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En México, el 70 por ciento de la población es discriminado. El 30 por ciento que no lo es, concentra la mayor riqueza: son blancos, no indígenas ni afroamexicanos, señala el Conapred. Pero no sólo esos ricos discriminan: lo hace quien se cree superior, sin importar su situación económica

La discriminación estructural se ceba en las poblaciones afrodescendiente, indígena y morena, cuya condición social está determinada por el tono de piel. A éstas, además, se les niega un trato igualitario en derechos y servicios.

Esto reproduce la desigualdad y dominación de clase en el país, concideran catedráticos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), así como el propio Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

“La discriminación estructural es un conjunto de prácticas en las que se vulneran derechos y acceso a servicios de salud, educación y justicia a grupos de población afromexicana, indígenas y morenas, y en las que se reproducen esquemas de desigualdad y privilegios que se fundamenta en un sistema de relaciones de dominación de una minoría sobre el resto de la población”, advierte Tania Ramírez Hernández, directora adjunta de Vinculación, Cultura y Educación del Conapred.

En México, siete de cada 10 personas son discriminadas, reza el slogan del Conapred. Pero, ¿quiénes son el 3 por ciento de los que no son discriminados? “Los no discriminados concentran la mayor riqueza y éxito, y cuentan con todos los servicios y derechos. Son ocho personas que reúnen la mitad de la riqueza que el 50 por ciento de la población del país, cuya característica es que son blancos, no provienen de origen indígena o afroamexicano”, responde Tania Ramírez.

Sin citarlos, Tania Ramírez podría referirse a los empresarios y magnates Carlos Slim (quien además acupa el sexto lugar mundial entre los más ricos), Sara Mota de Larrea, Alberto Bailleres, Germán Mota-Velasco, David Martínez, María Asunción Aranburuzabala y Emilio Azcárraga Jean, por ejemplo.

Todos discriminan

En México, la discriminación, sin embargo, no se concentra en erse 30 por ciento de la población acaudalada. No sólo las personas con más recursos discriminan por razones sociales o económicas: lo hace cualquiera que crea estar por encima de las personas que considera pobres o con un estatus social “inferior”, precisa la directora de Vinculación del Conapred.

Señala que, en general, según datos de medición de la pobreza del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social de 2017 (recuadro 1), sólo una quinta parte de la población mexicana no es pobre ni tiene alguna carencia social (rezago educativo, acceso a servicios de salud, alimentación, seguridad social, servicios básicos en la vivienda). De la pobla­ción restante, más de la mitad es pobre y casi un tercio tiene una o más carencias.

 “Esa enorme desigualdad es resultado, entre otras cosas, de la discriminación estructural”, subraya la maestra en lingüística y teoría de la literatura por la UNAM.

 “La discriminación es resultado de un sistema de gobierno y de dominación que ha separado y dado un trato diferente a la población afromexicana e indígena”, asegura Federico Navarrete Linares, doctor en estudios mesoamericanos por la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Sin embargo, acota, es difícil saber quiénes no son discriminados. “Es muy subjetivo, porque depende de las personas, de la educación”. Aunque admite que las personas blancas tienen ventaja sobre el resto de la población, y contra las que también hay formas de discriminación: “se les acusa de no ser suficientemente mexicanas, sino extranjeras, por ejemplo”.

En entrevista, el catedrático considera que el racismo es muy dañino porque hace que un sector muy importante de la sociedad tenga menos oportunidades, que la desigualdad social sea más profunda y los problemas sociales sean más difíciles de resolver.

 “El racismo tiene una historia muy profunda, tan profunda como los cambios que requiere la sociedad mexicana para poder eliminarlo”, apunta.

Explica que el racismo estructural que permea a la sociedad mexicana desde hace siglos tiene que ver con la diferenciación que se hace de las personas por su origen y vulnera en particular a indígenas y afromexicanos.

Actualmente, dice, “hay un racismo tan visible de los medios de comunicación, que no es tan estructural sino empresarial, que debe ser combatido como tal”.

