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La historia oficial dice que un hombre solitario fue el autor intelectual y material del asesinato del presidente estadunidense en 1963, John F Kennedy. El asesino, a su vez, fue asesinado en pleno proceso judicial. Todas las hipótesis se ventilaron en los medios… Menos una, la que involucra a altos funcionarios judíos. De hecho, Israel –enfrentado con Kennedy– fue el más beneficiado del magnicidio

Se cumplieron 50 años del asesinato del presidente de Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy. El 22 de noviembre de 1963 fue ejecutado en Dallas, Texas. Y, como desde entonces, los medios de comunicación rechazan asomarse al papel que los servicios secretos israelíes jugaban en ese entonces, en especial el Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales (HaMosad leModi’in ulTafkidim Meyuhadim), mejor conocido como Mosad. Ningún otro país se benefició más que Israel de tales sucesos.

Por increíble que parezca y luego de medio siglo, las autoridades estadunidenses siguen ocultando la verdad. Sus servicios de inteligencia, en particular la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés), mantiene su oposición a desclasificar la totalidad de los archivos inherentes a este caso. ¿Qué oculta la CIA? ¿Quién mató a Kennedy?

El Mosad se infiltró dentro de la propia CIA y de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por su sigla en inglés). Frecuentemente, durante las últimas décadas, han estallado casos de espionaje israelí contra Estados Unidos sin que hayan generado consecuencias para Israel. Simplemente se archivan de manera misteriosa.

Uno de estos casos es el del ciudadano estadunidense-israelí Jonathan Jay Pollard, que fue un alto mando de la administración estadunidense. Se trata de hebreos naturalizados estadunidenses con nacionalidad israelí y que muchas veces tienen muchos años de residencia en Israel.

Las teorías sobre el asesinato

No son pocas las teorías que se han formulado sobre el asesinato de Kennedy. Entre estas, se destaca por importancia, la de la conspiración de la CIA para asesinar el presidente. Sin embargo, esta teoría estaría incompleta si no se contempla la infiltración del Mosad en la CIA.

Esta teoría se concentra sobre la profunda enemistad entre Kennedy y la CIA, debido al rechazo del presidente de apoyar militarmente a la Agencia durante la invasión de Playa Girón en 1963, la cual falló estrepitosamente.

El hecho representó una victoria contundente para el pueblo cubano y sus milicias, para la Revolución Cubana y para Fidel Castro. Kennedy estaba muy molesto con las operaciones encubiertas de la CIA, ocultadas incluso al Congreso de Estados Unidos.

Según reportan los informes, el presidente informó a su colaborador Clark Clifford, luego del desastre en la Bahía de Cochinos, que estaba muy cansado de estas operaciones y que era su intención dar de baja y por completo a la CIA. Israel, a través de sus agentes dentro la CIA, conocía estas relaciones conflictivas entre Kennedy y la Agencia.

Otra teoría culpa al crimen organizado. Se finca en que Kennedy había declarado la guerra a la mafia… Resulta que esta suposición también podría implicar a Israel: casi todos los principales jefes de la criminalidad estadunidense en ese entonces eran hebreos con fuertes lazos con Israel y el sionismo.

Documentos desclasificados en los últimos años en Israel y en Estados Unidos afirman con datos concretos lo que ya era notorio aquel 22 de noviembre de 1963: la grave tensión entre el entonces presidente Kennedy y el primer ministro israelí Davi Ben Gurión debido a las presiones del estadunidense para que Israel permitiera a los científicos monitorear periódicamente la planta nuclear recién construida en Dimona, en el desierto de Néguev, obra realizada con la colaboración de Francia.

En 1960 la administración del presidente saliente de Estados Unidos, Eisenhower, que durante la Guerra de Suez en 1956 había pedido suspender en inmediato los ataques contra Egipto por parte del Reino Unido, Francia e Israel, también pidió explicaciones a Ben Gurión respecto a la misteriosa construcción en Dimona de una planta nuclear en medio del desierto.

Los israelíes contestaron que se trataba de una industria textil. Sin embargo, la CIA siguió con sus investigaciones y obtuvo las imágenes fotográficas de dicha instalación, pruebas que fueron clasificadas como top secret, pero que, después The New York Times publicó en primera plana.

