emilio Vizarretea Rosales.

Apunta que el discurso de Trump va dirigido en contra de todo y a favor de nada, se basa en lo emotivo, carece de argumentos válidos, pretende confundir, y se apoya en la ignorancia. “Por eso se ha asociado al fascismo”.

El discurso del odio tiene una vertiente maniqueísta que distorsiona la realidad y la oculta, ataca el stablishment social y político, sin proponer nada concreto, sólo alude a que sabe lo que está mal y tiene el remedio, pero no dice cómo resolver el problema. Tiene una carga nacionalista que se vuelve  expresión xenofóbica hacia los demás países y tiende a atemorizar a los otros, pretendiendo ubicarlos del lado del eje del mal.

“Se disfraza de un discurso que pretende engatusar a las mayorías, deviene en la modalidad del discurso populista. No son sólo palabras, tiende a provocar acciones. Es un proyecto de un grupo que no quiere ser proyecto de nación. Va más allá del caso individual, de la personalidad del sujeto que lo encarna, busca compenetrar la conciencia endeble de los ciudadanos”, enfatiza.

El discurso del odio es una muestra de coraje, impotencia y tiende a ser testimonial, con una selección interesada, utiliza la imagen más que el argumento: recuperar la grandeza de Estados Unidos, cancelar el Obamacare y el TLC, beneficiar a los ricos por encima de la sociedad, construir un muro en su frontera, expulsar a migrantes supuestos, gravar con tasas impositivas altas y afectar la productividad de empresas norteamericanas en el exterior y de productos de importación.

Así, dice el doctor Vizarretea Rosales, Donald Trump, partidario de la incertidumbre y confusión, deja un mal sabor discursivo frente a ubicar quién podría ser el enemigo, ya sean mexicanos, latinos, negros, mujeres, empresarios ajenos a su idea de nacionalismo, el TLC, los supuestos y futuros aliados internacionales y todos aquéllos que no comulgan con su rosario de extravagantes ideas.

Los señores de la guerra

A los Think Thanks de Trump se suma el grupo selecto de militares de la derecha alternativa vinculados a la industria de la guerra, el petróleo y los bancos, que integran el gabinete del magnate venido a presidente de  Estados Unidos, quien ha dejado claro que mantendrá una férrea disciplina en seguridad y defensa nacional, para que el país mantenga su liderazgo frente a amenazas que no pudieron ser aniquiladas por Barack Omaba.

Y es que el multimillonario tiene el gran reto de asegurar el crecimiento sostenido de empresas de la industria militar estadunidense en los últimos años, y de donde provienen los avances más significativos de su propia revolución industrial, señala el doctor Arturo Ponce Urquiza, del Centro de Estudios Superiores Navales (Cesnav).

En ese sentido, agrega que en 2016 empresas como Lockhead Martin, que obtuvo ganancias por 40.5 billones de dólares; Boeing (29.6 bdd), United Technologies (57.2 bdd); Textron (3.8 bdd); Raytheon (27.8 bdd), Northrop Grumnan´s (24.5 bdd); y L3 Technologies (cerró su año fiscal con 10.51 bdd), “se están volviendo un puntal en las políticas de crecimiento para la administración Trump”.

Estos datos son significativos, anota el experto del Cesnav,  quien señala que el clima de conflictividad que existe en nuestros días en diversas regiones del mundo obliga a reflexionar el porqué de las decisiones en la configuración del gabinete presidencial de Donald Trump.

Así, dice, mientras que Obama tuvo el 4 por ciento de exmilitares en su gabinete, para el presidente Trump los exmilitares significan el 9 por ciento de su equipo de trabajo, entre los que figuran el general retirado John Kelly al frente de la Seguridad Interior; en el Departamento de Defensa el general James Mattis, mejor conocido como  perro loco.

Mike Pompeo, egresado de West Point, excongresista y empresario de la industria militar aérea, a través de la compañía Thayer Aerospace, como director de la CIA. Además, como jefe del Estado Mayor Conjunto se mantiene el general del Cuerpo de Marines, Joseph Dunford, quien fue educado en la Universidad Jesuita de Georgetown y en el Army War College, además de haber servido con el propio Mattis.

“Estos son los hombres claves de la administración Trump, a los que se suman Rudolf Giulani, al frente de la ciberseguridad de EU; Reince Priebus, como jefe de Gabinete; Steve Mnuchin, proveniente de Goldman Sachs, y Rex Tillerson, exdirector ejecutivo de Exxon Mobil Corporation”.

