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Los programas oficiales de salud infantil enfrentan graves rezagos debido a los desaciertos de la política social de dos gobiernos panistas y uno priísta en los últimos 15 años, lo que se hace más evidente la desigualdad y el fracaso del actual modelo económico

La desigualdad como factor determinante en México para la mortalidad infantil, tiene explicación por la falta de acceso a la salud de personas que viven en condiciones de pobreza en zonas rurales y áreas urbanas marginadas, en donde se concentra principalmente la población indígena, asegura la organización internacional Save the Children.

Esta población vulnerable no es menor, ya que las cifras más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) arrojan que para 2012, unas 25.3 millones de personas tienen carencia en el acceso a servicios de salud y 27.4 millones en alimentación.

 “En términos de mortalidad infantil, los niños que mueren viven en condiciones de pobreza, constituyen una violación al derecho a la salud y la alimentación y son el reflejo de una enorme y persistente desigualdad social”, señala la organización internacional, con representación en México desde 1973, y que basa su trabajo en los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño.

En el informe La salud infantil en México, análisis de la política pública y presupuestal 2000-2015, subraya que la gran mayoría de las muertes de infantes son prevenibles y están relacionadas con la falta de acceso a una alimentación adecuada y servicios de salud de calidad.

Señala que si bien se ha logrado disminuir la mortalidad materna e infantil en los últimos catorce años (2000-2014), datos de 2012 muestran que 2.8 por ciento de niños menores de 5 años presentan bajo peso, 13.6 por ciento talla baja, 1.6 por ciento tienen desnutrición aguda y 23.3 por ciento padecen de anemia.

Así, dice, aunque las cifras de desnutrición aguda y bajo peso parecen menores, las prevalencias de baja talla y anemia son significativas en términos de salud pública y reflejan la carencia sostenida de alimentación adecuada y pobre acceso a servicios de salud de calidad.

“El resultado es que los niños que nacen con bajo peso y sufren de pobre salud y distintos tipos de desnutrición en sus primeros años de vida, no podrán tener el mismo rendimiento escolar y verán mermadas sus posibilidades en el futuro, con lo cual se perpetúa la desigualdad y el círculo de pobreza”, enfatiza la organización humanitaria internacional.

Para la doctora en economía internacional por la Universidad de Oxford, Alicia Puyana Mutis, en México nunca se va a revertir la desigualdad social y sus efectos en salud y educación infantil, así como el de la población en general, debido a la estructura del poder político y el modelo económico vigente en el país.

“Nunca se va a revertir la desigualdad social y sus efectos en la salud y la educación debido a la estructura del poder político. Por ejemplo, si (Carlos)  Slim tiene más poder que un indígena para decir ‘esta es la política adecuada’, hay muy poca posibilidad de que el modelo económico actual cambie”, subraya.

Explica que en México la desigualdad de la riqueza es muy superior a la desigualdad del ingreso, de casi el 80 por ciento, y según el FMI (Fondo Monetario Internacional) y el BM (Banco Mundial) va aparejada en paralelo al poder político con la capacidad de influir en quien toma las decisiones para que se adopten políticas macroeconómicas que recrean y mantienen esa desigualdad.

Por ejemplo, dice, basta con que Carlos Slim diga un “¡ah!” para que el país se conmocione, no porque Slim sea más inteligente, sino por su poder de influir con un guiño en la toma de decisiones políticas en México.

Save the Children cuestiona la asignación del presupuesto de programas claves vinculados con la salud infantil entre 2001 y 2015: IMSS-Prospera; Salud Materna y Perinatal; Prospera Inclusión Social; Programa de Apoyo Alimentario; Seguro Médico Siglo XXI, y Unidades Médicas Móviles, y concluye que ninguno ha dado respuesta a las necesidades de salud y alimentación de la población infantil más marginada del país.

Incluso, señala que los últimos tres planes de desarrollo social y sectoriales de salud en México (2000-2018) reconocen esta relación, y subrayan que la salud, en particular la de los niños, es “un componente central del capital humano”.

Sin embargo, destaca que aunque la tasa de mortalidad infantil ha disminuido entre 1990 y el 2013, pasando de 32.6 a 12.7 por cada 1 mil niños vivos, respectivamente, para 2017 no se ha alcanzado la meta del milenio que establece llegar a una tasa de 10.8 prevista para el año 2015.

Save the Children explica que de las 32 entidades federativas, nueve se encuentran por encima de la tasa de mortalidad infantil nacional; el caso más paradigmático es Puebla, con una tasa por encima de 16. Mientras que Chiapas, Guerrero y Oaxaca, los estados más pobres del país, muestran una tasa más elevada que la media nacional.