Cuando el presidente Kennedy asumió el cargo, el 20 de enero de 1961, el caso Dimona ya se había transformado en una tremenda bomba en las relaciones entre Tel Aviv y Washington. La administración de Kennedy no se detuvo en sus presiones sobre el caso Dimona. Tel Aviv estuvo obligada a admitir que se trataba de una central nuclear pero con objetivos pacíficos. Kennedy, como método de presión contra Israel, canceló la invitación en Estados Unidos de Ben Gurión.

Gurión, a su vez, para bajar las tensiones con Washington, aceptó las inspecciones por parte de científicos estadunidenses en la instalación de Dimona, visita que se realizó el 20 de mayo del 1961. Las autoridades estadunidenses enviaron por esta misión a dos científicos, Ulysses Staebler y Jess Croach, los cuales llegaron a Israel unos 3 días antes. Ambos informaron en Washington que la central nuclear israelí tenia objetivos pacíficos.

Este informe permitió un nuevo acercamiento en las relaciones bilaterales entre Estados Unidos e Israel. Kennedy y Ben Gurión se reunieron el 30 de mayo de 1961 en el Hotel Waldorf Astoria, en Nueva York. El encuentro se recuerda por su clima de tranquilidad.

Ben Gurión estaba consciente de que Israel era en ese entonces un Estado muy débil y económicamente dependiente de las grandes donaciones hechas por las poderosas familias hebreas y por las organizaciones sionistas ubicadas en el exterior, particularmente en Estados Unidos. Por ello, tenía miedo que una ruptura en las relaciones con este país se tradujera en sanciones de tipo económico. Esto hubiera representado una catástrofe para el recién fabricado Estado de Israel. Así que el presidente israelí se limitó a escuchar las nuevas peticiones de Kennedy. Junto con esto, establecieron nuevas visitas de inspección por parte de científicos estadunidenses en Dimona, promesas que sólo se quedaron en palabras.

La reacción de Kennedy no se hizo esperar. El presidente estadunidense escribió personalmente a Ben Gurión una carta con fecha del 13 de mayo de 1963. Amenazó con aislar a nivel mundial Israel en el caso que no permitiera visitas periódicas en el sitio de Dimona a los inspectores estadunidenses. Ben Gurión no contestó a esta carta y dimitió de su cargo.

Una nueva carta de Kennedy fue entregada a Levi Eshkol 10 días después que éste había asumido como primer ministro de Israel el 16 de junio del 1963. Desde aquella carta enviada por Eisenhower a Ben Gurión en plena Guerra de Suez (1956), Israel jamás había recibido un mensaje tan duro por parte de Washington como el de Kennedy a Eshkol.

El presidente estadunidense amenazaba con que la amistad de Estados Unidos e Israel se podría romper si Tel Aviv no permitía investigar libremente las actividades nucleares israelíes. En la carta de Kennedy se detalla también como tenían que ser las inspecciones en Dimona. Se trataba de un ultimátum contra Israel. Estas son las únicas cartas que se conocen, porque las demás “siguen siendo secretas. Ni siquiera los altos mandos de la inteligencia estadunidense tienen permiso para monitorear estos documentos tan explosivos” (Final Judgment, The Missing Link In The Assassination Controversy, Michael Collins Piper).

Estarían implicados, primeros ministros israelíes

Aun no se sabe quién, entre Ben Gurión y Eshkol, participaría hipotéticamente en la decisión de asesinar a Kennedy. Ambos tenían un pasado como terroristas profesionales. Ben Gurión fue el promotor y fundador del grupo armado Hashomer en Palestina en 1909, además de haber sido miembro de la Legión Hebraica del Ejército británico en la Primera Guerra Mundial. Eshkol no se queda atrás. Era uno de los líderes de la organización terrorista Haganah, cuyo origen era nada menos que Hashomer. Cualquiera de estos dos criminales, buscados –entre otros– durante las décadas de 1930 y 1940 por la policía británica en Palestina y en todo el mundo por numerosos homicidios y atentados. Luego, electos en el cargo de primer ministro, bien hubieran podido ser autores intelectuales del asesinato de Kennedy.

