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Desde agosto de 2017, el Big Ben, importante ícono cultural del Reino Unido, permanece en silencio mientras se realizan labores de reparación, las cuales pueden demorar cerca de cuatro años.

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Curiosamente, las últimas campanadas del reloj de cuatro caras más grande del mundo coincidieron con el estancamiento y la agudización de la crisis del gobierno de Theresa May, para quien 2017 ha estado lleno de tropiezos y malos presagios.

Si bien los resultados de las elecciones anticipadas de junio demostraron un descenso considerable de la confianza en los conservadores y su líder, los eventos de los últimos meses refuerzan las suposiciones sobre la cercanía de un final poco feliz para la actual administración.

Escándalos sexuales, el incremento de la inseguridad y el temor ante ataques terroristas, las dimisiones de altos cargos, las conspiraciones internas y las continuas críticas por el manejo de las negociaciones con la Unión Europea (UE), son algunos de los obstáculos que enfrenta la política de 61 años, quien asumió el poder en 2016.

Pese a los esfuerzos por demostrar su autoridad, May no se ha recuperado del golpe recibido en los más recientes comicios, donde los tories perdieron 12 asientos parlamentarios y se quedaron con 318, siete por debajo de los requeridos para contar con la mayoría absoluta.

La desaprobación de su desempeño se refleja no sólo en el ascenso de los laboristas en encuestas recientes, sino también en el rechazo de una parte de sus compañeros de formación.

A inicios de octubre, el diputado y expresidente de esa organización, Grant Shapps, declaró a medios locales que aboga por un cambio de liderazgo y exigió la celebración de elecciones primarias, iniciativa que, según dijo, es secundada por otros 39 parlamentarios.

Para Shapps, la sustitución de May es necesaria en los momentos actuales, cuando los conservadores enfrentan dificultades debido al revés electoral de junio y los cuestionamientos por la gestión del proceso de salida del Reino Unido de la UE.

El político asegura que cuenta con el apoyo de al menos dos miembros del gabinete, y apuntó que la lista de opositores a la primera ministra incluye tanto a partidarios como detractores del Brexit.

Aunque varias figuras de alto rango negaron la existencia de tal complot, recientemente medios de prensa confirmaron que la conspiración continúa y faltan solo ocho firmas de 48 necesarias para presentar una moción de censura contra la jefa de gobierno.

Tras conocer los planes en su contra, May aseguró que contaba con el respaldo de todo su equipo y rechazó las exigencias de dimisión.

No obstante, en los últimos meses el ministro de Exteriores, Boris Johnson, ha desafiado constantemente a la líder conservadora, y llegó a presentar su propio plan para separar a su país del bloque comunitario.

A esto se suma el debilitamiento del Ejecutivo por la renuncia de dos de sus integrantes en una semana.

El 1 de noviembre, el hasta entonces ministro de Defensa, Michael Fallon, decidió abandonar su puesto tras divulgarse su implicación en un caso de abuso sexual y horas después fue sustituido por Gavin Williamson.

“Han salido a la luz varias denuncias contra diputados, incluidas algunas sobre mi conducta. Muchas de ellas son falsas, pero acepto que en el pasado quizás no haya estado a la altura de los altos estándares requeridos en las Fuerzas Armadas”, señaló Fallon en su carta de renuncia.

Por su parte, Williamson, de 41 años y sin experiencia en el área militar, asumió el cargo en un momento marcado por la necesidad de realizar más recortes en ese sector y poco antes de una reunión de los titulares de Defensa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte para evaluar la estructura de mando de ese organismo.

Además de Fallon, varios funcionarios fueron acusados de cometer agresiones sexuales, entre ellos el primer secretario de Estado, Damian Green, el secretario de Comercio Internacional Mark Garnier y el exsecretario de Trabajo y Jubilaciones Stephen Crabb.

Según medios locales, la lista de presuntos culpables podría ascender a varias decenas, ante lo cual May prometió tomar las medidas necesarias y anunció la reforma del sistema de presentación y procesamiento de quejas.

Poco después, antes de que el escándalo saliera de las portadas de los periódicos del país y el mundo, la jefa de gobierno debió enfrentar otro asunto controversial y con graves consecuencias para su administración.

El 8 de noviembre, la titular de Desarrollo Internacional, Priti Patel, se vio obligada a dimitir, luego de conocerse su participación en supuestas reuniones secretas con autoridades israelíes, entre ellas el primer ministro Benjamín Netanyahu, el responsable de Seguridad Pública, Gilad Erdan, y el director general de la cancillería Yuval Rotem.

