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A la obesidad, diabetes, hipertensión arterial, infartos cerebrales y cáncer, consideradas pandemias del Siglo XXI, se suman brotes de tuberculosis, viruela, lepra, depresión, esquizofrenia y demencia senil que representan una amenaza a la salud pública del país

Epidemias

México encabeza la lista en flagelos mortales como diabetes y obesidad, a los que se suman pandemias añejas que amenazan con diezmar a la población y el presupuesto público, alertan expertos y especialistas de órganos de inteligencia del Estado. La población padece enfermedades propias tanto de países pobres como de naciones en desarrollo.

La lista de nuevas y añejas enfermedades crónico-degenerativas, transmisibles y no transmisibles y enfermedades mentales es vasta y constituye un coctel mortal: sida, viruela, tuberculosis, influenza, lepra, obesidad, diabetes, hipertensión arterial, infarto cerebral y padecimientos mentales.

“Los principales problemas de salud en México ya no son enfermedades virales como el sarampión o la hepatitis, sino diabetes, cáncer cérvico-uterino, hipertensión arterial, infarto cerebral y padecimientos mentales antes no reconocidas por los especialistas en salud, como depresión, esquizofrenia y demencia senil”, advierte la maestra Diana María Ruelas Valdés.

La catedrática del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México (IIEAM), sostiene que entre 2013 y 2016 se ha disparado la tasa de mortalidad por diabetes mellitus por cada 100 mil habitantes, la cual pasó de 75.5 a 84.2 defunciones y se estima que para diciembre de 2017 será de 87 muertes. Mientras que la tasa de mortalidad por hipertensión arterial en 2013 fue de 16.8, en 2017 se estima que llegará a 21.4 por cada 100 mil habitantes.

En su análisis Objetivo 3 de Desarrollo Sostenible: Salud y bienestar, publicado en noviembre pasado la especialista agrega que la tasa de mortalidad de cáncer de mama por cada 100 mil habitantes para mujeres de 25 años o más, pasó en 2013 de 16.5 a 18.8 en 2016, mientras que para el caso del cáncer cérvico-uterino, se registraron 11.6 defunciones por cada 100 mil habitantes.

Asimismo, durante el periodo 2013-2017, se habrían registrado alrededor de 31 mil 358 defunciones por cáncer de mama y 30 mil 115 por cáncer cérvico-uterino, por lo que el reto para los siguientes lustros será reducir en la mitad las muertes por estos padecimientos que pueden ser evitables, considera la experta del IIEAM.

Por su parte, la catedrática del Centro de Estudios Superiores Navales (Cesnav) Shirley Hermann señala que México figura en la lista de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de 2012 entre los países con más obesidad del mundo, en tanto que en julio de 2016, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ubicó al país en primer lugar entre cinco países de Latinoamérica con mayor índice de obesidad, seguido por Venezuela, Argentina, Chile y Uruguay.

La obesidad se cataloga como una enfermedad crónico-degenerativa no transmisible, progresiva de larga duración que desencadena padecimientos como diabetes y otros que conllevan a la muerte. Las enfermedades más comunes por sobrepeso y obesidad, según la OMS: reflujo, acidez estomacal, distensión abdominal, cáncer colorrectal, de mama y de endometrio, hongos en la piel, infertilidad y esterilidad, hernias, apnea de sueño, cardiomegalia, estrías, infartos, várices, entre otros.

El sobrepeso y la diabetes en México representan la primera causa de muerte en mujeres y la segunda en hombres, según datos del Instituto Nacional de Salud Pública de 2017. La OMS define la obesidad y el sobrepeso como “la acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”.

El desarrollo de esta enfermedad crónica, radica en el desbalance energético entre las calorías que se consumen y las que se gastan; otros factores que pueden incidir son genéticos o hereditarios, vida sedentaria, trastornos de sueño,  hipotiroidismo, y consumo de anticonceptivos y corticoides.

Por ello, indica Shirley Hermann se conoce a la diabetes como la epidemia del siglo XXI, “una enfermedad que originalmente afectaba sólo a países ricos, ahora cobra la vida de millones de personas en los países en vías de desarrollo de acuerdo con el informe de 2017 de la OMS”.

El 2010 fue el primer año que murió más gente en el mundo por exceso de ingesta comida y sus complicaciones por desnutrición, por lo que de seguir con esa tendencia, advierte la especialista, para 2030 el 50 por ciento de la población mundial sufrirá algún nivel de sobrepeso.

La catedrática del IEEAM explica que las implicaciones del sobrepeso y la obesidad están vinculadas con la oferta de la industria alimentaria y el comportamiento del mercado, así como a las políticas públicas que permiten o restringen el acceso a productos que contribuyen a las pandemias.

