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América Latina y el Caribe se ahogan en basura: cada día, las ciudades generan 540 mil toneladas de residuos, de las que 145 mil se disponen de forma inadecuada. A nivel planetario, nueve de cada 10 personas respiran aire contaminado por encima de las recomendaciones de la OMS

La Habana, Cuba. Para 2050, en Latinoamérica y el Caribe los residuos sólidos urbanos podrían ascender a 671 mil toneladas diarias, y buena parte carecería de tratamiento final adecuado de proseguir la dinámica actual, alertó la Organización de las Naciones Unidas.

Las ciudades del área generan ahora casi 540 mil toneladas de basura por día. De ese monto, unas 145 mil toneladas aún se disponen de forma inadecuada, señaló el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Desde el punto de vista productivo, social y medioambiental, resulta pertinente recordar que el problema en análisis ocurre en la región en desarrollo más urbanizada del planeta, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Como promedio, observó la Cepal, el 54 por ciento de la población mundial vive en sitios urbanos; una proporción que en esta parte del orbe sube a 80 por ciento e incluso resulta superior en Suramérica, con un 83 por ciento.

Según cálculos de Naciones Unidas, en 2030 más de 92 millones de personas se habrán sumado a la vida en las urbes de la zona, lo que tornará la situación mucho más compleja.

“En virtud de estas dinámicas demográficas, la principal preocupación de las políticas públicas y las intervenciones urbanas ya no es el esfuerzo para acomodar las presiones de la migración rural-urbana”, opinaron los expertos Antonio Prado y Vera Kiss, en un libro publicado por la Cepal.

A juicio de ambos especialistas, resulta esencial “encontrar soluciones para mejorar la calidad de vida, cerrar las brechas de desigualdad y abordar la degradación ambiental, en un contexto de formas urbanas establecidas y con una infraestructura que incide en el trayecto de la sostenibilidad a largo plazo”.

Dentro de la región, el índice promedio de cobertura en la recolección de desechos urbanos supera el 90 por ciento, pero puede variar de acuerdo con el país y disminuye sensiblemente en las periferias y áreas rurales, advirtió el Pnuma.

Si bien hay avances, añadió la institución, todavía existe un considerable déficit en la disposición final de los desperdicios, con más de 145 mil toneladas diarias de basura, cerca de 30 por ciento del total, destinadas a lugares inadecuados.

Alrededor de 170 millones de personas están expuestas a los graves impactos provocados por la mala gestión de desechos al medio ambiente (suelo, aire y agua) y a la salud humana, expuso el presidente de la Asociación Brasileña de Empresas de Limpieza Pública y Residuos Especiales, Carlos Silva Filho.

Análisis técnicos relevaron, además, que la fracción orgánica representa más de la mitad de todos los residuos descartados en las ciudades latinoamericanas, aunque el indicador muestra notables variaciones según la renta de cada país, precisó el perito Jordi Pon, del Pnuma.

En países de bajos ingresos, detalló, el 75 por ciento de la basura descartada procede de la materia orgánica, mientras que en naciones con renta más elevada, la proporción es de 36 por ciento. La fracción restante está compuesta por los llamados residuos secos, como metales, papeles, cartón, plásticos, vidrio y textiles.

Sin embargo, las iniciativas de reciclaje alcanzan apenas un 20 por ciento en determinadas áreas de la región, y están en ese nivel “en gran parte gracias a la contribución del sector informal”, evaluó.

Todavía, explicó Pon, es común encontrar en la basura doméstica residuos peligrosos, como baterías, equipos eléctricos y electrónicos, medicamentos vencidos, entre otros.

Prácticamente todos los Estados del área poseen normas legales y disposiciones para ser cumplidas por los generadores y manipuladores de residuos e instrumentos de penalización, pero el marco institucional es débil, estimó el directivo.

“Esto –sopesó– crea un vacío de responsabilidades gubernamentales, con pocas acciones de seguimiento y monitoreo”, lo que conduce, entre otras cosas, a “una aplicación deficiente de la ley en los sectores público y privado”.

De acuerdo con el Pnuma, los niveles de inversión pública y privada en gestión de residuos son insuficientes para financiar la infraestructura a fin de mitigar las principales deficiencias, como la cobertura de recolección, las bajas tasas de reciclaje y la disposición final inadecuada.

El financiamiento, consideró la entidad, “es una cuestión fundamental para la mejora y sostenibilidad de los mecanismos de gestión de residuos, especialmente en América Latina y el Caribe, donde los modelos financiados por recursos municipales prevalecen y, en muchos casos, los costos de los servicios no son recuperados en su totalidad”.

Para el perito Silva Filho, “aún no hay una clara conciencia de que el costo económico de la inacción es mayor que el costo de invertir en un sistema adecuado”.

En el libro ¿Quién cuida en la ciudad? Aportes para políticas urbanas de igualdad, analistas vinculados a la Cepal estimaron que la urbanización y el reto de enfrentar la desigualdad representan dos aspectos fundamentales para el desarrollo zonal.

Una región, agregaron, con altos niveles de desigualdad y donde están bajo amenaza los logros de la última década en materia de reducción de la pobreza y de las brechas económicas y sociales.

