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Francia ya tiene su nuevo “Pentágono”, pero Italia sólo comienza la construcción del suyo. Los países miembros de la Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN) están organizándose según el modelo de su superior estadunidense. Detrás de ese cambio de locales se esconde un cambio de medios y de objetivos.

pentagono

Los habitantes del barrio romano de Centocelle están protestando, y con razón, por el impacto que tiene el “Pentágono” que se construye actualmente en el parque arqueológico de esa zona verde. Pero existe otro impacto, mucho más grave, del que nadie habla: el impacto sobre la Constitución italiana.

Como ya hemos documentado antes [1], el proyecto de reunir las cúpulas de todas las Fuerzas Armadas en una estructura única, copia en miniatura del Pentágono estadunidense, es una parte orgánica de la “revisión del modelo operacional de las Fuerzas Armadas”, institucionalizada en el Libro Blanco sobre la seguridad internacional y la defensa de la ministra Pinotti. Ese proyecto subvierte las bases constitucionales de la República Italiana, convirtiéndola en una potencia que interviene militarmente en las zonas que limitan con el Mediterráneo –el norte de África, el Oriente Medio y los Balcanes– en respaldo de sus propios “intereses vitales” económicos y estratégicos, y en cualquier otro lugar del mundo –desde el Báltico hasta Afganistán– donde estén en juego los intereses de Occidente, representados por la OTAN, que a su vez responde a la voz de mando de Estados Unidos. La herramienta que se utiliza para eso es la Ley marco de 2016, que institucionaliza la realización de misiones militares en el extranjero (actualmente se desarrollan 30 en 20 países) y las financia con un fondo del ministerio de Economía y Finanzas.

Crecen así los gastos militares reales que, con partidas presupuestarias y otros fondos que se agregan al presupuesto de Defensa, se han disparado, alcanzando un promedio de alrededor de 70 millones de euros diarios, promedio que debe aumentar hasta el centenar de millones diarios que exige la OTAN.

La reconfiguración de las Fuerzas Armadas con objetivos ofensivos requiere armamento de nueva generación, cada vez más costoso. La compra más reciente es el misil estadunidense AGM-88E Aargm, una versión modernizada (con un precio de 18.2 millones de dólares el lote de 25 misiles) de los modelos que Italia había adquirido anteriormente. Se trata de un misil de alcance medio que se lanza desde cazabombarderos para destruir los radares enemigos al inicio de una ofensiva, cegando así las defensas del país atacado.

La firma que fabrica ese artefacto, Orbital Atk, precisa que “el nuevo misil es compatible con el F-35”, el avión de guerra de la firma estadunidense Lockheed Martin en cuya producción participa Italia con la instalación industrial que administra la firma Leonardo (antigua Finmeccanica), en Faco di Cameri, además de haberse comprometido a comprar 90 ejemplares de ese avión.

El primer F-35 llegó a la base de Amendola el 12 de diciembre de 2016, convirtiéndose así Italia en el primer país en recibir, después de Estados Unidos, ese nuevo avión de guerra de quinta generación, que también puede llevar la nueva bomba atómica (estadounidense) B61-12.

Además de comprar armamento, Italia también lo produce. La industria militar aparece definida en el Libro Blanco como “pilar del Sistema-País”, ya que “contribuye, a través de las exportaciones, a reequilibrar la balanza comercial y a la promoción de productos de la industria nacional en sectores de alta remuneración”.

Y ahí están los resultados. La firma Leonardo alcanzó el noveno lugar en la clasificación de las 100 firmas de armamento más grandes del mundo, con ventas anuales de armamento de alrededor de 9 mil millones de dólares en 2016. A principios de octubre, Leonardo anunció la apertura de otra fábrica en Australia, donde produce armamento y sistemas de comunicación para la marina de guerra australiana. Como compensación, para desplazar cada vez más la producción hacia el sector militar, que ya representa el 84 por ciento de los ingresos de Leonardo, esa empresa vendió a la firma japonesa Hitachi dos fábricas de Finmeccanica –Ansaldo Sts y Ansaldo Breda, líderes mundiales en la producción ferroviaria.

Sobre ese “pilar del Sistema-País” se construye, con fondos desviados del presupuesto de la Ley de Estabilidad, el “Pentágono” italiano, nueva sede del ministerio de la Guerra.

Notas

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio

[1] “El Pentágono de Roberta Pinotti”, Manlio Dinucci, Il Manifesto (Italia), Red Voltaire, 8 de marzo de 2017.

Manlio Dinucci/Red Voltare-Il Manifesto

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: ARTÍCULO]

 

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