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Es clásica la burla en redes sociales a quienes llevan a esas plataformas críticas a los gobiernos, reclamos ante injusticias y organización de protestas. Es algo inútil, dicen quienes las descalifican.

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Pero hay a quien le preocupa, el gobierno. Si la reacción de los usuarios de redes sociales no fuera importante, si el que la gente en el país o en otros lugares del mundo se enterara de esos eventos no fuera importante, el gobierno no gastaría millones de pesos en contratos con empresas que utilizan bots o cuentas falsas para anular los trending topics de Twitter.

Todos conocemos personas que no leen periódicos o dicen no ver noticiarios porque no quieren exponerse, ni a sus hijos, a la violencia y malas noticias que ahí se ventilan, pero terminan enterándose gracias a sus contactos en las redes sociales.

Los usuarios de redes sociales, como Facebook o Twitter, reciben varias notificaciones a lo largo del día de que sus contactos apoyaron una causa o compartieron una fotografía de una marcha de protesta; también de que retuitean frases de reclamo ante una injusticia en algún pueblo lejano de México, donde se quejan porque los quieren despojar de sus recursos y arruinarles su forma de vida para construir algún megaproyecto –como las presas–, además de ofrecerles una cantidad ridícula e indignante como compensación; lugares donde quizá es el propio gobierno el que pretende desviar el río para alimentar a una ciudad cercana sin importar lo que le suceda a las comunidades que dependen de él, como en el caso del Río Yaqui, en Sonora.  Quizá es la creación de alguna nueva policía comunitaria que surge como consecuencia del crimen que las autoridades se niegan a enfrentar.

Este tipo de comunicación muestra una realidad cruel y violenta a los usuarios de las redes, desconocida quienes viven en la relativa comodidad de las ciudades y que no suelen consultar fuentes periodísticas. Así, gracias a sus contactos que publican contenidos sociales y de reclamo, se dan una idea más general de lo que pasa en el país y en el mundo.

Aunque muchos piensan que quienes comparten información en sus redes sociales están jugando a hacer ciberactivismo, el sacar a la luz pública la triste realidad de los países sí es útil para la búsqueda del cambio social. Una sociedad conectada está más expuesta a ideales de otros, a la oposición, a la lucha de derechos”

Una sociedad conectada está más expuesta a ideales de otros, a la oposición, a la lucha de derechos, quizá a la de sus propios derechos.

Lo curioso es que muchas personas se ponen del lado del gobierno a pesar de que éste los tiene hundidos: critican a los que piden cambios, quizá por ignorancia o por la inercia derivada de los medios y contenidos que consumen y que han logrado ese rechazo automático a quienes proponen un cambio. Y es que antes de la existencia de las redes sociales y de la alta conectividad, podían pasar días o semanas para que la gente se enterara de hechos de relevancia nacional, como la matanza de estudiantes en Tlatelolco, en 1968; un caso en el que, por cierto, al dar noticia de éste los medios replicaron la posición del gobierno: todo fue ocultado y después manipulado por la prensa de la época, sobre todo por Jacobo Zabludobsky en Televisa.

Ese ejemplo sirve para evidenciar la manipulación de la información: sobre las manifestaciones, la prensa aseguraba que asistía un número muy menor de asistentes al que en realidad protestaba; en televisión, se seleccionaban las imágenes que apoyaban esa cifra. Casi no había cobertura en vivo para evitar que su versión se saliera de control y, como a la fecha se hace en los reportes de tráfico vehicular en radio, se omiten los datos sobre el grupo que se manifiesta, así como sus reclamos. Se trata de ocultar esa parte incómoda de la ciudad, los que reclaman, los inconformes.

Las dictaduras, los gobiernos títeres y las grandes democracias temen por igual a las sociedades enteradas, conectadas, activas y conscientes de sus derechos.

Hoy, con los teléfonos inteligentes y el uso de las redes sociales, los mismos asistentes realizan una cobertura en vivo, con transmisión de videos y fotografías desde sus cuentas personales, lo que permite ver las manifestaciones desde todos los aspectos. Quienes reciben esa información vía Facebook, Twitter, Instagram, etcétera, pueden dar clic en “me gusta”, compartirla con sus contactos y poco a poco se convierte en masivo. En Twitter llega a convertirse en trending topic o tema de gran importancia y con espacio destacado en dicha red social. Así, en todo el mundo se pueden enterar de los reclamos de una sociedad inconforme, y acceder a una cantidad de imágenes y videos que dan cuenta de ello y que no pueden ser desestimados.

Aunque muchas personas dicen que quienes están sentados en sus casas compartiendo este tipo de información en sus redes sociales están jugando a hacer ciberactivismo, o los descalifican con motes como el de activistas de sillón, el sacar a la luz pública la triste realidad de los países sí es útil. Ayudar a difundir hechos de interés público es muy valioso. Finalmente, es mejor compartir esos hechos en las redes sociales que burlarse y criticar a quienes lo hacen, para convertirse así en defensores de gobiernos abusivos, pues el pueblo es el que siempre termina afectado.

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: Sociedad Beta]

Contralínea 481 / del 28 de Marzo al 02 de Abril, 2016

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