Nuevos hallazgos, misma discriminación

En entrevista, Tania Ramírez Hernández señala que el racismo es una forma concreta de discriminación y se compone de discriminaciones múltiples. Por ejemplo, dice, “una persona afromexicana o indígena tiene mayor probabilidad de ver vulnerados sus derechos si es mujer que vive en una comunidad rural y con alguna discapacidad. La convergencia de esas características conlleva que tenga menos acceso a servicios”.

La directora de Vinculación del Conapred vaticina nuevos hallazgos donde la discriminación se hace patente entre la población vulnerable del país, con base en resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis) 2018, que se dará a conocer en marzo de este año.

Señala que en la tendencia de la Enadis 2018, “todo parece indicar que el número de casos de discriminación ascendió, en virtud de que en 2017 el Módulo sobre Movilidad Social Intergeneracional (MMSI) del Inegi [Instituto Nacional de Estadística y Geografía] arrojó datos que relacionan el tono de piel con la dificultad para tener movilidad social, pregunta que se planteó por primera vez a los entrevistados en este tipo de encuestas (recuadro 2).

El reporte del MMSI –cita la maestra Tania Ramírez– destaca que “en términos de movilidad social, uno de los temas comunes para su estudio es el que se refiere a asuntos étnico-raciales, debido a su relación con el grado de desigualdad y discriminación presentes en una sociedad”.

En ese sentido, añade, el Inegi precisa que “el color de piel funge como detonante para medir las diferencias de acceso a oportunidades experimentadas por las personas, y éstas perpetúan las barreras sociales que condicionan el poder lograr o no movimientos ascendentes en su nivel de riqueza y bienestar”.

Asimismo, para efectos de la Anadis 2018, dice la funcionaria del Conapred, todo indica que en los últimos 8 años hay una tendencia, sobre todo desde la encuesta intercensal del Inegi 2015, en que la población que se autodescribe como afrodescendiente puede ser mayor en este año y que no viven en un solo lugar como los grupos indígenas, sino en muchas poblaciones del país.

Considera que habrá pocas variables respecto de la Enadis 2010, aunque la encuesta de este año develará no sólo percepciones de la gente de por qué se discrimina, sino experiencias concretas de discriminación.

Es decir, destaca que la Enadis 2018 contiene experiencias directas de discriminación, con datos desagregados para pueblos indígenas, mujeres, jóvenes, gente de la diversidad sexual, afrodescendientes, trabajadoras del hogar, percepción de la discriminación en niños y adultos mayores, y revela que no es un asunto de minorías, sino que todos estamos expuestos a la lupa de la discriminación.

“No sólo nos limitamos a la percepción de las personas frente un hecho discriminatorio, sino en dónde y cómo sucede la discriminación. Por ejemplo, ser jóvenes y estar reunidos en la noche, para mucha gente sería meritorio llamar una patrulla, sin más argumento que su apariencia de ser jóvenes reunidos en una esquina en la noche”.

Las quejas por discriminación

La directora de Vinculación del Conapred ofrece algunos datos de cómo se manifiesta la discriminación, de acuerdo con las quejas presentadas ante el Conapred por quienes consideran vulnerados sus derechos en diversos ámbitos de la vida social:

De 2011 al 30 de noviembre de 2017 se radicaron 3 mil 191 quejas por discriminación laboral, rubro que más casos registra, seguido del educativo. Sólo de enero a noviembre 2017, se registraron 560 quejas por discriminación laboral, una cifra amplia para un solo año, lo cual significa mayor conciencia de denuncias en este ámbito.

Ramírez agrega que del total de quejas, 2 mil 392 casos de discriminación laboral fueron atribuibles a personas particulares y 799 a servidores públicos por distintas razones y condiciones.

Las más recurrentes son: embarazo, condición de salud, apariencia física y discapacidad en los centros de trabajo. La Ciudad de México registra la mayor cantidad de casos por esta causa.

De enero al 15 de diciembre de 2017, prosigue Tania Ramírez, el Conapred radicó un total de 1 mil 142 expedientes de quejas y reclamaciones por actos de discriminación; de ellos, 803 por actos atribuidos a particulares, y 339 a servidores públicos. Los derechos más vulnerados son al trato digno, al trabajo y a la igualdad de oportunidades.