El 14 por ciento de adultos en México padece diabetes, según el informe de la OMS de 2017 y a nivel internacional, el país es el primer consumidor de bebidas azucaradas y refrescos, con una media de 163 litros por año, lo que provoca la muerte de 66 personas al día por esta causa, añade la especialista.

“Qué está haciendo México para tener esos índices? ¿Quiénes son responsables?”, cuestiona Shirley Hermann.

“Los gobiernos y las políticas públicas han fallado, parecen insuficientes y hasta improductivas las acciones emprendidas respecto a la reducción del número de obesos, por el contrario, las cifras van al alza. Una eficaz regulación de la producción y la compra-venta, y una mejor distribución de alimentos, facilitarían el progreso, pero ¿acaso alguien pierde si se determina realmente contener y hasta erradicar la obesidad?”, subraya.

Destaca que como cualquier industria que lucra con su producción, la alimentaría intenta marcar tendencias, abrir y conquistar nuevos mercados, reduciendo costos y generando más y más ganancias. De esta forma, no sorprende encontrar corporaciones o alianzas de diversos sectores, por ejemplo, la farmacéutica con la alimentaria.

El aumento de la epidemia de obesidad en México, ha obligado al gobierno a tomar medidas para prever, reducir y contrapesar las estadísticas, como un aumento del 10 por ciento al impuesto a alimentos no saludables, como bebidas edulcorantes y refrescos, en vigor desde 2014.

Sin embargo, Shirley Hermann argumenta que los resultados acerca del éxito de esta política oficial varían. “Mientras la OMS supone que esta medida ha disminuido la venta de refrescos un 12 por ciento, una investigación del Colegio de México revela que la compra-venta de estos productos, no sólo no se ha reducido, ha significado la pérdida en un 66 por ciento en la capacidad de compra de alimentos y bebidas en sectores socioeconómicos más pobres, y el aumento de ingresos del gobierno con 37 mil 699 millones de pesos”.

Los datos y proyecciones son poco alentadores, dice la especialista, ya que México se posiciona en los primeros lugares de obesidad mundial. La dimensión de esta problemática, declarada epidemia por la OMS, genera desestabilidad en los ámbitos sociales, políticos, económicos y culturales.

Por ello, plantea vigilar a la industria alimenticia, “que manipula al mercado con tendencias a modo de surtir un efecto contrario al de dejar de consumir. Es decir, se sabe que las personas constantemente están ‘a dieta’, por esta razón, productos como las barras energéticas o alimentos de moda como chía, soya, jengibre, linaza, toronja, etcétera disparan sus ventas en ciertas épocas, sin realmente constituir un cambio”.

Tuberculosis, lepra, viruela…

En 2015, se registraron en México 2.1 muertes por cada 100 mil habitantes por tuberculosis en personas con el virus de la inmunodeficiencia humana VIH, mientras que a nivel mundial fueron 19. En el caso de muertes por tuberculosis, excluyendo VIH, fueron 2 mil 600 en ese año, por lo que sigue siendo un reto importante de salud pública, de esta enfermedad que se creía erradicada.

Dentro del catálogo de enfermedades transmisibles, la lepra ha tenido una aparición errática en México. Sin embargo, indica la catedrática del IIEAM Shirley Hermann, en 2005 se registraron 289 casos, los cuales disminuyeron en 2009 a 114. Hubo un ligero repunte de casos entre 2010-2012, el cual llegó a 216. En 2016, se tienen reportados 152 personas con lepra, y a septiembre de 2017, hay 55 casos, lo cual obliga a que las autoridades de salud a erradicar esta terrible enfermedad en el corto plazo.

Pandemia de viruela, una amenaza silenciosa

México está expuesto a amenazas como una pandemia por viruela, pues “los referentes históricos y la evidencia científica así lo demuestran”, asegura el capitán de navío de la Armada de México Francisco Hernández González, quien alerta sobre un posible ataque bioterrorista con la cepa de viruela del Estado Islámico a Estados Unidos que llegaría hasta nuestro país.

“Los Estados Unidos han mencionado que ‘México está en el teatro de operaciones del Estado Islámico’. La consideración para esta declaración se basa en que: ‘al extremarse las medidas de seguridad en los teatros principales (Europa y Estados Unidos), no sería raro que el Estado Islámico empezara a privilegiar otros escenarios como América Latina’”, señala Hernández González, maestro en administración naval y ciencia política por el Cesnav.

Resalta que a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha realizado distintas acciones para impedir la proliferación de estas armas, la biología sintética en manos de grupos terroristas ha hecho resurgir la posibilidad de una pandemia de viruela. “Esto la coloca nuevamente como una amenaza para la seguridad nacional de los Estados, por lo cual surge la necesidad de estar preparados ante un evento de tal magnitud”.

La viruela es una enfermedad infecto-contagiosa, conocida como uno de los males con mayor potencial devastador, ya que causa la muerte al 30 por ciento de sus víctimas y actualmente está latente su posible reaparición, sostiene el catedrático.

