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Sin posibilidad alguna para ganar el gobierno de la Ciudad de México, se han apuntado varios candidatos de todos los partidos para contender en las elecciones de 2018. Aquella frase de que el poder marea a los tontos y vuelve locos a los pendejos hoy se puede aplicar a muchos políticos, ya no digamos sólo faltos de capacidad, porque a lo largo de los años hemos visto que hasta incultos y pillos pueden gobernar, sino también faltos de carisma y vocación para el servicio público.

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Si consideramos las últimas encuestas aplicadas por varias empresas y publicadas en distintos medios de comunicación –más allá de los intereses que éstos sirven para complacer a quien los contrata–, la candidata del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Claudia Sheinbaum, encabeza todas las mediciones en una proporción de dos a uno a su más cercano contendiente; es decir, no sólo se ve complicado para todos los demás aspirantes, sino prácticamente imposible, pues no hay forma de que esa ventaja tan amplia pueda perderse.

Por eso llama la atención que haya tantos interesados en la contienda por la capital del país, cuando prácticamente desde ahora se puede saber que Morena destituirá al Partido de la Revolución Democrática (PRD), que se había mantenido poco más de 20 años al frente del gobierno capitalino.

Después de Sheinbaum, los contendientes que aspiran al segundo lugar en las elecciones capitalinas para 2018 son Alejandra Barrales, candidata de un frente (PRD, Partido Acción Nacional y Movimiento Ciudadano) diezmado, sin fuerza y con muy poca simpatía por la traición de ésta con su exjefe Miguel Ángel Mancera. Aunque en política sabemos que todo se vale y lo que Barrales hizo es simplemente tratar de sobrevivir y serle fiel a lo que siempre ha sido.

Otro aspirante es el secretario de Salud en el gobierno de Mancera, Armando Ahued Ortega, quien aunque mantuvo una imagen positiva durante su gestión, primero tendría que aclarar el presunto nepotismo, tráfico de influencia y abuso de poder que permitió en esa dependencia.

De acuerdo con una investigación periodística publicada por José Reyez en Contralínea, el director general de Vinculación y Enlace Institucional de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México y principal promotor del programa El médico en tu casa, Juan Alberto Vargas Ambriz, es señalado de incurrir en nepotismo, conflicto de intereses y abuso de autoridad, al amparo de Ahued Ortega.

Ese funcionario público –brazo derecho del secretario Ahued- utiliza supuestamente como abogado defensor en asuntos privados al director de Asuntos Jurídicos de los Servicios de Salud de la Ciudad, Darío Manuel Castorena Roji, quien lo representa en una demanda civil ante el Juzgado 24 de lo Familiar de la capital, lo que de confirmarse habría incurrido en el delito de conflicto de intereses, previsto y sancionado en la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos.

Además, en la nómina de la Secretaría de Salud de la capital del país figuran varios familiares del director de Vinculación y Enlace Institucional de la SSCDMX: su hermano Javier Vargas Ambriz, como subdirector administrativo en jurisdicción sanitaria de Álvaro Obregón. Otros familiares de Juan  Alberto son sus hijos, Carlos Alberto Vargas Zermeño, quien ocupa el puesto de soporte administrativo; Jessica Vargas Zermeño, médico general (quien junto con su esposo, Julio Alejandro Victoria Tafoya estuvieron comisionados con goce de sueldo del 1 de marzo de 2016 al 28 de febrero de 2017) y actualmente ella realiza su residencia de tres años en epidemiología en el hospital Xoco y él en cirugía general, con duración de cuatro años. Así como su sobrino, Pavel Orozco Vargas, soporte administrativo “C”.

También figura en la nómina Norma María Ibarra Mejía, prima de Vargas Ambriz, quien fungía como secretaria particular del secretario Ahued Ortega. Antes de la publicación de ese reportaje se buscó a todos los involucrados, incluido el propio Ahued, pero nadie quiso explicar esta red de supuesta corrupción que se ha creado en esa dependencia. Con todos esos pendientes, cómo quiere ser jefe de gobierno de esta capital.

