Los Pumas “exprimen” a la UNAM

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Los Pumas son una carga para la UNAM. Uno de los equipos más populares del futbol profesional mexicano –y en cuyo patronato que lo administra se encuentran representados los consorcios empresariales más poderosos del país, como Grupo Carso, Televisa, Aeroméxico e Ica– explota los símbolos universitarios y las instalaciones de la Universidad sin que ésta apenas reciba algo a cambio. La zona conocida como “la Cantera Oriente” –un terreno de 85 mil 700 metros cuadrados del polígono de la Ciudad Universitaria– fue subrepticiamente sacada de la reserva ecológica para entregarse “gratuitamente” al club. Las “condonaciones”, y las cesiones “a título gratuito”, “puras y simples”, “de buena fe” o “en comodato” con las que la universidad pública más importante del país consiente al club privado no son suficientes: también le regala autos, computadoras y sillas

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) –la más importante institución de educación superior pública del país– mantiene una relación con una asociación privada a la que le ha regalado todo: la explotación del nombre y los símbolos universitarios; el uso de terrenos, infraestructura e instalaciones universitarias, y hasta computadoras, autos y sillas. Apenas en 2008, y luego de 30 años, cobró cifras simbólicas por el uso de marca. Se trata del Club Universidad Nacional, AC, quien con los colores, escudos oficial y deportivo y nombre de la institución participa en la Primera División de la Liga Profesional del futbol mexicano.

A cambio, la universidad pública ha recibido casi nada. Lo anterior, a pesar de que los Pumas de la UNAM –como participa la asociación en el futbol profesional– es uno de los equipos más populares entre la vasta afición mexicana y su camiseta es de las que más anuncios publicitarios porta: Banamex, Coca Cola, Ica, Telcel, Herbalife, Roshfrans. Además, la revista Forbes calificó en enero pasado al equipo como el quinto más valioso –desde el punto de vista económico– del total de los clubes de futbol profesional de México.

La información oficial que señala que la UNAM no recibió peso alguno por la explotación del patrimonio material e inmaterial universitario durante 30 años fue obtenida por Contralínea por medio de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.

En una investigación anterior (edición 370), Contralínea ya había revelado que la Universidad no había recibido 1 solo peso por concepto de superávit en toda la historia del club. A eso se suma que la institución educativa no recibió ingresos por la explotación de la marca por 30 años, ni –hasta la fecha– por el uso de la infraestructura, como la Cantera y los inmuebles en manos de la asociación privada.

La UNAM cuenta con un presupuesto público para 2014 de 35 mil 584 millones 146 mil 143 pesos, de los cuales 31 mil 557 millones 79 mil 143 son ingresos federales. Imparte educación superior y media superior a 337 mil 763 alumnos. Por “falta de recursos”, la Universidad no está en posibilidades de ofrecer un espacio a todos los estudiantes que cada año lo solicitan. Así, en el pasado proceso de ingreso sólo aceptó a 11 mil 58 y rechazó a 115 mil 660.

Gratis y exclusiva, explotación de insignias universitarias

Durante más de 30 años, el Club Universidad Nacional, Asociación Civil, no pagó 1 solo peso a la UNAM por la explotación del nombre y el escudo deportivo de la institución, revela la propia casa de estudios en respuesta a la solicitud F9731 hecha por Contralínea.

Los Pumas que juegan en la primera división del futbol mexicano no son un equipo representativo de la Universidad; son una asociación privada con el permiso de utilizar el nombre y la imagen de la UNAM, según la propia información proporcionada por la “máxima casa de estudios” del país.

Tras 27 años de usufructo sin control de la identidad universitaria por parte del Club, durante el rectorado de Juan Ramón de la Fuente se asentó en papel lo que ocurría: hasta el 11 de octubre de 2004 la UNAM celebró el primer convenio de licencia de uso de marcas con el equipo propiedad de “exalumnos distinguidos”, como Carlos Slim, la familia Quintana o los hermanos Borja Navarrete, entre otros cuyos nombres permanecen ocultos de la sociedad e incluso de los mismos asociados.

El acuerdo primario no representó un cambio de las 3 décadas anteriores, pues reafirmó la gratuidad en el uso de las marcas por 2 años y 9 meses más, con la condición de indicar en los productos que los símbolos estaban registrados y mercantilizados “bajo autorización de la UNAM”.

