Pemex, a venta de garaje

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I. Aprovechando los factores de distracción, la pasividad alerta del pueblo, las complicidades de la élite política y el visto bueno del poder económico empresarial que va tras el botín petrolero, entre golpes de pecho, misa y comulgar, Peña ha dado otro viraje más en sus temerarios cambios al servicio del neoliberalismo económico, prosiguiendo con la privatización del patrimonio nacional. Es el caso de Petróleos Mexicanos (Pemex), la emblemática industria que fue saqueada desde la presidencia de Miguel Alemán para satisfacer el gasto de los grandes sueldos, la corrupción de su sindicato encabezado por Romero Deschamps, y el enriquecimiento de la clase política desde 1946, hasta hundir a la empresa –patrimonio nacional– y ponerla a remate (Israel Rodríguez, La Jornada, 14 de febrero de 2016). Mientras Susana González nos informa que las entidades con economías vinculadas a la industria petrolera, como Campeche, Tabasco y Veracruz, también están en la quiebra por el desempleo ligado al desastre de Pemex.

 

II. Del Pemex por el que luchó la nación en 1938, sólo quedan en pie algunas plataformas (la mayoría de propiedad privada) y los rótulos de la empresa que desmantelarán en lo que resta del sexenio peñista, para dejar al pueblo en el desamparo total de lo que fue su participación económica en el libre mercado, que ayudó a reducir las embestidas del capitalismo dentro de una economía mixta. La intervención de la política económica pública ha dejado de existir. Estamos en manos de banqueros voraces en transición a una economía totalmente privada, que vendió al mejor postor los pozos petroleros aunque está paralizada la explotación por la crisis del precio del petróleo. Y como el presidencialismo peñista insiste en su programa financiero-capitalista, le ha entregado Pemex a Videgaray para liquidarla despidiendo a 15 mil trabajadores, como parte del “ajuste” y la “austeridad” que pagará el pueblo con más desempleo.

 

III. Éste fue uno de los relevos que realizó Peña… ¿para que todo siga igual? González Anaya (con relaciones familiares-políticas con Carlos Salinas. Julio Hernández López, La Jornada, 9 de febrero de 2016), del Instituto mexicano del Seguro Social (IMSS) se fue a Pemex con la misión de acabar de hundir la nave que simbolizaba la Expropiación Petrolera de 1938. Los otros cambios son: el de Cofepris al IMSS. Lozoya a la banca, porque su peñismo le servirá para otro cargo. Y Mercedes Juan a un consulado, tras unos días en su casa. Los médicos Graue a la UNAM; De la Fuente al Constituyente y Narro a Salud. Mikel Arriola de los laboratorios farmacéuticos al IMSS, para facilitar el negocio para el abasto de medicinas al precio que sea. Si con ellos todo sigue igual, en nada se favorece al país; y si empeora, al peñismo lo tiene sin cuidado. De todas maneras la conducción del gobierno va al despeñadero, porque no hay altura de miras, dado que no es un buen gobierno republicano. En la cúpula del presidencialismo no hay conciencia de la crisis que ya agobia a los mexicanos. Y sólo exclamarán: ¡misión cumplida”, al precipitar la quiebra de Pemex y echar a la calle a sus trabajadores; pero no tocarán al nefasto Romero Deschamps y su mafia.

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