Hay un tercer terrorista y futuro primer ministro de Israel, Yitzhak Shamir, el cual tomaría parte de esta conspiración. Durante su mandato en Palestina, Shamir fue miembro del grupo terrorista sionista Irgun, luego se juntará con Levi, otra organización terrorista sionista en Palestina.

Cuando Eshkol toma el cargo de primer ministro, Shamir estaba al mando del escuadrón de la muerte del Mosad. Aquí operó de 1955 a 1965, época en la cual residió por completo en París, donde estaba ubicado el comando central del Mosad en Europa. Cabe recordar que durante este periodo de tiempo se llevó a cabo la Operación Damocles, en la cual fueron asesinados no pocos científicos alemanes recién transferidos a Egipto luego de la Revolución de los Oficiales Libres en Egipto y con la llegada al poder de Nasser.

Un exalto mando de los servicios secretos franceses acusó Shamir de haber tenido contactos personales con los organizadores del asesinado de Kennedy.

Un cuarto terrorista también ocupó el cargo de primer ministro de Israel: Menachen Begin, buscado en su tiempo por la justicia británica. Begin también habría participado en 1963 en la conspiración contra Kennedy. Begin había militado en la organización terrorista Irgun. En 1943 se volvió su director. Fue el responsable de la cruenta masacre en el Hotel Rey David, en Jerusalén, en 1946, donde murieron 91 personas. Dos años después, 132 terroristas de la misma estructura paramilitar, bajo el mando de Begin, fueron protagonistas de la terrible masacre de Deir Yasmin, donde fueron asesinados centenares de civiles en dos pequeñas aldeas palestinas, entre estos, mujeres, niños y ancianos.

Por algunos testimonios y documentos que fueron secretos, unas semanas antes del asesinato en Dallas, Begin había tenido unas cuantas conversaciones con Micky Cohen, hombre de confianza en la costa oeste de Estados Unidos de una de las figuras más importantes del crimen organizado estadunidense, el hebreo Meyer Lansky, personaje central en la conspiración contra la vida de Kennedy.

Cohen reclutó a Jack Ruby, otro hebreo que a su vez era parte de la organización de Meyer Lansky. A Ruby le fue ordenado asesinar a Lee Harwey Oswald, a su vez el autor material del homicidio de Kennedy. Según el libro de Collins Piper, Micky Cohen colaboró muy de cerca con Menachen Begin en las semanas previas al asesinato de Kennedy.

El quinto primer ministro de Israel, Yitzhak Rabin, se encontraba en Dallas el día del asesinato de Kennedy, como refiere la viuda de éste, Leah Rabin, en su biografía. ¿Sólo fue una tremenda casualidad? Rabin trabajaba para el Mosad. Al parecer, Rabin fue uno de aquellos periodistas que entrevistaron Jack Ruby, el asesino de Oswald, 2 días después que éste fuera detenido por las autoridades estadunidenses. ¿Por qué un periodista israelí entrevistó Ruby en el cuartel general de la policía de Dallas un día antes del asesinato de Oswald? ¿De veras era un periodista? ¿Y porque entrevistar Ruby en dicho cuartel y no en otro lugar?

La teoría de que Israel está detrás de las sombras no es nueva ni misteriosa, a pesar de que esta hipótesis nunca fue tomada en serio por las autoridades ni por la prensa estadunidenses, dos áreas controladas y financiadas por los sionistas y por el Estado terrorista de Israel, a través del poderoso lobby político y financiero.

Un ejemplo es el caso del disidente israelí Modrechai Vanunu, que por 10 años trabajó en la plantación nuclear de Dimona y que en 1986 filtró informaciones al periódico de Londres The Sunday Times sobre el programa secreto israelí para la producción de armas nucleares. Vanunu declaró también que Israel tenía en su poder unas 200 bombas nucleares, además de bombas de hidrogeno y de neutrones. Acusado de haber entregado informaciones secretas que amenazaban la seguridad nacional de Israel, Vanunu fue detenido y procesado a 18 años de cárcel, entre éstos, unos 11 años en aislamiento.

Vanunu confirmó su informaciones en una entrevista con Al Wasat, suplemento semanal del periódico Al Hayat, publicado el 25 de julio de 2004. Aquí reveló tener indicios de que Israel participó en el complot contra Kennedy, con el objetivo de poner fin a las presiones que el presidente hacía para que Estados Unidos pudiera inspeccionar la planta nuclear Dimona. Sus declaraciones dieron la vuelta al mundo. Pero esto no sucedió en Estados Unidos, donde el aparato mediático ocultó por completo la noticia.