Detalla que entre las causas que motivaron los expedientes por actos de discriminación sobresalen: discapacidad (247), condición de salud (198), apariencia física (159), preferencia sexual (125), embarazo (124) y género (107). Y los tres principales ámbitos en los que se cometieron fueron el laboral (597), educativo (152) y servicios al público (136), entre otros.

Asimismo, refiere que entre los derechos vulnerados sobresale el derecho a un trato digno (1 mil 32), al trabajo (537), a la igualdad de oportunidades (257), a la prestación de servicios al público (149), a una vida libre de violencia (141) y al derecho a la educación (125).

Las principales entidades federativas vinculadas con actos de discriminación, de acuerdo con los expedientes, fueron la Ciudad de México (574 casos), el Estado de México (115), Jalisco (62), Guanajuato (32) y Nuevo León (26).

También refiere que entre 2011 y septiembre de 2017, se presentaron al Conapred 80 expedientes calificados como presuntos actos de discriminación por condición económica o social, de los cuales 69 fueron quejas contra particulares y 11 contra servidores públicos. Un tercio de esos casos se dio en el ámbito laboral.

Entre los derechos vulnerados, el más frecuente fue trato digno (88 por ciento), seguido por los derechos al trabajo (31 por ciento) y a una vida libre de violencia (26 por ciento).

Entre los casos hay historias de niñas y niños que no son atendidos en hospitales públicos, porque sus padres no pueden pagar un estudio de laboratorio; trabajadoras del hogar que reciben mala atención en servicios médicos privados; mujeres acosadas laboralmente por ser “nacas”, “feas” y “huevonas” (según muestran los testimonios en las quejas), así como hombres despedidos por no cumplir las condiciones sociales deseables para los “colaboradores” del jefe (vivir en ciertos lugares, asistir a ciertos restaurantes, tener autos de lujo o haber estudiado en universidades de prestigio).

Privilegio blanco y prácticas racistas

Al documentar diferencias en la posición socioeconómica, experiencias de discriminación y autopercepción de acuerdo con el color de piel en adultos mexicanos, académicos de la Flacso concluyen que en la sociedad mexicana prevalece una asociación de lo europeo con rasgos positivos (que resumen en el concepto de “privilegio blanco”) y lo africano e indígena con aspectos negativos, lo cual deriva en prácticas racistas.

Luis Ortiz Hernández, César Iván Ayala Guzmán y Diana Pérez-Salgado indican que los blancos acceden más a la educación, se ubican en mejores ocupaciones, tienen salarios mayores, con menos frecuencia han experimentado discriminación y les gusta más su piel. Conforme la piel es más oscura, la situación es opuesta.

En la tesis de maestría Posición socioeconómica, discriminación y color de piel en México (septiembre de 2017), señalan que el racismo se expresa en el no respeto de los derechos humanos de personas indígenas, afrodescendientes y morenas, cuyas disparidades socioeconómicas y experiencias de discriminación evidencian las desventajas respecto de los blancos.

Al respecto, el doctor Federico Navarrete Linares, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, expone que las Enadis demuestran que es más difícil para personas por el color de piel ascender socialmente, debido a que en su opinión hay una relación complicada entre clase y raza que no se ha entendido del todo en México.

Sin embargo, detalla que el racismo en México se mezcla con la cuestión de clase social, ya que una persona que asciende socialmente, por su educación o por dinero, no es tan discriminada por su color de piel como el resto de la población.

Es decir, apunta el catedrático, la discriminación es clasista y racista al mismo tiempo; se combinan las dos cosas en México: el racismo se ejerce combinado con otras formas de discriminación, de género, de idioma, religioso, etcétera.

Y es que en México, concuerda la maestra Tania Ramírez, del Conapred, el racismo ha sido una práctica y un fenómeno difícil de visibilizar como uno de los problemas centrales del país, pues no sólo está orientado hacia los pueblos afrodescendientes, sino también hacia los pueblos indígenas.

“Si preguntáramos a cualquier persona si México es racista probablemente diría que no, pero difícilmente volteamos a ver las barreras que han tenido los pueblos indígenas y afromexicanos para tener los mismos derechos y oportunidades de realizar un proyecto de vida digno a la luz del racismo”, enfatiza Ramírez Hernández.