Arguye que si la viruela se erradicó en el mundo hace ya casi 4 décadas “¿por qué sigue siendo una amenaza?”, como cuestiona el Grupo Asesor Independiente (IAG, en inglés) de la Organización Mundial de la Salud en su informe Implicaciones para la salud pública de la tecnología de biología sintética relacionada con la viruela.

El Grupo Asesor Independiente de la OMS concluyó que: “El riesgo de que el virus de la viruela vuelva a emerger de fuentes naturales no es probable que sea mayor hoy que en 1980, aunque no puede ser excluido. Tras la erradicación de la viruela, es probable que el riesgo de reaparición de la enfermedad sea la liberación accidental o deliberada del virus”.

Además, indica Hernández González, el virus de la viruela puede ahora ser recreado con biología sintética e incluso modificado. Se cree que muchas instalaciones en todo el mundo, incluyendo algunos laboratorios poco regulados o no reglamentados, poseen el conocimiento y la experiencia para hacerlo.

El especialista sostiene que la naturaleza del riesgo de reaparición de la viruela ha cambiado significativamente en las últimas décadas. “La naturaleza del riesgo está evolucionando y está vinculada a la reducción del costo de la tecnología y la facilidad de acceso para su uso. Se requiere un técnico de laboratorio con habilidades o un estudiante universitario con experiencia de trabajar con virus. En tiempo, se requieren al menos 3 meses”.

En su análisis Bioseguridad: pandemia de viruela, una amenaza silenciosa (Cesnav, agosto 2017), señala que frente al desarrollo de la tecnología, agencias públicas de salud deben de estar al tanto y con el conocimiento que siempre existirá el potencial de fabricar el virus de la viruela, y de que, por lo tanto, considerar que el riesgo de que la viruela reaparezca, nunca será eliminado.

Sin embargo, acota que “a pesar de que el riesgo de una pandemia de viruela por un ataque terrorista en México es mínimo, éste se incrementa si el atentado se produce en Estados Unidos”, ya que ambos países comparten frontera y uno de los flujos comerciales y de personas más grandes del orbe, situación que “favorece la propagación del virus”.

Hernández González añade que en el Programa para la Seguridad Nacional 2014-2018, se reconoce la importancia que tiene una política para hacer frente a los múltiples riesgos y amenazas que pueden comprometer la preservación del Estado, por lo que, dada la situación geográfica y de “potencia emergente”, no descarta que nuestro país pueda ser usado como plataforma o sufrir ataques terroristas principalmente por la cercanía con los Estados Unidos, y hace referencia a los efectos que las pandemias pueden tener en la población y la economía del país.

Es tal su importancia, dice, que en este año, legisladores en el congreso han fijado su atención en el tema de bioterrorismo, sin embargo, “el problema consiste en saber cómo cumplirán los gobiernos con el deber de proporcionar bienestar y seguridad a su población”, indica el analista.

Refiere que Tomás Zerón de Lucio, secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, señaló durante el foro sobre bioseguridad realizado en marzo pasado en la Cámara de Diputados que son necesarios mayores recursos para investigación y desarrollo en bioseguridad “para hacer frente a los enemigos invisibles”, como un brote de viruela, ya que gobiernos y sociedad no pueden “dejar la carga preventiva y reactiva exclusivamente a los organismos internacionales, como la OMS [Organización Mundial de la Salud]”.

Enfermedades mentales

México cuenta con una magra, por no decir inexistente infraestructura en hospitales mentales, lo cual es un aspecto preocupante, ya que sólo hay 1 mil 740 unidades de salud mental en hospitales generales por cada 100 mil habitantes, lo cual es un tema poco atendido por las autoridades federales y estatales, ya que cada vez están presentes enfermedades antes no reconocidas por los especialistas de la salud, como la depresión, esquizofrenia y demencia senil, entre otras.

Asimismo, en 2013, del total del presupuesto asignado a la salud, sólo el 2  por ciento estaba destinado a la salud mental y, de ese porcentaje, 80 por ciento se empleaba para el funcionamiento de los hospitales siquiátricos. En los establecimientos de salud mental, la tasa de siquiatras, médicos, enfermeros y sicólogos por cada 100 mil habitantes registró valores de 1.6, 1.3, 3.4 y 1.5 respectivamente.

En ese sentido, la especialista del Cesnav Diana María Ruelas Valdés plantea que el país tendrá que invertir en infraestructura hospitalaria y en la contratación de personal de salud especializado en salud mental, ya que no se cuenta con hospitales mentales suficientes ni personal médico que pueda apoyar a la población que demanda este tipo de servicios públicos.

