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I. Con el ajedrez en sus manos y moviendo las piezas de Peña, el único de los aspirantes a la sucesión presidencial que podría hacer ganar al Partido Revolucionario Institucional (PRI), anuncia su renuncia a competir por la candidatura. Es el sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera, en su entrevista con varios columnistas (ventilada en la prensa y noticieros de radio: 20 de enero de 2016). En 2018 ese partido enfrentará la situación de ganar y tratar de sobrevivir en el contexto de una nueva realidad electoral; pero con los precandidatos peñistas definitivamente es para perder y morir de muerte súbita, enfrentado con el Partido Acción Nacional (PAN), Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y Partido de la Revolución Democrática (PRD), o éste en alianza con el PAN, en una competencia donde no serán pocos los independientes. Con las gubernaturas que gane el PRI, de las 12 en disputa, necesita para 2018 un candidato completamente político. Ninguno de los peñistas tiene esa cualidad. Los crían, con sus limitaciones en otro sexenio, pero no cuando el viejo PRI con Beltrones recibe oxígeno para su última batalla en las urnas, ante un electorado muy dividido, y con una creciente falta de credibilidad en el priísmo peñista. Por esto, el PRI sólo podría sobrevivir ganando con un candidato eficaz y modernizando su tradición de partido, o perder arrolladoramente y morir.

ConjeturasII. Al anunciar que no irá por la candidatura, el presidente del PRI, Beltrones Rivera, deja abierta la decisión para que Peña escoja a uno de sus favoritos: Videgaray, Osorio y Nuño, sin que se le vea otro as bajo la manga. Meade no puede ser porque significa la reelección de Calderón. La Ruiz Massieu, menos, porque es la mano negra de Salinas moviendo a su alfil. La Robles está descartada, porque ni es del PRD ni del PRI y no tiene capacidad para ir como independiente. ¿Algún otro peñista alza la mano? No hay más. Con la crisis económica sobre el país y sin soluciones inmediatas, Videgaray es un hombre al agua sin salvavidas. Osorio ha perdido la batalla contra la inseguridad y, por el túnel por el que escapó el Chapo, el hidalguense también huyó. Y el único po-lí-ti-co en el peñismo periférico es Beltrones, quien se dispone a cumplir con la encomienda de que el PRI salga lo mejor librado en junio de 2016; máxime si gana las tres cuartas partes de las gubernaturas en juego. Y para cumplir su tarea, intentando lo imposible por la vía de lo posible, se margina de las circunstancias presidenciales del 2018.

III. La alternativa del PRI es clara, analizando con perspectiva histórica su presencia como partido para lograr resolver la crisis política con soluciones po-lí-ti-cas. Y buscar sobre la marcha resolver la crisis económica y social con propuestas de aquí a 2018. Se hace a un lado Beltrones y permite a Peña maniobrar para sus intereses personales, cuando para enfrentar al PRI a sus adversarios se requiere un político capaz de lograr una victoria en 2018, o de antemano prepararse para su muerte electoral. Y en el entendido de que Peña no debe repetir lo que hizo Zedillo. La disyuntiva del PRI está a la vista, sobre los hombros de los resultados electorales de este 2016: ganar 2018 o perder como partido la elección presidencial.

Lunes, 08 de Febrero 2016

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