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Más de 200 personas defensoras de la tierra fueron asesinadas en el mundo, durante el año pasado, reveló el informe Defender la Tierra. Asesinatos globales de defensores/as de la Tierra y el Medio Ambiente, elaborado por la organización internacional Global Witness.

Entre las víctimas aparecen los mexicanos: el biólogo sinaloense Alejandro Nolasco Orta, el maestro oaxaqueño Baldomero Enríquez Santiago y el locutor de la radio comunitaria mixteca ñuu savi Salvador Olmos García.

El informe de la organización internacional indica que los ataques contra estas personas va a la alza, ya que en 2015 fueron registrados 185 personas, en 16 países; en tanto que para 2016 más hubieron más de 200 atentados en 24 naciones. Documenta, por ejemplo, “que los asesinatos se han triplicado en India, mientras que la brutalidad policial y la represión estatal hacia activistas empeora. América Latina se mantiene como la región más afectada, con el 60 por ciento de las muertes”.

“Estos hallazgos cuentan una historia macabra. La lucha por proteger el planeta se intensifica rápidamente y el costo puede ser cuantificado en vidas humanas. Más personas en más países están quedando sin más opción que plantarse en contra del robo de sus tierras o de la erosión de su medio ambiente. Muy a menudo son brutalmente silenciadas por las élites políticas y empresariales, mientras los inversionistas que las financian no hacen nada”, expresó Ben Leather, encargado de campañas de Global Witness.

El informe indica que casi el 40 por ciento de las personas asesinadas eran indígenas, “ya que las tierras que han habitado por generaciones son robadas por empresas, terratenientes o actores estatales. Usualmente los proyectos se imponen a las comunidades sin su consentimiento libre, previo e informado, respaldados por la fuerza, pues se sospecha que la policía y los soldados son autores de, al menos, 43 asesinatos. La protesta suele ser el único recurso que se deja a las comunidades que ejercen su derecho a opinar sobre el uso de sus tierras y recursos naturales, enfrentándolas con quienes buscan obtener beneficios a cualquier costo”.

Entre los hallazgos de Global Witness se encuentran:

La minería es la industria más sangrienta, con al menos 33 asesinatos vinculados al sector. Los asesinatos vinculados a las empresas madereras aumentaron de 15 a 23 en un año, mientras que hubo 23 asesinatos relacionados con proyectos de agronegocios.

Brasil se mantiene como el país más mortífero según el número de muertes (49), mientras que Nicaragua (11) es el peor lugar per cápita. Durante la última década, Honduras se mantiene como el lugar más peligroso per cápita (127 desde 2007).

Los homicidios registrados alcanzaron un máximo histórico en Colombia (37), ya que las áreas que previamente estaban bajo control guerrillero ahora son observadas con codicia por compañías extractivas y paramilitares. Las comunidades desplazadas que regresan son atacadas por recuperar tierras que les fueron robadas durante el largo conflicto armado que vivió el país.

Los asesinatos en India se han triplicado a medida que empeora la brutalidad policial y la represión de protestas pacíficas. En 2016 se registraron 16 asesinatos, en su mayoría vinculados a proyectos mineros.

Proteger parques nacionales es más peligroso que nunca, con gran cantidad de guardaparques asesinados en África. En 2016 hubo 9 asesinatos confirmados de guardaparques en la República Democrática del Congo.

Una industria minera voraz hace que Filipinas destaque por las muertes en Asia, con 28 asesinatos registrados.

Érika Ramírez

 

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