Autor:

Se nos vino el temblor encima, algunos edificios de la Ciudad de México colapsaron. Pero el sismo paralizó a la ciudad, aterrorizó al país, conmocionó al mundo. Pero “¡viva México, cabrones! ¡México está de pie! ¡Fuerza México..!

Sin embargo, sólo hasta que las ondas sísmicas tundieron a la capital la mayoría de los mexicanos se solidarizó. Poco antes, Oaxaca y Chiapas sufrieron la fuerza de la tierra; y antes, las lluvias afectaron otras partes y pocos reaccionaron. La unión del país ante las tragedias también se entiende a partir de que las televisoras son selectivas con las notas que cubren y cómo lo hacen, algunas incluso las eligen, como Televisa con la fantasmal “Frida Sofía”, para montar espectáculos mediáticos que incrementen su audiencia. Otras las diseñan, como fueron los asuntos de la niña Paulette y Florence Cassez.

[contextly_auto_sidebar]

En la Ciudad de México, la solidaridad fue marea humana y se esparció rápido. Los edificios se hicieron añicos a unos pasos de nosotros. Y ante la caída de una edificación en la calle donde vives o en la colonia de al lado, cualquiera de las estructuras derruidas podía tener debajo a los nuestros, a los que amamos, aún con un suspiro de vida o muertos. Entonces muchos, muchísimos, salimos a las calles a mover piedras, a quitar las bardas caídas, a rascar hasta con las uñas por los pocos sobrevivientes. ¡Y vaya que se salvaron vidas! Ya los voluntarios al principio, ya las confusas y desorganizadas brigadas de Protección Civil, ya las retrasadas policías o el Ejército, y poco tiempo después los grupos de rescatistas profesionales también lo hicieron. Y al saber que los nuestros estaban a salvo, que éramos afortunados, muchos seguimos retirando escombros. Los chilangos sabemos unirnos, somos millones. Colapsaron no más de 50 edificios; pero igual en 1985, lo hicimos cuando la devastación fue mayor, inmensa. Los mexicanos sabemos hermanarnos en la ola futbolera y en la marea de puños levantados para el silencio por un ruido que puede ser una vida en un monte de escombros.

¡Viva México, cabrones! Los mexicanos nos respaldamos ante las tragedias, somos todos “Fuerza México”. Los mexicanos nos solidarizamos… pero selectivamente. Nuestro país es desde hace décadas tierra baldía con cientos de fosas clandestinas. Es nación de desaparecidos, de mujeres violadas, patria de exterminadores rebosante de víctimas. Ésas por las que hoy la primera dama llora lágrimas de cocodrilo; por las que el presidente finge una cadena humana para la televisión; por las que los noticieros braman compasión, aunque sea sobre cuentos de hadas donde la princesa jamás fue rescatada. Esos damnificados, esas víctimas, existen desde mucho antes del temblor, desde hace años.

Hoy la realidad nacional es desgarradora por la tragedia del sismo y los muertos de la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Estado de México, Oaxaca, Chiapas y todos los que hayan perecido por la telúrica embestida de la naturaleza. Pero ante la otra desgracia, la perene que invade a México desde hace décadas, muchos se giran y dan la espalda, otros se burlan, otros sin más interés que la torta y la tarjeta soportan goberladrones y se sumen más en la ignorancia y la pobreza. Pobre entre los pobres, acuérdate cuando te den tu despensa en las próximas elecciones que esa bolsita era para los damnificados del temblor, pero desviada por funcionarios corruptos llega a tus manos a cambio de un sufragio.

¡Viva México, cabrones! Cuántos memes más de burla sobre los 43 estudiantes exterminados en Ayotzinapa. Entre cuánta indiferencia más marcharán los padres de los cientos de miles de desaparecidos. Cuántos peregrinares más no haremos junto a los dolientes vivos por sus ausentes muertos. Cuántos ejecutados más mientras sean ellos, los otros, los “malos” y no nosotros. Cuántas estafas maestras más y desfalcos y corruptelas de los políticos soportaremos antes de levantar con el puño la voz. México es una tragedia viva y voraz en la que cada día sucumben cientos de personas engrosando el número de víctimas y dejando familias damnificadas; aunque hoy la desventura del sismo con todas sus muertes y edificios derruidos la obnubile y muchos se unan al grito de “Fuerza México”, que en pocos días será un bonito detalle de la catástrofe.

El nuestro es un país de víctimas y damnificados, que todos con nuestra indiferencia y selectividad hacia las tragedias potenciamos en una nación donde la podredumbre humana campea y también nos caracteriza. Somos una sociedad con una solidaridad tan agrandada por los medios como particularizada por nosotros en ciertos eventos y situaciones catastróficas y trágicas. Los mexicanos también somos egoístas e indolentes con los que sufren, con otras víctimas y otros damnificados no tan mediatizados como los de este devastador sismo del 19 de septiembre de 2017.

Maestro en ciencias, arqueólogo, buzo profesional, literato, diseñador gráfico. Cursa la maestría en apreciación y creación literaria en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente

Roberto Galindo*

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: ARTÍCULO]

 

 

Tags:
 

Leave a Reply