Chertorivski, el tercer aspirante

Un tercer aspirante al segundo lugar en las elecciones de 2018 es Salomón Chertorivski Woldenberg, quien se desempeñó hasta hace unos días como secretario de Desarrollo Económico del gobierno capitalino.

Con buenos antecedentes académicos, Chertorivski también sirvió como secretario de Salud en el trágico gobierno del panista Felipe Calderón –quien creía que podía impulsar a su esposa Margarita para ocupar la Presidencia de la República- y ahora mareado por el poder piensa que puede ganar la gubernatura de la Ciudad de México.

En un amplio expediente elaborado por los órganos de inteligencia del país sobre la trayectoria de Chertorivski (con muchos datos privados que por supuesto no publicaremos), destacan las referencias de supuestas “irregularidades” durante su desempeño en varios cargos públicos:

 “A mediados de 2009, el Órgano Interno de Control de Diconsa inició una investigación en contra de dos colaboradores cercanos de Salomón Chertorivski, cuando éste era director general de esa distribuidora. Los funcionarios investigados eran José Humberto Hernández, director de Comercialización, y Miguel Limón García, director de Operación, por irregularidades en la compra de grandes cantidades de maíz y de azúcar para su distribución y venta en la red de tiendas de Diconsa en todo el país. Se detectaron anomalías en la adquisición de decenas de toneladas de ambos productos, lo que originó un desfalco millonario en las finanzas”.

Según el informe oficial, Chertorivski –quien para entonces fungía como titular de la Comisión Nacional de Protección Social en Salud, dependencia encargada de la implementación del Seguro Popular– “se entrevistó con Salvador Vega Casillas, entonces titular de la Secretaría de la Función Pública, y logró detener la investigación en curso en contra de ambos colaboradores”.

En 2011 Chertorivski fue designado como Secretario de Salud del gobierno de Calderón y al poco tiempo designó Miguel Limón García como titular de la Unidad Coordinadora de Vinculación y Participación Social.

A principios de 2012, la Secretaría de la Función Pública y el ISSSTE concluyeron una investigación en contra de funcionarios del Fovissste y socios de varias empresas constructoras por un supuesto fraude de alrededor de 570 millones de pesos. Esto derivó en una denuncia penal presentada ante la PGR, la cual fue frenada a finales del gobierno de Felipe Calderón por la supuesta implicación de funcionarios federales y empresarios.

Uno de los funcionarios mencionados era precisamente Salomón Chertorivski, debido a que una compañía de la cual es socio era una de las señaladas en este fraude millonario. Esta empresa es “Grupo Módulo Progresivo”, de la cual los socios principales son Salomón Chertorivski, así como Juan Pablo del Valle y Gerardo Ruiz Maza Jove. Una de las anomalías es que varias de las constructoras inflaron los precios de las viviendas, en detrimento de los trabajadores que las adquirieron mediante préstamos otorgados por el Fovissste.

Otro escándalo de corrupción investigado por Contralínea fue cuando la Unidad de Auditoría Gubernamental de la Subsecretaría de Control y Auditoría de la Gestión Pública, así como la Auditoría Superior de la Federación, iniciaron sendas investigaciones administrativas en contra de Carlos Olmos Tomasini, quien fungió como director de Comunicación Social de la Secretaría de Salud, cuando el titular de esa dependencia era primero José Ángel Córdova Villalobos y después Chertorivski.

Las acusaciones fueron por manejos irregulares por más de 2 mil quinientos millones de pesos en el área de Comunicación Social de la Secretaría de Salud, principalmente durante 2012, cuando el titular de esa dependencia era Chertorivski. La mayoría de esos recursos fueron asignados de manera directa a diversas consultorías y agencias de publicidad vinculadas a Olmos y a funcionarios de la Coordinación de Comunicación Social de la Presidencia de la República durante el gobierno de Felipe Calderón, según confesó el propio Olmos a Contralínea. Ser omiso y negligente también es corrupción.

Miguel Badillo

[Oficio de papel]