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El 13 de noviembre, durante una ceremonia, el señor presidente, en su discurso sobre la inseguridad, reconocía que en los 2 últimos años la inseguridad se ha incrementado y acusó que sectores de la sociedad civil ejercían bullying a las Fuerzas Armadas.

ejercito, soldados

Quisiera empezar por ubicar correctamente el uso de la palabra bullying. Según los antecedentes, es de origen holandés y, en resumen, significa acoso escolar. Esto implica como lo señala Jonathan García Allen (2016), “hostigamiento escolar, matonaje escolar, matoneo escolar, maltrato escolar,  es cualquier forma de maltrato sicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula, como a través de las redes sociales, con el nombre específico de ciberacoso”.

También existe el acoso laboral que se denomina mobbing, el cual es la acción de un acosador o acosadores que provocan miedo en los trabajadores y que generalmente provocan hostigamiento y acoso que originan que algunas personas abandones su trabajo.

Existe también el bullying sicológico o acoso moral. El diccionario de la lengua española lo define como el trato vejatorio y descalificador de la lengua española.

Aunque no lo especificó el señor presidente, se refería a este tipo de bullying que, según él, hace uso parte de la sociedad civil. Sin justificarlo, el mexicano siempre hace este tipo de burlas, es parte de su vida y no es permanente como se da a entender. Creo que es más frecuente encontrar dentro de las Fuerzas Armadas el fenómeno del mobbing, porque algunos mandos superiores cotidianamente hacen uso de él. Se escudan en el lema que “las instrucciones se acatan, no se discuten”. Ciertamente esto provoca desajustes emocionales, un alto estrés y por ende, un daño psicológico.

Si hiciéramos una encuesta entre los miembros de las Fuerzas Armadas, aquellos que realizan operativos, encontraríamos que poco les vale que la gente emita mensajes que se consideren una burla. Ellos, con la disciplina castrense, cumplen órdenes y ya. La inseguridad no ha aumentado porque se les aplique el bullying o el mobbing a las Fuerzas Armadas, sino por la incapacidad de los tres niveles de gobierno para adoptar políticas públicas que la combatan. Es más, algunos gobernantes y políticos son comparsas del crimen organizado.

Pero ahora ya no sólo es el crimen organizado: ya proliferan los asaltos, los robos a vehículos, ajustes de cuentas, secuestros, feminicidios, extorsiones y otros delitos. Ya hay territorios donde ni las Fuerzas Armadas pueden entrar.

Con bullying o sin él, las fuerza federales y estatales cumplen con su cometido… pero no todas. Resulta que la mayoría de los policías no pasan los exámenes de desempeño y confianza, como el reciente caso de Acapulco, que de 600 policías reprobaron 400. Entonces, lo que está fallando es el proceso de reclutamiento y de profesionalización. Por lo tanto, en vez de estar pensando y argumentando que la ciudadanía acosa a los policías y militares, hay que ponerse hacer la tarea desde el origen.

Otra situación que favorece la inseguridad es la corrupción. Ésta se origina no porque el policía de seguridad ciudadana quiera ser corrupto sino porque los altos mandos exigen una cuota a los mismos por permitirles estar en puestos estratégicos. Después se acostumbra a hacerlo.

Claro que existen policías honestos, por los que hay que poner las manos al fuego. Pero ellos son los que se enfrentan a la delincuencia, abortan asaltos, atrapan a delincuentes, efectúan operativos que han sido eficientes. En muchos casos son los caídos en los enfrentamientos. Estoy seguro que ellos no pensaron que los ciudadanos les estaban haciendo bullying, sino que tuvieron la convicción de la vocación de servicio.

Señor presidente, se anda preocupando por el bullying cuando lo más importante es construir estrategias de seguridad que funcionen. Como lo expresé en el artículo “México bizarro”, publicado en esta prestigiosa revista, el Estado posee todos los medios y recursos para afrontar cualquier situación. En mí artículo “Durmiendo con el enemigo”, decía que el gobierno tiene todos los medios para conocer qué está pasando en todos los sectores de la sociedad. Lo que pasa que solo los utilizan cuando les conviene. La policía científica, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), la Procuraduría General de la República (PGR), la Secretaría de Gobernación, la Secretaría de Marina (Semar) y la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), son capaces de hacer excelentes investigaciones para frenar esta delincuencia.

Claro de hacer estas investigaciones a profundidad podrían caer funcionarios públicos de alto nivel, legisladores, gobernantes de los tres niveles de gobierno, jueces, etcétera. Eso no conviene, mejor hay que echarle la culpa al bullying por la inseguridad, como le echaron la culpa a los jitomates de la inflación o a los sismos de la caída del producto interno bruto, que porque triunfó Donald Trump cayó el peso, que por el Brexit había que reducir el gasto público, que la Casa Blanca de las Lomas de Chapultepec se adquirió con un finiquito millonario que pagó Televisa por una telenovela, que los inversionistas en los papeles de Panamá y los de Paraíso no han cometido delito fiscal alguno, que hay que hacerse la vista gorda en el caso Oderbrech y no castigar a Lozoya y al presidente por sus actos de corrupción y la impunidad en que se encuentran y hacen uso de ella…

Señor presidente, es encantadora la forma en que usted y su gobierno justifican su mala administración. Pero no se preocupe, el bullying seguirá, como sigue el grito que se hace en el futbol de “eh, p…”. Es más hasta en el Congreso ya se adoptó. Mi consejo, señor presidente  es que mejor se ocupe en que su gobierno realmente funcione con políticas públicas de seguridad que den resultado y no sólo sean parte de una retórica.

Oscar Enrique Díaz Santos*

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: ARTÍCULO]

 

Contralínea 567 / del 27 de Noviembre al 03 de Diciembre 2017

Contralínea 567

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