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El Banco Mundial (BM) nos dice que los países latinoamericanos han logrado “importantes” avances en la lucha contra la pobreza. Pero enseguida señala que tales “logros” no están garantizados y que, en cualquier momento, pueden hacerse añicos y caer en una situación peor.

Es decir, todo está sostenido con alfileres. Los “avances” económicos generados por sus recetas no son tales. Y entre líneas, nos previene de que los gobiernos de la región deben seguir sus “recomendaciones” para que no se vayan al abismo.

Hace 2 semanas hizo público el informe ¿Desarrollo económico inestable? Choques agregados en América Latina y el Caribe, cuyos autores son Javier E Báez, Alan Fuchs y Carlos Rodríguez Castelán. Más allá de las intenciones del documento, se revela una vulnerable situación económica de todos los países de la región, México entre los casos a destacar.

“La región [de América Latina] ha logrado importantes avances en la lucha contra la pobreza”, señala al inicio el escrito. Y enseguida agrega: “Pero estos beneficios no están garantizados debido, en parte, al alto nivel de exposición a múltiples choques agregados”.

El documento no los define, pero como “choques agregados” podrían considerarse las contingencias que finalmente se concretan y que impactan económicamente a las familias. Pueden ser de carácter social, político o, incluso, natural.

En efecto, las catástrofes de origen climático o geológico terminan por afectar el patrimonio de las familias, en especial el de aquellas en situación de pobreza. De hecho cualquier tipo de “choque” termina por hundir más, en la miseria, a quienes menos tienen. El sistema está diseñado para perpetuar en la pobreza, sin poder salir de ahí, a miles de millones.

Con respecto de las catástrofes ambientales, en el documento se señala que la incidencia de desastres naturales en América Latina ha ido en aumento en las últimas décadas: lluvias y sequías extremas; terremotos y otros riesgos geológicos. Al parecer, este tipo de contingencias se presentarán cada vez más en el planeta de ahora en adelante.

Sí, los pobres viven en los entornos más riesgosos. Están en las orografías más difíciles, y totalmente indefensos ante los golpes de la naturaleza. Sus medios no les alcanzan para defenderse a sí mismos. ¿Y el Estado? Si el documento tuviera un poco de honestidad intelectual, señalaría que las vulnerabilidades de los pobres se han agudizado por la ausencia de Estado. Recordemos que la política que ha abrasado el Banco Mundial y que ha impuesto donde ha podido precisamente aboga por el adelgazamiento social del Estado (no así de su función policiaca, militar, represiva). Los pobres tiene que enfrentar solos una precaria situación en la que nunca eligieron estar.

“En México, los pobres tienen casi tres veces más posibilidades de ser afectados por un desastre natural en términos de pérdida de vivienda, cultivos y ganadería que las personas en situación de vulnerabilidad o de clase media”, describe el informe. Los datos se recolectaron antes de los terremotos de septiembre pasado. Pero estos fenómenos son una confirmación trágica de que los pobres siempre serán los más perjudicados y los que menos posibilidades tendrán de recuperar lo perdido. Para familias adineradas, con infraestructura más resistente y sin problemas para acceder a servicio médicos, prácticamente los terremotos fueron apenas una anécdota. En contraste, familias pueblos de Oaxaca, Morelos, Chiapas, Puebla y la Ciudad de México entraron en un drama del que difícilmente podrán salir.

“Los hogares del 40 por ciento más pobre en México tienen cuatro veces más probabilidades de reportar haber sido afectados por un choque sistémico en comparación con los hogares del 20 por ciento superior. […] los pobres tenían casi tres veces más veces que las personas vulnerables o de clase media de ser afectados por un desastre natural que resultara en la pérdida de sus viviendas, cosechas y ganado.”

Con respecto de la violencia, en el documento se señala que los países de América Latina y el Caribe constituyen la región más peligrosa del mundo. Por mucho, la tasa de homicidios en superior a cualquier otra región del orbe. Sólo algunas regiones de África y de Asia Central (con guerras abiertas) pálidamente aparecen en las estadísticas, muy lejos de competir con las sociedades latinoamericanas.

Claro que en este rubro, México tiene la peor situación que cualquier otro país de la región. El documento no lo señala, pero de 2007 a la fecha esta nación suma alrededor de 200 mil personas asesinadas, 30 mil desaparecidas y 130 mil desplazadas. ¿Quién compite con ello?

De acuerdo con el informe, los “conflictos civiles” también ponen en peligro los ingresos de los hogares. Y ofrece un dato: en las regiones de México con altos niveles de crímenes relacionados con las drogas se observó una caída del crecimiento anualizado de 0.2 puntos porcentuales.

El “choque” trastoca la vida de las familias que con grandes esfuerzos comenzaban a construir un modesto patrimonio. “Algunas personas que no participaban en el mercado laboral antes del choque podrían decidir buscar trabajo, mientras que aquellas que ya estaba empleadas podrían intentar trabajar más horas”.

Mujeres que laboraban al frente de su hogar ahora tienen que emplearse fuera de casa y cumplir con dobles jornadas. Incluso los niños se incorporan a actividades de subsistencia familiar. La mayoría de ellos cambian sus vidas para siempre. Uno de los peores es el de, otra vez, México. “Más niños ingresan al mercado laboral después de fuertes terremotos”.

“Los niños mexicanos que se retiraron de la escuela por causa de choques agregados tienen una probabilidad 30 por ciento menor de seguir avanzando en la escuela en comparación con los niños que permanecieron matriculados.”

Además, “en México se incrementó la participación de las mujeres adultas en la fuerza laboral, incluyendo las esposas de las cabezas del hogar que pasaron de empleo al desempleo”.

Fragmentos

El panorama es complicado. Viene un año de “choques”: políticos, sociales, económicos y naturales. Pero que haya la imaginación y la fuerza para enfrentarlos. Con todo, feliz 2018.

Zósimo Camacho

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: ZONA CERO]