“Además de sus efectos económicos y sociales, las desigualdades urbanas en América Latina también plantean desafíos para la sostenibilidad ambiental”, evaluaron Prado y Kiss, en un artículo divulgado por la Cepal en noviembre de 2017.

En opinión de los dos analistas, la degradación ambiental, la contaminación, el deterioro de la calidad del aire y la contribución de las urbes a las emisiones asociadas al cambio climático, entre otros factores, plantean retos urgentes para las ciudades.

“Al mismo tiempo, constituyen una oportunidad para generar un gran impulso ambiental, es decir, un paquete de políticas e inversiones coherentes para promover la sostenibilidad ambiental con igualdad”, valoraron.

Desde el punto de vista de la Cepal, se trata de un elemento fundamental  en aras de implementar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, suscrita por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en 2015.

Los vínculos entre la forma urbana, la reproducción de las desigualdades y los patrones de contaminación, dejan claro que un enfoque en ciudades con más igualdad también puede ayudar a generar escenarios de mayor eficiencia en el uso de los recursos, más favorables al medio ambiente y, a la vez, más inclusivas para mujeres y hombres, comentaron Prado y Kiss.

Estimaciones de entes públicos y privados reconocen que el reciclaje es clave para proteger a las personas y al medio ambiente de los efectos nocivos de los residuos, incluidos los electrónicos, cuyas dimensiones crecen de manera acelerada por el empleo de teléfonos inteligentes, equipos de refrigeración, sistemas de aire acondicionado, computadores, automóviles eléctricos y un sinnúmero de aparatos más.

“Los productos electrónicos están aumentando exponencialmente en número, variedad y complejidad, y todos ellos utilizan elementos tanto valiosos como peligrosos”, dijo el director del Centro Internacional de Tecnología Ambiental del Pnuma, Keith Alverson.

“Tenemos que pensar detenidamente e implementar soluciones para los desechos electrónicos, ya que permaneceremos beneficiándonos cada vez más de los bienes y servicios que nos provee la tecnología”, sentenció.

A escala internacional, reveló el Pnuma, entre 60 y 90 por ciento de los desechos electrónicos se comercializan o descargan ilegalmente, a menudo con la participación de bandas criminales trasnacionales.

“Es ilegal exportar desechos electrónicos, pero las redes extensas de contrabando clasifican los desechos como artículos de segunda mano y los arrojan en lugares como Ghana, India, Pakistán y Brasil”, expuso el jefe de la Unidad de Respuesta Rápida del Centro Noruego de Análisis Globales, Christian Nellemann, en un informe del Pnuma.

Averiguaciones del Panel Internacional de Recursos atestiguan que, a escala mundial, el aprovechamiento de los desechos ha sido consistentemente bajo: de 60 metales estudiados solo un tercio tiene una tasa de reciclaje que supera 50 por ciento y ese indicador es inferior al uno por ciento en el caso de 34 elementos.

“Necesitamos abordar el círculo completo, establecer sistemas de reciclaje y formalizar y subsidiar los sistemas irregulares de manejo”, aconsejó Nellemann.

Unas 4 mil personas, entre jefes de estado y de gobierno, ministros, otros representantes gubernamentales, científicos y activistas volvieron a discutir el tema en un foro global, celebrado del 4 al 6 de diciembre de 2017 en la capital de Kenya.

La Tercera Asamblea de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente subrayó en Nairobi que la mejora ambiental en el planeta requerirá cambios en el ciclo producción-consumo-desecho e implementar medidas para eliminar emisiones de gases tóxicos y el deterioro de recursos naturales.

Para el ministro de Medio Ambiente y Energía de Costa Rica, y presidente de la Asamblea, Édgar Gutiérrez, “la manera como el proceso de producción y consumo ha generado contaminación debe ser corregido”.

“Con las promesas hechas aquí, comentó, estamos enviando un poderoso mensaje de que escucharemos la ciencia, cambiaremos la manera en que producimos y consumimos, y abordaremos la contaminación en todas sus formas en todo el mundo.”

De cumplirse las metas expuestas, 1 mil 490 millones de personas podrían respirar un aire de mejor calidad o puro, un 30 por ciento de las costas en el mundo estarían limpias y se dispondría de 18 mil 600 millones de dólares para investigación, calculó el Pnuma.

Cada día, nueve personas de cada 10 respiran un aire que sobrepasa las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y más de 17 mil morirán prematuramente a causa de ello, ilustró el texto aprobado en Nairobi.

La declaración de la conferencia sustentó que la lucha contra la contaminación requiere el compromiso y el liderazgo de gobiernos, pero también la participación del sector privado, las organizaciones internacionales, la sociedad civil y los ciudadanos.

En particular, instó a promover medidas fiscales, incluidos los incentivos, para estimular cambios positivos, teniendo en cuenta la importancia de reducir al mínimo la contaminación e invertir en “soluciones más sostenibles y ecológicamente racionales”.

María Julia Mayoral/Prensa Latina

[LÍNEA GLOBAL]

 

Contralínea 573 / del 14 al 20 de Enero 2018