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Para Adán Enrique, colega asesinado en Chiapas

En el marco de las actuales (pre)campañas electorales por la presidencia de la república, la cual estará en juego el próximo 1 de julio, un tema muy espinoso, el del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), ha cobrado una singular importancia declarativa debido a las posturas encontradas de dos de los (pre)candidatos al cargo de presidente de México.

Recientemente el candidato de la coalición Todos por México, José Antonio Meade Kuribreña, estuvo en el área de construcción del NAICM para reconocer las obras que ahí se llevan a cabo. En ese lugar habló de que, al llegar a la Presidencia, continuará con los trabajos de la terminal aérea en cuestión y que nunca lo cancelaría porque eso sería “terminar con miles de empleos”. Por el contrario, el candidato de la Alianza Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, señaló en meses pasados que, en caso de ser elegido para ocupar la silla presidencial, cancelará el actual proyecto del NAICM para reemplazarlo por otro cuya sede será la Base Aérea Santa Lucía, ubicada en el Estado de México.

Independientemente de los escándalos (político, social, ingenieril, de corrupción, etcétera) que han surgido con el proyecto de marras, el tema ambiental ha tenido un impacto notable, aunque no preponderante, en la discusión sobre este tema. En una nota previa, publicada en esta misma revista por Elva Mendoza el 22 de febrero de 2015, se documentó de manera muy precisa, y con información detallada que brindó la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), las graves irregularidades y omisiones cometidas y detectadas en la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) elaborada, entre otros, por el Colegio de Biólogos de México, AC.

A pesar de las deficiencias de dicha MIA, inadmisible por su pobre calidad y nulo rigor científico, el proyecto fue aprobado y con ello se inició la devastación de una zona que, aunque disminuida en su dimensión ambiental (el Lago de Texcoco), aún resulta un sitio importante que brinda múltiples servicios ecosistémicos como la recarga de los acuíferos, la regulación hídrica y el sostenimiento de la biodiversidad en una zona especialmente vulnerable (el oriente de la Ciudad de México), entre otras cosas, por su inexistente planeación urbana, su ineficiente infraestructura y su alta densidad poblacional.

De ganar Meade, lo que se espera (lo dijo él mismo) es que el proyecto NAICM se lleve a cabo, con lo que continuaría de manera inexorable un proceso irreversible de crisis urbana y ambiental en gran parte de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Lo interesante sería, desde la óptica ecológica, la propuesta de López Obrador (esto es, la cancelación del megaproyecto aeroportuario), porque se abriría la puerta a un eventual plan de recuperación de una parte importante del Lago de Texcoco. Específicamente, se podrían recuperar las áreas inundables que se drenaron como parte de las obras de construcción del NAICM, lo que podría revertir en cierto tiempo, y con la ayuda de la teoría de sucesión ecológica y restauración ambiental, la fuerte degradación del área que ya se ha empezado. Con ello, tal vez regresarían las diferentes especies de aves que ya no se ven en la zona, especialmente aquellas migratorias y acuáticas. Otra acción importante sería la remoción de las especies de árboles exóticos que indebidamente ya se han plantado en el sitio, y su sustitución por plantas nativas como el ahuehuete, que es uno de los símbolos nacionales de México. La recuperación del lago no es una idea romántica, sino una necesidad ambiental para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la Ciudad de México y el Estado de México

Muchas personas, aún en nuestro propio gremio (yo soy biólogo, y orgullosamente texcocano), piensan que un área natural disminuida, como lo es el Lago de Texcoco, no tiene importancia ambiental, por lo que continuar su degradación no representa ningún riesgo y se puede realizar sin graves consecuencias. Soy de los que piensan que, debido a la actual crisis ambiental, no nos podemos dar el lujo de perder área natural alguna, por muy pequeña o disminuida que pueda parecer, y que por el contrario debemos (especialmente los biólogos) pugnar por conservarlas, restaurarlas y estudiarlas para procurarle a la sociedad un futuro más prometedor. Una hipotética cancelación del proyecto NAICM (y su sustitución por un plan alternativo de movilidad aérea) representaría una oportunidad para recuperar una parte de una de las zonas más emblemáticas de nuestro México: aquella en donde, según la leyenda, los míticos aztecas encontraron a un águila devorando a una serpiente. Dichas águilas, dicho sea de paso, ya no se encuentran en la zona, y las serpientes seguramente ya han sido arrasadas por la maquinaria de construcción.

Omar Suárez García*

*Biólogo; doctorante en el Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (Unidad Oaxaca) del Instituto Politécnico Nacional

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: ARTÍCULO]