En este contexto, el libro del periodista e investigador estadunidense Michael Collins Piper, Final Judgment, The Missing Link In The JFK Assassination Controversy, publicado en 1995 por la casa editorial Wolfe Press, representa una voz a contracorriente en aquel país. Se trata de una obra criticada y denunciada histéricamente por quienes construyen la imagen de Israel en Occidente. Acusaron al autor de antisemitismo, la misma con la cual Israel y el sionismo internacional intentan caricaturizar cualquier voz que denuncie sus crímenes y masacres.

Collins Piper dice que leyendo Coup d’Etat en America, de AJ Weberman y Michael Canfield, publicado en el 1975, donde se narra el asesinato de Kennedy, le llamó la atención un párrafo en la página 41: “Luego del asesinato de Kennedy un informador de los servicios secretos y del FBI, que se había infiltrado en un grupo de refugiados cubanos anticastristas, a los cuales estaba intentando vender ametralladoras, había referido que el 21 de noviembre de 1963 [1 día antes del atentado] algunas personas de este grupo le dijeron: ‘ahora ya tenemos mucho dinero, nuestros nuevos aliados serán los hebreos una vez liquidado Kenedy’. Este informador en el pasado siempre nos ha entregado informaciones confiables”.

En la prensa estadunidense, defensores de Israel han intentado desviar la atención de estas informaciones, diciendo que el escritor en realidad se refiere a mafiosos hebreos como el sicario Meyer Lansky, que antes de la Revolución Cubana tenía el control absoluto de los casinos en la isla. La revista israelí Maariv publicó un artículo sobre Lansky en abril de 2013, presentándolo como “el más grande gangster hebreo de la historia” (Elder Of Ziyon, 18 de abril de 2013). Según algunas fuentes, Lansky pagó millones de dólares para sustentar la creación del Estado de Israel.

Collins Piper ha seguido investigando en esta dirección, llegando por fin, a través de numerosos datos presentes en los libros sobre la vida de Lansky y otros documentos, que en realidad este sicario era el rey de la criminalidad en la Cuba precastrista y en California. Además, en muchos libros, documentos e informes inherentes al homicidio de Kennedy se destacan los nombres de unos mafiosos implicados en la conspiración. Todas estas personas no eran nada menos que hombres de confianza de Lansky. Sin embargo, la mayoría de los medios de comunicación aún siguen ignorando hoy los documentos que hacen partícipe a Lansky del magnicidio.

Otra conclusión a la que llega Collins Piper es la de la existencia de relaciones estrechas entre Lansky e Israel. De hecho, este criminal se refugió en Israel cuando el clima en Estados Unidos se volvió complicado luego del asesinato. En la década de 1970 intentó refugiarse en Israel, tomando como pretexto, siendo hebreo, la Ley de Regreso; sin embargo la presión ejercida por Washington no permitió a Israel recibirlo, sino extraditarlo a Estados Unidos. Ahí tuvo que comparecer frente a un tribunal y defenderse de la acusación de varios delitos que no tenían implicación alguna con el asesinato de Kennedy.

Ahora bien, cabría preguntarse si fue un acuerdo entre Estados Unidos e Israel el hecho de que Lansky fuese entregado a las autoridades estadunidenses a cambio de que éstas ignoraran su papel contra Kennedy. En la década de 1970 las relaciones entre Tel Aviv y Washington eran excelentes y el lobby sionista en Washington era ya muy poderoso.

Permindex Connection

El autor de The Final Judgment escribe: “Conocer las fuerzas que están detrás a Permindex significa comprender el más grande misterio del siglo XX: ¿quién asesinó a John F Kennedy?”

Permindex, es decir, Permanent Industrial Exposition, es una organización comercial internacional situada en Basilea, sede del movimiento sionista internacional. Según especialistas de los servicios secretos, Permindex es en la realidad una estructura encubierta de la CIA.

