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No es el tercer año, sino los 2 anteriores de este sexenio –al que desgraciadamente le falta la mitad– los que han mostrado que el peñismo no ha sabido resolver los problemas de su competencia. Ha sido éste un mal gobierno. Y no porque los anteriores hayan sido mejores. Nada de eso, pero lo que está en cuestión es el presente, que de esto trata la política responsable. En todos los frentes de sus obligaciones, Enrique Peña y su grupo han resultado ineficaces. Se agudizan esos problemas. La pobreza aumenta y ya debe haber más de 55 millones que, con comedores dizque gratuitos que no atienden ni a 2 millones de mexicanos necesitados, busca el peñismo paliar el hambre. Y todo porque crece el desempleo, al no saber Peña cómo convencer a los empresarios para que su capitalismo genere ocupación.

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También las obras públicas, bienes y servicios han disminuido, mientras el sector público federal ha estado muy activo con los despidos: el peñismo tampoco supo mantener el crecimiento en un 2 por ciento; y si acaso sólo hemos crecido 1 por ciento, en un contexto de abaratamiento mundial del petróleo, y un pésimo manejo de Petróleos Mexicanos (Pemex) que da sus últimas bocanadas ahogándose en una reforma energética sin resultados. El capitalismo de la receta monetarista con sus alias neoliberalismo económico, solamente ha creado riqueza para los capitalistas nativos y donde los bancos roban a discreción, en cuyas instituciones reducen personal. Carlos Slim puede perder 20 mil millones de pesos, pero el país no resiste la pérdida de plazas laborales y salarios con mínima capacidad de compra. Mientras tanto, contra la propaganda de que baja la inflación, lo cierto es que los precios no han dejado de aumentar.

Qué decir de la impunidad, en un país donde los desgobernadores y la camarilla federal han dispuesto de los dineros públicos a su antojo. Se roba descaradamente. Se hacen acusaciones e investigaciones, pero no hay un Duarte, un Padrés, un Graco o un Aguirre ni siquiera encauzados como presuntos delincuentes… ¡organizados en la cúpula del poder para procurarse impunidad! Durante el peñismo hemos sabido de abusos, incluso del mismo Peña y Videgaray, uno de sus favoritos para imponerlo como sucesor. Es la corrupción lo que está llevando al poder público Judicial, Legislativo y Ejecutivo, de los estados y de la federación, a un enfrentamiento directo con el pueblo, porque los funcionarios se niegan a rendir cuentas. Y no funcionan los pesos y contrapesos, porque la élite comparte el ejercicio de esos poderes para su exclusivo beneficio y para enriquecerse al amparo del binomio impunidad-corrupción. Hay desapego a cumplir con las obligaciones dentro de un estado de derecho, porque no tenemos un gobierno de leyes y deslinde de responsabilidades para deshacernos de los malos gobernantes.

El imperio de la ley exige cumplir y hacer cumplir los derechos humanos y sabemos que el peñismo tampoco ha sabido, y menos querido, acatar ese imperativo político de la democracia. Por estar mejor entretenido en gozar del poder presidencial, sus discursos vacíos y su andar en todas las actividades para lucirse, no utiliza sus pocas cualidades de administrador para estar atento al ejercicio de tales derechos, haciendo que sean respetados al máximo por su aparato burocrático de la Procuraduría General de la República (PGR), que es donde más se vulneran. Y la tortura permanece. Está claro que Peña y su grupo no quieren cumplir esa obligación, por lo que constantemente le llegan evaluaciones sobre su mal desempeño en esa materia.

Tampoco sabe ni ha aprendido en estos 3 años que sus empleados deben cumplir con ese deber constitucional. Se ha generalizado el incumplimiento de esa legalidad, y cotidianamente los mexicanos son víctimas de funcionarios a quienes la impunidad de sus actos y omisiones les permite violentar esos derechos y negarles las garantías para hacerlos valer. Y qué decir de la sangrienta inseguridad, donde los delincuentes han impuesto su “ley” para cometer toda clase de delitos. Sobrevive la población a esas embestidas a sangre y fuego, donde desde el calderonismo, al menos, han perdido la vida más de 200 mil mexicanos y los peñistas se dedican a insistir, mentirosamente, en la baja de los índices de homicidios, secuestros, feminicidios, desapariciones, desplazamientos y demás atrocidades que tienen al país en la angustia y la desesperación.

Peña y sus mujeres y hombres en el poder absoluto del presidencialismo no han actuado en razón de cumplir con sus obligaciones. Han dejado el gobierno al garete, por eso el Estado va a la deriva, mientras la nación permanece atrapada en los problemas que le tocaba resolver al peñismo. Éste ha sido un mal gobierno y se mantiene aferrado al poder para gozar de sus privilegios. Y junto con él, los desgobernadores, jueces y legisladores, mientras los que tienen un empleo cumplen con su trabajo, manteniendo a flote la nave estatal. Hay síntomas y hechos de que los mexicanos estamos descontentos con el peñismo. El régimen actual ha estado deshaciendo lo que se había construido, desde que los salinistas, zedillistas, foxistas y calderonistas se hicieron del presidencialismo. Peña ha culminado ese proceso degenerativo, porque políticamente el mexiquense y su grupo no estaban preparados y, además, nada les ha importado –en 3 años– cumplir con sus mínimas obligaciones constitucionales.

Álvaro Cepeda Neri

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: CONTRAPODER]

Contralínea 475 / del 15 al 20 de Febrero 2016

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