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I. En la Unidad Azcapotzalco, de la Universidad Autónoma Metropolitana, del 18 al 21 de octubre de este año, tendrá lugar el Primer Congreso Nacional de Estudios de los Movimientos Sociales en nuestro país. Y es que desde la alternancia en el poder presidencial, se ha generado “una efervescencia social que se refleja en la expansión de los movimientos ciudadanos y políticos”. Por medio de 13 ejes temáticos sobre identidad, cultura, democracia, violencia, criminalización de la protesta social, etcétera, ciudadanos y académicos discutirán esos temas con la presentación de libros como: La manifestación, cuando la acción colectiva toma las calles (Danielle Tartakowsky y Olivier Fillieule); Resistencias mundiales: de Seattle a Porto Alegre (compiladores: José Seoane y Emilio Taddei); El poder en movimiento: los movimientos sociales, la acción colectiva y la política (Sidney Tarrow); junto con los libros que se vayan proponiendo y los que resulten de los trabajos del mismo Congreso.

 

II. Analizar en un Congreso abierto los movimientos sociales para reivindicar derechos, expresar opiniones, criticar y protestar para que se entere la mayor parte de la sociedad, es una de las finalidades de esa reunión, para actualizar las propuestas, motivar el debate y exponer puntos de vista y teorías de los movimientos sociales en México con perspectiva mundial, para convenir en los factores comunes de esas luchas pacíficas. Nacido de la Red Mexicana de Estudios de los Movimientos Sociales, tal Congreso se organizará desde febrero para rematar del 18 al 21 de octubre, en La Casa Abierta al Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana. También servirá para explorar la dinámica de la praxis social de esos fenómenos que han activado la participación en las situaciones que afectan y movilizan a la sociedad, cuestionando a la democracia representativa y manteniendo encendida la llama de las inconformidades sociales.

 

III. Afortunadamente en el país tenemos esa clase de movimientos que ahora encabezan los familiares de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos; que es un decir, porque esos estudiantes, como los cinco 5 de Veracruz, fueron entregados a la delincuencia por policías y militares a cambio de sobornos millonarios en los que toman parte los desgobernadores y otros funcionarios, en una complicidad que no combate a fondo al narcotráfico porque ayuda a la clase política al intimidar al pueblo. Lo de Ayotzinapa es lo más representativo del malestar social que sacude a la nación para que se mantenga activa contra el incumplimiento de los gobernantes que no resuelven problemas y sólo extraen beneficios particulares esperando terminar sus períodos para irse impunemente a vivir de lo que robaron y obtuvieron del tráfico de influencias. Los funcionarios suponen que “aquí no pasa nada”, pero ignoran que se ha acumulado el descontento a la par de la pobreza y el desempleo en un clima de sangrienta inseguridad. Las protestas por esos 43 jóvenes son una oxigenación a la democracia directa y se multiplican por todo el territorio como la vanguardia del drama de esos mexicanos, que incluso a riesgo de sus vidas, no se rendirán.

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