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I. Nunca pensé que podría dar crédito a la teoría de la reencarnación, con todo y que es una teoría metafísica-religiosa, como uno de sus expositores, Michel Delahoutre, explica en el Diccionario de las Religiones (coordinado por Paul Poupard, editorial Herder). Es una creencia según la cual el alma o el elemento síquico, o el cuerpo sutil, se dota, en cada una de sus existencias sucesivas, de un cuerpo diferente en el que reencarna. Atentos al precandidato republicano (el PAN de allá, o algo parecido), el millonario de la construcción: Donald Trump, con sus locuras ideológicas, sus poses y la obsesión de levantar un muro en la frontera con nuestro país si llega a la presidencia, para hacer de su búnker una copia del que tuvo Hitler en Berlín, como nos cuenta John Keegan, en uno de los ensayos de su libro: La máscara del mando. Éste es un individuo peligroso, con su obsesión –diferente de la ambición política– de lograr el poder por el poder presidencial estadunidense, pues quiere hacer de su país un bunker y él asumirse como führer, por el odio a los pueblos latinoamericanos.

 

II. Somos sus judíos. Y el muro es para aislarse, lo cual es una locura para el mismo capitalismo si es que los flujos de capital han de circular, más de allá para acá; a menos que otro de sus propósitos sea el de terminar con el neoliberalismo económico. Evangelista, por eso le dijeron que no es cristiano lo del muro, a menos que esté pensando en desatar la tercera (y última) guerra mundial que si es a la manera hitleriana, de antemano está derrotado. Su obcecación por el muro es, como la de Hitler, de “cómo ejercer el alto mando… dentro de los muros de una ciudad prohibida, pues le tenía fobia el mundo exterior”. Trump debe ser lector de la biblia nazi: Mi lucha, y por eso delira cada vez más y, como Hitler, usa “una máscara de falso heroísmo”. Si la logra, la candidatura republicana por la extrema derecha de ese partido, será derrotado en las urnas por los ciudadanos de la clase media, trabajadores y latinoamericanos, porque su nazismo no encaja en un país donde se sacudieron el macartismo que puso en peligro a la democracia estadunidense.

 

III. Realmente no quiere ser presidente para ocupar la Casa Blanca (de allá, no la de Angélica Rivera). Su finalidad es que lo contraten para construir el muro fronterizo del que tanto alardea. Su ira contra México es como la que Hitler le tenía a Inglaterra; y supone que su estrategia electorera lo llevará a la sucesión de Obama. Pero aunque lograra la candidatura no podrá superar al partido demócrata. La reencarnación de Hitler en Trump no garantiza que los estadunidenses le permitan realizar su obsesión para separar a su país del continente, ya que geopolíticamente es imposible, en el contexto de la globalización económica en la que pescan los comerciantes; y quienes miran con desconfianza al republicano. Hasta el papa, que no es economista, le espetó que mejor construya puentes y se deje de estupideces políticas. No falta mucho para el desenlace electoral, donde participa la reencarnación de Hitler.

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