No es posible determinar cuántas camisetas y artículos de todo tipo vendió el Club desde su creación en 1977 ni cuál fue la ganancia total por este comercio. Tampoco es pública la información sobre los convenios contraídos entre los Pumas y las distintas firmas deportivas, como Nike, Lotto o Puma, dispuestas a pagar millones de dólares al año para vestir equipos de futbol, dado el enorme negocio que ello representa.

 “Lo primero sería pedir transparencia; no podemos llamar a rendir cuentas cuando carecemos de información y se necesita información”, señala –en entrevista con Contralínea– el doctor en derecho y miembro del Consejo Universitario Alfonso Bouzas Ortiz.

No fue sino hasta 2007 cuando la asociación civil tuvo que pagar tras haber cumplido 30 años de asumirse como “Pumas” y de utilizar en el pecho y en las mercancías el felino dorado diseñado por Manuel Andrade, Pajarito, quien, por cierto, tampoco recibió jamás 1 quinto por su obra intelectual y artística presente en millares de playeras y productos futbolísticos.

Así, el segundo convenio, firmado el 15 de marzo de 2007, tasó en 5 millones 400 mil pesos –pagados en abonos– la “licencia exclusiva para explotar y sublicenciar”, por tiempo indefinido, el escudo y la palabra “Pumas”.

El documento señala que la Universidad tenía celebrado en ese momento 43 convenios similares que fenecerían ese mismo año, tras lo cual el Club sería el único licenciatario. Eduardo Cayetano Cacho Silva, hoy director general de Servicios Generales de la UNAM, entonces signó como apoderado legal del Club Universidad.

De 2008 a 2010, la cifra se incrementó a alrededor de 6 millones y medio y se le agregó el 15 por ciento de las regalías recibidas por el Club. La UNAM registró 27 clases de la marca “Pumas” y la “cara estilizada del puma” en México, Estados Unidos y Guatemala, todas dispuestas para la explotación exclusiva de la asociación civil.

Para cada uno de los años 2010 y 2011, la UNAM recibió alrededor de 7 millones 500 mil pesos.

El 2 de abril de 2012, las autoridades universitarias –representadas por José Manuel Covarrubias y Pablo Tamayo Castroparedes– firmaron un cambio significativo: en los productos comercializados ya no se referiría al permiso dado por la UNAM para la explotación de sus marcas. Ahora las etiquetas dirían: “bajo la autorización del Club Universidad Nacional, AC”.

Para ese año el Comité de Licitaciones del Patronato Universitario había acordado subir 5 por ciento la regalía anual; sin embargo, 2 semanas después el mismo órgano reculó y decidió, “en apoyo del Club”, condonar el pago (7 millones 875 mil 767 pesos 99 centavos, sic). Así lo señala el Addendum al Convenio de Licencia de Uso de Marcas celebrado entre la UNAM y el Club el 16 de abril de 2012 y del que Contralínea pose copia.

La ayuda no quedó ahí: 3 semanas antes de terminar la vigencia del convenio, el Comité se reunió una vez más y resolvió prolongar 6 meses el “apoyo”. Los Pumas sumaron otro año y medio de explotación gratis de la identidad universitaria.

El convenio actual, firmado el 2 de octubre de 2013 con vigencia de 1 año, tasó en 9 millones 592 mil 684 pesos la licencia. Por tanto, en total y de 1977 a la fecha, la UNAM ha recibido la suma de 43 millones 536 mil 654 pesos por la explotación de su imagen. Es decir, por casi 4 décadas la institución educativa ha recibido del Club una cantidad similar a lo que ingresa en taquilla en un partido de liguilla.

Según el contrato, los pagos se abonarían a una cuenta bancaria; sin embargo, la Dirección General de Finanzas asegura que desde “2013 hasta la fecha, el Club Universidad Nacional, AC, no ha operado ninguna transferencia bancaria a favor de la Universidad Nacional Autónoma de México” (respuesta a la solicitud de información F9879, hecha por este semanario).

Valor del equipo de futbol, por su alianza con la UNAM

El puma se ha utilizado para tener un elemento identificador. Es muy importante porque tiene rasgos característicos del perfil universitario y trasciende a elementos que generan la propia identidad de la Universidad”, dice a Contralínea la licenciada Xiomar Odette Duarte, responsable del Departamento de Estudios de Imagen Institucional de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, al analizar el valor inmaterial de los símbolos universitarios que utiliza el Club.

