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A pesar de la riqueza petrolera y mineral que posee, Venezuela vive una profunda crisis económica. El motivo no es su modelo económico, sino la manipulación externa de los mercados de bienes esenciales, los ataques a su moneda y un embargo comercial encubierto, advierte experta

Livia Rodríguez Delis/Prensa Latina

Caracas, Venezuela. Este país es víctima de una guerra económica a pesar de su diversidad envidiable de recursos naturales y minerales, un alto potencial agrícola, una riqueza industrial, una gran experiencia en el comercio privado y a su imponente industria petrolífera.

Posee variedad de yacimientos como aluminio (Bauxita), cobre, níquel, hierro, oro, plata, plomo, zinc, mercurio, calcio, magnesio, manganeso, diamante, caolín, fosfato, sal, yeso, torio, coltan y talco, entre otros.

Según la página oficial de la estadunidense Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés), en 2015 el país suramericano contaba con la mayor cantidad de reservas de petróleo comprobadas en el mundo y ocupaba el octavo lugar en existencias de gas natural.

De la acumulación gasífera, las probadas a principios de 2016 eran de 5 mil 617 trillones de metros cúbicos y su producción era de 21 mil 88 billones de metros cúbicos, por lo cual ocupaba el lugar 33 de la producción mundial, notificó la agencia estadunidense de inteligencia.

Sin contar, que cerca de 1 mil ríos y saltos alimentan los 1 mil 320 kilómetros cúbicos de reservas de agua dulce de Venezuela; el Orinoco es el principal río de ese país y el tercero más grande de América Latina.

Sin embargo, aún con esos tesoros, el país enfrenta una difícil crisis económica, que la prensa internacional presenta como una derivación de la caída brusca de los precios de los hidrocarburos.

Desde 2013, como consecuencia de las agresiones económicas dirigidas por los grandes capitales, el pueblo venezolano enfrenta una guerra directa contra sus necesidades que tiene como propósito generar malestar en la población y una desestabilización social para incidir sobre las preferencias políticas y socavar el apoyo popular a la Revolución Bolivariana.

En declaraciones a Prensa Latina, la doctora Pascualina Curcio, máster en políticas públicas, explicó que los condimentos de esta agresión son la manipulación de los mercados de bienes esenciales, los ataques al bolívar (la moneda nacional) y un embargo comercial encubierto.

Además incide un bloqueo financiero que fue develado el 25 de agosto cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, formalizó las sanciones de ese tipo contra Venezuela.

—¿Cómo entra la disminución en los precios del crudo en este escenario?

—La caída de los precios del petróleo, consecuencia también de manipulaciones de estos mercados por parte de los grandes capitales, ha incidido sobre los niveles de producción de nuestra economía.

“En Venezuela, históricamente, la producción nacional está determinada por los precios del petróleo debido a que el 95 por ciento de los ingresos de divisas corresponden a la exportación estatal de este hidrocarburo. La empresa privada, escasamente genera el uno por ciento de las divisas por concepto de exportación.

“Sin embargo, y a pesar de la baja en el valor del crudo, el promedio producto interno bruto per cápita de los últimos cuatro años se encuentra nueve por ciento por encima del registrado los últimos 30 años.

“Es decir, ciertamente ha caído la producción, pero nunca en niveles que pudiesen justificar el discurso presentado por [Donald] Trump y por algunos representantes de los factores políticos de oposición acerca de que Venezuela se encentra en la peor crisis económica de su historia y además en una crisis humanitaria.”

—Entonces, ¿qué sensibilizó la economía nacional ante la guerra económica?

—Más que la caída de los precios del petróleo, o de la dependencia del petróleo, lo que realmente nos ha hecho vulnerables ante esta situación, es la subordinación a los grandes capitales nacionales y transnacionales que se constituyen en grandes monopolios y que son responsables de la producción, importación y distribución de los bienes esenciales, de muy alto consumo.