Indica que hay una falla de origen en entender que la mexicanidad no sólo está compuesta de españoles e indígenas, sino de esclavos africanos que se instalaron en la vida colonial, lo cual ha traído problemas como no entender los tonos de piel ni a los grupos de población que se han mantenido históricamente a la zaga en acceso a derechos y servicios durante siglos de dominación.

Es decir, aclara, el racismo se explica por pobreza, falta de educación, cuando en realidad es una de las expresiones de la discriminación estructural que ha tenido como consecuencia que ni los servicios de salud y ni el sistema justicia y educación se hayan adecuado a los pueblos indígenas y afrodescendientes.

Racismo, hijo del colonialismo e imperialismo

El racismo se identifica en la desigualdad social, donde el grupo dominante considera que los grupos subordinados son inferiores, por lo cual deben mantenerse así: se exalta con discursos biologizantes, para justificar la exclusión de los que no son similares, y es la forma más prevalente de discriminación en la actualidad, señalan los académicos de la Flacso Luis Ortiz Hernández, César Iván Ayala Guzmán y Diana Pérez-Salgado.

En su tesis de maestría, argumentan que el privilegio blanco se refiere a las ganancias, ventajas o beneficios simbólicos o materiales que obtienen las personas de piel clara en función de estereotipos positivos asociados con los rasgos europeos y que ese privilegio existe independientemente del deseo de las personas, pues se construyó históricamente con la hegemonía de las culturas europeas durante siglos de colonialismo e imperialismo.

Racismo acendrado en televisión

Autor de los libros Alfabeto del racismo mexicano (Madrid-México, Ediciones Malpaso, 2017) y México racista. Una denuncia (Grijalbo, 2016), el doctor Federico Navarrete Linares señala que en la sociedad mexicana persisten en exceso prejuicios raciales contra indígenas, indocumentados y personas con preferencias sexuales diferentes. Y acota que aunque ha habido intentos en el sistema educativo sobre tener tolerancia, han sido insuficientes y no han permeado entre la población.

Lo que hagan las escuelas “no sirve de nada si la televisión y la publicidad siguen siendo tan racistas. [Ahí] es donde se ejerce el racismo de la manera más púdica y descarada: se discrimina a todas las personas que no son de un tipo físico europeo y no se muestran a personas con tipos físicos diferentes”.

El doctor Navarrete asegura que, si bien el Conapred ha tenido algún impacto en casos particulares al promover una cultura de mayor respeto, su trabajo contra la discriminación está muy acotado, porque no puede multar o ejercer castigos, sino sólo emitir recomendaciones que no necesariamente son acatadas. Insiste en que es necesario darle un mayor poder legal al Consejo, sobre todo para combatir el racismo en la televisión y en la publicidad.

—¿Será posible erradicar la discriminación? ­–se le pregunta a Tania Ramírez Hernández, directora de Vinculación del Conapred.

—La discriminación como práctica que perpetua este sistema de dominación y poder, donde los privilegios se quieren mantener intactos, obliga a pensar en trabajar para erradicarla, a partir de desmontar estos privilegios. Esto implica el futuro de una sociedad y un país con relaciones distintas, para mejorar la vida de los de abajo, y un cambio para todas las personas, de manera que nada quede intacto.

El racismo de Trump

Ante resurgimiento en el mundo, del supremacismo, la homofobia, y el racismo blanco, sobre todo en Estados Unidos con Donald Trump y su desprecio a latinos y migrantes y sus amenazas al futuro de connacionales y jóvenes binacionales, no puede frenar la búsqueda del fin del racismo en México.

Para Tania Ramírez, esta nueva oleada de discursos supremacistas, no sólo de la era de Trump, sino de otros países, habla de un movimiento pendular de la historia según se logra la avanzada en la garantía de derechos, en donde los grupos que mantienen el privilegio blanco ven “amenazados” sus privilegios.

Por ello, explica, responden en un sentido inverso con acciones supremacistas, xenófobas. “Sin embargo, si bien hay que poner atención a este tipo de personajes, no debe distraernos de nuestras propias formas de discriminación, y olvidar que en el día a día los indígenas y afrodescendientes están presentes pidiendo limosna en lugar de estar en la escuela”.

