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Son 13 los efectivos de las Fuerzas Armadas Mexicanas actualmente desplegados en las Operaciones de Paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Se trata de ocho soldados del Ejército Mexicano y cinco marinos de la Armada de México. No van con arma de cargo ni con tanques, aeronaves o cualquier otro tipo de vehículos, embarcaciones o armamento mexicanos para cumplir las funciones que les han asignado. Están distribuidos en tres misiones de la ONU: para el Referéndum del Sahara Occidental (Minurso); de Estabilización en Haití (Minusstah) y Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en Líbano (Unifil).

conflictos-internacionales-300De la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) –mediante la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública– nos informan que por parte del Ejército Mexicano van seis mayores, un sargento y un capitán. La Secretaría de Marina (Semar), por su parte, nos responde que ha enviado a tres capitanes de fragata, un capitán de corbeta y un teniente de navío.

Son cuatro los efectivos enviados específicamente al Sahara. Los del Ejército Mexicano son tres mayores que cumplen con la función de “observadores militares”. La Armada de México envió a un capitán de fragata, quien también tiene la función de “observador militar”.

Cabe recordar que la Minurso está vigente desde el 29 de abril de 1991. Fue resultado de la Resolución 690 del Consejo de Seguridad para mantener la paz en el pueblo del Sahara Occidental, reclamado por Marruecos pero con un movimiento independentista fuerte: el Frente Popular para la Liberación de Saguía el-Hamra y de Río de Oro. El conflicto está empantanado pues, a pesar de que están a punto de cumplirse 25 años de que se estableció la misión de la ONU, no se ha logrado la celebración del referéndum con el cual los saharianos de Occidente decidirían entre incorporarse a Marruecos o construir una nación independiente.

Los cuatro militares mexicanos se han sumado a los 210 efectivos desplegados en la zona procedentes de 31 países. Están a las órdenes del general de división pakistaní Muhammad Tayyab Azam, comandante de la Fuerza (la jefatura civil está a cargo de la canadiense Kim Bolduc).

En casi 5 lustros la Minurso ha sufrido 15 bajas: cinco soldados; un policía; un observador militar; tres civiles internacionales, y cinco civiles locales.

Con respecto de los efectivos mexicanos enviados a Haití, se trata de tres mayores y un sargento primero del Ejército; y un capitán de fragata, un teniente de navío y un capitán de corbeta de la Armada. En la Minusstah, dos mayores se desempeñan como “oficiales de Estado Mayor” y uno como “especialista en comunicaciones”. La función del sargento primero es de “auxiliar”. Además el capitán de fragata y el teniente de navío se desempeñan como oficiales de Estado Mayor (“asesoría y planteamiento”, especifica el documento obtenido de la Semar) y el capitán de corbeta como “auxiliar de la Sección de Operaciones de la Planta Mayor del Batallón de Chile”.

Los siete efectivos mexicanos se suman a los 2 mil 334 militares procedentes de 18 países. Están bajo el mando del teniente general brasileño Ajax Porto Pinheiro, comandante de la Fuerza. En el plano civil, la jefatura recae en la trinitaria Sandra Honoré y el estadunidense Carl Alexandre.

Por parte del Ejército van seis mayores, un sargento y un capitán, y por parte de la Semar, tres capitanes de fragata, un capitán de corbeta y un teniente de navío”

Luego de años de guerra civil y desastres naturales, el Consejo de Seguridad de la ONU emitió el 1 de junio de 2004 la Resolución S/RES/1542. Los hechos de violencia y las catástrofes siguieron suscitándose. La misión en Haití es ayudar al gobierno de transición a establecer un entorno seguro y estable; ayudar en la supervisión, reestructuración y reforma de la Policía Nacional de Haití; y, entre otros objetivos, prestar asistencia mediante programas integrales y a largo plazo de desarme, desmovilización y reinserción.

La Minusstah ha padecido 181 bajas: 68 efectivos militares; 34 agentes de policía; 43 personal civil internacional; 30 personal civil local y 6 más de apoyo.

Por su parte, la operación de la Unifil –que data de marzo de 1978 pero cuyo mandato se ha modificado en 1982 y 2000– tiene como propósitos confirmar la retirada de Israel del Líbano, restaurar la paz y la seguridad internacionales y ayudar al gobierno del Líbano para que restablezca su autoridad efectiva en la zona; además de, entre otros, supervisar el cese de las hostilidades; acompañar y apoyar a las Fuerzas Armadas del Líbano durante su despliegue en el Líbano Meridional. Según la Resolución 2236 del Consejo de Seguridad de la ONU, la autorización vigente finaliza el 31 de agosto de este año. Todo indica que tendrá que prorrogase por más tiempo, pues las disputas no tienen para cuando acabar.

Se trata del conflicto internacional más complejo en el que el México y sus Fuerzas Armadas se han metido. Sólo se han enviado a dos efectivos: un capitán primero del Ejército, que se desempeña en la zona de conflicto como “oficial de Estado Mayor”, y un capitán de fragata de la Armada que se desempeña como director de Proyectos de Asuntos Civiles del Contingente Español de la Brigada Multinacional Este, desplegado en el Sur de Líbano.

Están bajo las órdenes del general mayor italiano Luciano Portolano, quien es el jefe de la Misión y comandante de la Fuerza. No hay autoridad civil responsable.

Los efectivos mexicanos se suman a los 10 mil 410 militares procedentes de 38 naciones. La misión es una de las vigentes que más vidas ha cobrado de cascos azules: 308 en total (291 soldados, dos observadores militares, ocho civiles internacionales y siete 7 civiles locales).

En entregas anteriores nos habíamos referido ya a los riesgos del involucramiento de México, como nación, en conflictos internacionales y a las escasas oportunidades objetivas de incidir en la paz mundial y el diseño de la agenda internacional. Nunca hemos sabido la posición de las Fuerzas Armadas al respecto, quienes sólo acatan la instrucción del poder civil.

El Plan Militar de Defensa Nacional Conjunto, del que hemos dado cuenta en estas páginas, señala claramente que “una guerra para México sólo podrá ser en defensa de nuestro propio territorio e impuesta por un caso de agresión”. Esperemos que esta posición se mantenga vigente y que la “activa” participación de México no nos arrastre como país a aventuras bélicas de las potencias internacionales, los verdaderos mandamases que distribuyen guerra y “paz” en el mundo según sus intereses.

Zósimo Camacho

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: ZONA CERO]

Contralínea 476/ del 22 al 27 de Febrero 2016

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