“De aquellos bienes que todos los hogares venezolanos requieren diariamente y que son precisamente los que han estado escaseando de manera selectiva y programada, generando a su vez un gran malestar a la población venezolana.

“Nos referimos a los alimentos (no todos, solo aquellos que son producidos por estas grandes empresas, no así las frutas, verduras y hortalizas producidas por pequeños pero muchos productores del campo, incluso con baja capacidad financiera), medicamentos, productos de higienes y repuestos.

“La carestía de estos bienes, que han generado colas y la proliferación de mercados ilegales ha sido selectiva y programada. Son solo algunos que además reducen con mayor intensidad en vísperas de procesos electorales o de alta conflictividad política, cuando los factores de oposición hacen llamados a la violencia en las calles o promueven prácticas anti democráticas, no establecidas en la Constitución, para “acabar” con la Revolución Bolivariana.

“Esta escasez, no se debe a la disminución de la producción o de la importación de estos bienes, de lo contrario, no se hallarían en los mercados ilegales.

“El mecanismo de guerra que han utilizado, tal como lo hicieron en países como por ejemplo Chile, entre 1970 y 1973, o en Nicaragua a finales de la década de 1980, ha sido la alteración de los canales de distribución impidiendo que estos productos, muy necesarios para la vida y la salud, lleguen de manera oportuna y suficiente a los anaqueles, tal como ocurría antes de 2013.

“En tal sentido, no son los controles de precios ni cambiarios, tal como han querido mostrar los factores de la oposición, las causas de este desabastecimiento, se trata de un alto precio político a pagar día a día por el pueblo venezolano ante su decisión de defender un proyecto social contrario a los intereses imperiales.”

La derecha venezolana, apoyada en los grandes medios de comunicación internacional, difunde la teoría de que la crisis en Venezuela se debe al modelo económico y social bolivariano, avalado en la Constitución de 1999, que instauró el comandante Hugo Chávez.

Este sistema, de marcado carácter humanista, centra su atención en el beneficio de los venezolanos y en ese sentido el gobierno destina gran cantidad de recursos para el perfeccionamiento de las denominadas misiones y grandes misiones en sectores de la salud, la vivienda, la educación, entre otras áreas.

En congruencia con esa política, el presidente Nicolás Maduro anunció recientemente que más del 70 por ciento del presupuesto nacional para 2018 está destinado para el fortalecimiento de todos los programas gubernamentales con vista a proteger al pueblo venezolano de lo que consideran una “guarimba” económica montada por los dueños de las empresas privadas que radican en el país suramericano.

De acuerdo con la opinión de la experta Pascualina Curcio, el modelo de justicia social ha sido lo que ha permitido contrarrestar las acciones de guerra económica e impedir que éstas tuviesen mayores efectos sobre el pueblo venezolano.

“Están tratando de justificar, mediáticamente, que la causa de la situación actual se debe al mal manejo macroeconómico, a una supuesta indisciplina monetaria y fiscal”, denunció en declaraciones a Prensa Latina la máster en políticas públicas.

—¿Cómo sustenta la derecha ese argumento fallido sobre la actual situación de Venezuela?

—Los factores políticos locales de la oposición expresan que, por ejemplo, la inflación, es consecuencia de la expansión monetaria, es decir, plantean que el gobierno está imprimiendo una gran cantidad de dinero para realizar sus gastos sociales.

“Esta afirmación carece de toda rigurosidad por varias razones. En primer lugar, ciertamente la cantidad de dinero que circula en la economía ha aumentado, pero no es la causa de la inflación, es la consecuencia.

“La inflación se está explicando en otro ámbito, lo ocasiona la manipulación arbitraria y desproporcionada del valor de la moneda en los mercados ilegales, lo hacen a través de la publicación diaria en portales web, de este supuesto valor.

“Entonces, el gobierno, pensando en el pueblo, en el salario real y el poder adquisitivo de la clase trabajadora y para garantizar el cumplimiento de sus metas en lo que a inversión social y pública en general se refiere, amplía la liquidez monetaria para cumplir tales compromisos incluyendo los incrementos de salarios.”