Por su parte, Víctor Alvarado, gerente de planeación y mercadeo de la Federación Mexicana de Futbol, expone que la marca “Pumas” es una de las más poderosas y rentables del futbol mexicano.

—¿El que se le ligue con la UNAM es el activo más valioso del Club Universidad? –se le pregunta al especialista en industria deportiva por el Instituto Johan Cruyff.

—Sí. Estoy seguro que debe ser uno de los activos más valiosos. Esta vinculación de los aficionados con la Universidad sin duda alguna, más allá de que hayan estudiado o no dentro de la UNAM, tiene más que ver con este sentido de la vida universitaria, de tener un espíritu universitario, un espíritu con cierta ideología y pues eso lo vuelve atractivo en ese sentido de pertenencia, de identidad, y pues tiene un valor importante.

Sin embargo, la escuadra no es de la casa de estudios ni la representa, sólo utiliza su imagen. “El quipo podría representar una significativa inyección económica a la Universidad. Yo no creo que ningún empresario se metería en un equipo de futbol para no recibir nada. El puro equipo de futbol debiera dar mucho.

 “No hay equipo de futbol que no sea negocio, El más pichurriento equipo de futbol tiene atrás a un empresario y el empresario está porque para él representa empresa. En este caso, está atrás la Universidad y no le retribuye”, se queja Bouzas Ortiz.

—¿Alguna vez se ha discutido [este tema] en el Consejo?

—No, no. Te digo que llegan las informaciones maquilladas. No recuerdo que se haya discutido nunca nada del equipo.

Si el convenio de licencia se rompiera o no se renovara, entonces el equipo privado simplemente dejaría de llamarse Pumas y tendría que buscar un nombre más, lejos de la Universidad. “Eso si llegara un rector con una visión social como no lo ha habido en los últimos años”, conjetura Bouzas, también investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.

El caso de la Cantera Oriente

La Universidad declara que “es su voluntad otorgar gratuitamente el uso de una superficie de 85 mil 700 metros cuadrados”. Es la tarde del 28 de enero de 1997. Los apretones de manos se repartieron y cruzaron tras cada firma de los seis representantes: cuatro por la UNAM y dos por los Pumas, asociación privada.

 “Las partes convienen en que la vigencia del presente contrato será por 30 años”. La rúbrica, como “testigo de honor”, del entonces rector Francisco Barnés de Castro valida la cesión.

Gilberto Borja Navarrete y Guillermo Aguilar Álvarez, presidente y apoderado del Club, respectivamente, leerán y releerán gustosos la redundante cláusula primera del contrato 5410-307-15III-96 por la que “la UNAM concede al Club gratuitamente el uso del inmueble”.

El “inmueble” descrito en el documento citado es la Cantera Oriente.

Décadas antes, el mismo terreno, separado de Ciudad Universitaria sólo por la avenida Antonio Delfín Madrigal, fue entregado al Departamento del Distrito Federal para la extracción de roca volcánica.

La intromisión de las administraciones capitalinas con permiso de la UNAM perturbó drásticamente la zona. “Durante 25 años una planta de asfalto excavó prácticamente 30 metros”, cuenta el doctor Luis Zambrano, secretario ejecutivo de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel. Alrededor de 5 millones y medio de metros cúbicos fue lo que se sacó, asienta la propia Universidad en el estudio Reserva ecológica del pedregal de San Ángel: atlas de riesgos, publicado en 2013.

Tras varios de lustros de destrucción, en 1994 la UNAM “recuperó” la Cantera Oriente. Las máquinas extractoras salieron y el ruido en la zona calló… Sólo por unas cuantas semanas.

 “A partir del 23 de junio de 1995, comenzó la transformación con la llegada de la primera máquina Caterpillar, modelo D8-N, para motoconformar el terreno y establecer las tres terrazas de las que consta la instalación”, rememora, orgulloso, el Club Universidad en su portal oficial.

 “En la construcción –detalla– participaron: el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE), Ingenieros Civiles Asociados (ICA), Triturados Basálticos (Tribasa), Pretecsa (Prefabricados Técnicos de la Construcción, SA de CV); las cementeras Apasco, Moctezuma y Cemex; Aluminio, Vidrio y Construcción (Aluvisa), además de diversos donadores.”

