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“Voy a pasar mucho tiempo en Europa, aquí es donde está la vanguardia del populismo”. Unos días antes de las elecciones italianas, Steve Bannon, el exasesor de Donald Trump, conocido como Príncipe de la Oscuridad o Dark Vader, aterrizaba en Roma. “Esta elección es crucial para el movimiento popular y soberanista global”, de acuerdo a sus declaraciones en una entrevista con el Corriere della Sera, el estadunidense desea y está trabajando activamente para una alianza entre el Movimiento Cinco Estrellas (M5S, por su sigla en italiano); la Liga Norte, de Salvini; los nacionalistas Hermanos de Italia, y Forza Italia, de Berlusconi.

Sin embargo, según las primeras declaraciones sucesivas a los resultados de las elecciones italianas, una alianza entre el M5S y la Liga de Salvini es improbable, ya que este último que fue el grande ganador (casi el 19 por ciento de los votos, 15 por ciento más que en 2013) dentro la coalición con su gran aliado Berlusconi (cinco puntos adelante a este), ya excluyó una hipótesis de acuerdo con los “cinco estrellas”. “Los acuerdos entre amigos se mantienen”, dijo Salvini, a la espera de que la coalición de derecha y extrema derecha a las cuales hacen parte respectivamente Berlusconi y la Liga Norte, y que suman el 37 por ciento de los votos, pueda obtener la mayoría en el Parlamento. Sin embargo los soberanistas representan ahora más de la mitad de los votantes italianos y podrían converger sus votos en algunas temáticas como la “migración”, “la lucha contra la corrupción”, el “euro”, las relaciones con la Unión Europea y las relaciones con Putin y la Federación Rusa.

El M5S registra, un empujón muy fuerte. En solo 10 años la formación fundada por el cómico italiano Beppe Grillo se convirtió en la primera fuerza política en el país. A pesar de la “guerra de baja intensidad” actuada por los principales medios de comunicación en Italia, aquí el intento de presentar una imagen corrupta del movimiento cinco estrellas, y a través un trabajo muy refinado de infiltración en esta organización política por parte de la masonería, al parecer, la mayoría de los votantes italianos han premiado la honestidad de sus principales líderes. “¿Quién no tiene personas corruptas dentro de sus partidos?”, se preguntaba Di Battista, uno de los principales líderes del M5S, “nosotros tenemos ocho personas que han traicionado su mandado no restituyendo parte de sus salarios. Penalmente no son culpables de nada, pero moralmente, sí. Por eso nosotros los condenamos. Algo que otros partidos no hacen. Estos son completamente corruptos. La corrupción está en el alma de las personas. Pero nosotros no lidiamos y golpeamos a quien no respeta su mando hacia el pueblo y la nación y no va a restituir sus salarios para obras sociales”.

La geografía de los votos en Italia muestra un claro corte entre el Norte, donde domina la Liga Norte de Salvini, y las regiones del sur, donde ha triunfado el M5S. Sin embargo los grandes perdedores son Silvio Berlusconi que no ha logrado llevar Forza Italia a más del 14 por ciento y el Partido Demócrata (PD, por su sigla en italiano), aquí Matteo Renzi, no pudo superar el 20 por ciento, a pesar que en sus feudos como la ciudad de Florencia y la región Toscana, el expresidente del consejo, obtuvo una fuerte mayoría de votos. “Tenemos la responsabilidad de dar un gobierno en Italia” dijo el lunes pasado el joven líder de 31 años Luigi Di Maio, que al postularse como nuevo premier por el M5S recordó que “regiones enteras de Italia han votado el M5S”.