Al comparar estos datos con la meta para el 2015, que es de 10.8, la organización humanitaria observa que algunos estados se encuentran muy lejos de llegar a una tasa de mortalidad infantil cercana a la meta, mientras que otras entidades ya la han superado, como Nuevo León, Coahuila y Sinaloa, con índices de mortalidad infantil de 10 por cada 1 mil niños o menos.

Es decir, subraya el informe, los datos revelan las enormes desigualdades entre estados, que han persistido a lo largo de décadas y que no parecen resolverse. “Un niño que nace en Nuevo León tiene mayores posibilidades de sobrevivir en su primer año de vida que una niña que nace en Puebla o en Guerrero”.

Explica que la desigualdad se agudiza si se compara la tasa de mortalidad infantil (TMI) y la mortalidad infantil en menores de 5 años entre entidades con distintos niveles de marginación, como se reconoce en el Plan Sectorial de Salud 2013-2018, sobre las desigualdades en salud que prevalecen en México, como se observa en la siguiente gráfica.

La organización humanitaria refiere que, en ambos casos, (TMI y mortalidad en menores de 5 años) las tasas son más elevadas en aquellas entidades con un muy alto grado de marginación que en aquellas en donde es muy bajo. En el caso de la mortalidad en menores de cinco años la brecha es sustancial, incluso en comparación con la tasa a nivel nacional.

“La desigualdad que se hace evidente a través de estos datos, son consecuencia de que el sistema nacional de salud no responde de manera equitativa a las necesidades de toda la población”, precisa el informe.

Advierte que la desigualdad está relacionada con asignaciones de presupuesto insuficientes para cubrir las necesidades, distribución del gasto inequitativa entre entidades federativas y grupos de población, ejecución del gasto ineficaz y los recursos públicos no se emplean de manera oportuna o adecuada.

La también profesora investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Alicia Puyana, señala que si los ingresos y salarios reales mínimos se han deteriorado, es muy difícil que los presupuestos tengan algún efecto, precisamente por ese ambiente y atmósfera general de política económica y social negativa. “Poco se puede lograr si se concentra en la salud y nutrición de los niños, porque dejan de ser niños y pasar un hogar pobre y se vuelve a desnutrir”, anota.

Destaca que México padece de múltiples desigualdades y todas se compendian en una segregación por grupos de edad y por grupos de población, sobre todo en ancianos, indígenas, mujeres y niños en términos de educación, salud, ingreso y bienestar.

Invariable política social en salud de personas de 18 años

Save the Children observa que durante los últimos tres sexenios hay elementos comunes y de continuidad de la política social y de salud pública, y componentes de cambio sólo en el discurso y de prioridades que explican por qué, por ejemplo, de un sexenio a otro puede haber aumento o disminución en los presupuestos para distintos sectores y programas. (Tabla 1)

Señala que en el sexenio 2001-2006 se reconoce que en México persisten enormes desigualdades entre diferentes sectores de la población y la salud se inserta dentro de una lógica “democratizadora” que pretende garantizar el derecho a la salud a través del Seguro Popular.

La prioridad serán las poblaciones vulnerables, reconociendo que, por ejemplo, no todos los niños tienen un “arranque parejo.” En este sentido la salud infantil se integra dentro de la estrategia de “reducir los rezagos en salud que afectan a los pobres”, y “brindar protección financiera en materia de salud a toda la población.”

Para el sexenio 2007-2012, prosigue, hay continuidad en la universalización de la salud a través del Sistema de Protección Social en Salud (SPSS), pero se reconoce que la mortalidad infantil se concentra entre niños más marginados como consecuencia de la desigualdad en el acceso a la salud, lo que impacta en su desarrollo individual y de la sociedad en su conjunto.

Mientras que en el sexenio en curso (2013-2018) los objetivos y estrategias de la salud infantil son “consolidar acciones de protección y prevención de enfermedades, ampliar la cobertura de atención prenatal y reducir la mortalidad infantil en niños menores de 5 años más marginados”.

En suma, indica Save the Children, a lo largo de los últimos sexenios se reconoce la desigualdad en el acceso y la calidad de la salud, en virtud de que los programas para garantizarla y tener impacto sobre la salud infantil aumentan en número, pero no incluyen cambios radicales en sus objetivos.