Con la anuencia de la Universidad Nacional, el rugido de la maquinaria pesada de los Pumas se convirtió en el nuevo ocupante de la Cantera.

Con el caos de toda obra en pleno proceso; con los albañiles, arquitectos, capataces y carretillas dentro del terreno; con la zona invadida de olor a gasolina, polvo y botas de construcción, el entonces rector José Sarukhán decidió declarar la Cantera Oriente como parte de la Reserva Ecológica de Ciudad Universitaria.

La finalidad era “moderar de manera natural los efectos negativos ocasionados por la presencia de las instalaciones existentes [apenas en construcción] dentro de la zona de reserva”, específicamente en la “porción donde se ubicarán las instalaciones del Club de futbol Pumas”, anticipaba el decreto publicado el 14 de marzo de 1996 en la Gaceta UNAM.

La Cantera Oriente desde antes se había dividido en dos: una parte se destinaría a la propagación de “especies vegetales nativas de requerimientos rústicos para la recuperación del sitio” y la proyección de “módulos de recreación de ecosistemas lacustres, utilizando vegetación acuática”… La otra, a la extracción de futbolistas.

Tras permitir una nueva manipulación del terreno primero y etiquetarlo después como “zona de amortiguamiento” de la reserva ecológica de la UNAM, el doctor José Sarukhán Kermes inauguró las instalaciones del Club Universidad, AC, el 15 de noviembre de 1996.

Una placa en agradecimiento al “señor rector” fue develada por los dueños del equipo y el funcionario firmó un nuevo decreto de restructuración de la reserva ecológica 3 semanas después. En la víspera de su salida de la torre de Rectoría, Sarukhán retiró la etiqueta de “zona de amortiguamiento” a las más de 8 hectáreas ocupadas por los Pumas.

Todo quedó listo para que la Cantera Oriente pudiera ser entregada al Club.

El 28 de enero de 1997, 15 días después de haber entrado en vigor la reforma que suprimió de la reserva ecológica más de la mitad de la Cantera Oriente, el entonces nuevo rector Francisco Barnés de Castro mantuvo el acuerdo y firmó el contrato de comodato a favor de los Pumas, con vigencia hasta 2027.

Los años transcurrieron. Distintos rectores, juntas de gobierno, patronatos y consejos universitarios presenciaron y sufragaron con dinero público la transformación del área en beneficio exclusivo del Club.

El 28 de noviembre de 2013, el gobierno del Distrito Federal donó oficialmente cuatro predios a la UNAM. “Buena parte de estos terrenos estaban en posesión de la Universidad; cubríamos nuestras responsabilidades fiscales, eran de nosotros, pero no teníamos la propiedad jurídica”, dijo en la ceremonia de entrega el rector José Narro Robles, a pesar de que en uno de los predios, de 14 mil 600 metros cuadrados, están las instalaciones del Club Universidad y la entrada al túnel que las une con la Cantera Oriente.

El convenio (entregado a Contralínea como respuesta a la solicitud de información F9453) aclara que “todas las mejoras, construcciones y edificaciones” serán en beneficio de la UNAM una vez cumplido el plazo. Sin embargo, también apunta que al término de las décadas pactadas, un nuevo contrato con el Club podrá ser celebrado.

La caridad de la UNAM a los Pumas

Como si detrás del Club no estuvieran algunos de los empresarios más ricos del país, los Pumas han solicitado y recibido diversas donaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, que van desde teclados de computadoras hasta automóviles.

En el contrato de donación “pura y simple” (con registro 12255-750-14-V-02), los Pumas, a pesar de ser uno de los equipos más rentables del futbol mexicano, declaran ser “una asociación civil que carece de equipo suficiente para sus actividades”, y por ello agradecen “profundamente a la UNAM” la donación de cinco CPU, con sus respectivos teclados y monitores, tres impresoras, seis reguladores más tres mesas con el mismo número de sillas.

Con el mismo argumento de ser una asociación carente de equipos, el Club solicitó la donación de tres automóviles a la institución, la cual se los entregó “libres de todo gravamen y sin limitación alguna de dominio” (contrato 12047-901-12-VI-02). Dos Volks Wagen, Golf (placas 724FCK) y Sedán (810BSP), y un Ford, Carry All (530CWR), fueron una caridad más de la UNAM a los Pumas.

En el contrato 33247-2471-14-XI-12 consta que el Club Universidad recibió otras dos computadoras con monitores, teclados y ratones incluidos.