Los actores principales de Permindex en 1963 y en los años precedentes tenían unos fuertes lazos no sólo con Meyer Lansky sino propio con el mismo Mosad. Por ejemplo, Clay Shaw, director del The International Trade Mart de New Orleans fue detenido el 1 marzo del 1967 por Jim Garrison, procurador general de esta ciudad, el cual lo inculpó de conspiración por el asesinato de Kennedy. Sucesivas investigaciones permitieron conocer los lazos de Shaw con Lee Harvey Oswald, la única persona que fue inculpada por haber disparado a Kennedy.

Las declaraciones de testigos, exagentes y directores de la CIA confirmaron, con pruebas concretas, la participación de Shaw en el complot para matar Kennedy. Sin embargo, el 1 de marzo de 1969, el jurado declaró Shaw no culpable.

Otra persona que se destaca en el caso Kennedy es uno de los jefes de Permindex, el hebreo Louis M Bloomfield, residente en Montreal, Canadá. Trabajó por muchos años para la CIA pero al mismo tiempo representó los intereses de la poderosa familia hebreo-estadunidense Bronfman. Esta familia no sólo ha significado una de las más grandes garantías internacionales para los intereses de Israel, sino que fue uno de los principales componentes de la organización criminal de Lansky.

Además, los Bloomfield fueron también los líderes de la israelí Histadrut en Canadá por más de 20 años, como refiere The Canadian Jewish Chronicle. El gigantesco sindicado israelí Histadrut llegó a representar uno de los pilares del sionismo no sólo dentro de Israel sino también en el exterior. Bloomfield murió en Jerusalén en julio de 1984.

Dentro de Permindex se encontraba también otro millonario hebreo: Tibor Rosenbaum que, además, fue uno de sus principales financiadores. Como Presidente del Banco de Crédito Internacional era el responsables en Europa del lavado de dinero de Lansky y su organización.

Hay muchos más nombres que están implicados en el supuesto complot israelí para asesinar Kennedy, entre estos hay muchos hebreos con fuertes lazos con Israel. Se trata no sólo de los que ya hemos citado, sino de personas ligadas a Permindex. Ocupan altos cargos israelíes y también orgánicos en la CIA, en la estructura de Lansky, en grupos cubanos anticastristas; y son parte de influyentes sectores del aparato mediático. Estos últimos actuaron para confundir a la opinión pública internacional sobre Oswald, presentándolo como único culpable y monstruo. Oswald, “agitador procastrista y procomunista”. Se trata de una operación de “falsa bandera”, para distraer la atención pública de los verdaderos asesinos de Kennedy. Estos medios de comunicación se encargaron de difundir datos falsos sobre el crimen.

Un ejemplo es el de los dos hermanos hebreos y estadunidenses, Edgar y Edith Stern, amigos cercanos de Clay Shaw y dueños del imperio mediatico WDSU, encargados de manipular y ocultar la verdad sobre el papel de Shaw en el asesinato.

La Comisión Warren

Lyndon B Johnson, vicepresidente de Kennedy fue juzgado no culpable por no haber estado implicado en el asesinado. Luego de haber ser electo presidente, luego de la muerte de Kennedy, creó una comisión para investigar el caso. Esta fue presidida por Earl Warren, presidente de la Corte Suprema; por eso se conoce como Comisión Warren.

El informe final de esta comisión fue de 889 páginas, con la participación de 552 testigos y la consulta de 1 mil documentos. Sin embargo, arrojó conclusiones contradictorias. De hecho, todo esto ha “reducido” gravemente el asesinado en Dallas y el sucesivo homicidio de Oswald, concluyendo que éste operó por motu proprio, lo mismo que el hebreo-estadounidense Jack Ruby. Según esta conclusión, nadie conspiró para matar al presidente de Estados Unidos y que todo fue la obra de un desequilibrado simpatizante de Fidel Castro.

Otro autor, Mark Lane, en su libro Rush To Judgment 1996, llega a las conclusiones que detrás del asesinato de Kennedy hay un complot múltiple. Este libro, soportado con documentos y entrevistas a testigos, se transformó también en un documental de 122 minutos de la televisión británica BBC.

Investigadores independientes que estudiaron el caso Kennedy tienen dudas sobre el hecho que Oswald haya tenido un papel principal en este magnicidio, ya que era un mediocre tirador, y estaba muy lejos de poder centrar un objetivo en movimiento y desde larga distancia.