Pero cuales son en realidad las coaliciones que se disputan el poder en Italia. Según el “Roselatum”, la “ley fraude 2.0” que la anterior legislatura había votado, favoreciendo las alianzas y coaliciones, justo para evitar de entregar el poder en la manos de los “cinco estrellas”, son la coaliciones de derecha y extrema derecha conformada por Berlusconi y Salvini y la de centro izquierda conformada por Renzi que pueden encontrar un acuerdo para gobernar. Sin embargo es el propio periódico italiano de la Confederación de los industriales Sole 24 ore el que nos muestra los verdaderos intereses que están atrás. Sergio Fabrini, en dos editoriales publicados en este periódico, explica que en Italia se están confrontando los “europeístas” contra los “soberanistas”. Dos bloques trasversales a las coaliciones o partidos políticos, pero con características bien definidas. Por un lado hay quien defiende la integración europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), por otro lado, los que defienden la soberanía nacional.

El Sole 24 ore no tiene ninguna duda sobre cuál línea apoyar, llegando a transformar su pluma en una propia vanguardia de fuego de la eversión al decir que “si las instituciones políticas y electorales no saben garantizar la defensa de aquella relación con la Unión Europea, es necesario que ésta sea protegida por parte de nuestra clase dirigente”. Todo puede ser debatido pero no la participación de Italia en la Unión Europea, el “Euro” como moneda y a la OTAN.

De acuerdo con el periódico de los industriales, el cual representa uno de los “poderes fuertes” que dictan la política en Italia, no es posible que las masas populares italianas retomen una propia soberanía nacional. Y es más, la participación de Italia en la Unión Europea y en la OTAN no son decisiones a la portada de los italianos, que sólo tienen que aceptar sus propias subalternidades a estas dos instituciones supranacionales.

Para hacer aún más complicado el escenario político italiano, no hay una mayoría en Italia, ya que ninguna coalición o partido político ha logrado llegar al 40 por ciento de los votos. Pero en el medio de este jeroglífico, unas cuantas soluciones existen. El Movimiento Cinco Estrellas está en las condiciones para lanzar su propuesta política, frente a una coalición de centro-derecha victoriosa en los números pero donde no hay un claro vencedor entre Berlusconi y Salvini. ¿Berlusconi dejará el mando de la coalición a Salvini? El M5S –como ya hemos visto– promete no dejar el país en el caos, encontrándose de acuerdo con el Quirinale que tendrá que hacer todo lo posible para dar un ejecutivo al país.

De acuerdo con las noticias que salen desde el cuartel general de Di Maio, la competencia entre Berlusconi y Salvini preocupa mucho al movimiento que está mirando hacia la izquierda. A un PD muy debilitado, luego de las “dimisiones” pero congeladas de Renzi, quien quiere estar cierto de que su grupo político no acepte acuerdos con los “Cincos Estrellas” y se quede a la “oposición”; y con el partido de Pietro Grasso, Libres e Iguales (LeU, por su sigla en italiano).

Que pasará en Italia en las próximas horas y semanas es algo muy incierto. Tal vez las cámaras (diputados y senadores) son convocadas el 23 de marzo. Luego será necesario elegir los presidentes de Senado y la Cámara, y al parecer, no será tan simple. Mientras para el Senado los tiempos son muy estrictos: hay el balotaje en juego. Respeto a la Cámara es necesaria la mayoría absoluta, y por ende, un acuerdo político. Por cierto, el presidente de la República italiana, Mattarella, tendrá su papel constitucional sólo al disponer del cuadro completo y definitivo del acuerdo logrado para elegir el tercer cargo de la República italiana: el presidente del Consejo de los Ministros. ¿Se trata sólo de una cuestión de tiempo? Necesario para superar el “divorcio a la italiana” entre “europeístas” y “soberanistas” y que todo puede cambiar sin que nada cambie en realidad. ¿O será necesario volver a nuevas elecciones? A la espera, Steve Bannon, la OTAN y la UE que piden a Italia y a sus instituciones una respuesta clara.

Alessandro Pagani*

*Historiador y escritor; maestro en historia contemporánea; diplomado en historia de México por la Universidad Nacional Autónoma de México y en geopolítica y defensa latinoamericana por la Universidad de Buenos Aires

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