“A pesar de que a Enrique Peña Nieto le preceden 12 años de políticas públicas dirigidas a los más pobres, los niveles de pobreza no han disminuido y los retos en materia de salud –desigualdad, acceso y calidad- siguen siendo los mismos. “Algo parece no estar funcionando para eliminar las causas estructurales de la pobreza y la marginación”, alerta la organización humanitaria.

Evolución del gasto programable 2008-2018

El gasto programable se refiere a la parte del presupuesto público que se utiliza para la operación de las instituciones y programas del gobierno; es decir, los recursos que pueden ser distribuidos para la operación de los servicios que se ofrecen.

El informe ilustra la forma en que el gasto programable del gobierno federal aumenta de manera constante entre 2008 y 2013. Empero, arguye que entre 2014-2015 el aumento no es tan significativo, de acuerdo con la siguiente gráfica.

“Los programas más importantes para asegurar el derecho a la salud y la alimentación de las poblaciones más vulnerables, incluyendo los niños, juntos no constituyen ni siquiera el 3 por ciento del gasto total programable en ninguno de los años del periodo 2001-2015.

Asimismo, añade que el programa que más presupuesto recibe es IMSS-Prospera (10.4 por ciento), le siguen salud de Prospera, luego el PAL, Siglo XXI y Unidades Médicas Móviles, el cual resalta que sólo recibe el 0.8 por ciento del gasto total que se asigna a estos programas en su conjunto.

“Esto resulta preocupante, ya que este es el programa que lleva servicios básicos de salud a las poblaciones más marginadas entre los marginados; aquellos que viven en las localidades en donde ni Prospera, ni IMSS-Prospera pueden llegar”, considera Save the Children.

Además, advierte que en tanto que la mayoría de los programas no cuentan con una evaluación de impacto por el Coneval (salvo Prospera), se desconoce si las intervenciones que ofrecen están teniendo un cambio real en la salud de los niños más vulnerables de México.

Alicia Puyana Mutis, profesora de El Colegio de México y de la London School of Economics, considera que tendría que haber un esfuerzo muy grande en salud y nutrición, pero no solo de los niños, sino del conjunto de la familia, porque ésta representa la unidad de trabajo para reducir la desigualdad y mortalidad infantil.

“El análisis de todos los aspectos de la familia es mucho más amplio, el grado de desigualdad y pobreza es tan grande, que la gente pierde la fe y la esperanza en que a través del trabajo y la emulación se puedan acercar  a los estratos de mayores ingresos y tiene un efecto paralizante esta gran desigualdad, de tal manera que dar paliativos muy focalizados no sirve, como el seguro popular que no está trabajando bien”, enfatiza.

Hay que ver el conjunto de la familia y los elementos que conforman su bienestar, salud, educación, etcétera, y no solo focalizarse en cosas específicas, sino que tiene que atenderse toda una gama de aspectos que afectan todo el conjunto familiar donde se encuentran los niños, apunta la especialista.

Desigualdad histórica

Las causas estructurales de la desigualdad de la riqueza y la concentración del capital se van a las raíces de La Colonia, donde se establece una estructura de poder y distribución de la riqueza de tierras y minas que no cambia mucho con la Independencia y que se acentúa con la Revolución, por el poder de los grandes hacendados y el nulo reparto de tierra, advierte la doctora e investigadora de la Flacso, Alicia Puyana Mutis.

Desde entonces, asegura que no se ha logrado reducir la concentración de la riqueza, incluso de la educación y su calidad en los pueblos marginados, donde asisten los grupos de menores ingresos.

La desigualdad en el ingreso, salarial o en salud y educación, son efectos de una primera desigualdad que es la de la riqueza, y se justifica porque las personas carecen de un trabajo no calificado por mala educación e ilustración y se llegará al extremo de preguntar porque no tienen un capital para educarse y no tener que trabajar desde los 15 años y seguir educándose hasta los 30.

Eso se ocultaba durante 40 años con análisis de la concentración del ingreso, sin mencionar la concentración de la riqueza como hasta hace cinco años o menos. Es ahí donde debemos concentrarlos, pues hablar de desigualdad en salud es una tragedia para todos los países, incluso desarrollados, donde los niños y los ancianos están muy desprotegidos y son más pobres, como los indígenas.

Por eso, la catedrática detalla que si se compara la desigualdad entre grupos de indígenas y no indígenas, hay una gran desigualdad, es la nueva forma de estudiar la desigualdad por grupos sociales que se identifican por criterios de religión, sexualidad, género, etnia, lengua, etcétera.

José Réyez

 

Contralínea 576 / del 05 al 10 de Febrero 2018