By

I. No hubo fanfarrias para darle la bienvenida al estado 32 de nuestra Federación, vapuleada porque el presidencialismo voraz atenta contra la descentralización que nos tiene entre el Estado Federal y el Estado Unitario. Por disposición del Congreso de la Unión y la aprobación de 23 congresos estatales, la nueva Ciudad de México seguirá siendo el asiento de los Poderes Federales. Casi nada cambiará, a menos que al implantarse los municipios en lugar de delegaciones, una Cámara de Diputados en lugar de Asamblea de Representantes y un gobernador en vez de jefe de gobierno, se geste una revolución pacífica a partir de que el Congreso Constituyente dicte su Constitución. Pero sus residentes ya son ciudadanos con todas las de la ley, con más obligaciones y derechos. Dejará de meterle mano el presidente de la República en turno… aunque quién sabe; pues las jurisdicciones federales de los tres Poderes, distribuidas anárquicamente en cuanto a territorio, generarán conflictos, y deberán convivir con los poderes locales mediante soluciones políticas por medios jurídicos.

ConjeturasII. El DF ha muerto. El gentilicio para los nacidos en la ciudad será: mexiqueño. Pero en medio de los problemas que vive la nación, el histórico suceso pasó casi desapercibido. Sin trompetas, ni funeral. Y ya que no deja el peñismo de celebrar fiestas en Palacio Nacional, donde recibirá al papa como jefe del Estado del Vaticano (y de la iglesia cristiana-católica), en ese lugar reunió a los acarreados junto con Mancera, para el espectáculo político de la promulgación del decreto que cambia de nombre al Distrito Federal por el de Ciudad de México; lo que será por la vía de constituir un Congreso Constituyente para que, de los 100 que lo integren, 40 sean nombrados por Peña y los actuales diputados y senadores, y sólo 60 elegidos por votación directa. Se le quiere dar al acto una dimensión que no tendrá, porque se trata de algo mediático, efímero, política y administrativamente para el nacimiento de un nuevo estado en el contexto de que todo permanezca más o menos igual.

III. Eso sí, se avecinan los problemas para sus residentes con la implantación de las presidencias municipales que abren la posibilidad de un autogobierno, más impuestos para sostener la nueva organización y abolir las viejas demarcaciones delegacionales, aunque no de nombre ya que será difícil cambiárselo. Pero no pasará de un proceso sobre la marcha de los quehaceres cotidianos. Llenando páginas de información y noticieros de radio y televisión, ese Constituyente expedirá la nueva Constitución; y como no habrá cambios de fondo ampliando la desgastada democracia representativa, sino sólo de forma, el espectáculo ira muriendo. Sólo será un cambio de hábito en una época de “democracias autoritarias”, beneficiadas en lo político y en lo económico. Al espectáculo no asistió el pueblo, sino un grupo selecto e interesadamente escogido, actuando como si en verdad fuera eso una transformación para disminuir las desigualdades, deducir la pobreza, generar empleos y cancelar la inseguridad de la ciudad. Fue un circo con varias pistas para distraer, como la visita papal.

Álvaro Cepeda Neri

Domingo, 07 de Febrero 2016

Comments

comments

About the Author

 
Copy past blocker is powered by http://jaspreetchahal.org