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¿Qué esperábamos luego de abrir las puertas a las mineras para que exploten a gusto los suelos mexicanos? ¿Qué otra cosa podría ocurrir si se promueven “megaproyectos” que devastan miles de hectáreas anualmente? ¿En verdad puede sorprendernos, luego de que todo el país se ha puesto en venta y los recursos naturales están en la primera fila a disposición de trasnacionales?

CANCÚN, QUINTANA

Los estragos sociales y económicos que ha dejado el neoliberalismo rampante son conocidos: desempleo, trabajo precario, migración interna, migración internacional, pérdida del poder adquisitivo del salario del 70 por ciento, desigualdad social, hambre… y desde que instauró su política “antidrogas”, 150 mil asesinados, 30 mil desaparecidos, 13 mil desplazados…

Poco se habla de los costos para los ecosistemas del país de 35 años de neoliberalismo. Pero los saldos son igualmente dramáticos.

En 1985, cuando gobernaba Miguel de la Madrid y el neoliberalismo se afianzaba como la política económica que regiría hasta nuestros días, el 61 por ciento del territorio nacional estaba cubierto por vegetación primaria. Para 2014 –la información más reciente– sólo el 49 por ciento del país estaba cubierto por esta vegetación. En pocos años, menos de 30, se perdieron 249 mil 518 kilómetros cuadrados de ecosistemas.

Los datos son oficiales, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Se desprenden de la Carta de uso de suelo y vegetación serie VI, dada a conocer el pasado 5 de diciembre.

Esa pérdida de 249 mil 518 kilómetros de superficie con vegetación primaria es mayor que la de Chihuahua, la entidad federativa más grande de la República. Y es más grande que el tamaño total de más de 150 países, entre ellos el Reino Unido, Rumania, Bielorrusia, Grecia, Cuba y Dinamarca, por sólo mencionar algunos.

La vegetación primaria, explica el documento, es aquella “que no ha sufrido cambios significativos por la actividades humanas o perturbaciones naturales”. La vegetación, en términos generales, es “el conjunto de plantas que se desarrollan sobre el suelo; es fundamental en el sostenimiento de la biodiversidad, captura de carbono, formación y protección de suelo, mitigación de daños por desastres naturales, regulación de ciclo del agua y del clima, mitigación del cambio climático entre otros”.

En el estudio del Inegi se reconoce que “ya sea por cambios en el uso del suelo por el crecimiento urbano o de la frontera agrícola, o bien por la intensidad de las actividades humanas como el pastoreo, extracción de madera y otras materias primas, una parte considerable de la vegetación original ha sido eliminada o alterada en gran parte de territorio nacional”.

¿Cuál es el tamaño de daño? ¿Qué ecosistemas son los más afectados? Luego de 35 años de neoliberalismo, lo que más hemos perdido son selvas: más de 93 mil 619 kilómetros cuadrados, el 30.2 por ciento de lo que teníamos a mediados de la década de 1980. Hoy contamos con 216 mil 449 kilómetros cuadrados de ellas. La otra gran pérdida es la de bosques primarios. En el mismo lapso de tiempo se han esfumado 76 mil 458 kilómetros, el 26.8 por ciento de los que existían en 1985. El país cuenta actualmente con 208 mil 723 kilómetros cuadrados de tierras boscosas. El estudio destaca que la vegetación de zonas áridas y semiáridas ocupa el 29 por ciento el país “y es el ecosistema menos alterado”.

En contraste, el suelo destinado a la agricultura ha crecido en 68 mil 683 kilómetros cuadrados. El estudio no lo menciona, pero podemos advertir que no se trata de tierras abiertas a labor por las comunidades campesinas (indígenas y mestizas). Es decir, no se trata de ejidos o bienes comunales. Los únicos que han prosperado en estos años han sido los “agroempresarios”, aquellos terratenientes que han regresado con sus tiendas de raya, sus guardias blancas, sus galerones y sus miles de hectáreas de plantaciones de alimentos de exportación.

El documento sí señala los cuatro factores que determinan la vegetación de un lugar: el relieve, el clima, los suelos, la geología y las actividades humanas.

El Estado mexicano ha pagado cientos de millones de pesos durante los últimos años para “informar” que México es uno de los 12 países del mundo que tienen el carácter de “megadiverso”, aquellos que poseen la mayor cantidad y diversidad de animales y plantas, casi el 70 por ciento de la diversidad mundial de especies.

Incluso en el documento del Inegi se destaca que México tiene mayor diversidad en tipos de vegetación y ecosistemas que Estados Unidos y Canadá juntos. De hecho, el Instituto pudo determinar 58 tipos de vegetación diferentes en el país.

México cuenta con bosques templados y pastizales afines a los de América del Norte y con selvas tropicales con algunas especies en común con la Selva del Amazonas. Y todavía cuenta con el mayor número de especies de pinos, encinos y agaves de todo el mundo. Cuenta con matorrales del más grande desierto del Hemisferio Norte del Continente, el Chihuahuense; y con el más diverso, el de Sonora. Además de que un amplio número de especies sólo pueden encontrarse en este país.

No será con esas campañas publicitarias como se logrará mantener el estatus de “megadiverso”. Será apartando los ecosistemas de la voracidad de los grandes capitalistas, que no tienen ningún reparo en arruinarlos con tal de hacer grandes negocios. El desastre no está lejos.

Zósimo Camacho

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