Hablar de paz en medio de las balas

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Colombia transita de un clima de terror a un sólido proceso de paz, impulsado por la sociedad y acompañado por periodistas comprometidos, considera Antonio Roveda Hoyos. Para el periodista colombiano, la militarización sólo agravó el problema. La movilización social, parte de la solución

El destierro o la vida es la premisa que enfrentan los amenazados de muerte. Y Antonio Roveda Hoyos –periodista, académico y concejal de la Unión Europea– lo sabe muy bien: “Me vi obligado a emigrar por las agresiones, asesinatos y amenazas de muerte a todo aquel que se atreviera a hablar de la realidad colombiana”.

De regreso a su natal Colombia, el doctor en ciencias políticas y cooperación internacional por la Universidad Complutense de Madrid, España, asegura que las cosas ya han cambiado para el periodismo, tras padecer una guerrilla de 50 años. Sus palabras contrastan con un antecedente brutal para la prensa: en 5 años, 258 periodistas fueron asesinados en ese país como represalia a su labor.

A base de su propia experiencia, el también Par Académico del Ministerio de Educación Nacional –en la Comisión Nacional Intersectorial para el Aseguramiento de la Calidad en la Educación Superior– proclamó reiteradamente que la paz no se construye con el silencio.

“Soy testigo de que en mi país ha pasado 1 año –2017– y no ha habido un solo asesinato de periodistas, ni una sola agresión a los medios de información, llámese prensa escrita o de redes, radio o televisión, después de que, en esos 5 años, Colombia ocupó el primer lugar con este número de periodistas asesinados y muchas otras agresiones y delitos contra el derecho a la información.”

Para la prensa, ese clima de terror fue una de las consecuencias del narcotráfico, reflexiona el periodista. En una breve pausa, advierte que no fue la militarización la que ha permitido que en Colombia se estén registrando estos cambios. No. A la inversa –precisa–, cuando se recurrió a los militares la situación se agravó.

La experiencia que narra Roveda Hoyos podría servirle a nuestro país. “El narcotráfico en Colombia se radicó en la selva, a diferencia de México, donde el narcotráfico es urbano. No obstante, será bueno recapitular lo que ha ido modificándose en mi país”.

El camino en Colombia pasa por el periodismo

El periodista explica el arduo camino que ha seguido su país natal. “La sociedad civil no se paralizó. Hubo algo que conmovió al mundo: 10 millones de colombianos salimos a las calles a protestar. No era posible vivir en esa zozobra: salir de casa al trabajo, a la escuela, a realizar trámites, etcétera, y pensar en la posibilidad de no regresar por secuestro o por pérdida de vida”.

Ante ese enérgico y justo reclamo, el Estado retomó y modificó su actuación. La situación se analizó concienzudamente, el Congreso aprobó un presupuesto con un profundo sentido social, y se asignaron mayores recursos a la educación.

Roveda Hoyos asegura que Colombia es el país latinoamericano con una mayor inversión en educación. “En mi país, ningún niño, ningún joven queda fuera de las aulas”.

Además, advierte, se modificó el sistema fiscal para ofrecer mayores facilidades para la apertura de centros de trabajo, entre otros cambios de trascendencia.

“Hubo más recursos disponibles para el campo, para la industria, para todos los proyectos productivos. Se crearon más y mejores campos deportivos, se viene dando relevancia a las artes, de manera especial a la música con la creación de grupos musicales, a la lectura con el programa Libros al Viento”.

Lo más importante, indica, es que la gente empezó a cambiar su lenguaje, a dejar de mencionar las palabras asesino, presunto, violador. En ese cambio de lenguaje los medios de comunicación dejaron de dar noticias, de entrevistar a criminales y a jefes militares y se empezaron a contar historias. Se regresó a la crónica, al reportaje de investigación.

El cambio fue radical y se manifestó en las nuevas expresiones que exigió la propia población, considera Roveda Hoyos. Los periódicos, las noticias ya no iniciaban con la página roja, las imágenes, la sangre. Eso se modificó y, poco a poco, esta nueva forma de contar los sucesos fue resultado del rechazo o aceptación de los redactores y de los lectores.

No obstante, advierte que esto no quiere decir que se dejara de informar la realidad. “No es esa la opción, sino un cambio de lenguaje sobre los conflictos; [y] al mismo tiempo, no olvidarse lo que pasa en el país”.

El periodista reconoce que, si bien estos cambios no resuelven los conflictos de un día para otro, los resultados se están palpando en Colombia. “Mientras en 5 años tuvimos que lamentar 258 periodistas asesinados y otros centenares agredidos, inclusive a medios de comunicación, en 2017 no tuvimos ni un solo asesinato”.

Y agrega: “Hoy la gente lee las noticias contadas de otra manera. Ya no estilan sangre las páginas de la prensa, ni las redes sociales. La gente se hartó de ver imágenes que sólo alimentan el morbo, la desesperanza”.

Y aún con eso, la prensa no ha dejado de denunciar los crímenes. “La página roja ya no se lee como antes: los periodistas pasamos de entrevistar a criminales, a jefes militares, para regresar a la crónica, al reportaje, a contar historias de las necesidades de cada región”.

La violencia no se combate con más violencia

El doctor Roveda Hoyos, profesor de la Universidad de El Rosario en Bogotá, destaca que “la militarización en Colombia recrudeció la violencia”.

Por ello, indica, “no se puede combatir la violencia con más violencia. El resultado está a la vista: en 50 años se tuvieron 8 millones de personas asesinadas, más de 7 millones de desplazados, y las distintas formas de tratar de acallar las voces disidentes, el asesinato a periodistas, la agresión a medios de información”.

El propio pueblo colombiano exigió algo distinto. Sus exigencias colectivas tocaron al Estado, y es por eso que ahora Colombia dedica más presupuesto a la educación, a la promoción de actividades culturales, deportivas.

Especializado en el llamado periodismo de paz, Roveda Hoyos concluye: “la paz se empezó a construir cuando 10 millones de colombianos, hartos de vivir esa etapa de inseguridad, salieron a las calles”.

El resultado, observa, se reflejó en todo: “Cambió que se estuviera haciendo de la violencia un espectáculo, por demandar, exigir un mundo de paz, de esperanza, un mundo de hermanos, un mundo de amor”.

Carmen Aída Guerra Miguel*

*Presidenta del Colegio de Periodistas y Escritores de Sinaloa José Cayetano Valadés, AC

[ENTREVISTA]

 

 

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