La mayoría de estos personajes, detalla el doctor Ponce Urquiza, están íntimamente ligados a tres industrias fundamentales de la economía de Estados Unidos: militar, petrolera y bancaria, para reconstruir lo que Trump llama la grandeza de Estados Unidos.

El analista del Cesnav considera que tales hechos configuran la hoja de ruta de la era Trump, pues además de prohibir el ingreso de migrantes musulmanes para cerrarle el paso a factibles intentos de amenazas terroristas, ha ordenado revisar la capacidad nuclear de Estados Unidos e identificar si está actualizada para hacerle frente a otras potencias nucleares ante una eventual confrontación.

Punto toral de las decisiones ejecutivas de Donald Trump tiene que ver también con la redefinición del papel del sistema financiero de Estados Unidos frente al crecimiento de otras naciones, explica el doctor Ponce Urquiza, quien anota los siguientes datos que dan una idea de lo que está aconteciendo en este sector de la economía estadounidense:

Como se puede apreciar, dice, los bancos estadounidenses enfrentan una importante presión por parte de la competencia china y europea, no obstante que al cierre del año pasado Wells Fargo se encuentra a la delantera pero por muy poco margen.

Agrega que de los principales bancos globales, cuatro son estadounidenses, cuatro de China, uno de Australia y uno del Reino Unido, el HSBC, pero que tiene dos matrices, una en Londres y otra en Hong Kong, lo que lo pone en la condición de que una parte de su capital puede ser controlada o vigilada por el gobierno de Beijing por medio de sus representantes en Hong Kong.

“De tal forma que esto pone en riesgo la capacidad de liderazgo de la banca estadounidense y más por la serie de deterioros que se han observado en este siglo a causa de la quiebra de Lehman Brothers y que demostraron cierto grado de vulnerabilidad de Wall Street frente a los retos del crecimiento interno y la presión de Europa, pero sobre todo de China que ha sabido posicionarse a través de su banca de inversión, desarrollo y múltiple en  Europa, Medio Oriente, África y Sudamérica”, subraya el analista del Cesnav.

El devenir del movimiento supremacista

Los analistas del IEEE, Jéssica Cohen y José Luis Blanco, estiman que el supremacismo blanco de la era Trump se perfila como un potenciador para el resurgimiento de la radicalización y reclutamiento ligado a grupos de extrema derecha.

En el aspecto político, prevén la proliferación de conflictos de bajo nivel locales y regionales, pero con movilizaciones internacionales, vinculados a nacionalidades determinadas o religiones; crecimiento en la presencia política de movimientos populistas de extrema derecha y su vinculación con el ejército o cuerpos policiales.

Un mundo sin liderazgo incapaz de frenar los conflictos y atender las amenazas del Siglo XXI; pérdida de confianza en las instituciones públicas; crecimiento de movimientos antigubernamentales; reacción contra el salafismo; antisemitismo creciente; reacción a políticas de liberalización del aborto o el matrimonio homosexual, el incremento de la protesta social ante asesinatos policiales.

Entre los factores económicos por venir, reseñan crisis económicas, desempleo, especialmente juvenil y padres de familia, desigualdad; pérdida del nivel económico de las clases medias; narrativas de empleo ocupado por extranjeros, que disminuye la disponibilidad de trabajo para los nacionales.

En materia social: migraciones persistentes que pueden generar polarización social, conflictos étnicos y religiosos; mayor presión del sistema de asistencia social; proceso de urbanización imparable, surgimiento de guetos urbanos, potenciados por factores como la desigualdad, desempleo y actitudes racistas y xenófobas, y  mayor empoderamiento individual que potencia el internet y las redes sociales, que favorecen la posibilidad de actores terroristas individuales.

Finalmente, los factores tecnológicos: la interconexión, que facilita la información y la comunicación, así como la creación de redes internacionales; y tecnologías que pueden ser utilizadas con fines criminales, como drones, impresoras 3D, robótica.

Todos estos factores, concluyen en su análisis los especialistas del IEEE, “pudieran apuntar a un incremento de extremismos, conflictos urbanos, de polarización social, de alianzas difusas entre grupos no estatales, a un desarrollo del terrorismo autóctono e individual, a un fortalecimiento de redes internacionales y a un efecto copycat (crimen de imitación) a la hora de adoptar nuevos modus operandi”.

José Réyez/segunda parte

Contralínea 549 / del 24 al 30 de Julio de 2017

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