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En México, la mejora económica sería una simulación. Y es que mientras el gobierno castiga el gasto público y privilegia la acumulación de divisas en el banco central, aumenta sus niveles de endeudamiento subnacional.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el déficit primario –diferencia entre el gasto corriente estatal y la recaudación de impuestos– del 0.3 por ciento del producto interno bruto (PIB) en 2016 se convirtió en un superávit del 1.3 por ciento en 2017, pero gracias a los “esfuerzos del gobierno para contener el gasto público y al nivel histórico que alcanzó el remanente de operación que el Banco de México entrega al gobierno federal (1.5 por ciento del PIB)”.

En su estudio Panorama fiscal de América Latina y el Caribe 2018: los desafíos de las políticas públicas en el marco de la agenda 2030, indica que hay un nivel importante de endeudamiento subnacional con la banca comercial, que supera el 1 por ciento del PIB y equivale a más del 60 por ciento de la deuda total de las entidades federativas mexicanas.

Respecto del descenso en los gastos de capital en 2017, que califica de preocupantes, remarca que “se explica principalmente por una elevada base de comparación en 2016, debido a ciertas transacciones financieras entre el gobierno federal de México y las empresas estatales (Petróleos Mexicanos y Comisión Federal de Electricidad), en el marco de la reforma energética aprobada en 2013.

Para la Cepal, la política fiscal debe garantizar, asegurar y mantener la estabilidad económica de los ciudadanos a través de los sistemas de recaudación de impuestos.

México no sólo tiene una carga tributaria promedio menor a la de Argentina, Brasil y Uruguay, sino que los recursos brindados a la población son deficientes, al no ser comparables con los recursos que el gobierno recibe de los impuestos.

Jordana González