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Por muchos años los campesinos de Baca (en Choix, Sinaloa) lucharon por el reconocimiento de la propiedad de sus tierras, como sucedió en todo el país. Tierras que en algún momento poseyeron pero que les fueron despojadas por lo ricos de esa época. Algunos apellidos de plano desaparecieron por la persecución sufrida, en un régimen donde privó la hacienda como modelo de producción económico en el México rural porfirista.

El único precedente de la bola que se recuerda –aunque no con bastante claridad acerca de cuáles eran los bandos– fue el enfrentamiento entre los que estaban fuertes en el pueblo y se parapetaron en la loma a un costado de la iglesia para frenar la entrada de los contrarios, quienes caminaban río arriba que a los primeros tiros se situaron en la Loma de la Cruz, únicamente mediando entre ambos el arroyo del panteón. Se presume que antes de asaltar Baca, como ataque estratégico primero minaron a las comunidades asentadas río abajo tratando de tomarlo sin mucha resistencia, pero el resultado fue desastroso (a pesar de que el ataque duró pocas horas porque en su afán de tomarlo fueron repelidos con bravura), dejando centenares de muertos, no tantos en la Loma de la Cruz sino arroyo arriba. En la desbandada fueron perseguidos varios kilómetros hacia las lomas por el arroyo del Palmarito, donde se concentró el grueso de los muertos. Tanto odio existía entre los bandos que los muertos no fueron levantados. Ahí quedaron tirados hasta que los zopilotes acabaron con sus restos.

En este contexto los campesinos del pueblo de Baca disputaban el reconocimiento de la propiedad comunal de sus tierras, pues existían varias haciendas a los alrededores que habían fraccionado la mayoría de sus tierras. La que mayor afectación les había causado fue la hacienda de Lamphar. Que ésta, como otras, además del despojo, los obligaba a trabajar de sol a sol los 7 días de la semana, únicamente los días de fiesta en el pueblo descansaban.

Durante los años previos al reparto agrario la organización campesina se mantenía en la sombra para no despertar enfrentamientos con los ricos que estaban agazapados. Con el mandato del general Lázaro Cárdenas el reparto agrario se hace realidad, pues conocía la raíz del problema: en este país no habrá paz y no dejará la sangre de correr mientras no se resuelva la cuestión de la tierra.

El 8 junio de 1938 se presenta una diligencia especial del gobierno del Estado para tomar posesión de las tierras en el pueblo de Baca. Los recibió Pedro Gil Palma y algunos otros campesinos que se despojaron del miedo a salir a la reunión que se llevó a cabo en la casa de palma con piso de ladrillo (solar donde vivió doña Rosita) de José María Miranda, conocido como don Chémali, un campesino de los pocos que poseía ganado y simpatizaba con la causa. Ese día mató una vaca para festejar.

Refiere su hija Dora Gil, que meses previos al reparto “Mi ‘apá, todas las tardes salía a La Estancia, allá dormía; tenía miedo que los ricos lo mataran en Baca. En La Estancia se sentía un poquito seguro; las cosas estaban feas aquí, lo querían matar”. No señala cómo era la correspondencia en esos días con las autoridades del Estado, pero seguramente existió, pues ese día todo estaba preparado para recibirlos en un acto que determinaría la suerte de todos los campesinos de Baca que por fin veían justicia en las acciones del gobierno emanado de la Revolución.

Don Pedro Gil, como era conocido, impulsor de las causas campesinas como pocos, fue el primer presidente del Comisariado Ejidal de Baca, cargo que ocupó los primeros 9 años. Consiguió salvar las embestidas de los ricos, aunque al final no sus familiares.

Por ley, el Comisariado Ejidal se elige cada 3 años. Fue en 1962 cuando Amador Gil estaba de presidente del Comisariado Ejidal y, por ende, jefe de la Defensa Rural, se organizó una fiesta como cada año en el mes de diciembre en El Basate (comunidad extinta por ese motivo). La autoridad del ejido intervino acompañado de la Defensa Rural para vigilar que la fiesta se llevara sin alterar el orden. En eso andaban cuando casi a la media noche se armó el pleito que cobró su vida y la de Vicente Gil y un contrario José (Pepe) Cota Pajarola. Aluden que el fondo del asunto fue un problema de tierras del ejido.

No obstante, las tragedias y vejaciones sufridas, con humor Quirino Alvaz todos los 8 de junio, Día del Ejido de Baca, entonaba como himno de batalla El Barzón, canción popular de protesta, que se entendía como una plegaria de no repetir el ayer sombrío.

Así, como el primer día: junio 8 de 1938 que Don Pedro Gil, Don Chémali y otros campesinos anónimos se resolvieron a fijar esta fecha para terminar con las vejaciones crónicas y volver la dignidad a su pueblo y, en prueba de armonía y amistad entre los presentes, mataron una vaca para festejar. Con esa tradición se ha festejado hasta el último año el día del Ejido de Baca.

Luis Espinoza Sauceda*

*Escritor e investigador de la historia mexicana regional (Sinaloa); cursante del diplomado de escritura creativa en la Escuela Mexicana de Escritores

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