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I. En reciente Ex libris toqué el concepto democrático representativo y de la democracia directa en la frase de Lincoln: “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Ahora abordo las democracias a la luz de lo que Kelsen llamó: la paz por medio del derecho. Lincoln y Benito Juárez fueron estadistas. Juárez al restaurar la República, en su discurso del 15 de julio de 1867, esculpió: “Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”; marcando uno de los fines principales del derecho internacional como factor común de las dos democracias. Esta contribución de Juárez a la Humanidad, es la coronación contra la guerra militar, el intervencionismo de las potencias contra países indefensos y que los derechos humanos han de prevalecer entre gobernados y gobernantes para la paz social. Pronunciado al regreso de la victoria popular contra la invasión austriaca-francesa, es una cátedra política republicana y democratizadora. Fue una victoria del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, para conquistar el respeto a los derechos de las naciones y los individuos.

II. Juárez defendió los derechos constitucionales de los mexicanos y celebró las libertades jurídicas, construyendo al Estado mexicano que ha resistido los saldos negativos del porfirismo, apuntaló la Revolución de 1910; reescribió sobre la Constitución de 1857, la Constitución de 1917. Resistiendo la inestabilidad posrevolucionaria y los vendavales del autoritarismo presidencialista de 1940 a este 2017. Tales fueron los cimientos de la época, con la gloriosa Revolución de Ayutla contra el golpismo de Santa Anna y los conservadores, para implantar la Reforma, el Estado Laico, la separación de las iglesias del gobierno y postular que “el pueblo mexicano es árbitro” de las instituciones. Es decir, afianzar la democracia directa que molesta a los gobernantes: con protestas y demandas del pueblo, alerta contra los abusos del poder; y defendiendo las libertades de prensa, como en esa época, con nuestro símbolo: Francisco Zarco. Este discurso ha de ser referencia para fortalecer la política externa e interna de los mexicanos, para hacer “eficaz la protección de las leyes y de las autoridades para los derechos de todos los habitantes de la República”.

III. El cesarismo político ataca esa tradición innovadora de las intervenciones de los pueblos en su vida política, económica y social, para favorecer a las autocracias que buscan restablecer, por medio de los autoritarismos, lo que los conservadores y reaccionarios en nuestro país intentaron implantar con Maximiliano. Por eso es relevante tener presente este discurso político de Benito Juárez, pues es un compendio de la experiencia del jurista que, con apoyo de la naciente renovación de la nación para reconquistar su independencia y soberanía, mantuvo por cuatro años una lucha en todos los frentes para expulsar la invasión “combatiendo solos, sin auxilio de nadie, sin recursos”. El pintor mexicano José Escudero y Espronceda es el autor del famoso óleo de Juárez, con ese discurso sobre la mesa y él de pie delante de la silla presidencial. En dicha pintura se puede mirar la férrea voluntad política del dirigente popular al que debemos los peldaños republicanos, constitucionales y democráticos, al presidir a una generación de mujeres y hombres que sacrificaron todo, porque tuvieron en Juárez a un político honrado, eficiente y eficaz en la dirección de la vida pública y al frente del pueblo, expresando: “tributo el más alto reconocimiento a los buenos mexicanos que, en nombre de la patria, la han defendido y a sus dignos caudillos”.

Ficha bibliográfica:

Autor:   Benito Juárez García

Título:   Discurso del 15 de julio de 1867

Editorial:              Manuel Porrúa, editor

Álvaro Cepeda Neri

[BLOQUE: MISCELÁNEO][SECCIÓN: EX LIBRIS]