El 26 de mayo de 2017 se realizó en la Cámara de Diputados el foro Retos de la sicología en el campo de la salud mental, desafíos del siglo XXI, en el que expertos manifestaron su preocupación por el incremento de personas con padecimientos mentales y la falta de atención en las instituciones de salubridad de nuestro país.

Durante su participación, la directora técnica normativa de la Comisión Nacional contra las Adicciones, María José Martínez Ruiz, afirmó que de acuerdo con la OMS, a nivel mundial viven 300 millones de personas con depresión, enfermedad que, en caso extremo, lleva al suicidio; cada año, se logran consumar cerca de 80 mil casos, convirtiéndolo en la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 20 años.

En México, al menos el 9 por ciento de la población padece depresión, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que reportó que, en 2011, ocurrieron 5 mil 718 suicidios a causa de este padecimiento, teniendo mayor prevalencia en el género masculino. Destacó que en el país existen 12 psicólogos por cada 100 mil habitantes; por ello, dijo, es necesario que el gobierno federal aporte mayor presupuesto para tratar el padecimiento de la depresión y cualquier otra enfermedad mental.

Por su parte, el director general de Servicio de Atención Psiquiátrica, de la Secretaría de Salud, Gabriel Sotelo Monroy, dijo que aunque en nuestro país hay 12 sicólogos por cada 100 mil habitantes, para tratar casos de salud mental sólo hay 1.4. “La brecha de atención aún es menor, si se toma en cuenta el limitado recurso humano disponible”.

Exorbitante costo de pandemias

Hablar de la importancia de que México debe incrementar los recursos destinados al financiamiento de la salud pública, es un tema que concita la más amplia importancia de la agenda nacional, estima la catedrática del Cesnav Shirley Hermann.

Sin duda, apunta que es fundamental incrementar la capacidad instalada en nuevos equipos de mastografía, ampliar la capacidad de atención con personal especializado en laboratorios clínicos, para reducir el número de defunciones por cáncer de mama y cérvico-uterino.

Shirley Hermann indica que el costo promedio de la obesidad en México asciende a 120 mil millones de pesos anuales, cifra que significaría dos veces el costo de la línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México y casi tres veces el presupuesto para el nuevo aeropuerto. Sin embargo, otras cifras escalan el gasto a los 3 mil 872 millones de dólares en el país, según de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, y contemplan gastos públicos y privados.

Por su parte, la maestra Diana María Ruelas Valdés asienta que en México el gasto en salud en 1995 representó 5.05 por ciento y en 2014 alrededor de 6.3 por ciento del PIB, lo cual habla que en 15 años solamente el gasto en salud creció 1 por ciento del PIB, es decir, sigue estando por debajo del promedio mundial.

En 2014, el 51.8 por ciento del gasto público se destinó a salud, según la base de datos de Indicadores de Desarrollo Mundial de 2016, del Banco Mundial (World Development Indicators, en inglés). El reto para México hacia el 2030 será incrementar su gasto en salud en 2 por ciento del PIB, a efecto de garantizar una cobertura universal de los servicios de salud.

“El gasto en salud debe concentrarse en la prevención de  enfermedades crónico-degenerativas, toda vez que los principales problemas de salud en México ya no son las enfermedades virales como el sarampión o la hepatitis, sino la diabetes, el cáncer cérvico-uterino, la hipertensión arterial, los infartos cerebrales, entre otros”, enfatiza Ruelas Valdés.

De hecho, añade, los embarazos en mujeres adolescentes constituyen un foco de atención para las instituciones de salud, ya que las tasas de mortalidad materna se concentran en ese sector de la población, particularmente en el ámbito rural.

Así las cosas, la inversión pública en el sistema de salud ha aumentado de 2.4 por ciento a 3.2 por ciento del PIB entre 2003-2013, “pero está en duda si estos recursos se están traduciendo en beneficios para la salud de forma tangible, dado que existen indicadores clave que sugieren que el sistema de salud destina 10 por ciento del presupuesto nacional en salud al gasto administrativo, el cual es el más alto de la OCDE en 2016”.

La catedrática plantea que México tiene que elevar su capacidad instalada para fortalecer sus esquemas de prevención de enfermedades crónico-degenerativas, ya que son las principales causas de muertes en adultos, con relación a las enfermedades de trasmisión viral como la hepatitis, la lepra o la tuberculosis.

Es importante que el gasto en salud como porcentaje del PIB crezca entre 2 y tres puntos porcentuales hasta el 2030, ya que la demanda de servicios será cada vez mayor, y sobre todo, dirigir los recursos presupuestales a la atención primaria y medicina preventiva, para frenar a la mitad el número de defunciones por diabetes, cáncer de mama, hipertensión arterial y cáncer cérvico-uterino, campo en el que México enfrenta un panorama adverso.

José Réyez

[BLOQUE: INVESTIGACIÓN][SECCIÓN: SOCIEDAD]