Protección a desgobernadores

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I. La falsa discusión, en el “teatro de las disputas sin término”, ha sido si el troglodita desgobernador Javier Duarte de Ochoa estaba o no en un restaurante del puerto de Veracruz cuando un grupo de jubilados, a quienes no quiere pagar lo que se les debe, le gritó: “¡ratero… fuera!” (Ernesto Gómez, La Jornada, 23 de febrero de 2016). Pero ya sea ausente o con toda su gordura presente en el lugar, ya es hora de que demanden su renuncia para que ante los tribunales responda de los delitos que se le imputan; y de resultar culpable, sancionarlo. Ha sido un funcionario abusivo más allá de sus facultades, y ha dejado a la entidad en manos de narcotraficantes, secuestradores, homicidas que la tienen en la total ingobernabilidad. Duarte es el más responsable de lo que pasa en Veracruz, e inexplicablemente el Senado no ha decretado la desaparición de poderes para hacer a un lado al desgobernador de marras. Si estaba o no en el famoso café de La Parroquia, no tiene relevancia; lo que sí, es que los ciudadanos del estado, al menos a través de los pensionados, se hayan atrevido a manifestar que lo repudian y que aunque está a meses de irse, cuanto antes mejor.

ConjeturasII. Pero durante más de 5 años, Duarte ha sido protegido, no obstante su mala administración, en complicidad con los diputados locales, los 15 homicidios de periodistas, la desaparición de cinco estudiantes en Tierra Blanca, los feminicidios, asaltos cotidianos y la violencia criminal que Duarte, cínicamente, niega. Lleva Veracruz 2 sexenios en manos de Fidel Herrera y ese Duarte, sin que ninguno haya sido puesto ante el ministerio público. A Herrera lo premiaron con un consulado. A Duarte tal vez con una embajada. En el reportaje: El Veracruz de Duarte, tumba para periodistas de Noé Zavaleta (Proceso, 27 de diciembre de 2015), se detallan esos hechos que el Senado y el gobierno federal han ignorado. La población está harta de la ingobernabilidad y corrupción del desgobernador Duarte, por la que debe ser destituido y presentado para ser juzgado por la lista de abusos que tiene en su haber.

III. Y hablando de desgobernadores, la sangrienta matanza de 49 internos de la cárcel de Topo Chico, en la Capital de Nuevo León, para cuya barbarie demanda la Organización de las Naciones Unidas (ONU) una investigación, fue la prueba de fuego de Jaime Rodríguez Calderón, alias el Bronco, quien a la defensiva se disculpó de la masacre; pero demostró que no está al tanto de lo que pasa en la entidad que parece que empieza a desgobernar. No hay indicios de que la administración que preside haya cambiado en algo. Es más de lo mismo. Y los que por él votaron empiezan a sospechar que no es consecuente con lo que parecía. Salvador Camarena (El Financiero, 16 de enero de 2016) titula su artículo “El Bronco, a la lona en el primer round”. Y es que se supo que el penal era una casa de privilegios para los narcos con televisores y casino; y las familias de los demás presos debían de pagar para que no los golpearan. Pero Rodríguez Calderón nada sabía, hasta que estalló la riña donde murieron 49 presos. El ya desgobernador fue sorprendido por la sangrienta batalla, en una cárcel bajo el mando de las pandillas y sus sicarios.

Jueves, 03 de Marzo 2016

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