Además, y sumado a las hectáreas de la Cantera Oriente en poder de la asociación, la UNAM otorgó en comodato, “a título gratuito” y “por tiempo indefinido”, un terreno dentro de Ciudad Universitaria “de 282 metros cuadrados, con un local en dos niveles que en su conjunto cuenta con 420 metros cuadrados” para la instalación de “una tienda para la venta de productos del Club Universidad Nacional, AC”.

El contrato fue firmado el 28 de febrero de 2007 por el actual director general de Servicios Generales de la UNAM, Eduardo Cayetano Cacho Silva, entonces en calidad de apoderado del Club. Por parte de la Universidad signaron el ingeniero José Manuel Covarrubias, tesorero, y la maestra María Ascensión Morales Ramírez, entonces directora general de Patrimonio Universitario.

Asimismo, también bajo la figura de “comodato”, se cedió por 15 años un equipamiento médico valorado en 4 millones 7 mil 940 pesos, con el argumento-propósito “de brindar de manera eficiente y con la mejor calidad posible, servicios de medicina del deporte a la comunidad universitaria”.

De acuerdo con el documento, una “Comisión Técnica” integrada por dos representantes de ambas partes sería la encargada de vigilar el “adecuado desarrollo de las actividades”. El contrato fue firmado el 14 de octubre de 2011 por el secretario de Servicios a la Comunidad, médico cirujano Ramiro Jesús Sandoval; el director general de Patrimonio Universitario, maestro Pablo Tamayo Castroparedes; el director general de Actividades Deportivas y Recreativas, Severino Rubio Domínguez, mientras que por parte del equipo signaron Eduardo Cacho Silva, entonces director de operaciones del Club Universidad, y Luis Torregosa y Armentia.

El equipo de futbol se privatizó en 1977 con el juramento de que toda ganancia sería dada a la Universidad, sin embargo la propia institución es contundente al respecto: “No ha habido ninguna aportación por parte del Club hacia la UNAM por concepto de superávit en sus cuentas” (expediente F8443). De igual forma, en respuesta a las solicitudes F9622 y F9764 sobre las aportaciones y donaciones –tanto en dinero como en especie– realizadas por el Club, la Secretaría Administrativa indica que no ha recibido ninguna en los últimos años.

“La Universidad aporta la infraestructura, los servicios, la mano de obra, los equipos y a cambio no recibe absolutamente nada, es una llave que jala hacia allá y de regreso no retribuye forma alguna”, dice a Contralínea el doctor José Alfonso Bouzas, miembro de la Comisión de Honor del Consejo Universitario.

Además, “hay nombres de funcionarios metidos en esto”, comenta el consejero universitario refiriéndose a quienes tienen influencia dentro de la institución a la vez que son miembros del Club, lo cual significaría un conflicto de intereses. Por ejemplo, el exrector Octavio Rivero Serrano, quien mantuvo los convenios en su periodo y hoy es representante de la asamblea de asociados ante la Junta Directiva de los Pumas.

Todos los contratos, ya sean de donación, comodato o licencia de marcas, están firmados por algún representante del Patronato Universitario; la mayoría de las veces,  el tesorero de la UNAM o el director general de Patrimonio Universitario. En algunos casos, el rector mismo es uno de los signatarios a pesar de tener un lugar en la estructura del Club y participar activamente.

 “Hay una opacidad absoluta”, agrega, pues la lista completa de los dueños del Club Universidad Nacional se ha mantenido en secreto todos estos años. Sólo se conocen oficialmente los nombres de distintas personas que han expresado su afiliación públicamente y los de algunos grandes empresarios, pero no hay certeza de quiénes son el resto de los asociados, entre los que se encuentran funcionarios de primera línea en la Universidad, desde el rectorado de Guillermo Soberón hasta el de José Narro Robles.

Contralínea solicitó entrevistas con los miembros del Patronato del Club Universidad y con Jorge Borja Navarrete. Todas fueron negadas. Además insistió de forma institucional y directa entrevistar al ingeniero José Manuel Covarrubias, tesorero de la UNAM, cuya firma está asentada en la mayoría de los contratos; a Eduardo Cacho Silva, actual director de Servicios Generales de la Universidad, quien signó convenios como representante de los Pumas; al director general del Patrimonio Universitario, Pablo Tamayo Castroparedes; a Jorge Navarro León, jefe del Departamento de Licenciamiento de Uso de Marcas, quien personalmente rechazó la petición argumentando “no tener facultades para dar ese tipo de entrevistas” (sic); respuesta similar dio Alejandro Fargas, director de Administración del Patrimonio.

