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Es el terror internacional. Ni el narcotráfico, ni las guerrillas ni el anarquismo insurreccionalista. Tampoco los hechos asociados al proceso electoral para elegir presidente de la República y renovar el Poder Legislativo federal. Menos aún, la miseria, el cambio climático, los desastres naturales, las pandemias o la disputa que los poderes fácticos protagonizan por lo que queda de país.

Quienes han tenido acceso a la Agenda Nacional de Riesgos 2018 se han podido dar cuenta de que el primer riesgo enlistado en el documento confidencial es el terrorismo internacional.

Ya en 2013 había ocupado este fenómeno el primer lugar entre las “preocupaciones” de las instancias de seguridad y defensa nacionales. En 2014 se ubicó en la décima posición y en 2015 y 2016 pasó a figurar en el número cuatro, como documentó Contralínea en un trabajo seriado que se basó en las propias versiones de la Agenda Nacional de Riesgos a las que este medio de comunicación tuvo acceso.

De nueva cuenta, en 2018, el terrorismo vuelve a ser la principal preocupación registrada por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), el organismo de inteligencia civil del Estado mexicano.

El Cisen –institución descentralizada de la Secretaría de Gobernación– es el encargado elaborar la Agenda Nacional de Riesgos de cada año, con la información y el acuerdo de los titulares de otras instancias que integran el Consejo de Seguridad Nacional: el presidente de la República; los secretarios de la Defensa Nacional, Marina, Relaciones Exteriores, Función Pública, Comunicaciones y Transportes y Hacienda y Crédito Público; así como el comisionado Nacional de Seguridad, el procurador General de la República y el propio director general del Cisen.

Que el Cisen llegue a la conclusión de que el riesgo más urgente es el terrorismo no es extraño. No es un secreto que la agenda de seguridad nacional de México está subordinada a la de Estados Unidos. Los gringos siempre han estado presentes; pero desde el sexenio de Felipe Calderón toda la política de seguridad mexicana se rindió a su tutela.

El terrorismo es la principal amenza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Las agencias de inteligencia de ese país no tienen mayor preocupación que la que le representan los grupos terroristas de inspiración –supuestamente– musulmana.

México, su patio trasero, no podía estar al margen de esta lucha para protegerlos.

Un documento de la inteligencia texana, recientemente desclasificado, da cuenta de las preocupaciones que le representa México y el interés de que este país colabore aún más en sus protección.

Fechado en 2017 y titulado Texas Public Safety Threat Overview. A State Intelligence Estimate (Panorama general de amenazas a la seguridad pública de Texas. Una estimación de inteligencia estatal), el documento fue elaborado por el Texas Department of Public Safety (Departamento de Seguridad Pública de Texas) “en colaboración con otras agencias de aplicación de la ley e instituciones de seguridad interior y nacional”.

En el informe se califica de “elevada” la amenaza terrorista del Estado Islámico. Se advierte que esta organización es capaz de cometer directamente o inspirar la comisión de ataques en Estados Unidos “utilizando tácticas simples pero efectivas que son difíciles de detectar e interrumpir”. Esta “mayor amenaza” persistiría, según el documento, al menos durante 2018.

Y advierte: “Estamos especialmente preocupados por el potencial de infiltración terrorista a través de la frontera entre Estados Unidos y México, especialmente cuando los combatientes terroristas extranjeros parten de Siria e Irak y entran en los flujos migratorios globales”.

Texas tiene 29 puertos de entrada y comparte con México 1 mil 254 millas de frontera internacional (unos 2 mil 18 kilómetros). El documento destaca el dato para alertar del peligro que representa un país con problemas para controlar los ingresos y salidas de personas.

En el documento se informa con preocupación que: “Los contrabandistas de personas que trabajan en rutas latinoamericanas establecidas, han transportado durante largo tiempo sirios, iraquíes y otros inmigrantes de países donde operan grupos terroristas hasta nuestra frontera terrestre con México, donde a menudo también solicitan asilo”.

La porosidad de las fronteras mexicanas está documentada con algunos casos concretos. Uno de ellos es el de Bilal Hamed Abood, un ciudadano naturalizado estadunidense nacido en Irak. Hamed viajó a Siria para incorporarse a uno de los grupos beligerantes. Luego de un tiempo en la guerra regresó a Texas. El asunto es que al combatiente se le había negado la salida de Estados Unidos pero lo hizo irregularmente a través de México. Y en abril de 2013 abordó una línea aérea mexicana con rumbo a Bogotá, Colombia, y desde ahí se dirigió a Siria.

Pero no ha sido el único. “Al menos 13 reconocidos como combatientes terroristas extranjeros desde 2012 cruzaron o planearon cruzar la frontera entre Estados Unidos y México para unirse a organizaciones terroristas extranjeras en Irak, Siria, Somalia y Pakistán. La mayoría sabía que estaba en la lista de exclusión de vuelos”. México se convirtió en su opción.

El 4 de octubre de 2016, dos hombres de Milwaukee, Wisconsin, fueron arrestados cerca de San Angelo, Texas, en su camino a México como parte de un plan para unirse al Estado Islámico. A Jason Michael Ludke y Yosvany Pedilla-Conde ya los esperaban otros hombres en El Paso, donde cruzarían a Ciudad Juárez, Chihuahua (México), y adquirirían pasaportes falsos.

En abril de 2015, siete hombres de Minnesota de ascendencia somalí fueron arrestados en San Diego antes cruzar la Frontera con México con pasaportes mexicanos falsos obtenidos de otro ciudadano estadunidense que ya estaba en Siria en alguno de los grupos terroristas.

En octubre de 2013, el extremista nacido en Estados Unidos Sinh Vinh Ngo Nguyen fue arrestado cuando intentaba llegar a México desde Peshawar, Pakistán, donde debía entrenar a los combatientes de Al Qaeda. Nguyen, quien también se llamaba Hasan Abu Omar Ghannoum, había viajado anteriormente a Siria y había luchado durante 5 meses con el Frente al-Nusra, afiliado a Al Qaeda, contra el gobierno sirio.

En julio de 2012, el ciudadano estadunidense, nacido en Somalia, Liban Haji Mohamed condujo desde su estado natal de Virginia hasta la frontera entre Texas y México. Cruzó irregularmente por tierra y desde México voló a Somalia para unirse al grupo terrorista al Shabaab.

Así que lo verdaderos problemas de México pueden esperar. Lo primero, para nuestras instituciones de inteligencia civil y militar es proteger la seguridad nacional… de Estados Unidos.

Zósimo Camacho

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