Las cifras de la discriminación estructural

En México hay 53.4 millones de personas en pobreza (43.6 por ciento de la población total del país), de las cuales 44 millones (35.9 por ciento) viven en pobreza moderada (ingresos por debajo de la línea de bienestar económico, y al menos una de seis carencias sociales).

De ese primer total, 9.4 millones (7.6 por ciento de la población) viven en pobreza extrema (ingresos por debajo de la línea de bienestar mínimo y al menos tres de seis carencias).

Estas cifras describen la enorme desigualdad y discriminación estructural que prevalecen en México, señala el documento Discriminación estructural por razones económicas del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), con base en datos del último informe del Coneval de 2017.

El documento señala que el porcentaje de mujeres en situación de pobreza (44 por ciento) es mayor al de los hombres (43 por ciento). Desde 2014, la brecha se ha ampliado de 0.3 a 1 punto porcentual. La disparidad se mantiene tanto en pobreza moderada (36.4 versus 35.4 por ciento) como en pobreza extrema (7.7 versus 7.6 por ciento), según el registro del Coneval de 2017.

Asimismo, refiere que siete de cada 10 personas indígenas (71.9 por ciento) están en situación de pobreza. Mientras tanto, entre personas no indígenas sólo cuatro de cada 10 (40.6 por ciento) están en situación de pobreza, lo que significa que la brecha entre ambos grupos se amplió, de 2014 a 2016, de 30 a 31.3 puntos porcentuales.

Mientras que ocho de cada 10 (77.6 por ciento) personas hablantes de lengua indígena viven en pobreza, la proporción se reduce a 41 por ciento entre quienes no hablan lengua indígena. De hecho, prácticamente todas las personas que hablan una lengua indígena viven con al menos una carencia social (94.1 por ciento).

Finalmente, el reporte anota que el porcentaje de personas en pobreza, en pobreza moderada y extrema es mayor entre personas con alguna discapacidad (49.4, 39.4 y 10 por ciento, respectivamente) que entre personas sin discapacidad (43.1, 35.6 y 7.5 por ciento, respectivamente).

Movilidad social intergeneracional, 2017

Con el Módulo de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI), el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) presentó, por primera vez en 2017, información considerando las características sociodemográficas de la población de 25 a 64 años de edad, sus niveles educativos y ocupacionales, a partir de su situación socioeconómica de origen, es decir, cuando tenían 14 años de edad.

En sus resultados, el Inegi encontró que el total de la población estimada de 25 a 64 años en el Módulo de Movilidad Social Intergeneracional es de 61 millones mil 469 de habitantes, que corresponden a 32 millones 550 mil 407 mujeres y a 29 millones 277 mil 62 hombres.

El reporte indica que en la mayoría de los casos (65.2 por ciento), el padre fue el proveedor principal del informante cuando éste tenía 14 años de edad; en 14.4 por ciento de los casos fue la madre y, cuando fueron ambos, el resultado alcanzó 10.1 por ciento. En 10.3 por ciento de los casos, el proveedor principal fue una persona distinta a los progenitores.

Respecto a la movilidad social educativa, indica que los niveles de escolaridad que alcanza la población de 25 a 64 años se relacionan en primera instancia con la persona que cumple las responsabilidades de proveedor económico principal. Cuando el padre y la madre son los proveedores económicos, una de cada dos personas (47.5 por ciento) alcanza el nivel de escolaridad media superior o superior.

De esa forma, el MMSI permite observar que, a mayores niveles de escolaridad del proveedor principal, la población de 25 a 64 años presenta niveles de escolaridad más altos.

Asimismo, de acuerdo con el MMSI, en las personas con tonalidades de piel más oscura se observa un mayor rezago educativo: 28.8 por ciento cuenta con primaria incompleta y 23 por ciento con primaria completa, sólo el 4.9 por ciento tiene estudios superiores. Mientras que en las personas con tonalidades de piel más clara hay porcentajes más altos en los niveles medio superior y superior: 29.3 a 44.4 por ciento del total, 79.2 por ciento alcanza un nivel superior.

Fuente: Inegi, 2017

José Réyez

[SOCIEDAD]}

 

 

Contralínea 578 / del 19 al 24 de Febrero 2018

 

 

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