—¿Existen otras armas de manipulación financiera que inciden negativamente en la crisis venezolana?

—También ha estado siendo inducida mediante la manipulación del tipo de cambio ilegal. Una de las principales y más potentes armas de guerra económica, por sus efectos masivos, y ya fue probada en Chile y Nicaragua.

“El mecanismo es el siguiente, una variación del uno por ciento del tipo de cambio en el mercado ilegal, el cual no responde a las condiciones económicas, ni a la economía real, ni a los niveles de reservas internacionales, es totalmente arbitrario, y genera un aumento en la misma proporción del nivel de precios.

“Se alteran todas las estructuras de costos desde la importación en la medida en que quienes importan, a pesar de recibir las divisas de parte del Estado a tasa preferencial utilizan el mayor tipo de cambio que es el del mercado ilegal.

“De esa manera afectan todas las estructuras de costos, inciden sobre éstos y por la vía de un shock de oferta inducen la inflación.”

—¿Cuáles son los tentáculos de esta agresión contra Venezuela?

—Además del desabastecimiento programado y selectivo mediante la alteración de los canales de distribución y la inflación a través de la manipulación del tipo de cambio en el mercado ilegal, está el bloqueo financiero internacional caracterizado por la manipulación del índice de riesgo financiero.

“Las calificadoras de riesgos, también dueñas de los grandes capitales financieros, incluyendo la Reserva Federal de Estados Unidos, le dan a Venezuela una puntuación de tres mil para frenar los intereses de inversionistas en colaborar con el país suramericano.

“Nos califican como el país más riesgoso del mundo, a pesar de que Venezuela cumple de manera puntual y completa con sus compromisos financieros a nivel internacional, y cuenta con la mayor reserva de petróleo del mundo, la segunda de gas, tenemos un sin fin de recursos naturales.

“Otra modalidad de esta tercera arma de guerra son las trabas impuestas para realizar transacciones financieras, que demora o cierra las cuentas bancarias. Así sucedió en agosto del año pasado, cuando Citibank de manera repentina cerró todas las cuentas del gobierno a través de las cuales se pagaba a los proveedores para la importación de medicamentos y alimentos.

“Todas estas prácticas de la guerra económica han sido encubiertas, es decir, no ha habido declaraciones sino hasta el 25 de agosto de este año cuando Donald Trump develó y formalizó tales acciones mediante la firma de una orden ejecutiva en la que establece sanciones financieras al pueblo venezolano.”

En su afán por destruir la Revolución Bolivariana, Estados Unidos se apoya, además de la colaboración con la extrema derecha para la ejecución de actos terroristas, en sanciones financieras que impactan en Petróleos de Venezuela, SA (Pdvsa), la principal industria estatal del país.

La formalización de estas sanciones, que ya ejecutaban de manera encubierta desde hace más de cuatro años, afectan directamente al pueblo venezolano, pues tienen como objetivo asfixiarlo económicamente para provocar un ambiente de caos y desestabilización en el país y así justificar una invasión extranjera.

De acuerdo con la experta Pascualina Curcio, máster en Políticas Públicas, impiden la realización de transacciones financieras para pagar a los proveedores internacionales de alimentos y medicamentos lo que a su vez formaliza el embargo comercial, que hasta ahora había sido también clandestino.

—¿Cómo se traducen esas medidas coercitivas a lo interno de la principal locomotora del país suramericano y cuáles son sus ramificaciones fuera de las fronteras venezolanas?

—Venezuela exporta el 33 por ciento de petróleo a Estados Unidos, lo que sin duda afecta en dicha proporción nuestros ingresos.

“Sin embargo, debemos recordar varios aspectos. Uno de ellos es que Venezuela es el tercer proveedor de petróleo de Estados Unidos, por lo que las sanciones también afectan al pueblo estadunidense.

