Autor:

Opinión

Melchor Peiro Guerrero*

Ahora que en Culiacán parecen soplar nuevos vientos, los de la transformación de la ciudad mediante el concurso de todos sus habitantes, los grandes proyectos urbanos son observados con gran detenimiento.

Atrás han de quedar la apatía ciudadana y los cacicazgos que hicieron a la ciudad a su antojo y la llevaron por donde dictaban los intereses particulares y no el beneficio colectivo.

El Parque Las Riberas, del que bien se ha dicho, “es de todos”; invita a todos a reflexionar sobre su planteamiento, su ejecución y su futura operación, dado que se inició con irregularidades en su autorización –porque apenas el 17 de diciembre de 2007 se aprobó su dictamen en el Consejo Municipal de Desarrollo Urbano (que ya no incluye a la ecología desde hace tiempo)– y no se tiene claro cuándo lo aprobó el Cabildo.

Iniciaron en las riberas del Río Tamazula las obras de instalación de unos coloridos juegos infantiles y el trazo y construcción de ciclopistas de asfalto, cuando no se aclara ante la sociedad la génesis de este proyecto, mismo que ha sido pagado dos o tres veces a quien sólo unos pocos saben. La última vez fue al IMPLAN, donde el Ayuntamiento, sí el Ayuntamiento, le pago al IMPLAN algo así como 157 mil pesos para que elaborara un Plan Maestro que había sido solicitado por un “Patronato del Parque Las riberas, IAP,”organismo privado que en su acta constitutiva declara que fue creado expresamente para algo así como “atender y manejar los parques y espacios públicos que el gobierno le quisiera encargar”.

Más con capricho que con diplomacia para tratar este delicado asunto de interés público, las obras continuaron con la indolencia y el descuido franco de las autoridades de los tres niveles de gobierno. ¿Por qué se afirma esto? Porque al parecer de nada sirvió el documento entregado al presidente Felipe Calderón el pasado 24 de Julio de 2007 en la Isla de Orabà, ni el documento puesto en manos de Rafael Elvira, secretario de Medio Ambiente de este país, ni tampoco las pláticas en la Secretaría de Gobernación del Estado de Sinaloa con un señor de apellido Niño, y mucho menos la petición al Ayuntamiento anterior de aclarar todo esto; y encima aparece una delegada federal autorizando lo que ya se había aceptado que no era adecuado: colocar pistas de asfalto en las llanuras inundables, el cauce del Río Tamazula.

¿Cómo entonces entender esto de la Participación Ciudadana? Hasta hoy, sólo las asociaciones ambientalistas, llamadas Asociación de Biólogos Sinaloenses, Sociedad Riparia de Sinaloa (que estudia la vegetación junto a cuerpos de agua), y la que inició como Amigos del Parque Ecológico, Ciudad y Naturaleza en Armonía (que pugna por lo que indica su nombre), han dado la cara y la voz en defensa de los ríos, su flora y su fauna; en una palabra, buscan la sustentabilidad en los hechos y no en los discursos.

¿Por qué hoy aparecen algunos órganos y apéndices del sector publico diciendo que favorecen la continuación de obras (las que no cuestionarán), sin atreverse a decir que son directamente beneficiados por ellas?…Que de esto opine la ciudadanía una vez que conozca los nombres de quienes integran estas sociedades y sus consejos directivos.

El espacio público es responsabilidad absoluta del la autoridad pública. Siendo un servicio público, el de calles, parques y jardines, es uno de los que por ningún motivo deben privatizarse ni ser controlados por terceros, según la Ley de Gobierno Municipal. Hay que rescatar los espacios públicos como dice el Programa Federal que vino a anunciar aquí el presidente Calderón pero… ¿rescatarlos de quién o de qué? Hay que rescatarlos del abandono, de la ilegalidad y de ser vistos como botín del más listo o el más rico, o el que sea compadre o socio del gobernante.

¿Sabe Usted quién controla el Parque Ecológico de Culiacán, el Parque Zoológico, el Parque Culiacán 87 y ahora el Parque Las Riberas? Lo invitamos a que lo averigüe, aunque de todas maneras en algún momento lo sabrá el porqué, como dijera Emiliano Zapata: “Es el tiempo el que desengaña a los hombres”.

Los que defendemos el medio ambiente y los recursos que nos brinda decimos: Que no sea esto un río revuelto para ganancia de algunos pescadores…que fluyan la rectitud y la transparencia como debe fluir el río, con libertad, para todos y para siempre.

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