De igual forma se buscó en múltiples ocasiones, formalmente y con meses de anticipación al cierre editorial, a los miembros de la Junta de Gobierno, el Patronato Universitario y al rector José Narro Robles. La licenciada María Guadalupe Díaz Silva, directora de información de la Dirección General de Comunicación Social, recibió las solicitudes siempre con la promesa de dar una respuesta.

No obstante, Guadalupe Díaz Silva, quien con su respectivo distintivo de “asociado” pegado en el saco fue una de las asistentes a la asamblea general del Club realizada el 11 de abril de 2014, no dio respuesta.

Pumas, “quebrado desde hace 10 años”

Entre niños de primaria felices por andar de excursión y bajo un sol abrasador de viernes a las 2 de la tarde, los asociados de Pumas salen repelando de las instalaciones del Museo de Ciencias Universum de Ciudad Universitaria.

A la Asamblea General de 2014 del Club Universidad Nacional, AC, no acudieron –“como siempre”, dice uno de los molestos miembros del Club– los poderosos empresarios a cargo del equipo.

Con un distintivo en la solapa que los identifica como tal, los asociados hablan en la explanada del museo con el ceño fruncido, los puños cerrados y la cabeza girando constantemente en señal de desaprobación.

Los asociados menores de Pumas se quejan de no recibir información. No saben cuántos son. No saben dónde está el dinero que debería arrojar uno de los equipos con mayor afición –y clientes– del futbol mexicano. Sólo un detalle les confirma la directiva encabezada por Jorge Borja Navarrete: el Club está en quiebra.

 “Lo dijeron en la Asamblea: Pumas está quebrado desde hace 10 años. Yo creo que debemos ver qué ha pasado en cada administración, qué porcentaje se ha perdido y por qué motivo”, dice el doctor Cipriano Borges, el único asociado que accedió a hablar con Contralínea dando su nombre.

—¿Cuántos asociados son actualmente?

—No lo sé exactamente, pero seremos como 2 mil aproximadamente. Pero es una cifra que no tengo.

 “El estado actual del Club es… números rojos, financieramente en números rojos”, asevera uno de los pocos jóvenes asistentes a la Asamblea cerradísima, resguardada por personal privado encargado de quitar por igual a estudiantes y reporteros de la entrada a la zona del museo en la que se llevó a cabo el evento.

Un asociado todavía más enojado que el anterior reafirma la cerrazón del Patronato (consejo directivo) del Club –del cual son parte Carlos Slim Domit, Paola Rojas, Andrés Conesa y Alonso Quintana– para con sus afiliados: “Creo que somos como 200. No nos dicen nada. La información no es abierta. ¿Dónde está lo de los patrocinios, lo de las ventas?”.

—¿A pesar de eso se reeligió a Jorge Borja como presidente?

—El mandato fue directo, directo de arriba –responde con un gesto de resignación.

—¿Arriba? ¿De Rectoría?

—No está tan difícil –remata, con una sonrisa sarcástica.

El domingo previo a la Asamblea, José Narro había expresado su opinión: “Yo estoy satisfecho con el trabajo que ha hecho el ingeniero Jorge Borja; hemos pasado momentos difíciles; así sucede en el deporte, así ocurre en el futbol, y sin embargo, hemos sabido que el equipo y el cuerpo técnico han sorteado los momentos difíciles con orden, disciplina, compromiso, y a mí me parece que el ingeniero Borja ha hecho una gran labor.

 “Siempre ha tenido Jorge Borja Navarrete el apoyo de la Rectoría”, recalcó el doctor Narro Robles antes de la reelección de Borja Navarrete, antes de que les comunicaran oficialmente a los asociados de Pumas que el Club está en quiebra.

Documentos:

                                          

                 

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  1. juma / Mayo 19, 2014 at 9:27 pm

    excelente reportaje, aunque no es nada facil reconocer que aun rectores y demas gente que se creia fuera de la corrupcion, sean participes de tan atroces hecho y de tan largos periodos de los que hacen dichos convenios a favor de unos cuantos, sin atender a su juramento al haberse graduado de la maxima casa de estudios, ¡que tristeza!

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