“Por otra parte, se trata de un bien que puede ser colocado en otros mercados. Cuando inició la Revolución Bolivariana, Venezuela no exportaba petróleo a Asia y el 58 por ciento de la producción se destinaba al país norteño.

“Con la política de multipolaridad desarrollada durante estos años, el petróleo venezolano se destina actualmente en un 33 por ciento a Estados Unidos y 45 por ciento a Asia, principalmente a la India y luego a China.”

—Entonces, ¿el efecto de estas medidas hubiese sido mayor de no haberse desarrollado una política con una perspectiva multipolar desde 1999?

—Por supuesto, gracias a la visión del comandante Hugo Chávez. De la misma manera ocurre con las importaciones, si bien dependemos en 24 por ciento de los bienes que provienen de Estados Unidos; antes de 1999, esta era del 33 por ciento.

“Actualmente, importamos de China el 15 por ciento del total, pero antes de la Revolución bolivariana solo llegaba el 2 por ciento.

“En este sentido, son ambos pueblos los que se ven afectados por las sanciones de Trump, tanto el venezolano como el estadunidense.”

—Recientemente el presidente Nicolás Maduro presentó ante la Asamblea Nacional Constituyente, un programa con ocho propuestas para no solo aminorar los efectos negativos de la crisis económica sino impulsar un proyecto de desarrollo con vista a reemplazar el rentismo petrolero.

—En primer lugar, Venezuela no es un país mono productor que solo produce petróleo e importa todo lo que consume. Del total de la producción nacional, históricamente, el 15 por ciento corresponde a la producción petrolera, el resto, el 85 por ciento se refiere a otros sectores.

“En cuanto a las exportaciones, sí somos un país mono exportador, el 95 por ciento corresponde a petróleo, el cuatro a otros minerales, y solo el uno por ciento del sector privado.

“En otras palabras, el Estado genera los ingresos de divisas por la exportación de petróleo (lo que se conoce como renta petrolera), las cuales han sido transferidas y a tasa preferencial a la industria privada, para que ésta a su vez realice las importaciones de bienes finales o de insumos para la producción.

“Desde que se nacionalizó el petróleo en 1976, alrededor de 700 mil millones de dólares fueron asignados al sector privado, lo que corresponden al 60 por ciento de los ingresos petroleros, que a su vez son de todos los venezolanos.

“Es decir, quienes se apropiaron de la renta petrolera fue el sector privado, y en retribución se limitó a producir lo mínimo necesario para abastecer el mercado nacional.

 “Este sector no se ha visto en la necesidad de producir una unidad más para dedicarla a la exportación y de esa manera proveerse de las divisas que requiere debido a que el Estado se las facilita a menor precio.”

—Sin embargo, después del año 2003, en el que se establece el control cambiario, el sector privado se ha apropiado, en términos relativos, de una menor proporción de la renta petrolera. ¿Cómo se perciben los ingresos que llegan al estado en la economía venezolana?

—Aquella parte de la renta que no fue apropiada por el sector privado, ha sido invertida por el sector público tanto en el área social como en capital para infraestructura.

“Desde 1999, la inversión social aumentó más del 90 por ciento y la inversión de capital fijo más del 70 por ciento. A través de la inversión pública y el uso estatal de la renta petrolera, la economía venezolana, se reactivó, hubo una reducción de la deuda social, y la pobreza disminuyó en un 50 por ciento desde 1999.

“Entonces, superar el modelo rentista petrolero pasa necesariamente por no seguir transfiriendo esos recursos a las grandes empresas privadas nacionales y transnacionales, que solo representan el uno coma tres por ciento de la población venezolana, pues se han beneficiado y apropiado de esa renta.

“Esta debe ser permeada a la economía a través del sector público de manera que llegue a todos los modos de propiedad de los medios de producción, incluyendo la social. Las grandes empresas privadas, en lugar de recibir las divisas del Estado, deben traer sus propios capitales.”

Livia Rodríguez Delis/Prensa Latina

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