Su lugar fue ocupado por Penny Mordaunt, cuyo nombramiento fue aplaudido por sectores euroescépticos, pues, al ser también partidaria de la separación del Reino Unido de la UE, mantuvo el equilibrio entre defensores y opositores a esa iniciativa. Aunque aparentemente la Primera Ministra logró una solución para cada uno de los obstáculos que se le presentaron, varios analistas coinciden en que esos parches no disimularán por mucho tiempo el deterioro sufrido por la dirección conservadora.

Recientemente, el periódico The Times develó que la UE se prepara para una probable retirada de la líder tory antes de 2018, ya sea por un cambio de dirección en su formación política o por una victoria laborista luego de una nueva cita en las urnas.

En un artículo publicado en su sitio web, el medio cita sin nombrarlo a un funcionario del bloque, quien asegura que Bruselas se alista para enfrentar cualquier escenario y sus repercusiones en el proceso de salida de Londres.

El liderazgo británico es cada vez más débil y ello dificulta las negociaciones sobre el Brexit, señala la fuente y apunta que la UE analiza también la posibilidad de un divorcio sin acuerdo o la anulación de la iniciativa separatista.

Luego de seis rondas de negociaciones, Londres y Bruselas todavía no se ponen de acuerdo en torno a temas medulares como los derechos de los ciudadanos, el pago de la factura del divorcio y la frontera con Irlanda del Norte.

En un acto para demostrar su autoridad, May reafirmó a inicios de noviembre que el 29 de marzo de 2019, a las 23:00 hora local, el Reino Unido dejará de ser un miembro de la plataforma comunitaria.

Mediante un comunicado publicado en redes sociales, aseguró que cumplirá el deseo de la mayoría de los ciudadanos, reflejada en el referendo de 2016, donde triunfó el respaldo a la separación.

“Que nadie dude de nuestra determinación. El Brexit está ocurriendo y la fecha quedará escrita en blanco y negro en la portada de una histórica legislación”, señaló.

Asimismo, destacó la importancia del Proyecto de Ley sobre la Retirada de la UE, actualmente en trámite parlamentario, y advirtió que, aunque se aceptan modificaciones, no se detendrá el proceso de aprobación.

“No toleraremos ningún intento de bloquear la voluntad del pueblo mediante mecanismos para ralentizar o detener nuestra salida. Como primera ministra estoy comprometida a alcanzar un convenio satisfactorio con Bruselas”, insistió quien en un inicio se pronunciara en contra de esa decisión.

No obstante, el experto legal John Olav Kerr, autor del artículo 50 del Tratado de Lisboa que regula la separación de un Estado del bloque, afirmó que el Brexit es reversible y puede ser cancelado en cualquier momento.

“En cualquier etapa podemos cambiar de opinión y si lo hacemos nuestros socios europeos estarán muy contentos. Si quisiéramos un segundo referendo, no hay nada en el tratado o en la actitud de los 27 que nos impida tomarnos un tiempo para ello”, declaró a la cadena BBC.

Además, indicó que la dirección del país intenta confundir a la población, y reiteró que una vuelta atrás es posible.

En este contexto, analistas como Laura Kuenssberg se refieren a una eventual “destrucción” del gobierno conservador, la convocatoria a comicios para el próximo año, el nombramiento de Jeremy Corbyn como primer ministro y la suspensión o retraso del Brexit.

“Los rumores se inclinan hacia el drama, incluso hacia un posible Armagedón, pero nadie sabe lo que pasará, la estabilidad política puede volver. No obstante, parece que todo anda mal y este no se siente como un gobierno en control de los sucesos”, señaló.

En un momento en que se vislumbran múltiples escenarios y el futuro del Reino Unido resulta un tanto incierto, lo único seguro, según los expertos, es que se avecinan transformaciones importantes para una nación que tuvo que ir a las urnas hace solo cinco meses.

Por lo general, aún en períodos de reparación, las campanas del Big Ben suenan para conmemorar acontecimientos importantes, como ocurrió el 11 de noviembre en el aniversario del fin de la Primera Guerra Mundial.
También repican a la llegada de la Navidad y en ocasión de otros eventos festivos.

El silencio desde mediados de 2017 del simbólico reloj puede ser, ante la crisis que enfrenta el gobierno británico, un mal presagio para Theresa May.

Glenda Arcia/Prensa Latina

[OPINIÓN]

 

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