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I. Pueden venir más papas para poner el dedo en las llagas de las injusticias. Redactar una nueva Constitución, claro está: democrática y republicana, para restablecer los derechos humanos. Puede y debe el pueblo insistir en reivindicar esos derechos mediante sus respectivas garantías. Pero mientras los gobernantes no dejen de controlar autoritariamente la democracia representativa y la directa, ese mal gobierno mantendrá su poder autocrítico hasta que las protestas y revueltas no se conviertan en revoluciones, o que sean de tal magnitud las demandas populares que provoquen la caída de esos gobernantes. Así que las injusticias seguirán con cambios de maquillaje, de escenarios “para que todo permanezca igual” o peor. Pueden los gobernantes confesar sus pecados y comulgar si son católicos, o realizar otros actos religiosos conforme a sus credos; pero nada cambia el ejercicio del poder del Estado. Cualquiera que sea el partido político que gobierne, los resultados son cada vez peores y la Nación está pagando el precio del desastre.

ConjeturasII. Tras la matanza de 49 reos en la cárcel de Topo Chico, ha vuelto la discusión de esos centros controlados por las pandillas. De entre los privados de su libertad hay cientos de miles que tienen años sin recibir sentencia. Mientras el Artículo 14 constitucional dice que nadie podrá ser privado de su libertad, sino mediante juicio ante los tribunales y conforme a las leyes. Sin embargo, miles de mexicanos que se robaron cualquier cosa o cometieron delitos menores han pasado años tras las rejas… sin una sentencia. Esto es una injusticia propiciada por los malos gobernantes, y un sistema carcelario que permite fugas y privilegios a cambio de sobornos. Le introducen cambios a la Constitución para beneficiar a los gobernantes en turno y facilitarles, legalmente aunque sin legitimidad, robar y modificar sus fines para posponer la solución a los problemas. Y que todo siga igual en cuanto a las injusticias.

III. Pero éstas no tocan a los integrantes de la Suprema Corte que se quedan con el dinero que les sobra en lugar de devolverlo a la Tesorería de la Federación. Lo cual pasa también en las secretarías del despacho presidencial, en Petróleos Mexicanos (Pemex) y las demás instituciones. Y es que los 11 ministros de la Corte que pasan por honrados, justos e incorruptibles cuentan con casi 4 mil millones de pesos para usarlos en darse más aguinaldos, pensiones complementarias y pago de seguros médicos. Y como no hay una instancia superior a ellos, gozan de total impunidad. Mientras el pueblo sufre las consecuencias de las injusticias de esa misma Suprema Corte. Y es que a cambio de sus complicidades se les permite la corrupción de los fideicomisos para aparentar no robarse ese dinero, como acaba de reportar la Auditoría Superior de la Federación. En un sistema donde se manejan los dineros del pueblo que se muere de hambre, que padece injusticias y desempleo, los once ministros de la Corte tienen seis fideicomisos millonarios para enriquecer sus bolsillos. A sus uniformes para sesionar, les falta el antifaz.

Miércoles, 02 de Marzo 2016

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