Oswald como cualquier otro marino de los Estados Unidos, fue entrenado y juzgado positivo en el polígono de tiro, totalizando unos 212 puntos en diciembre de 1956, un poco más arriba de lo mínimo para ser nominado francotirador. Pero en el mayo de 1959 su capacidad se hizo peor y sus puntos en el polígono bajaron a 191. ¿Quién podría encargar un tirador de esta clase un atentado tan importante? ¿Y qué mediocre tirador se atrevería a matar un objetivo como Kennedy?

Kennedy fue asesinado con tres tiros, que al parecer fueron disparados por más de un francotirador o por un profesional con grandes capacidades de control sicoemocionales y de entrenamiento.

Lee Oswald, detenido unos pocos minutos después del atentado y, entrevistado, se disoció enseguida del asesinado, declarando desde siempre que era un chivo expiatorio.

Las ya mencionadas investigaciones del Procurador General de New Orleans, Jim Garrison, demostraron que el mayor acusado por el crimen de Dallas, Clay Shaw, tenía fuertes lazos con Oswald, con el Mosad, con Permindex y con la organización criminal de Meyer Lansky.

Finalmente, el hebreo sionista AL Botnick, en The New York Times del 9 de octubre del 1995 escribió que la Liga Anti Difamación del B’nai B’rith (una entidad de propaganda israelí ligada al Mosad) por más de tres décadas tuvo lazos muy fuertes con Guy Banister, responsable de las operaciones encubiertas de la CIA en aquella ciudad.

Banister fue el que elaboró, en el periodo previo al asesinado de Kennedy, el perfil supuestamente procastrista de Oswald. Perfil que, una vez perpetrado el crimen, fue dado a los medios estadunidenses en una gigantesca operación de guerra sicológica. Muchas evidencias nos dicen que las manipulaciones de Oswald hasta el día del homicidio fueron fabricadas bajo la supervisión de aquella Liga Anti-Difamación.

El hebreo-sionista Jack Rubinstein, conocido como Jack Ruby, no era un ciudadano cualquiera “que quiso vengar el asesinato de Kennedy”. El homicidio de Oswald se consumó mientras la policía lo estaba trasladando del cuartel general de Dallas a una cárcel. Había muchos periodistas en el momento en qu, Jack Ruby se hizo espacio y le disparó.

En la relación de la Comisión Warren se afirma que Ruby, el cual murió misteriosamente en la cárcel el 3 de enero 1967, actuó por su iniciativa propia. Sin duda alguna Ruby, que fue detenido de inmediato luego haber disparado a Oswald, a voz alta y frente a numerosos testigos dijo: “los hebreos nunca jamás tendrán miedo”, reconociendo así de haber reivindicado el crimen por su esencia hebrea.

Mark Lane, autor de la obra Rush To Judgment, que se destaca también por haber representado legalmente a la madre de Lee Oswald en el juzgado contra Ruby se pregunta: “¿Cómo fue posible para Ruby lograr llegar así tan cerca de Oswald y matarlo cuando éste estaba bajo custodia de la policía?” Lane lanza la hipótesis de una complicidad policiaca. Además, el asesinado de Oswald se destaca por la premeditación con que fue cometido.

Si a todo esto añadimos que el ese entonces agente del Mosad, y por muchos años primer ministro de Israel, Yitzhak Rabín –como hemos referido– se encontraba en Dallas el mismo día del asesinato de Kennedy, las dudas son válidas para cuestionar la historia oficial y explorar la hipótesis de la participación judía. Al poner sobre la mesa la colaboración de la CIA, el lobby hebraico-sionista en Estados Unidos, la organización criminal de Lansky y la infiltración del Mossad en la CIA y otros servicios de inteligencia estadounidense, se comprende por qué este magnicidio permanece aún hoy en el misterio. Y nos permite saber por qué, a 50 años de distancia, ningún presidente de Estados Unidos hace públicos los archivos secretos sobre el caso.

Alessandro Pagani*

*Historiador y escritor; maestro en historia contemporánea; diplomado en historia de México por la Universidad Nacional Autónoma de México y en geopolítica y defensa latinoamericana por la Universidad de Buenos Aires

[BLOQUE: ANÁLISIS][SECCIÓN: INTERNACIONAL]

 

 

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